El Museo Picasso de Barcelona hace honor al malagueño

Los que vivan en (o cerca de) Barcelona o viajen a nuestra ciudad antes del 19 de febrero, todavía están a tiempo de disfrutar con la exposición temporal Picasso 1936. Huellas de una exposición. Una meta-exposición (trata de la muestra de Picasso que se celebró el nefasto 1936) que condensa alguna de las características del artista: riesgo, creatividad, ruptura con lo establecido e innovación.

Se trata de una exposición documental (atención, como avisa la comisaria, Sílvia Domènech, de documentos no con documentos) que se hubiese podido plantear museográficamente de muchas maneras. Las convencionales: vitrinas con los documentos acompañados de anoréxicas cartelas identificativas, una recreación escenográfica que reprodujese fielmente las salas de exposición de la Sala Esteva donde tuvo lugar la muestra original, etc. Por suerte el museo se lo planteó como un reto museográfico: como dice la comisaria, encontrar la solución para pasar de un plano horizontal a uno vertical, de lo estático a lo dinámico.

Y la respuesta al reto ha sido la de servirse de manera pertinente y atractiva de las TIC. Los organizadores hablan de una apuesta por presentar de forma sencilla, comprensible y atractiva las relaciones entre los documentos. Del dicho al hecho: lo consiguen sobradamente.

Entrar en las salas 3 y 4 es una auténtica gozada.

En la sala 3 se visualizan y relacionan todos los documentos relacionados con la génesis de la exposición, mediante una mesa en la que se introducen hasta diez tarjetas con diferentes contenidos que generan proyecciones en la pared del mapping. 

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[Fons documental del Museu Picasso, Barcelona. Foto Juan Avila]

La 4, que presenta una ontología picassiana, sintetiza y plasma visualmente la relación de Picasso con Barcelona y España. Para ello se ha planteado un sistema táctil que se presenta como una red de conexión de todos esos nodos que gravitan alrededor del genio de Málaga. Para que os hagáis una idea aproximada (y muy limitada) de lo que os encontraréis si la visitáis (como así espero), solo tenéis que mirar la interfaz interactiva que presenta la exposición en el portal corporativo del museo (aquí). Los módulos interactivos de esta sala son visualmente espectaculares: puro arte digital al servicio de la divulgación histórica.

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[Fons documental del Museu Picasso, Barcelona. Foto Juan Avila]

Está claro que se trata de una exposición dirigida a un público minoritario (o muy interesado en el universo Picasso o en nuevas formas de presentación museográfica). Pues bienvenida sea.  

Ofrecer este tipo de exposiciones junto a otras más mediáticas es seguramente la fórmula que facilita a los museos el equilibrio entre calidad y cantidad, cifras y letras, cultura y espectáculo. Es posible que el futuro inmediato de los museos se sustente en este ejercicio de funambulismo.   

Con el trabajo del museo y exposiciones como Picasso 1936 se consigue que la apocalíptica premonición que tuvo hace años Jean Clair no se cumpla: cuando a los jóvenes se les hable de Picasso lo asociarán a lo que es, un artista (aunque Citroën se empeñe en que se trata de un modelo de automóvil).

Bonus track: Mariona Tió, Making of «Picasso, 1936. Huellas de una exposición», El Blog del Museo Picasso de Barcelona, 24 de enero de 2012.

Ps. I: la correspondencia que se intercambiaron las personas implicadas en la organización de la muestra de 1936 (Luis Fernández, los propietarios de la Sala Esteva, los miembros de ADLAN, etc.) demuestra que por desgracia en muchos aspectos todavía no hemos avanzado mucho: falta de previsión, descoordinación, retrasos, etc.  

Ps. II: mi más sentido pésame al equipo del Museu Picasso de Barcelona. La marcha de su director es una buena noticia para el MNAC (donde ya ha tomado las riendas del trasatlántico de la museística catalana), pero pésima para ellos. Ahora estoy seguro que al MNAC no le pasará como al Costa Concordia (por suerte, su último Schettino -ha tenido varios- se cayó oportunamente por la cubierta), y sólo espero que con el nuevo capitán (por tierras catalanas nos gustan últimamente mucho las metáforas marineras) alcance la excelencia que ha conseguido el Picasso en los últimos años. Como también deseo que el nuevo almirante de la nave picassiana sea capaz de, como poco, mantener el rumbo.

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