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El Park Güell en la época de la regulación de acceso. Foto fija

Martes, abril 14th, 2015

Si hay un reto en la gestión del patrimonio cultural de nuestro país, se trata sin duda del Park Güell de Barcelona.

¿Cómo gestionar de forma sostenible y creativa un conjunto monumental altamente visitado? Se dispone de un conjunto de indudable valor patrimonial y un problema a solucionar, un verdadero reto que podía haberse convertido (todavía puede hacerse) en un campo de experimentación en el que poner en juego lo ya aplicado en otros bienes patrimoniales que han vivido situaciones parecidas (el más evidente es Stonehenge) e imaginar y testar otras nuevas medidas. Algo que hubiese permitido ir más allá de la simple solución local al problema concreto, proyectando el caso a nivel internacional.

El pasado sábado visité el Park Güell, la primera vez desde que se regulase el acceso a una porción en octubre de 2013, con la intención de comprobar in situ y en primera persona la incidencia de esa medida en la gestión del bien patrimonial, comparándola con la situación anterior (que ya relaté en un post de 2012: Güellcome to Barcelona, tourists) y sin tener en cuenta lo que pueda pasar en el futuro (como por ejemplo, la anunciada puesta en marcha de un centro de interpretación en la Casa Jaqués).

El objetivo fundamental de la visita de campo era dar respuesta a un par de preguntas:

¿Ha mejorado la calidad de la experiencia de quienes ahora lo visitan?

¿Ha fomentado una relación sostenible entre los visitantes y el conjunto monumental?

Y la respuesta a ambas preguntas es, en síntesis, negativa. Y quiero puntualizar en este punto que buscaba que la respuesta fuese todo lo contrario, pero la realidad es tozuda.

¿Ha mejorado la calidad de la experiencia de quienes lo visitan ahora?

En cuanto a la mejora o no de la experiencia de los visitantes, hay dos variables que la facilitan: la confortabilidad durante la visita y los dispositivos de mediación que permiten extraer el máximo jugo divulgativo al recurso patrimonial.

La regulación, que permite el acceso a la zona más popular del conjunto a no más de 400 personas cada media hora, es cierto que ha descongestionado un poco los puntos calientes, como la Escalinata de la Salamandra, la Sala Hipóstila o la Plaza de la Naturaleza con el banco ondulado. En este aspecto, siendo un espacio relativamente reducido, es difícil evitar que se produzcan aglomeraciones en esos lugares concretos.

Por el contrario, ha supuesto la congestión del espacio museográfico de la Casa del Guarda, en el que ahora se generan largas colas para acceder.

Miradas_desde_la_copa

Y también un aumento evidente de la presión de visitantes en las zonas del parque de libre acceso (recuérdese, más del 90 % de la superficie total del conjunto monumental catalogado por la UNESCO en 1984).

Miradas_desde_la_copa

Hablando de los dispositivos de mediación que se ofrecen al visitante, siendo exigente y realista, tampoco son capaces de ofrecer una experiencia memorable o UNIQUE (Uncommon, Novelty, Informative, Quality, Understanding & Emotions) como reclamaba hace años el especialista holandés Frans Schouten. Algo que sin duda merece un conjunto monumental como el Park Güell.

Claro está que antes de la regulación no existían ni folleto con ruta autoguiada, ni señalética divulgativa, ni aplicación móvil. Pero es que la situación anterior a 2013 era vergonzante, impropia de un país desarrollado.

Que perviva el viejo sistema señalético con uno nuevo, y la deficiente calidad de este último (tanto en lo que se refiere a materiales, como a diseño y contenidos), ya habla por sí solo de lo poco que se ha invertido en algo tan fundamental para conseguir una mediación cultural de máxima cobertura y, por tanto, eficacia divulgativa.

Miradas_desde_la_copa

La aplicación móvil, más allá de su calidad, no asegura ese alcance a todos los visitantes como sí lo hace un bien diseñado sistema señalético, por más que el papanatismo tecnológico que nos asola continúe difundiendo la idea que cualquier acción de mediación cultural tiene que pasar inexorablemente por lo tecnológico.

¿Ha fomentado una relación sostenible entre los visitantes y el conjunto monumental?

Aunque existe un servicio de vigilancia, distribuido estratégicamente por las zonas conflictivas, es más que evidente que la relación tampoco ha mejorado. Es tal la presión en la zona de la salamandra o del Pórtico de la Lavandera, que los vigilantes son incapaces de contener los comportamientos inapropiados de algunos visitantes, que para tomarse la correspondiente fotografía continúan subiéndose a la salamandra o escalando por el muro de contención.

Miradas_desde_la_copa

Miradas_desde_la_copa

[Fotos: Miradas desde la copa]

Está claro que informar en los accesos con un pictograma (Respeten el patrimonio) y colocar vigilantes no es suficiente para eliminar comportamientos como los que se pueden ver en las dos fotografías y que se repiten de forma constante.

Conclusión de la foto fija

Ya comenté cual era mi posición en el post Desajustes en la Gestión del Patrimonio cultural en Barcelona. El caso del Park Güell: sí a la regulación. Obviamente si con esta medida se aseguraba de forma clara y evidente una mejora en la calidad de la visita y en la conservación del conjunto monumental, lo que pasaba por poner en marcha una gestión profesional y creativa y por invertir en el propio parque (tanto en la zona regulada como en la no regulada) el 100 % de los beneficios conseguidos con la venta de entradas.

Solo se puede defender una regulación de acceso como la puesta en marcha por el Ayuntamiento de Barcelona si la situación hubiese mejorado de forma ostensible. Y por ahora, eso no pasa.

Bonus track

Schouten, Frans. “Improving Visitor Care in Heritage Attractions”. Tourism Management, vol. 16, núm. 4, 1995, pp. 259-261.

Los museos se infiltran en los templos: el Museu del Rock de Barcelona

Sábado, mayo 21st, 2011

Los centros comerciales son ya verdaderos centros de devoción en la ciudad contemporánea. Igual que antes se iba a la iglesia para oír misa u otros oficios, hoy se va religiosamente a esos nuevos templos, centro neurálgico del consumo donde venerar a los dioses Visa y MasterCard. Están tan bien diseñados, que podrías pasar todo un día sin necesidad de salir al exterior, pues cubren todas las necesidades básicas de un buen consumidor, compulsivo y acrítico.

Pero en nuestros centros comerciales faltaba algo: los museos. He visto sucursales de museos en algunos aeropuertos, como la que tiene el Rijksmuseum de Amsterdam en el aeropuerto de Schiphol, pero nunca había visto un museo en el epicentro del consumo.

Comunicacion_del_patrimonioDesde hace bien poco tengo uno cerca de casa: el Museu del Rock. Inaugurado el pasado 31 de marzo en el centro comercial Las Arenas de Barcelona.  

Si se trata de devolverle a los museos la centralidad social que se merecen, ya tenemos una buena manera de conseguirlo: colocándolos allá donde la gente va masivamente. Así siempre habrá más posibilidades que algún despistado se cuele fugazmente en un museo, como si se tratase de un atractivo más del centro comercial, equiparable a una tienda de ropa o una de complementos para el hogar.    

Dejando de lado la ironía, la verdad es que, por la temática del museo, el rock (cultura popular en estado puro), la idea de ubicarlo en un centro comercial es muy pertinente. Es más, seguramente no haya localización más acertada.

No quiero ni imaginarme lo que pensarán sobre el caso los que critican la presencia en los museos de tiendas y restaurantes…

Atención a la gráfica del museo. Muy buen guiño sustituir la primera “u” de museu por una púa de guitarra y la “o” de rock por un disco de vinilo. Excelente también la gráfica exterior, donde se explica la evolución del ser humano hasta llegar al Homo Rockensis.

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[Foto: Tresefes. Revista de Pensamiento Musical, vía facebook]

Y sencillamente exquisito que la gráfica utilizada para señalizar los aseos reproduzca también una púa.

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[Foto: Guaita què fan ara…]

Como cantaba Barón Rojo: ¡Larga vida al Rock & Roll! Concretamente al Museu del Rock.