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El verdadero potencial de las Redes Sociales. Un caso de cocreación involuntaria

Lunes, octubre 5th, 2015

En más de una ocasión he comentado el buen uso divulgativo que hace el Museo Nacional del Prado de las Redes Sociales. Y con algún pequeño desajuste, también de la buena gestión que se hace desde el museo ante cualquier crítica o comentario que ponga en duda algún aspecto relacionado con el museo y sus colecciones.

Entre el mes de agosto y septiembre, se produjo un caso que merece la pena presentar y comentar, pues constituye un buen ejemplo del potencial de las Redes Sociales.

Uno de los sintagmas que se utilizan de forma mántrica en el mundillo digital es el de cocreación de contenidos: para el caso que nos interesa, los museos ya no son los únicos generadores, sus usuarios también pueden participar en esa elaboración. Y esa colaboración de los usuarios de las Redes Sociales se puede fomentar conscientemente, pero, y aquí viene la novedad del caso que se presenta y analiza a continuación, también de forma totalmente involuntaria.

Algo que pasó precisamente en el perfil de Twitter del Museo Nacional de Prado entre agosto y septiembre.

Ejerciendo aquella labor divulgativa que comentaba al principio, el museo publicó un tuit sobre el Tríptico de la Epifanía (ca. 1479-80) del pintor flamenco Hans Memling, en la que se comentaba que esa obra era la primera muestra artística en la que el rey Baltasar se reproducía como un joven negro.

Miradas_desde_la_copa

Inmediatamente, uno de sus seguidores, Alberto Velasco (historiador del arte y conservador del Museu de Lleida), les alertaba de su error, aportando las pruebas que lo demostraban: la cita del texto de Jean Devisse L’image du Noir dans l’art occidental (1979) y una imagen de una de los compartimentos de la predela del Retablo de la Verge dels Paers de la Paeria de Lleida (ca. 1445-55 y, por tanto, anterior a la obra de Memling).

Miradas_desde_la_copa

En este punto de la conversación (Twitter y las otras Redes Sociales van de eso, de comunicación dialógica), no se recibió respuesta al comentario documentado e ilustrado. Quiero pensar que no fue por falta de interés, sino por falta de tiempo. Es obvio que, como usuarios, estamos mal acostumbrados a la inmediatez del ecosistema digital y pensamos que solo existimos nosotros al otro lado de la pantalla. Pocas veces somos conscientes de la multitud de menciones diarias que debe recibir un museo como el Prado.

Dos días después, el museo retomaba el diálogo (inducido por el comentario reprobatorio de otro seguidor, yo mismo), informado que se había consultado el tema a sus especialistas y estaban a la espera de una respuesta.

Miradas_desde_la_copa

Pasado más de un mes sin respuesta, es más que evidente que se habían olvidado del tema. En este caso, fuese el olvido voluntario o involuntario, no se hizo una buena gestión del tema.

Pero yo no lo había olvidado. Ante mi insistencia, finalmente, el 24 de septiembre, reconocían el error e informaban que lo corregirían.

Miradas_desde_la_copa

Lo interesante del tema es que el error también afectaba al resto de elementos de mediación relacionados con la obra de Memling, entre los que también se encuentran los físicos como la cartela.

En resumen, gracias a las Redes Sociales y al interés y conocimientos de un seguidor, todo un museo como el Prado ha podido subsanar un error, mejorando su labor divulgativa.

Un ejemplo de cocreación involuntaria, pero al fin y al cabo con un resultado positivo.

Actualización a 14/10/15

En una conferencia en la II edición de Cultura en la Nube (8 de octubre, Casa de América), el jefe del Área de Desarrollo Digital del Museo Nacional del Prado, Javier Pantoja Ferrari, explicaba uno de los valores de las Redes Sociales, poniendo precisamente como ejemplo el caso que aquí se comenta: como un tuit de un seguidor puede cambiar una cartela en el museo.

Museos y Redes Sociales. El imperio de la comunicación teletubbie

Martes, febrero 4th, 2014

En los últimos años se ha hablado mucho (quizá demasiado) de la importancia e impacto de las Redes Sociales en los museos y otros equipamientos patrimoniales. Libros, artículos, estudios, post, jornadas, conferencias y un sinfín de materiales y actividades sobre este tema.

Llegados a este punto, y ciñéndolo a nuestro territorio, debo decir que en esencia buena parte de lo que se explica sobre las Redes Sociales y sus bondades para los museos queda en poco más que en pura faramalla. Me explico.

Toda la teoría y las experiencias de buenas praxis que conocemos (especialmente del mundo anglosajón, Francia, Holanda y algún otro país más) no se aplican aquí (salvo honrosas excepciones).

No me gustaría chafarle la guitarra a nadie, pero nuestros museos continúan aplicando una estrategia comunicativa tradicional, 1.0: unidireccional, de uno a muchos.Ya avisaba de ello Maxwell L. Anderson (director del Indianapolis Museum of Art) en 2010 y poco ha cambiado el panorama desde entonces.

Por tanto, los museos continúan haciendo una gestión de la comunicación externa a la que no le importa lo más mínimo lo que dicen esos muchos, solo lo que ellos dicen. Un monólogo, en el que además la mayoría de esfuerzos se limitan a informar, ni tan siquiera a divulgar (esencia de los museos).

Es normal, hacer un tipo de comunicación bidireccional implica un cambio profundo de mentalidad: hablar y dejar hablar. Dialogar, vaya. Cuando a duras penas se han entendido las bases de una buena comunicación, es difícil que este nuevo paradigma se aplique y exprima realmente. Y es que las redes sociales son a la comunicación lo que el microondas a la gastronomía*. Si no se sabe cocinar, es normal que el microondas no sea de gran ayuda.

En ese nuevo paradigma de gestión comunicativa, que tiene insignes y reputados evangelistas en nuestro país, dialogar quiere decir escuchar, aceptar y debatir las opiniones divergentes. Esa es la esencia y el reto al abrir un canal de comunicación tan potente como las Redes Sociales.

Muchos museos seguramente no han calibrado todo aquello que realmente supone abrir un perfil en una u otra red social, simplemente porque no lo han pensado estratégicamente. En este punto, recomiendo la lectura del post de Clara Merín “Museos que ‘tuitean’…¿museos digitales?”.

¿Cuál es nuestra realidad?

Nuestros museos utilizan las Redes Sociales como un megáfono.

Hablan, no paran de hablar, pero cuando reciben una crítica se para el mundo. Se congela tanto, que normalmente optan por hacer oídos sordos a todo lo que sean mensajes críticos o incómodos (esperando que los muros y timelines avancen, escondiéndolos entre el maremágnum de entradas y tuits), no teniendo ni la deferencia/educación de contestarlos. Lo que demuestra que no se acepta el debate público. Hay algunas veces, paradójico, que se intenta derivar el debate a las cuatro paredes de un despacho, lo que demuestra que no se ha entendido nada de lo que supone el ecosistema digital. Si alguien decide exponer públicamente su divergencia (y exponerse públicamente), lo sensato es pensar que el terreno de juego en el que espera una respuesta siempre será el digital y público.

Solo utilizan las Redes Sociales como un teléfono cuando el mensaje es laudatorio. Entonces sí, los museos se preocupan y ocupan para difundirlo a los cuatro bits.

En un país al que le cuesta horrores digerir la crítica (hablo de la constructiva y fundamentada, no de la destructiva y demagógica) y tiene el gatillo fácil para premiar a aquellos que le dicen al emperador lo bien que le queda su traje nuevo, las Redes Sociales son una oportunidad perdida (otra más) para hacer de nuestros museos verdaderas palancas capaces de generar cambios culturales y sociales.

Un ejemplo que ilustra esa realidad

Al hilo de uno de mis últimos “caballos de batalla”, la utilización publicitaria de la lona que tapa La Pedrera durante su restauración (La Pedrera, Patrimonio Mundial transformado en valla publicitaria), la organización que la gestiona, la Fundació Catalunya La Pedrera y la empresa que actualmente aplica allí el poster domination, Nissan, me han (nos han) regalado el ejemplo, al optar por la peor de las opciones comunicativas: el silencio.

Es el caso paradigmático de la utilización teletubbie que comento: se dedican a emitir los mensajes que les interesan (utilizando sus perfiles en Twitter y en Facebook como meros tablones de información) y a retuitear únicamente los mensajes laudatorios.

Con ese silencio, intentan obviar un tema tan sensible para su reputación e imagen, aplicando la estrategia de la avestruz. Manera de afrontar los problemas comunicativos especialmente desaconsejable en nuestro mundo hiperconectado y viral.

Desconozco quién toma las decisiones y quién les asesora, pero les recomendaría encarecidamente que leyesen un poco sobre cómo gestionar una crisis comunicativa y también sobre la verdadera filosofía del mundo 2.0.

¿Qué futuro nos espera?

Sin duda mejor que el presente.

Nuestros museos y equipamientos patrimoniales utilizarán las Redes Sociales como un teléfono en función de manos libres.

Los museos y equipamientos patrimoniales entenderán finalmente el reto al que se enfrentan: comunicar de forma horizontal.

Y cuando lo entiendan, la red y las redes sociales serán el instrumento más potente y poderoso para materializarla.

Y cuando lo consigan, los museos y equipamientos patrimoniales podrán recuperar el terreno perdido.

* Tomo prestado este genial aforismo de Diseño social EN+. Aforismo que parafraseaba este de Milton Glaser: “Los ordenadores son al diseño lo que el microondas a la cocina”.

Crowdcurating, ¿hasta dónde debe llegar la participación en los museos?

Sábado, octubre 6th, 2012

El concepto y la filosofía del crowdsourcing ha llegada hace unos pocos años a los museos. Concretamente a la concepción de su actividad estrella: las exposiciones temporales.

Si lo usual es que la propuesta de una muestra temporal surja de los propios conservadores del museo o de comisarios (curators) externos, en una aplicación extrema del concepto de participación de los visitantes el The Walters Art Museum (Baltimore, Maryland) ha aplicado la filosofía del crowdsourcing al tema. En USA ya se habla de crowd-curated.

Comunicacion_del_patrimonio

[Foto: Walters Art Museum]

El proyecto me plantea muchos interrogantes:

¿Hasta dónde deben llegar los límites de la participación de los visitantes?

¿Que se pida al público que decida el tema y obras de una exposición temporal es crear museos más abiertos o infantilizarlos?

Si Public Property (la exposición temporal en la que el Walters Art Museum aplica la nueva filosofía) se plantea como un ejercicio puntual para explorar los límites de la participación en el ámbito museístico, puede ser razonable. En cambio, si se plantea como una opción para diseñar actividades me parece una irresponsabilidad mayúscula.

Comunicacion_del_patrimonio[Foto: Walters Art Museum]  

Vendría a ser como si se preguntase y dejase decidir a los alumnos sobre las asignaturas que desearían cursar durante sus estudios, o como si se preguntase y dejase decidir a los pacientes sobre la manera de abordar clínicamente un diagnóstico médico.

Bienvenida la participación, siempre y cuando se tengan claros los límites de lo razonable.