Posts Tagged ‘Merchandising’

La exposición del Bosco, un tríptico de la museología actual

Lunes, junio 20th, 2016

Magna, irrepetible, cita excepcional [la exposición]

Fascinante, onírico, desbordante [el artista]

Fijadas algunas hipérboles sobre la muestra y los clásicos adjetivos que se le regalan a El Bosco, que nadie espere aquí una crítica artística. Me interesa para ilustrar determinados síntomas museológicos que tienen que ver con la gestión y la museografía, y por los intereses de éste blog, con la comunicación global (la mediación cultural y la comunicación). Un magnífico hilo que me permite hilvanar diversos temas que me (pre)ocupan últimamente.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Tabla central. Sobre gestión o mucho más que una exposición temporal

Sin duda es uno de los puntos fuertes del proyecto conmemorativo: la exposición no deja de ser una pieza más de un gran puzle.

Además de un nutrido número de actividades (conferencias, música, cine, etc.), hay tres piezas más que componen el puzle: el cómic El tríptico de los encantados (una pantomima bosquiana) de Max, el documental El Bosco, el jardín de los sueños de José Luis López-Linares y la videoinstalación Jardín Infinito del artista Álvaro Perdices y el cineasta Andrés Sanz (a partir del 4 de julio).

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Sigue en ello la estela de museos como el Louvre, que hace tiempo apostó por este tipo de medios. Y lo hace por la puerta grande, dejando esos proyectos en manos de reputados profesionales como Max o José Luis López-Linares.

En éste aspecto, mi más sincera y efusiva felicitación al Museo Nacional del Prado. Como buque insignia de la museística española, abre ruta para que el resto de la flota se inspire. ¡Enhorabuena!

Tabla izquierda. Sobre museografía o casi todo sigue igual

Aunque Miguel Falomir, Director Adjunto de Conservación e Investigación del Museo Nacional del Prado, se esfuerce en explicar el montaje (en éste vídeo), es un planteamiento clásico. Con un poco de gracia en la arquitectura efímera, pero clásico al fin y al cabo. Ahora bien, si se compara con lo que vienen haciendo, sin ir más lejos en el montaje de la muestra George de La Tour (1593-1652), se percibe un pequeño avance. Muy pequeño, la verdad, aunque el museo lo catalogue de sorprendente y excepcional en la nota de prensa.

El museo ha superado con nota el reto de exponer los diferentes trípticos (aunque por el camino se hayan olvidado de alguno, como el Tríptico de Job procedente del Groeningemuseum de Brujas), isolados de tal modo que se pueden ver las puertas (algo que normalmente se nos escamotea).

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Más allá de éste detalle, la exposición es museográficamente clásica. Incluso en algunos aspectos, como la vitrina en la que se muestran el Retrato de Engelbrecht II, conde de Nassau, el Libro de horas de Engelbrecht II de Nassau y el manuscrito Les visions du chevalier Tondal, son directamente indignos de una exposición como ésta.

En el terreno de las expectativas personales, y viendo como se había resuelto el tema de los trípticos, esperaba encontrar alguna fórmula museográfica interesante en la Mesa de los Pecados Capitales. Pero siguiendo el tono general, la fórmula es clásica.

Sería aconsejable que alguna de las respuestas museográficas puestas en marcha temporalmente, como la colocación isolada de los trípticos, se aplicasen cuando obras como El Jardín de las Delicias vuelva a su lugar de exposición permanente. Una obra así no puede volver a aquel garito como si nada hubiese pasado, privando al visitante del exterior de las puertas.

En este aspecto, sería interesante que el museo comprobase seriamente algo que percibí durante mi visita: la mayoría de visitantes que se agolpaban para mirarlos, prácticamente ni se paraba para ver la decoración exterior de las puertas.

Tabla derecha. Sobre comunicación global

Sobre mediación cultural o el gap entre lo offline y lo online

No puedo empezar éste apartado sin una felicitación. La edición de un pequeño libreto con los textos explicativos de cada obra, que normalmente se colocan en las cartelas, es ser consciente del tipo de muestra que se tiene ‘entre las salas’ y tomar medidas para avanzarse a un problema de circulación y aglomeración.

Por lo demás, sirva como ejemplo la radiografía y reflectografía infrarroja del tríptico de El Jardín de las Delicias: pudiendo ser un plus de lo más interesante, se queda corto en su intento por aportar contenidos de valor para muchos visitantes, pues ni la colocación de los textos ni su desarrollo lo consiguen.

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Otro dispositivo de mediación puesto a disposición del visitante (previo pago de 3,50 €) es una audioguía. Más allá del valor de las audioguías (que no discuto), sorprende que un museo cómo el Prado, últimamente muy receptivo a la experimentación con nuevas tecnologías, siga anclado en el siglo XX.

No acabo de entender que online ofrezca cosas tan y tan interesantes como El Bosco. Una historia en imágenes, recurso interactivo con imágenes y textos (scrollytelling* se le llama a la criatura) y offline sean tan rematadamente clásicos.

El catálogo es un buen ejemplo para explicar y entender esa falta de innovación en “viejos” medios de mediación cultural. Con su diseño del siglo XX, está claro que no pasará a la historia de un “viejo” medio como el libro. Si la conmemoración del V centenario de la muerte del Bosco es para el Prado un gran proyecto, de esos que se recordarán, no puedo entender que el mimo que se ha dedicado a otras cosas no lo merezca también el catálogo, una de las pocas cosas tangibles que quedará para el futuro.

El gap entre los “viejos” y los “nuevos” especímenes de mediación cultural empieza a ser un verdadero problema para los museos. Aunque no hay mal que por bien no venga: cómo problema, es un reto más para sus gestores.  

Sobre comunicación o matando moscas a cañonazos

El despliegue publicitario de la muestra es apabullante. Sólo en las estaciones de Atocha (Madrid) y Sants Estació (Barcelona) es realmente abrumador.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Tengo serias dudas que el tipo de publicidad informativa que caracteriza al Prado tenga eficacia; ahora bien, no tengo ninguna en otro aspecto fundamental: la eficiencia brilla por su ausencia. Hoy en día, en términos comunicativos (y también publicitarios) se puede conseguir mucho con poco.

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[Foto: Miradas desde la copa]

De hecho, creo que tamaño despliegue es incluso ofensivo. Especialmente cuando sabes que sólo por la compra de espacios en medios de comunicación social para 2016 se paga a una agencia de medios más de doscientos mil euros.

La publicidad del Prado es como el músculo de un culturista, pensada para impresionar.

Cierre del tríptico

Para concluir, y siguiendo para ello el clásico titular de prensa, no dudo que la exposición El Bosco. La exposición del V centenario del Museo Nacional del Prado será la muestra del año. Aunque sólo sea por ser la más completa entre las realizadas hasta hoy, al contar con más de un 75 % de la producción conservada del hombre-árbol de ‘s-Hertogenbosch.

* Mousewheel + Stories = Scrollytelling

Exterior de las puertas o Bonus track

El PaísEspecial interactivo.

Fernando Marías: El Bosco, artista de invenciones, El Cultural, 20/05/2016.

Tiendas y merchandising de museos. Algo más que vender

Lunes, junio 15th, 2015

Una de las tiendas de museo en la que siempre encuentro alguna sorpresa agradable es la del Museo Nacional del Prado.

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Que el objetivo de las tiendas de museos y otros equipamientos patrimoniales es generar beneficios económicos, que permitan alimentar los recursos propios mediante la venta de productos es una obviedad.

No lo es tanto que se aproveche este espacio eminentemente comercial de los museos para proyectos socialmente responsables. Algo que viene haciendo el Prado desde 2011 con el proyecto ArteDown de la Fundación Síndrome de Down de Madrid.

La idea de ArteDown es permitir que artistas con capacidades diferentes puedan dar a conocer sus obras, divulgando el talento de estos artistas y la belleza y originalidad de sus obras para dar un paso más en su plena integración en la sociedad y su crecimiento personal.

La colaboración entre la Fundación y el Museo consiste en la puesta en marcha de un concurso, cuyo ganador ve transformada su obra en productos originales puestos a la venta en la tienda del museo. La relación ha dado ya tres frutos: el primero tuvo lugar en 2012 con la conversión de la obra “Los zapatos de Goya” de Jorge Bermejo en una bolsa para guardar zapatos, se continuó en el verano de 2013 con la exposición “La belleza encerrada. De Fra Angelico a Fortuny” y la última hasta el momento se produjo el verano de 2014 con “El Greco y la pintura moderna”.

Los productos resultantes de esta última convocatoria son los que me encontré en la tienda del museo: una libreta y una bolsa derivadas de la obra “Retrato de Jerónimo de Cevallos de El Greco” de Antonio Monfort, ganadora del III concurso.

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[Fotos: Museo Nacional del Prado]

La siguiente convocatoria se hará en otoño de 2016, en el marco de la exposición del Bosco.

El primer museo en establecer una colaboración con ArteDown fue el Museo Thyssen-Bornemisza, que en 2009 convocó un concurso en el que pedían una interpretación de la obra “Les Vessenots en Auvers” de Vincent van Gogh, que ganó la obra “Estudio según Van Gogh” de Luis Sainz de la Cuesta, de la que finalmente se produjo merchandise.

Colaboración que se repetiría en 2012 con la exposición de “Hopper”. De hecho, actualmente está en marcha el concurso alrededor de su próxima exposición “Edvard Munch”, cuyo ganador verá reproducida la imagen de su obra (debe ser una interpretación de las obras “Atardecer” y “Las Niñas en el Puente” del artista noruego) en diferentes productos.

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[Foto: ArteDown]

Aunque está claro mi entusiasmo por la iniciativa, no quiero dejar pasar la oportunidad para felicitar expresamente a todos los implicados en el tema, especialmente a los profesionales que lo han liderado desde los dos museos: Cristina Alovisetti & Sergio Aguilar por el Prado y Ana Cela & Mamen Bustamante por el Thyssen.

Merchandising y museos: una taxonomía II

Martes, septiembre 29th, 2009

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Siguiendo con la categorización del merchandising de museos, voy con el merchandising de luxe. Productos relacionados directamente con las colecciones del museo, muy exclusivos y con precio de venta al público bastante elevado.

Para conocer mejor este nuevo ejemplar de la fauna del merchandising, nada mejor que pasear la vista por el escaparate de la tienda virtual del Vitra Design Museum (Weil am Rheim, Alemania). En concreto sus maquetas en miniatura de sillas míticas de la historia del mueble que forman parte de una de las colecciones de mobiliario más importantes a nivel internacional: como la Rood blauwe stoel de Gerrit Rietveld (1918), la B3 Wassily de Marcel Breuer (1925) o el taburete Mezzadro de los hermanos Castiglioni (1957).

Su fiabilidad no sólo convierte a estas réplicas en una buena oportunidad para aquellos que no pueden permitirse una de esas sillas a escala normal, sino que pueden utilizarse perfectamente en el ámbito de la docencia. Amén de ser una magnífica acción para reforzar la identidad de un museo corporativo como es el VDM alemán.

En la casa virtual del museo queda claro su objetivo:

“The original intention of the Museum to give visitors access to design not only by means of publications, but also in the form of three-dimensional objects, resulted in the creation of a unique museum product: models of the most important pieces of furniture in design history on a reduced scale. The Miniatures of the Vitra Design Museum are exemplary teaching objects with regard to quality and craftsmanship, and also iconic manifestations of the Museum Collection. They not only fulfil the financial purpose of contributing to the Museum’s budget, but also serve as ideal demonstration pieces within the context of academic studies or skilled trades. Among design connoisseurs, the Miniatures of the Vitra Design Museum have become coveted collector’s items. At present, the Miniatures Collection encompasses almost 100 different models, which are sold in exclusive design shops all over the world.”

¡Lástima que con el precio de una de las miniaturas puedas amueblarte medio salón!

Pero es que estamos hablando de merchandising de luxe

Merchandising y museos: una taxonomía I

Viernes, julio 31st, 2009

Si el márqueting o la publicidad están todavía bajo sospecha en el mundo cultural, todo lo relacionado con la producción y comercialización de productos de consumo relacionados con la imagen de los recursos patrimoniales nos lleva directamente a las puertas del Infierno.

Para los apocalípticos, el merchandising es la quinta esencia de la entrada de los comerciantes al templo, siendo las tiendas de museos o atractivos patrimoniales el ariete de la comercialización de la cultura. Y como buenos apocalípticos, son incapaces de ver los aspectos positivos que tiene. 

Más allá de los temas directamente económicos, ese tipo de productos ayudan en la creación de esa arquitectura que singulariza la identidad de marca, el branding, hoy por hoy una variable incuestionable para una gestión exitosa.

¡Por supuesto si son productos de calidad! Tema espinoso éste de la calidad. Básicamente por personal y relativamente subjetivo. Intentaré crear una taxonomía (en este y otros posts) que analice las diferentes posibilidades en el reino del merchandising de equipamientos y atractivos patrimoniales.

Y comienzo por la categoría de merchandising tronado, capaz de crear artefactos donde el mando lo tiene el sentido del humor, la ironía, el guiño generacional, el pastiche… El otro día me topé en la tienda de un centro cultural con una versión moderna y cool de mis añorados Geyperman y BigJim: ¡El gran Vincent Van Gogh transformado en un muñeco articulado! Muy puesto él, con su pincel, su paleta y alguna de sus obras a seleccionar por el consumidor. ¡Pero lo mejor es que tiene cara A y B: con oreja y sin oreja!

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Sin duda una buena manera para que jóvenes y no tan jóvenes creen historias relacionadas con el arte ¿Quién sabe qué hubiese sido de mi infancia si en vez de recrear escenas donde mi objetivo principal era matar con mi Dr. Acero al Gerónimo de mi hermano Jesús y al Big Jack de mi hermano Luis, mis padres me hubiesen regalado un ejemplar de este Big Van? Quizá no hubiese cambiado en esencia: en lugar de preocuparme por encastar mi puño de acero en la cara tostada de Gerónimo, le hubiese cortado la oreja al Big Van de mi hermano con la espada de mi Big Gauguin.

Por supuesto mi preferido hubiese sido el pack premium del Big Toulouselautrec, acompañado de varios bastones a lo Gala, una botellita de absenta y varias damas de compañía bailando el can-can…

Monna (€) Lisa: la imagen en venta

Miércoles, junio 17th, 2009

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[Foto: Miradas desde la copa]

Popularización, masificación y, para cerrar el círculo virtuoso: comercialización. Formar parte del star-system tiene estas cosas: cuando algo es conocido vende, se llame Paquirrín o Monna Lisa.

Como en todo lo demás, el caso de Lisa es extremo. Existe desde hace ya bastantes años una auténtica giocondomanía, con sus adictos/adeptos (entre los que me cuento) y sus gurús, como Jean Margat, propietario de la mayor colección del mundo en gadgets producidos con la imagen leonardesca.

Y ser la imagen más globalizada y mediática del mundo tiene sus pros y sus contras. Si, por regla general, el propietario de la pieza en cuestión produce un merchandising donde la inteligencia, la clase y el respeto por la obra de arte suele ser la tónica general (ver aquí lo que hace el Louvre); también lo es que está expuesta a quincalleros, capaces de comercializar artefactos de lo más curioso o, en el peor de las casos, de lo más lamentable.

 

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[Foto: Miradas desde la copa]

Acompañando este post puedes ver dos de mis últimas capturas (en la cacería me ayudó una buena amiga): una Monna Lisa con ojos de mosca y un escaparate de una óptica madrileña (¿será por aquello de su penetrante mirada que te persigue allá donde vayas?).