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Se alquilan obras maestras. Se pide máxima discreción. Razón: Musée d’Orsay

Jueves, octubre 13th, 2016

Musée d’Orsay. Agosto de 2016. Faltan obras, muchas obras. Pero si no lo sabes, no se nota. El museo (entendido como una organización con vida) está, se siente, pero esconde el tema.

Bal du moulin de la Galette [El baile del molino de la Galette] de Auguste Renoir y Olympia de Edouard Manet. Dos pelotazos de la pintura moderna. Dos de esas obras por las que merece la pena ir de romería allí donde estén. La Virgen del Rocío para los devotos del arte moderno. Dos obras maestras que parece han huido del calor sofocante del agosto parisino. En el museo sólo quedan las postales. Y como nos recordaba el crítico Robert Hughes, una postal es al original lo que el teléfono erótico al sexo. El “efecto Cola-Cao” del arte, puro sucedáneo.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Tampoco están La balançoire [El columpio] de Renoir, Le balcon [El balcón] de Manet o L’Absinthe [La Absenta] de Edgar Degas, entre otras muchas.

Reconstruyendo las excursiones de las dos primeras, se puede ver que en los dos últimos años los jóvenes retratados por Renoir se han movido más que cuando acudían al baile. El baile de Renoir ha estado de baile fuera del museo en tres ocasiones, tomando vodka en Moscú, sake en Tokyo y una sangría en Barcelona (sí, efectivamente, la sangría es la bebida oficial para los millones de turistas que nos visitan). En Moscú se expuso en The State Hermitage Museum (del 18 de marzo al 15 de julio de 2015). En Tokyo formó parte de la exposición Renoir : chefs-d’oeuvre des musées d’Orsay et de l’Orangerie, en The National Art Center (del 27 de abril al 22 de agosto de 2016). Y ahora en Barcelona, como pieza estrella de la exposición Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico. Colecciones de los museos d´Orsay y de l´Orangerie (del pasado 17 de septiembre al 8 de enero de 2017).

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La segunda, la Olympia de Manet, estaba en The State Hermitage Museum para la exposición Edouard Manet. ‘Olympia’. Theme and Variations (del 30 de julio al 30 de octubre de 2016).

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En resumen, dos obras maestras ausentes durante bastantes meses, que no conocerán los miles de visitantes que tendrá el museo durante su ausencia. Perdón, sí las podrán conocer si telefonean a una línea erótica. Perdón otra vez, si se compran alguna de las múltiples postales que se venden en sus tiendas.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Cómo ya preguntaba en el post La desaparación de las líneas rojas en la gestión de los museos, ante el caso de la cesión temporal del Museo Nacional del Prado de La maja vestida al Museo Nacional de Arte Occidental de Tokio y a la Obra Social “la Caixa”:

¿Debe un museo alquilar temporalmente una de sus obras maestras?

La cesión de obras entre museos ha sido una práctica normalizada desde hace bastantes décadas. Una práctica que ha cambiado en los últimos años con la irrupción de fundaciones de bancos y empresas: ahora también entran en ese juego los centros expositivos de esas fundaciones.

Y esos centros expositivos han entrado ofreciendo algo que los museos necesitan urgentemente: dinero. Los museos ceden sus obras a esas fundaciones a cambio de una compensación económica, y no por el tradicional intercambio de cromos (léase el intercambio de obras entre museos).

Cuando la situación respondía y responde a esa normalidad comentada, el museo que cede la obra coloca un aviso en el espacio que ocupa la obra viajera, informando al visitante de la razón que justifica la ausencia. Por ejemplo, el Museo Lázaro Galdiano informaba que su obra Meditaciones de San Juan Bautista del Bosco estaba cedida en préstamo al Museo Nacional del Prado durante la celebración de la exposición El Bosco. La exposición del V centenario.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Que, cuando una de esas obras maestras sale del museo, se redistribuyan las piezas de la sala en la que se expone y, por supuesto no exista ningún tipo de información, ¿no es un indicador que demuestra la mala conciencia del museo que prefiere no informar al visitante?

Eso es precisamente lo que está pasando en el Musée d’Orsay, un museo en alquiler que cede sus obras maestras y, al no informar a sus visitantes, comete algo muy grave en una institución cultural: miente.

Ahora, para acabar, formularé la pregunta de otra manera:

¿Cómo visitante del Museo Nacional del Prado, entenderías no encontrarte Las Meninas de Velázquez?

¿Cómo visitante de los Uffizzi, entenderías no encontrarte El Nacimiento de Venus de Botticelli?

¿Cómo visitante del Louvre, entenderías no encontrarte La Gioconda de da Vinci?

Bonus Track

Jesús Rodríguez y Carlos Spottorno: El negocio de los grandes museos, El País Semanal, 02 de octubre de 2016.

A Few Good Sponsors. A Few Bad Sponsors

Lunes, mayo 4th, 2015

Contar con patrocinador es una buena noticia para cualquier museo o equipamiento cultural, pero ¿a cualquier precio?

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[Foto: Amy Scaife, Corbis]

Para que un patrocinador sea un buen compañero de viaje, lo primero que debería es conocer en profundidad la singularidad del mundo cultural y respetar la misión de la organización o equipamiento patrocinado.

Algunos patrocinadores buenos

Cumpliendo con esas premisas, buenos patrocinadores serían, por ejemplo, Versace y Prada. Ambas empresas patrocinan la restauración de la Galleria Vittorio Emanuele II de Milán, una de las joyas patrimoniales de la ciudad lombarda, con una aportación de 1,5 millones de € cada una.

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[Fotos: inGalleria]

No cometiendo los errores de otras empresas, que al patrocinar la restauración de un monumento lo transforman en una vulgar valla publicitaria, han optado por la sutileza y la inteligencia comunicativa.

Se ha creado el potentísimo proyecto InGalleria (aquí vídeo), cuyo principal objetivo es ofrecer buenos contenidos sobre el monumento y su restauración, utilizando la potencia comunicativa de internet y las redes sociales (con presencia en Twitter, Facebook, Instagram y YouTube).

Tanto in situ como online, la presencia de los patrocinadores es de baja intensidad. Una sutileza que, acompañada de un inteligente trabajo comunicativo, les reporta y reportará una imagen positiva y un aumento de su reputación. Algo que no pasa cuando se actúa de manera invasiva, transformando los monumentos en restauración en un soporte publicitario cualquiera.

Algunos patrocinadores malos

Incluso cumpliendo con aquellas premisas comentadas al inicio, se puede no ser un buen patrocinador: hay empresas cuya hoja de servicios no es precisamente intachable.

Para un museo o equipamiento cultural, un mal patrocinador sería el que, por malas praxis en su desempeño empresarial (generadora de problemas medioambientales, explotación laboral, etc.), puede ocasionarle un problema de imagen y reputación.

Es el caso de las petroleras BP y Shell y los equipamientos culturales que patrocinan, como la Tate, el British Museum, el National Theater o la Royal Opera House. Para mucha gente es inaceptable que el mundo de la cultura acepte recursos de empresas poco respetuosas con el medioambiente.

Lo más interesante de este caso es que buena parte de esa gente se ha organizado por medio de grupos activistas como PlatformArt Not Oil Coalition (una coalición de organizaciones) y Liberate Tate, cuyo objetivo es conseguir la cancelación de la colaboración entre equipamientos culturales y las empresas petroleras.

Y más interesante aún es la manera de plantear la presión para conseguirlo. Obviamente utilizan todos los nuevos medios que ofrece el ecosistema digital (web y perfiles en redes sociales como Twitter o Facebook), pero lo más llamativo son sus guerrilla theatre performance.

La última que realizó el colectivo Liberate Tate fue “The Reveal” (el 31 de enero de 2015, aquí vídeo).

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[Foto: Martin Lesanto Smith]

Durante la performance, siete activistas vestidos de negro lanzaron billetes del Bank of Tate en la Tate Britain.

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[Foto: Liberate Tate]

En el verso del billete, el rostro de Nicholas Serota, director de la Tate y el logotipo de BP coronando como un sol la chimenea de la Tate Modern; en el reverso, el rostro de John Browne (ex-CEO de BP y actual presidente de la junta directiva de la Tate…) sobre el logotipo de la empresa y una de sus grandes “creaciones” medioambientales: el vertido de petróleo que inundó el Golfo de México en abril de 2010 (recomiendo leer el artículo de Bárbara Celis “Fundido a negro”).

Por su parte, la Art Not Oil Coalition ha hecho su última aparición en el British Museum con la performance “Sherloch Holmes: The Adventure of the Oily Museum” (el 29 de marzo de 2015, aquí vídeo) del grupo de teatro “BP or not BP?”.

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[Foto: Art Not Oil Coalition]

Una herramienta de lucha más es “Artwash. Bil Oil and the Arts”, el libro que acaba de publicar Mel Evans, activista de Liberate Tate (aquí book trailer del libro).

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Está claro que el patrocinio de empresas como BP o Shell no está alimentando positivamente la imagen y reputación de los museos y equipamientos culturales que patrocinan.

Patrocinadores y patrocinio, claro que sí. Pero sabiendo muy bien quién hay realmente detrás y, si supera la prueba del algodón, que éste sepa que patrocinar un museo o equipamiento patrimonial no es transformarlo en el mono de Valentino Rossi o Richard Hamilton.

Que todo esto sea posible, hoy día, es otro cantar.

Bonus track

Art Not Oil, Liberate Tate & Platform: Not if but when: Culture Beyond Oil”, 2011.

Platform: “Take the Money and Run? Some positions on ethics, businees sponsorship and making art”, 2013.

Platform & Art Not Oil: “Picture This. A portrait of 25 years of BP sponsorship”, 2014.

Patrimonio en alquiler

Martes, abril 21st, 2015

Hojeando el periódico, me topo con este anuncio por palabras:

Se alquila patrimonio.
Ideal empresas.
Razón: Barcelona.

En ese momento justo, me despierto de un respingo. Era una pesadilla de esas que te hacen sudar hasta por el rabillo del ojo.

Recuperado del susto, consulto mi cuenta de Twitter y me encuentro con esto:

La realidad supera a la ficción. La ciudad de Barcelona ha emprendido una peligrosa deriva en los últimos años, poniendo el patrimonio cultural de la ciudad a disposición del mejor postor.

Cuando hace algo más de un año hablaba de la desaparición de determinadas líneas rojas en la gestión de los museos (aquí), a raíz del cierre del Museu Nacional d’Art de Catalunya para celebrar el enlace matrimonial de la sobrina del magnate del acero Lakshmi Mittal, algunos me tildaron de alarmista. Algo que también pasó cuando durante todo el pasado 2014 denuncié públicamente la transformación de la Pedrera en una simple valla publicitaria gracias a la complicidad del propietario del edificio, la Fundació Catalunya-La Pedrera y el gobierno municipal (aquí, aquí y aquí).

El paso del tiempo pone a cada cual en su sitio. Aquello que pasó (el alquiler a un particular de un equipamiento público, cerrándolo todo un día, y la transformación de un monumento en soporte publicitario), ha vuelto a ocurrir. Cuando se abre la veda es solo cuestión de tiempo que vayan cayendo mansamente otras piezas.

Ahora volvemos a “disfrutar” de una lona publicitaria sobre otro edificio monumental, la Pia Almoina (Bien Cultural de Interés Nacional, como la Pedrera), y durante seis días permanecía cerrado el Pabellón Mies van der Rohe por la celebración en su interior de un evento empresarial privado.

#BarceLONA, capital mundial de las lonas invasivas

Venecia, Roma, Milán, París y Barcelona. Con la nueva lona publicitaria que tapa el andamio de la Pia Almoina, está claro que Barcelona tiene ya el curioso privilegio de formar parte de las ciudades europeas que no tienen empacho en convertir sus monumentos en restauración en grandes vallas publicitarias.

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[Fotos: Miradas desde la copa]

El nuevo caso de Poster Domination no sólo tiene un impacto visual negativo en un entorno patrimonial como el de Pla de la Seu, sino que además transgrede la Ordenanza Municipal de los Usos del Paisaje Urbano de la Ciudad de Barcelona, en concreto el artículo 19 sobre prohibiciones genéricas:

e) No se admite la publicidad sobre los templos, los cementerios, las estatuas, los monumentos, las fuentes, los equipamientos, los servicios públicos, las zonas naturales y los espacios verdes.

Basta mirar el detalle del plano de zonificación en el que se marcan las diferentes intensidades de uso del paisaje establecidas por la ordenanza, para comprobar que todo el entorno de la catedral es una de esas zonas en las que prohíbe expresamente la publicidad, y el edificio en cuestión uno sobre el que no se puede colocar publicidad.

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En este caso, como ya pasó con el de la Pedrera, el permiso concedido al propietario (el Arzobispado de Barcelona) por el Ayuntamiento es claramente irregular. Pero como lamentablemente pasa en buena parte de este tipo de normativas, siempre existe una parte del articulado que permite contrarrestar a otro. En este caso recurriendo, como ya hiciera el mismo gobierno municipal en el caso de la estatua de Colón, al capítulo II de la Ordenanza que permite el uso excepcional del paisaje urbano mediante publicidad en supuestos de interés público como la rehabilitación de un elemento patrimonial concreto.

Primero se prohíbe, para después abrir la puerta de par en par mediante un truco de trilero denominado “uso excepcional”.

No obstante, la colocación de este tipo de publicidad en bienes culturales catalogados como BCIN (recuerdo, el caso de la Pedrera y de la Pia Almoina) está expresamente prohibida por la Llei 9/1993, de 30 de setembre, del patrimoni cultural català, que en su artículo 35 sobre criterios de intervención dice: “És prohibit de col·locar-hi anuncis i rètols publicitaris”. Es fácil deducir de ello que la colocación de lonas publicitarias en monumentos catalogados con la máxima figura de protección cuenta con la aprobación del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya.

Por cierto, me pregunto en qué consistirá la restauración de un edificio que se rehabilitó y restauró de forma integral a principios de los años 90 para convertirlo en sede del Museu Diocesà de Barcelona.

Cuando el patrocinio deja de ser simétrico

Un equipamiento patrimonial gestionado por una fundación pública (la Fundació Mies van der Rohe) que cerró entre el 13 y 18 de abril para celebrar un evento empresarial privado.

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[Fotos: Jaguar Barcelona]

Convirtiendo el Pabellón Mies van der Rohe en un concesionario de coches de la empresa Jaguar por espacio de seis días.

No estoy en contra del patrocinio privado de equipamientos o actividades públicas. No, siempre que se mantenga una relación simétrica entre patrocinador y patrocinado. Y eso pasa, entre otras cosas, por respetar una línea roja: no comprometer la misión del equipamiento público.

Cerrar un equipamiento patrimonial durante seis días, imposibilitando su visita, es sobrepasar ampliamente esa línea roja.

El patrimonio se rinde a las exigencias del mercado

El arquitecto Josep Maria Montaner (MNAC, después de la boda de lujo) hacía las preguntas clave del polarizado debate ideológico sobre la privatización de lo público:

¿Es lícito sacrificar una parte de los principios de una institución pública para sacar un beneficio extra, que supuestamente vuelve a lo público?

¿Se ha de mantener desde las instituciones públicas una posición ética a rajatabla o es tolerable ceder a la presión de las grandes empresas, que son las que tienen capital y hoy nos dictan nuestras agendas?

¿Dónde acaba el control social y público y empiezan los abusos de poder?

Preguntas para un necesario debate, en el que valdría la pena no olvidar la siguiente variable: las empresas patrocinadoras siempre quieren ir un poco más allá de lo que dicta el sentido común. Si para cumplir sus objetivos comerciales tienen que comprometer al equipamiento público patrocinado, en general no tienen ningún dilema ético en hacerlo.

Decía la politóloga Judit Carrera (Malestar en la cultura) que el flirteo de las administraciones públicas con el mundo empresarial parecía síntoma de una política [cultural] que, ante las dificultades económicas, se rinde a las exigencias del mercado. Lo vivido en los últimos años viene a demostrar que la enfermedad ha aflorado en toda su crudeza, rompiendo cualquier barrera ética y expandiéndose como una pandemia: el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto el patrimonio cultural de la ciudad a disposición de las empresas. Así de sencillo. Y de tremendo.

Monumentos y publicidad. La lección de Venecia y Florencia

Viernes, enero 17th, 2014

«Te pegan un puñetazo en el ojo y arruinan tu experiencia ante de una de las más bonitas creaciones de la humanidad» (Venice in Peril, 2010).

Ante esta realidad, que parece barajarse para La Pedrera, merecería la pena tener en cuenta la lección sobre lo ocurrido hace unos años en Florencia y Venecia.

En la capital de la Toscana, se permitió a la cadena de supermercados Esselunga colgar del Ponte Vecchio una gran valla publicitaria, en octubre de 2009 (llamada de forma eufemística como gigantografía artística). La reacción de los florentinos fue tan airada que la empresa decidió retirarla rápidamente, de forma unilateral, pidiendo excusas por el daño hecho a un símbolo de la ciudad. Fue una reacción afortunada por parte de la empresa, ya que se comenzaba a hablar de que no se había hecho algo tan invasivo y autoritario con el Ponte Vecchio desde 1939, cuando Benito Mussolini lo tapó para recibir a Adolf Hitler.

En el caso veneciano, la presión por medio de la redes sociales virtuales de dos grupos sociales de acción ciudadana (40xVenezia y Venessia.com), hizo que la empresa Scavolini rediseñase su billboard en el Palazzo Ducale y el ponte dei Sospiri, sustituyendo el original que reproducía el interior de una cocina por otro más respetuoso, con la leyenda We love Venice! sobre una representación gráfica del espacio oculto del propio edificio. Basta con ver la actividad en el muro de Facebook de la empresa, concretamente en la entrada que presentaba la campaña, y leer los comentarios mayoritariamente negativos de los internautas, para darse cuenta del acierto de Scavolini en la gestión de una crisis comunicativa tan importante.

En cuestiones de patrocinio cultural, la sutileza es la base que deberían tener siempre presente las empresas interesadas en ejercerlo. Transformar los monumentos en el mono o el casco de Fernando Alonso o de Jorge Lorenzo no sitúa a patrocinados y patrocinadores en la pole position sino todo lo contrario: los margina al último puesto de la parrilla de salida.

La reacción en Venecia ante la invasión publicitaria de sus monumentos

Jueves, enero 16th, 2014

An appeal launched by Venice in Peril to Sandro Bondi, Italian Minister of Culture, and Giorgio Orsoni, mayor of Venice

“We appeal to the Italian government to change the legislation that permits huge advertisements on the scaffolding of public buildings. Only ten years ago, Venice was a city without large advertisements. Today, they are proliferating. They hit you in the eye and ruin your experience of one of the most beautiful creations of humankind. Their scale dwarfs the fine detail and proportions of the buildings, and now that they are also illuminated, you cannot escape them even by night, when they are the hardest, brightest lights in town by far.

We ask you to imagine the disappointment that the 17.5m visitors to Venice this year will feel. They come to this iconic city with an image of it in their mind’s eye and instead they see its famous views grotesquely defaced.

To those who say that the money the advertisements bring is necessary to restore those buildings, we remind you that after the great flood of 1966, when Venice was in a much worse state and Italy a much less rich country, no one contemplated using this method to raise funds.

Other ways of financing restoration must be found, otherwise Venice is doomed to be covered in advertisements for the rest of its life because its buildings will always be undergoing work due to their great age and the environmental fragility of the city.

Finally, we remind you that Venice is a Unesco World Heritage Site and that a preceding government of Italy undertook to protect its essential nature in perpetuity when it accepted this nomination.”

Among those who supported the Venice in Peril appeal to Minister Sandro Bondi  were:

Lord Foster OM;
Mark Jones, director, The Victoria and Albert Museum;
Glenn Lowry, director, Museum of Modern Art, New York;
Neil MacGregor, director, British Museum;
Lars Nittve, director, Moderna Museet, Stockholm;
Mikhail Piotrovsky, State Hermitage Museum, St Petersburg;
Malcolm Rogers, Museum of Fine Arts, Boston;
Martin Roth, Director General, Dresden State Museums.

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Fuente: Venice in Peril

Poster Domination: cuando la publicidad invade los monumentos

Miércoles, enero 15th, 2014

Miradas_desde_la_copa

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La Pedrera en restauración: lona mimética o poster domination

Lunes, enero 13th, 2014

Anunciada la limpieza y restauración de la fachada de La Pedrera (nota de prensa), que la mantendrá tapada durante todo un año, veo indicios que me hacen pensar que la lona que recubrirá los andamios se puede convertir en un mero soporte publicitario.

Atendiendo a la actualidad del tema, creo conveniente desempolvar dos post escritos en Miradas, con la sana intención que los gestores del edificio y las potenciales empresas o instituciones que podrían patrocinar la restauración, sean conscientes de la realidad del edificio que tienen entre manos: icono visual de Barcelona y Patrimonio Mundial.

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Los monumentos no son el mono de Fernando Alonso

[publicado el 14 de febrero de 2012]

Sutileza es la clave.

Cuando el propietario de un monumento busca patrocinador para acometer su restauración, en su hoja de ruta siempre debería reservar un espacio de privilegio a esa palabra: “sutileza”. Y la empresa que decide patrocinarla también la tendría que tener muy presente.

Sutileza para no convertir el monumento en el mono de Fernando Alonso. De hacerlo, todos pierden, todos perdemos.

Mayoritariamente, la gente ve con malos ojos la transformación de los monumentos en un soporte publicitario más (¡publicidad sí, pero no en todos los sitios!), lo que afecta negativamente a la imagen y reputación del gestor del monumento y a la empresa patrocinadora. Y si lo que buscan las empresas al asociarse al mundo cultural es, fundamentalmente, la buena imagen y el aumento de su reputación que le otorga el matrimonio de conveniencia, es una idea desastrosa pensar que un monumento no deja de ser un soporte más.

Casos de lo que se llama poster domination hay cada vez más, por desgracia. En Francia y en Italia es donde seguramente más polémica ha suscitado este tema, especialmente en París, Venecia y Florencia (para conocer detalles de estos casos, vale la pena leer los artículos Ads of Sighs de Enrico Tantucci y El lujo francés se instala en los museos nacionales de Juan Pedro Quiñonero -este enlace ha desaparecido-). Y empresas inteligentes, que habían transformado el Palacio Ducal y el puente de los Suspiros de Venecia o el puente Vecchio de Florencia en meros soportes publicitarios, tuvieron la suficiente cintura como para pedir disculpas y cambiarlos por lonas menos invasivas ante la avalancha de críticas recibidas.

Pues en Barcelona también tenemos nuestro particular monumento-casco de Jorge Lorenzo: se trata de la Casa Terrades (popularmente conocida como Casa de les Punxes), un magnífico edificio modernista de Josep Puig i Cadafalch, uno de los tres mosqueteros del modernismo catalán.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Los propietarios y la empresa patrocinadora, Calvin Klein, no han tenido empacho en convertir una de las fachadas que se están restaurando en una gran valla publicitaria, sustituyendo el adjetivo “sutil” por “invasivo”.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Si verdaderamente quieren hacerlo bien (haciendo honor a la leyenda colocada bajo las dos chicas semidesnudas: “Calvin Klein col·labora en el Programa de remodelació de parets mitgeres a la ciutat de Barcelona”), propietario, empresa patrocinadora y organismo municipal competente (el Institut del Paisatge Urbà i la Qualitat de Vida) deberían empezar por discriminar cuando el edificio en restauración, susceptible de tapar con una gran lona, es o no un monumento singular de la ciudad.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Lo denunciaba el periodista Edwin Winkels en el artículo Las “punxes” son ahora pezones (El Periódico) y yo me sumo a su denuncia.

Y vosotros, ¿qué pensáis?

Roma no transformará la Fontana di Trevi en el mono de Fernando Alonso

[publicado el 04 de marzo de 2013]

La memoria del baño nocturno de Anita Ekberg Y Marcello Mastroiani en la Fontana di Trevi no será mancillada.

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Parace ser que las grandes marcas italianas han aprendido la lección sobre cómo deben utilizar las grandes vallas que protegen los monumentos durante su restauración.

Después de las polémicas de alcance internacional que sacudieron la imagen y reputación de las empresas Scavollini o Esselunga, por la colocación de grandes lonas publicitarias en el Palacio Ducal y el puente de los Suspiros de Venecia y el puente Vecchio de Florencia, las marcas ya saben que cuando se trata de participar en la restauración de algún edificio icónico del patrimonio histórico es mejor actuar con sutileza.

Fendi anunció públicamente, el pasado 29 de enero, la donación de 2,5 millones de € para la restauración de la mítica Fontana di Trevi y del Complesso delle Quattro Fontane. Como informa el Ayutamiento de Roma, la novedad es que la gran valla protectora que se colocará durante las obras estará libre de publicidad. Solo una pequeña cartela de 30×40 informará del papel de la empresa en la restauración. Una vez finalizada, se colocará una pequeña placa que agradecerá la generosidad de la empresa.

Esta claro que Fendi sabe que solo con hacer que se conozca su gesto, gracias a la voz amplificadora de los medios de comunicación y la blogosfera, su imagen y reputación internacional saldrá reforzada. Solo basta con ver el marco en el que se hizo la rueda de prensa que anunciaba el proyecto Fendi for Fountains: la Esedra del Marc’Aurelio de los Museos Capitolinos, con el telón de fondo de la imponente estatua ecuestre de Marco Aurelio.

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[Foto: Davide Blasigh]

En definitiva, una buena noticia para nuestros vecinos italianos. Lo que no es poco teniendo en cuenta como está el patio por allí.

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Espero y deseo que la Fundació Catalunya-La Pedrera y las empresas potencialmente interesadas en patrocinar la restauración sean sensibles, no convirtiendo finalmente la fachada de La Pedrera en una gran valla publicitaria.

Sería insufrible para Barcelona, Catalunya, España y el mundo entero.

¿Acostumbrarse a la mercantilización de los museos públicos?

Jueves, enero 9th, 2014

En Manual de comunicación para museos y atractivos patrimoniales, concretamente en el capítulo dedicado a la publicidad, transcribí íntegro “Acostumbrase”, un exquisito relato de Clara Sanchis Mira (publicado en La Vanguardia, el 16 de abril de 2008).

Ahora, aquel breve pero intenso texto encaja como guante de seda en la realidad que está viviendo la museística catalana y española. Una realidad que la hace bascular hacia terrenos propios de modelos de gestión claramente orientados hacia su mercantilización.

Me parece tan bueno y tan oportuno, que lo vuelvo a transcribir nuevamente:

Digamos que soy un amante del arte. En los conciertos cierro los ojos, con un sentido menos el oído adquiere una mayor percepción. Así escuchaba el otro día la segunda sinfonía de Sibelius, una obra poderosa con la que los violonchelos te arrebatan la voluntad mientras su sonido se vuelve literalmente físico y trepa por tus piernas. Así estaba, ebrio y desmadejado en la butaca, cuando un desvarío de los violines me hizo dar un respingo. Una melodía absurda se insinuaba por los agudos. Durante un instante pensé que mi imaginación me jugaba una broma de mal gusto. Pero era evidente que algo pasaba entre las cuerdas. Los violines, impasibles, en medio de la gran obra, no cabía la menor duda, estaban interpretando el sonsonete publicitario de una conocida marca de bebidas refrescantes. Miré escandalizado a mi alrededor, pero ningún rostro compartía mi desconcierto. Poco a poco, como si no hubiera pasado nada, la ejecución adecuada de la partitura fue reconduciendo la sinfonía hasta el final.

Con la boca seca, entré en un museo. Me gusta pasar largos ratos recorriendo El jardín de las delicias, el cuadro inagotable del Bosco, jugando a redescubrir rincones y seres insospechados como los dos cuerpecitos desnudos que asoman de un mejillón o algún culito escondido. En esas estaba, sorprendiéndome maravillado una vez más por esa luz que emana del interior de las casas de la zona más oscura del tríptico, que parece el destello fulgurante de la luz eléctrica y no de la luz de las velas, como si el Bosco, a la manera de Da Vinci, premonitorio, hubiera dibujado el futuro con la certeza y el vuelo de su genio. En esas estaba cuando un trazo desvariado me hizo dar un respingo. Me froté los ojos y volví a mirar. Una de esas casas terminaba la inclinación del tejado en un cruce de líneas que formaba, idéntico, el logo de una conocida compañía de electricidad. Me acerqué al lienzo. Ahí estaba, con un trazo diferente, grosero, el dibujito que acompaña mis facturas de la luz. No es posible, pensé, y deambulé perplejo hacia las salas de Velázquez. El cuadro de Las hilanderas me proporcionó unos instantes de paz, hasta que mis ojos tropezaron, en el centro de la rueca de Minerva, con el logo de una famosa marca de ropa. Qué está pasando, me dije, y corrí desorientado por los pasillos tapándome la cara con las manos para evitar la imagen de la caja de toallitas higiénicas que me pareció entrever pintada en la mesa del retrato de la pequeña infanta Margarita. Pero me encontré con Los borrachos y vi tembloroso que en la copa que alza el joven en su brindis por Baco, brillaban las letras de una conocida marca de champán. El perro no, pensé a gritos, y me adentré a empujones en la salas de Goya hasta que di con el magnífico cuadro y contemplé, sin aliento, la inquietante cabecita del animal que mira hacia lo alto, sin atreverme casi a levantar los ojos hacia el resto del lienzo, donde siempre había reposado el vacío de ocres y grises que plasmó el pintor y ahora asomaba, obsceno, el logo de una compañía aérea.

Me abalancé sudoroso sobre un vigilante. Alguien ha pintarrajeado en los lienzos, grité, los cuadros están mutilados. No exagere, me contestó, son acuerdos publicitarios; al fin y al cabo sólo afectan a un trocito del cuadro, puede usted mirar tranquilamente el resto. ¿Publicidad?, balbucí. Ya se acostumbrará, prosiguió dándome golpecitos en la espalda, ¿recuerda las protestas que hubo cuando la televisión empezó a interrumpir las películas con anuncios? Desvirtúan el ritmo cinematográfico, decíamos furiosos, mutilan las obras del séptimo arte, perturban la narración. ¿Y al final qué pasó? Pues que nos hemos ido acostumbrando, como a tantas otras cosas. Con un poco de tiempo y de buena voluntad, también a esto, no lo dude, se acabará usted por acostumbrar.

Siento ser tan tajante, pero el que intenta juntar palabras en este portal se niega a acostumbrarse.

La desaparición de las líneas rojas en la gestión de los museos

Martes, enero 7th, 2014

Parece que determinadas cosas están cambiando en la gestión de los museos públicos. Parece que las reglas que se respetaban hasta ahora han pasado a mejor vida.

Y, por desgracia, todo tienen que ver con el maldito parné.

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[Foto: Albert García]

Antes de la debacle económica que estamos sufriendo, las fuentes de financiación de los museos públicos se nutrían casi en exclusiva de las arcas de las administraciones públicas. La participación de la iniciativa privada era poco menos que testimonial.

De un tiempo a esta parte, la captación de recursos privados mediante fundraising, mecenazgo o patrocinio, el alquiler de espacios, de piezas o colecciones, etc., es cada vez más importante para cuadrar los presupuestos anuales de nuestros museos públicos, diezmados año tras año por la reducción progresiva de las asignaciones públicas.

Singularizaré el post en dos de los buques insignia de la museística catalana y española: el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museo Nacional del Prado. Al poseer la máxima representatividad entre las instituciones museísticas de Catalunya y España, son un faro que guía al resto. Por tanto, cualquier cosa que decidan o hagan tiene una repercusión más allá de sus propias paredes.

El primero, hace años que alquila la Sala Oval y otros espacios del Palau Nacional de Montjuïc para la celebración de actos de empresa, institucionales o particulares.

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[Foto: Sergi Briet/Museu Nacional d’Art de Catalunya]

Empresas como Mercedes-Benz, Damm o L’Oréal han realizado eventos en alguno de esos espacios. Aquí se puede ver el dossier que promociona el alquiler de espacios.

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[Foto: Sergi Briet/Museu Nacional d’Art de Catalunya]

Eventos privados que suponen una excelente fuente de ingresos directos para el museo y no tienen ningún impacto (ni directo ni indirecto) en las salas de exposición permanentes y temporales.

Por la vía del patrocinio de la Fundación Mapfre, pudo sufragar la remodelación de las instalaciones y del discurso museográfico de la Colección de Arte Románico. Durante los meses que estuvo cerrada esa parte de la exposición permanente, el museo cedió una parte importante de piezas al patrocinador, que celebró la muestra temporal “El esplendor Románico. Obras maestras del Museu Nacional d’Art de Catalunya” en su sede madrileña (entre febrero y mayo de 2011).

Gracias a una campaña de micromecenazgo o crowdfunding, pudo conseguir los 45.000 € para comprar La Plegaria de Marià Fortuny, artista fundamental en la historia del arte catalán y, por tanto, para el discurso museológico del museo.

Ninguna objeción a este tipo de acciones que permiten la generación de recursos económicos.

El problema surge cuando se traspasan determinadas líneas rojas. Cuando, en palabras de la politóloga Judit Carrera, “la búsqueda de financiación privada no es un complemento sino una respuesta desesperada a la falta de recursos públicos” (“Malestar en la cultura”).

¿Dónde están esas líneas rojas en la gestión museística pública? Hasta hace poco estas eran dos de las más importantes:

No cerrar un museo para la celebración de un acto privado.

No alquilar obras maestras de la colección permanente.

Tanto una como otra han pasado a mejor vida.

El Museu Nacional d’Art de Catalunya traspasó la primera al permitir que una fiesta privada cerrase un equipamiento cultural público todo un día. Aunque se ha pretendido pasar de puntillas sobre el tema (los medios de comunicación han ayudado lo suyo), incluso algunos miembros de su Patronato, como Josep Maria Montaner (vocal desde 2004), se han manifestado públicamente en contra de la decisión (“MNAC, después de la boda de lujo”), denunciando además que la decisión fue tomada por la dirección del museo y no por su Patronato, en principio su máximo órgano de gobierno.

El Museo Nacional del Prado traspasó la segunda al ceder temporalmente La maja vestida de Goya a una organización privada, la Obra Social “la Caixa”, que la convirtió en la pieza estrella de la exposición temporal “Goya. Luces y sombras”, celebrada en CaixaForum Barcelona (entre marzo y junio de 2012). Segunda escala de la obra, que meses antes ya había viajado a Tokio para la muestra “Goya: Luces y sombras. Obras maestras del Museo del Prado” (permaneciando en el Museo Nacional de Arte Occidental entre octubre de 2011 y enero de 2012).

Miradas_desde_la_copa

[Foto: Museo Nacional del Prado]

Pongo este ejemplo (en el magnífico artículo “Más de un millón por las joyas del Prado” de Peio H. Riaño pueden verse otros más recientes), ya que tuve el placer de ver la obra en Barcelona y la desgracia de no verla junto a su par, La maja desnuda, en su ubicación natural: la sala 36 del Prado. Y no solo no la vi, sino que para más inri ni tan siquiera se había colocado el clásico cartel informando de su ausencia. Simplemente no estaba*.

La cesión de obras de arte entre museos no es ninguna novedad: desde hace décadas los museos han venido intercambiado obras para la organización de exposiciones temporales. Lo que sí constituye una novedad es la entrada de la lógica de mercado en ese tipo de cesiones: ahora se alquilan directamente a cambio de una cantidad de dinero (aunque por el camino se apele a supuestos ejercicios de diplomacia cultural para justificar la salida de determinadas obras).

¿Debe un museo cerrar sus instalaciones para celebrar un evento privado?

¿Debe un museo alquilar temporalmente una de sus obras maestras?

Los ejemplos que he utilizado para ilustrar la desaparición de las líneas rojas pueden tener dos lecturas:

a) Son una excepción que no romperá la regla.

b) Son un precedente de lo que pasará a partir de ahora.

Si una empresa, institución o particular con posibilidades (económicas) se enamora de la sala del Ábside de Sant Climent de Taüll ¿el museo la cerrará por unos días para que se celebre un acto privado?

Si una empresa, institución o particular con posibilidades (económicas) se enamora de Las Meninas ¿el museo la alquilará por unos días para que se exponga en la otra punta del mundo?

Cuando se hace pop, abriéndose la caja de Pandora, ¿hay o no hay stop?

La boda en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y la cesión de una obra maestra del Museo Nacional del Prado son el síntoma de una enfermedad: la mercantilización de los museos públicos.

Para algunos, entre los que me cuento, hay algunas líneas rojas que no deberían traspasarse si se quiere mantener la integridad e independencia de los equipamientos y bienes públicos.

Si finalmente impera la “cultura de cupcake” (genial Estrella de Diego en “Cultura de cupcake”), yo me permito el atrevimiento y el lujo de atrincherarme junto a Juan José Millás (“Un ataque político a las formas de vida”): la cultura y los museos son una forma de vida, no simples bienes consumibles.

* No hay demostración gráfica de mi visita, ya que el museo mantiene la trasnochada prohibición de poder tomar fotografías en su interior.

Crowdfunding para salvar a nuestro Giotto

Martes, marzo 26th, 2013

Miradas_desde_la_copa

Este pequeño fragmento de pintura pertenece a un magnífico edificio medieval de Barcelona, el Real Monasterio de Santa María de Pedralbes. Concretamente a las magníficas pinturas murales del taller de Ferrer Bassa, «nuestro» particular Giotto.

En una pequeña capilla situada en un ala del claustro, la de San Miguel, se encuentra una de las muestras más significativas de pintura gótica de nuestro país. Una delicia que se conserva in situ, lo que les otorga aún más valor si cabe. Para los que no conozcáis todavía el conjunto, aquí tenéis un vídeo que, de forma muy atractiva, explica el proceso de realización:

Para finalizar el proceso de estudio y restauración iniciado hace años con el proyecto Murales bajo la lupa, el Instituto de Cultura de Barcelona ha puesto en marcha una macrocampaña de fundraising, que intentará conseguir 25.000 € entre el 24 de marzo y el 3 de mayo, captando pequeñas donaciones (micromecenazgo o crowdfunding) mediante la plataforma online Verkami.

Para viralizar la iniciativa, se ha editado el siguiente vídeo:

Yo voy a revisar mis cuentas para ver si se puede contribuir. Aunque si pienso que en poco tiempo mis ahorros se pueden volatilizar (siguiendo el modelo chipriota), mejor no me lo pienso y participo. Al menos, siempre que vaya por Pedralbes podré decir que paticipé en algo que vale la pena (y que no es salvar un banco, claro).

Ps.: Espero y deseo que cuando se edite el catálogo de la restauración, donde se publicará el nombre de las personas que han hecho una donación, esté alguno de los magníficos profesores de arte medieval que tuve en la UB: Rosa Alcoy, Pere Beseran, Maria Rosa Terés, Francesca Español y Gaspar Coll. Ellos, que han vivido tantos años de Ferrer Bassa (académicamente, se entiende), deberían ser los primeros en participar. Sería una buena señal.