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El cómic entra en el museo de arte. Por favor, que no lo haga como el cartel

Domingo, abril 2nd, 2017

Mono

[Foto: Miradas desde la copa]

Nunca he entendido que los museos de arte que exhiben o hacen exposiciones temporales sobre el cartel, expongan estas muestras publicitarias solamente desde el punto de vista estético, castrando voluntariamente su verdadera función, sin la cual jamás se habrían diseñado: la promocional.

No tendríamos la trinidad de carteles de Ramon Casas para el Anís del Mono, si la empresa de Badalona no hubiese convocado un concurso en 1898 para conseguir un cartel que publicitase su evolucionado producto anisado.

En los museos de arte, la función publicitaria primigenia del cartel casi siempre queda diluida y supeditada a la aproximación meramente esteticista.

Hay pocos artefactos más extraños que un cartel enmarcado, protegido por un vidrio y acompañado por una minúscula cartela informativa.

Photo Pedro Ruiz en Le Devoir

[Foto: Pedro Ruiz, Le Devoir]

Siempre que veo un cartel encapsulado de esa manera, me vienen a la cabeza los museos de ciencias naturales y sus colecciones de coleópteros clavados con paciencia de acupuntor chino en tapetes de terciopelo granate.

No me gustaría que ahora que finalmente algunos museos de arte españoles han puesto el foco en el cómic (el Museo Thyssen-Bornemisza ha sido el pionero, seguido por ahora por el Museo Nacional del Prado y parece ser que pronto también por el Museu Nacional d’Art de Catalunya), pase algo parecido.

No me gustaría que el cómic fuese exhibido como si se tratase de una pieza de Velázquez. No me gustaría ver expuesto un cómic como si fuera un escarabajo rinoceronte.  

Por otra parte, de la emergencia del cómic se genera una curiosidad: hemos tenido que esperar al siglo XXI para que el cómic franquee las puertas del museo de arte español. Pero al hacerlo, llega tarde a la fiesta: como me comentó irónicamente Carles Sora, deberían estar hablando e incorporando ya el cómic interactivo (algo que sí ha hecho un museo de sitio: Un videojuego narrativo para que los jóvenes se enganchen al museo). Pero como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Aunque la dicha no sea interactiva.

Este post viene al hilo del interesante artículo del periodista cultural Xavi Serra sobre el auge del cómic en algunos museos de arte españoles, El còmic travessa les portes dels museus

El diseño de lonas protectoras y la tercera vía de la creatividad

Lunes, diciembre 12th, 2016

A las lonas publicitarias y miméticas, se le puede sumar una tercera vía para diseñar lonas protectoras: la que se sirve de la creatividad como ingrediente principal.

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Aunque poco explorada por los responsables de la restauración de edificios históricos, ya existen algunos buenos ejemplos que permiten ilustrar y valorar esta otra posibilidad.

Uno de ellos, ya comentado en Miradas en el post Monumentos en restauración. Cuando la lona puede marcar la diferencia, fue la lona que se colocó en el Hôtel Altenloh de la plaza Real de Bruselas durante su adecuación como futuro Musée Magritte Museum (en 2008). Una lona escenográfica que partía de una obra de René Magritte, L’Empire des Lumières.

Un ejemplo muy lejano al que últimamente se le pueden sumar otros dos más cercanos en el tiempo: uno en Londres y otro en Salamanca.

Durante la restauración de la Banqueting House (empezó en diciembre de 2015), los Historic Royal Palaces encargaron al estudio Northover&Brown el diseño de una lona protectora.

Partiendo de una base mimética, se crea un interesante trompe l’oeil: “rasgando” la lona deja ver una de las obras maestras del edificio diseñado por Inigo Jones, The Apotheosis of James I, el panel central de la cubierta de la sala principal pintado por Rubens.

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[Fotos: Northover&Brown]

El otro ejemplo, más cercano, se puede ver en la restauración de la Fachada Rica y fachadas laterales de las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca. En este caso es un interesante ejemplar de lona que bascula entre la opción creativa y la mimética.

Diseñada por porENDE estudio gráfico, juega también con el trampantojo. En este caso se sirve de letras, vinculadas con los manuscritos e incunables que atesora la biblioteca histórica de la universidad charra.

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Y no son cualquier tipo de letra: la tipografía es algo que se ha mimado, reproduciendo la forma y color de los vítores que se pueden ver estampados por las fachadas de muchos edificios históricos del núcleo histórico de Salamanca.

Desde la distancia, los caracteres tipográficos se recomponen para ofrecer una imagen que reproduce la fachada tapiz. Todo un acierto visual.

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[Fotos: porENDE estudio gráfico]

Tres muestras que ejemplifican una opción más a la hora de diseñar una lona protectora. Una buena opción, otra más, para abandonar la vía invasiva de la publicidad.

Bonus Track

Sobre la Fachada Rica y la restauración, merece la pena ver este reportaje de La 8 Salamanca (Castilla y León Televisión):

La exposición del Bosco, un tríptico de la museología actual

Lunes, junio 20th, 2016

Magna, irrepetible, cita excepcional [la exposición]

Fascinante, onírico, desbordante [el artista]

Fijadas algunas hipérboles sobre la muestra y los clásicos adjetivos que se le regalan a El Bosco, que nadie espere aquí una crítica artística. Me interesa para ilustrar determinados síntomas museológicos que tienen que ver con la gestión y la museografía, y por los intereses de éste blog, con la comunicación global (la mediación cultural y la comunicación). Un magnífico hilo que me permite hilvanar diversos temas que me (pre)ocupan últimamente.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Tabla central. Sobre gestión o mucho más que una exposición temporal

Sin duda es uno de los puntos fuertes del proyecto conmemorativo: la exposición no deja de ser una pieza más de un gran puzle.

Además de un nutrido número de actividades (conferencias, música, cine, etc.), hay tres piezas más que componen el puzle: el cómic El tríptico de los encantados (una pantomima bosquiana) de Max, el documental El Bosco, el jardín de los sueños de José Luis López-Linares y la videoinstalación Jardín Infinito del artista Álvaro Perdices y el cineasta Andrés Sanz (a partir del 4 de julio).

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Sigue en ello la estela de museos como el Louvre, que hace tiempo apostó por este tipo de medios. Y lo hace por la puerta grande, dejando esos proyectos en manos de reputados profesionales como Max o José Luis López-Linares.

En éste aspecto, mi más sincera y efusiva felicitación al Museo Nacional del Prado. Como buque insignia de la museística española, abre ruta para que el resto de la flota se inspire. ¡Enhorabuena!

Tabla izquierda. Sobre museografía o casi todo sigue igual

Aunque Miguel Falomir, Director Adjunto de Conservación e Investigación del Museo Nacional del Prado, se esfuerce en explicar el montaje (en éste vídeo), es un planteamiento clásico. Con un poco de gracia en la arquitectura efímera, pero clásico al fin y al cabo. Ahora bien, si se compara con lo que vienen haciendo, sin ir más lejos en el montaje de la muestra George de La Tour (1593-1652), se percibe un pequeño avance. Muy pequeño, la verdad, aunque el museo lo catalogue de sorprendente y excepcional en la nota de prensa.

El museo ha superado con nota el reto de exponer los diferentes trípticos (aunque por el camino se hayan olvidado de alguno, como el Tríptico de Job procedente del Groeningemuseum de Brujas), isolados de tal modo que se pueden ver las puertas (algo que normalmente se nos escamotea).

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Más allá de éste detalle, la exposición es museográficamente clásica. Incluso en algunos aspectos, como la vitrina en la que se muestran el Retrato de Engelbrecht II, conde de Nassau, el Libro de horas de Engelbrecht II de Nassau y el manuscrito Les visions du chevalier Tondal, son directamente indignos de una exposición como ésta.

En el terreno de las expectativas personales, y viendo como se había resuelto el tema de los trípticos, esperaba encontrar alguna fórmula museográfica interesante en la Mesa de los Pecados Capitales. Pero siguiendo el tono general, la fórmula es clásica.

Sería aconsejable que alguna de las respuestas museográficas puestas en marcha temporalmente, como la colocación isolada de los trípticos, se aplicasen cuando obras como El Jardín de las Delicias vuelva a su lugar de exposición permanente. Una obra así no puede volver a aquel garito como si nada hubiese pasado, privando al visitante del exterior de las puertas.

En este aspecto, sería interesante que el museo comprobase seriamente algo que percibí durante mi visita: la mayoría de visitantes que se agolpaban para mirarlos, prácticamente ni se paraba para ver la decoración exterior de las puertas.

Tabla derecha. Sobre comunicación global

Sobre mediación cultural o el gap entre lo offline y lo online

No puedo empezar éste apartado sin una felicitación. La edición de un pequeño libreto con los textos explicativos de cada obra, que normalmente se colocan en las cartelas, es ser consciente del tipo de muestra que se tiene ‘entre las salas’ y tomar medidas para avanzarse a un problema de circulación y aglomeración.

Por lo demás, sirva como ejemplo la radiografía y reflectografía infrarroja del tríptico de El Jardín de las Delicias: pudiendo ser un plus de lo más interesante, se queda corto en su intento por aportar contenidos de valor para muchos visitantes, pues ni la colocación de los textos ni su desarrollo lo consiguen.

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Otro dispositivo de mediación puesto a disposición del visitante (previo pago de 3,50 €) es una audioguía. Más allá del valor de las audioguías (que no discuto), sorprende que un museo cómo el Prado, últimamente muy receptivo a la experimentación con nuevas tecnologías, siga anclado en el siglo XX.

No acabo de entender que online ofrezca cosas tan y tan interesantes como El Bosco. Una historia en imágenes, recurso interactivo con imágenes y textos (scrollytelling* se le llama a la criatura) y offline sean tan rematadamente clásicos.

El catálogo es un buen ejemplo para explicar y entender esa falta de innovación en “viejos” medios de mediación cultural. Con su diseño del siglo XX, está claro que no pasará a la historia de un “viejo” medio como el libro. Si la conmemoración del V centenario de la muerte del Bosco es para el Prado un gran proyecto, de esos que se recordarán, no puedo entender que el mimo que se ha dedicado a otras cosas no lo merezca también el catálogo, una de las pocas cosas tangibles que quedará para el futuro.

El gap entre los “viejos” y los “nuevos” especímenes de mediación cultural empieza a ser un verdadero problema para los museos. Aunque no hay mal que por bien no venga: cómo problema, es un reto más para sus gestores.  

Sobre comunicación o matando moscas a cañonazos

El despliegue publicitario de la muestra es apabullante. Sólo en las estaciones de Atocha (Madrid) y Sants Estació (Barcelona) es realmente abrumador.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Tengo serias dudas que el tipo de publicidad informativa que caracteriza al Prado tenga eficacia; ahora bien, no tengo ninguna en otro aspecto fundamental: la eficiencia brilla por su ausencia. Hoy en día, en términos comunicativos (y también publicitarios) se puede conseguir mucho con poco.

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[Foto: Miradas desde la copa]

De hecho, creo que tamaño despliegue es incluso ofensivo. Especialmente cuando sabes que sólo por la compra de espacios en medios de comunicación social para 2016 se paga a una agencia de medios más de doscientos mil euros.

La publicidad del Prado es como el músculo de un culturista, pensada para impresionar.

Cierre del tríptico

Para concluir, y siguiendo para ello el clásico titular de prensa, no dudo que la exposición El Bosco. La exposición del V centenario del Museo Nacional del Prado será la muestra del año. Aunque sólo sea por ser la más completa entre las realizadas hasta hoy, al contar con más de un 75 % de la producción conservada del hombre-árbol de ‘s-Hertogenbosch.

* Mousewheel + Stories = Scrollytelling

Exterior de las puertas o Bonus track

El PaísEspecial interactivo.

Fernando Marías: El Bosco, artista de invenciones, El Cultural, 20/05/2016.

‘Síndrome Tamara’ Returns. El caso del Born

Jueves, abril 7th, 2016

Manual de uso de este post: nadie debe vincular lo que aquí se dice a la lucha ideológica entre independentistas y no independentistas. En éste foro no interesa ese debate, sólo el que atañe a la gestión de un equipamiento patrimonial público. Gracias.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Hace ya más de dos años, comentaba en el post El ‘síndrome Tamara’ se instala en los museos el cambio de nombre del actual Museu del Disseny de Barcelona, y decía lo siguiente:

Aquí el problema no solo es que en el cambio de denominación se haya perdido o no. Es que también afecta a aspectos que tienen que ver con la cultura de gestión de nuestros museos y patrimonio cultural (y de tantas otras cosas, como la cultura o la educación): los personalismos.

Un museo o proyecto cultural en marcha no debería cambiar en lo esencial cuando hay relevos entre sus gestores políticos o técnicos. Y por aquí es moneda corriente todo lo contrario: si hay cambio de color político en la administración de la que depende o cambia la dirección del propio equipamiento, es posible que se quiera cambiar todo, incluso el nombre.

(…)

Por último, y no menos importante: los recursos que suponen esos cambios.

Vuelta a las andadas: todo lo dicho entonces se puede aplicar ahora. El año pasado hubo cambio de color político en el Ayuntamiento de Barcelona y se reproduce exactamente lo mismo: el inaugurado en 2013 como Born CC (Born Centre Cultural) ahora se llama Born CCM (Born Centre de Cultura i Memòria).

Con poco más de dos años de vida, se decide reorientar el equipamiento patrimonial y se produce un cambio tan sustancial como el del nombre.

Me temo que la convivencia entre el viejo y el nuevo nombre se continuará “disfrutando” en las aplicaciones del logotipo, dándose curiosidades como éstas del portal web del centro y de su perfil y canal en Twitter y YouTube: sitios donde se ha actualizado y donde no se ha hecho todavía (en la mayoría de fotografías, en los vídeos, etc.). Mientras, in situ, es una verdadera fiesta.

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Ante casos como éste siempre me hago las mismas preguntas:

¿A cuánto ascenderá la cuenta de gastos que supone el cambio de nombre?

Si los que deciden estos cambios tuviesen que pagarlos de su bolsillo, ¿lo harían?

Las únicas certezas: el ‘síndrome Tamara’ ataca otra vez en Barcelona; el sueño de la ‘nueva’ política fue bonito mientras duró…

Miserachs y ‘Barcelona, blanco y negro’, la exposición

Sábado, enero 9th, 2016

Miradas_desde_la_copa

Más allá del interés personal por un tema, movimiento artístico o artista, la “museografía de la vitrina, el clavo y la peana” que se estila en las exposiciones de los museos de arte me aburre y decepciona soberanamente. Por poner un ejemplo: visitar una exposición sobre el cartel o un cartelista y ver una sucesión de carteles enmarcados, sin más montaje que un breve texto inicial y las anoréxicas cartelas informativas, hace tiempo que dejó de parecerme una exposición.

En muchos casos, demasiados, tengo la sensación que todos los esfuerzos se centran en conseguir el préstamo del mayor número y de las mejores obras, pero luego se hace poco o nada para construir un medio de comunicación (eso es una exposición) gracias a un planteamiento museográfico que vaya más allá de una sucesión de obras sobre un bonito color de fondo.

Por eso, cuando leí alguna de las varias críticas negativas sobre el montaje a una exposición del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), tuve claro que debía volver a ese museo.

Hace años que no lo pisaba. Ni cuando el año pasado fue noticia por la censura a una obra de arte. La última vez que lo hice fue para visitar la exposición La anarquía del silencio. John Cage y el arte experimental (¡acabo de comprobar que eso fue en 2010!).

Ahora lo he vuelto a hacer y no me arrepiento. La exposición Miserachs Barcelona ha sido la “culpable”. Una exposición monográfica sobre un fotolibro de Xavier Miserachs: Barcelona, blanco y negro.

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Como confesaba antes, he vuelto al MACBA por los comentarios (mayoritariamente negativos) que leí sobre la propuesta museográfica planteada por el comisario, Horacio Fernández, y los diseñadores, el estudio de arquitectura Langarita-Navarro. De falta evidente de respeto (Pedro Madueño en Recortables que alteran una obra, La Vanguardia) a acto de traición a la persona y la obra del artista (Joan de Sagarra en Miserachs traicionado, La Vanguardia). Según Joan de Sagarra, entre la profesión corre la frase “Misterioso asesinato en el Macba”.

Está claro que los implicados no se han limitado a lo que se espera (por común) de una muestra de fotografía y a lo que se estila en el museo barcelonés. Como decía el propio comisario en una visita comentada, en un museo de arte contemporáneo debería primar la innovación, también en el diseño de exposiciones temporales.

¿Cómo transformar un libro en exposición?

Ese proceso de intermedialidad era el reto al que se enfrentaron comisario y arquitectos.

Merece la pena conocer la opinión del comisario sobre la fotografía y su manera de entenderla:

Les fotografies estan vives. En els àmbits més conservadors del món de l’art se sol dir que estan mortes i que s’haurien de guardar emmarcades i cobertes amb un vidre. Però la història de la fotografia és molt més rica del que acostumen a explicar-nos els museus i el col·leccionisme i en aquest projecte també volíem mostrar la diversitat i la riquesa dels suports. Les imatges no tenen tema, no tenen una lectura privilegiada. El llibre és un relat visual força obert i, com va dir el fotògraf, la interpretació està en mans de l’espectador.

La muestra empieza en el vestíbulo, con un mural fotográfico compuesto por imágenes de las afueras de la ciudad.

Miradas desde la copa

Después, se entra en un primer espacio con un montaje a modo de mecano que recrea las exposiciones de los años en los que Xavier Miserachs preparaba su fotolibro. Un modelo que bebe de la Bauhaus y, muy especialmente, de las estructuras portátiles de la mítica exposición itinerante The Family of Man (MoMA, Edward Steichen, 1955; ahora en el Castillo de Clervaux, Luxemburgo).

Miradas desde la copa

Más adelante es posible pasear literalmente por las páginas del fotolibro de Xavier Miserachs y las calles y plazas de la Barcelona de los años 60, gracias a grandes ampliaciones tridimensionales, que transforman el espacio en una escenografía teatral que consigue que el visitante pase de la clásica pasividad a protagonista de la instalación.

Miradas desde la copa

Después de pasear por esa calle, se entra en un tercer espacio, una especie de plaza. Los protagonistas de las fotografías de Miserachs se han independizado de sus fondos, proyectándose de forma que envuelven al visitante. En este espacio se intenta conseguir el impacto emocional de la fotografía. Sin duda ha sido el espacio más criticado. Ante esas críticas, el comisario antepone la libertad creativa.

Miradas desde la copa

Por último, un último espacio, el usual en el montaje expositivo, con la proyección monumental del propio libro, página a página. Y el fotolibro como objeto, expuesto y protegido en una vitrina. Un planteamiento ciertamente sorprendente: no hay nada más lejos de la innovación expositiva que encapsular el libro en una vitrina como si fuese el Beato de Girona.

Miradas desde la copa

Miradas desde la copa

Sensaciones después de

Al finalizar el recorrido, queda claro que es una exposición donde la protagonista es la fotografía. Ahora bien, proponiendo nuevas maneras de mirar y leer fotos en el espacio artístico, huyendo del formato expositivo convencional: no hay ni una sola fotografía enmarcada, ni un solo texto de sala, ni una sola cartela.

Comparto con la periodista cultural Teresa Sesé (Deambulando con Miserachs, La Vanguardia), una cierta sensación de coitus interruptus. Tuve la sensación como de haber visitado el germen de una exposición del vecino Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (que por cierto, sí tiene como marca de la casa este tipo de planteamientos museográficos). Puede que Mercè Ibarz dé en el clavo cuando dice que la “primera impresión que produce es de brevedad, lo que tras décadas de exposiciones megalomaníacas, es un comentario indirecto muy de agradecer. No es breve, es intensa” (Barcelona Miserachs, El País).

Quizá, después de esa intensidad que comenta Ibarz, hubiese convenido un espacio más, de corte documental y reflexivo, con la exposición de materiales que mostrasen y explicasen el proceso de elaboración del fotolibro (es evidente que lo que se dice sobre este espacio en el texto introductorio de la exposición no se ajusta a la realidad: “En el epílogo se encuentra toda la información sobre Barcelona, blanco y negro“). Puede que así se hubiese redondeado la propuesta, aportándole algo de lo que ahora adolece.

Aunque bien es verdad que, para documentarse, para saber sobre Miserachs, el fotolibro y el propio trabajo del museo, está disponible otra exposición en un espacio contiguo: A.XMI. Una selección de materiales fotográficos y documentales del Fondo Xavier Miserachs, así como un recorrido por los distintos procesos de trabajo que el Archivo del Centro de Estudios y Documentación MACBA (CED) ha llevado a cabo entre 2009 y 2014 para incorporar, catalogar y difundir el fondo fotográfico.

Miradas desde la copa

[Fotos: Miradas desde la copa]

Ver, entre otras cosas, la hoja de contacto con su famosa fotografía del carretillero en el mercado del Born marcada con una etiqueta amarilla, explica muchas cosas sobre la fotografía de Miserachs y el proceso de cocinado del fotolibro: sólo hizo una toma, que fue la seleccionada.

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[Foto: Fondo Xavier Miserachs, Archivo del Centro de Estudios y Documentación MACBA]

Más allá si Miserachs Barcelona convence mucho o poco, habría que valorar muy especialmente la novedad de la propuesta. Si nadie se anima a innovar en los museos de arte, está claro que no se avanzará nada en el diseño expositivo. Parece mentira que en pleno siglo XXI la mayoría de crónicas sobre la exposición la hayan catalogado de arriesgado montaje. Lo que vendría a demostrar en qué nivel se encuentra la innovación museográfica de nuestros museos de arte.

Con esta exposición parece que el MACBA ha salido tímidamente del pestilente enclaustramiento y endogamia que ha alejado al público de los museos de arte contemporáneo, como pedía en una reciente entrevista Javier González de Durana, museólogo, historiador del arte y gestor artístico. Como comentaba Josep Maria Cortina (Miserachs Barcelona al MACBA, Núvol. El digital de cultura), una exposición capaz de despertar el interés de un público más amplio que el que acostumbra a visitar el museo y este tipo de muestras.

Espero que el museo siga por esa senda abierta con Miserachs Barcelona. Si es un espejismo, pasarán muchos años hasta que vuelva a visitarlo.

Una propuesta

Siguiendo la estela de The Family of Man, que viajó desde el MoMA a más de 160 museos de todo el mundo, no sería mala idea que la exposición se convirtiese en itinerante, difundiendo aún más la obra de Xavier Miserachs. El formato expositivo lo permite.

Polución en la iconosfera. Un problema para las imágenes valiosas

Jueves, julio 2nd, 2015

La iconosfera contemporánea comparte con la atmósfera una contaminación galopante.

Como recogía en la Mirada de junio’15, el diseñador Michael Bierut, en una declaración para un especial sobre diseño gráfico, ya hablaba de la sobrecarga de imágenes y del ruido visual imperante, que nutre nuestra iconosfera de piezas insultantemente feas.

El problema no es solo que se producen muchas imágenes, una densidad y abundancia que comporta su invisibilidad, como comentaba recientemente Román Gubern. El principal problema es que las feas son mayoría, contaminando de tal manera la iconosfera que las piezas valiosas pasan desapercibidas.

Lo pude comprobar recientemente con la tipografía diseñada por el estudio Mucho para la conmemoración del 40 aniversario de la inauguración de la Fundació Joan Miró de Barcelona.

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[Foto: Marco Sanz, vía Twitter]

A mediados de mayo recibí esta invitación electrónica para la fiesta que se celebraría el 10 de junio (fecha exacta de su nacimiento cuarenta años atrás).

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Inmediatamente vi la relación de los números con la arquitectura creada por Josep Lluís Sert para acoger en Barcelona la fundación de Joan Miró.

Y también de forma fulminante decidí preguntar en mi perfil de Twitter si alguien la asociaba con algún museo:

El resultado fue muy significativo: colegas que han estado muy vinculados al museo o lo están con el mundillo de los museos barceloneses no habían conectado la tipografía con el edificio o no encontraban la relación.

Así como los grupos ecologistas luchan contra la contaminación del medio ambiente, se tendría que crear algo parecido entre los implicados en crear, gestionar y valorar críticamente el mundo de las imágenes: uno de sus primeros cometidos sería denunciar todo aquello que engorda el mundo visualmente ruidoso en el que vivimos.

Una buena dieta de imágenes no nos iría nada mal. Seguro que así recuperaríamos la capacidad de paladear las buenas imágenes como realmente se merecen.

Museo del Holocausto de Buenos Aires & FWK Argentina: otro mítico tándem museo-agencia

Lunes, marzo 16th, 2015

No son muchos los museos que poseen un estilo publicitario claro y lo mantienen a lo largo de los años. Y muchos menos los que recorren ese camino de la mano de la misma agencia: son clásicos por aquí el Museo de Bellas Artes de Bilbao & Herededos de Rowan y el Science World de Vancouver & Rethink.

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A esta selecta y (lamentablemente) corta lista se le puede sumar el Museo del Holocausto de Buenos Aires (Argentina)FWK Argentina. Ya presenté algunas piezas de este tándem en un Monstruos de la publicidad de 2013, y ahora lo haré de la última campaña que han realizado conjuntamente, con la que celebraban el 21 aniversario del museo (no hicieron nada para el 20 aniversario y lo reconocen con sentido del humor).*

El museo y la agencia argentinos convocaron a un pequeño grupo de supervivientes de la Shoá para protagonizar una campaña de concienciación antisemita y antidiscriminación.

El grupo, la mayoría personas de más de ochenta años de edad, fue convocado el 3 de junio de 2014 a dibujar y pintar su propia experiencia del genocidio nazi, una de las mayores tragedias que vivió la humanidad durante el siglo pasado. Se les brindó las herramientas (pinturas, pinceles, lápices, etc.) para que ellos pudieran expresar su arte sobre un lienzo, en el que volcaron sus sentimientos más íntimos sobre su terrible experiencia.

Al finalizar los trabajos, cada sobreviviente (junto a su obra) participó en una sesión de fotos, brindando su testimonio sobre lo vivido en un clima que ha sido descrito como cálido y emocionante. Así lo relata uno de los profesionales que participaron en la grabación del espot “Moisés”, Fernando Roca, director de la productora audiovisual Huinca Cine:

Hubo una energía muy especial durante el rodaje, trabajar con Moisés quien sobrevivió a “seis” campos de concentración fue una experiencia en todo sentido. Charlar con él y poder escuchar de primera mano lo que sucedió durante la Shoah justo antes del rodaje y filmar en el Museo rodeados de las valijas, los pijamas y las fotos de toda la gente que vivió la barbarie, hizo que naturalmente, todo el equipo trabaje con un cuidado y respeto distinto.

El primer resultado fue la exhibición de esas obras en una muestra denominada “Un Museo. Nada de Arte”. Las obras de los protagonistas fueron luego expuestas de forma itinerante por el país invitando a toda la población a conocer más sobre estas personas en el Museo del Holocausto Buenos Aires.

La campaña publicitaria

Luego, con sus retratos fotográficos y sus testimonios, se desarrolló la campaña publicitaria. Anuncios gráficos en prensa y exterior, un comercial para televisión (titulado “Moisés”) y una caja de postales para conmemorar los 21 años del Museo del Holocausto.

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Todo ello bajo el concepto “millones de personas no hicieron nada para estar en un museo”. Los sobrevivientes del Holocausto no son artistas y, al igual que los otros millones de personas que lo sufrieron, no hicieron absolutamente nada para estar en un museo. Por desgracia, están.

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[Imágenes: FWK Argentina]

Mención especial merece el espot para TV. Os recomiendo que lo veáis más de una vez, hay fotogramas de una belleza sobrecogedora.

La nueva marca visual del museo

Coincidiendo con la campaña, el Museo del Holocausto decidió renovar conceptual y gráficamente su marca visual. El nuevo diseño, realizado por el estudio Munda Diseño y Comunicación, tenía como principal objetivo transmitir el Holocausto de una manera respetuosa, simple y efectiva.

Como me comenta Jonatan G. Nakache, responsable de comunicación del museo, se buscaba “transmitir el Holocausto de una manera respetuosa, simple y efectiva para poder comunicar y educar sobre la gravedad de lo acontecido. En este sentido creímos conveniente no usar símbolos ilustrativos como llamas, manos, estrellas y otros figuras del estilo, con la idea de que el icono genera una conexión emotiva, pero sin entender que este enfoque puede ser limitado en su alcance y en última instancia, puede disminuir la gravedad de la misión del Museo”.

Este era el imagotipo hasta agosto de 2014:

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Persiguiendo aquel objetivo, se eliminó del imagotipo el uso de la presentación gráfica de la Estrella de David, un recurso visual que se entendía podía desdibujar el mensaje real. Símbolo que fue substituido por un simple cuadrado, quedando así:

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[Imágenes: Museo del Holocausto]

Como se puede comprobar, la paleta cromática de la nueva marca se limita al blanco y el negro. Se pretende con ello dar respuesta a la meta de la institución: descubrir y promover la verdad.

* Agradezco a Rodrigo Burgos que lanzase el anzuelo que me puso sobre la pista de esta magnífica campaña.

‘Pintar hace mil años’. Una exposición que desmonta varios mitos

Lunes, junio 30th, 2014

El arte románico es austero.

Los ‘pequeños’ museos no pueden hacer excelentes exposiciones.

La universidad no colabora con los equipamientos patrimoniales.

“Pintar fa mil anys. Els colors del romànic”, la nueva exposición temporal del Museu Episcopal de Vic (Vic, Barcelona) desmonta esos tres mitos.

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El primer mito se deriva de los propios contenidos de la muestra: el análisis de los materiales y técnicas utilizados por los pintores del románico para realizar sus obras, permite desmontar el mito, falso y muy extendido, que el arte románico era austero. Nada más lejos de la realidad. La pintura y otras artes de esta época estaban pensadas para cazar la mirada de los fieles, siendo la espectacularidad y profusión decorativa del interior de los templos la ‘trampa visual’ para conseguir que aquellos asimilasen los mensajes devocionales.

El segundo y tercero proceden de la propia exposición como artefacto de divulgación. “Pintar hace mil años. Los colores del románico” demuestra que los museos ‘pequeños’ pueden hacer propuestas muy valiosas y que la colaboración entre equipamientos patrimoniales y universidad es posible.

Tenido en cuenta los escasos recursos humanos y económicos con los que cuentan museos como el MEV, exposiciones como esta demuestran que contar con esos recursos no asegura la calidad de las propuestas. Lo que la asegura es la dedicación e implicación de los profesionales que están detrás del proyecto. Y en “Pintar hace mil años” se ve claramente que el reducido equipo profesional del museo se ha dedicado e implicado plenamente en el proyecto expositivo.

El tercer mito que desmonta tiene que ver con las sinergias que museos y otros equipamientos patrimoniales pueden establecer con la universidad. En este caso, la muestra ha sido posible gracias precisamente a esa colaboración con el proyecto de investigación “Artistas, patronos y público. Cataluña y el Mediterráneo (s. XI-XV)-Magistri Cataloniae de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Para los que pensamos que una exposición temporal tiene que ser algo más que un conjunto de obras colgadas de las paredes de museos y centros expositivos, ejemplos como este materializan lo que creemos que deberían ser: los frutos de la investigación científica trasladados a un artefacto de comunicación que sirve para divulgarlos al conjunto de la sociedad.

Marginalia al post

El diseño. Más allá de la habitual ‘exposición cuelga obras’, “Pintar hace mil años” tiene un diseño sencillo y atractivo, con algunos guiños especialmente felices, como la utilización de lienzos como soporte de los textos de ámbito y el color que sirve para marcar los diferentes ámbitos en los que está dividida.

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El título y titulares. Tanto el título que da nombre a la exposición (“Pintar hace mil años. Los colores del románico”) como los titulares de los cinco ámbitos que la desarrollan (como por ejemplo “Entre el claustro y el mundo: ¿Dónde se formaban los pintores?” o “El color de la luz de Dios: el oro”) me parecen especialmente felices. Me temo que esto tiene mucho que ver con la implicación total de la comisaria, Judith Verdaguer, que comentaba antes.

La noticia, o mejor el notición. Fruto de la investigación conjunta del museo y el Institut Químic de Sarrià (personalizando: Judith Verdaguer y Majo Alcaide), se ha podido certificar científicamente la utilización de aceite como aglutinante de algunos pigmentos (colores rosas, amarillos y carnaciones) en el baldaquín de Ribes. Este descubrimiento, un auténtico hito para la Historia del Arte, certifica la utilización de la pintura al óleo durante el siglo XII (el baldaquino está datado entre 1119-1134), ilustrando las descripciones de ese momento que ya hablaban de ella, como el manual o recetario de técnicas artísticas De diversis artibus, escrito por el monje Teófilo. Por tanto, la noticia podría tener este titular y entradilla:

La pintura románica desmonta el mito de los Van Eyck

El Museu Episcopal de Vic posee una pintura del siglo XII en la que ya se utilizó la técnica de la pintura al óleo que siglos más tarde haría famosa la pintura flamenca

Bonus track:

Este post es fruto de la convocatoria de bloggers que organizó Carme Comas, responsable de comunicación y actividades del MEV.

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[Fotos: Miradas desde la copa]

Recopilo a continuación los posts de los bloggers que me acompañaron durante la visita a la exposición:

Antoni Rojas: “Bloggers navegando por los museos, Patrimonio Cultural Blog, 26 de junio de 2014.

Antoni Rojas: “La difusió de la recerca des dels museus”, Badiu. La finestra del Patrimoni. Bloc de l’ICRPC, 29 de junio de 2014.

Antoni Rojas: “La Jornada #MEVBloggers. La socialización y comunicación de la investigación en museos”, Patrimonio Cultural Blog, 30 de junio de 2014.

Hesperion: “Pintura romànica a Vic: una exposició, de mida intensa”, Cabrablog, 01 de juliol de 2014.

Jana Pérez: “El secret de ‘Pintar fa mil anys’ al Museu Episcopal de Vic”, Roda el món i torna al Born, 02 de juliol de 2014.

Carme Rodríguez: “La llum i els colors del MEV”CARMΣMIX l’estraperlista, 08 de juliol de 2014.

Vàngelis Villar: “Pintar fa mil anys” Allò que la pintura amaga, Paisatges Culturals, 10 de agosto de 2014.

Welkom nieuw Mauritshuis. Cuando la comunicación puede ser un problema

Viernes, junio 27th, 2014

Los museos de arte holandeses han experimentado los últimos años una auténtica fiebre por poner al día sus instalaciones. Las remodelaciones y ampliaciones comenzaron por el Stedelijk, y luego vinieron el Museo Van Gogh y hace un año el Rijksmuseum, todos ellos en Ámsterdam. El último en incorporarse será el Mauritshuis de La Haya, que se inaugurará mañana, sábado 28 de junio.

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[Foto: Ivo Hoekstra, Mauritshuis, Den Haag]

Una remodelación que ha durado dos años y ha tenido un coste de 30 millones de euros, integrando al edificio histórico del siglo XVII otro de estilo Art Deco, conectados ambos por una parte subterránea que sirve de vestíbulo del nuevo museo.

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[Foto: © Ronald Tilleman, Mauritshuis, Den Haag]

La remodelación también ha supuesto el cambio de marca visual, diseñada por el estudio Studio Dumbar, y el lanzamiento de un nuevo portal web, desarrollado por Basket Builders.

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[Foto: Studio Dumbar]

En definitiva, una puesta al día que lo convertirá en cita obligada para los amantes del arte y de los museos, al contar con obras tan emblemáticas (y mediáticas) como La joven de la perla o Vista de Delft de Vermeer, La lección de anatomía de doctor Nicolaes Tulp de Rembrandt o El jilguero de Carel Fabritius.

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[Foto: © Ronald Tilleman, Mauritshuis, Den Haag]

En declaraciones a la prensa internacional, la dirección del museo decía lo siguiente (El País):

“En realidad no sabemos qué pasará y nos preocupa porque la visita debe ser confortable y tranquila. Cuando cerramos teníamos unas 260.000 visitas. Ese porcentaje no puede crecer más de un 25%. No podemos tener un millón. No lo pretendemos tampoco. Nos importa la calidad no la cantidad. En ese sentido lanzamos un mensaje contrario al del resto de los museos del mundo. No queremos colas, gracias”.

Un objetivo muy loable que podría entrar en contradicción con la potente campaña de comunicación que se ha puesto en marcha antes de su reapertura.

Como ya se puede interpretar por las declaraciones reproducidas, el museo hizo una convocatoria de prensa internacional. Lo que obviamente le reportó publicity a nivel mundial.

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[Foto: Soraya Gabriel]

La campaña de publicidad se desarrolla mediante un conjunto de acciones: tres espots para la televisión holandesa, inserciones en prensa, publicidad de exterior y online. Todas ellas limitadas al territorio holandés.

La idea creativa que sutura el conjunto de acciones tiene como objetivo recordar a los amantes de su pieza estrella, La joven de la perla de Vermeer, que para ver el original se tiene que visitar el remodelado Mauritshuis. El claim ‘Je vindt het origineel in het Mauritshuis’ ( ‘Descubre el original en el Mauritshuis’) es toda una declaración de intenciones.

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[Foto: Mauritshuis, Den Haag]

Si los gestores del museo no quieren ver colas, una campaña como la puesta en marcha seguramente no ayudará mucho. Sobre todo acciones de relaciones públicas como la convocatoria de prensa internacional.

Por otra parte, ¿cómo reabrir después de varios años y no hacer ningún tipo de comunicación?

Seguramente la clave está en el objetivo de esos esfuerzos comunicativos. Si la campaña se hubiese propuesto un objetivo de notoriedad (que el público objetivo tuviese conocimiento de la noticia), no habría problema. Pero por el hilo conductor de la campaña (una clara invitación a visitar el museo), el objetivo es de venta (que el target lo visite). Y si es así, me temo que las declaraciones de sus directores pueden llegar a no cumplirse.

Si la campaña de comunicación supera el 25 % de crecimiento deseado, ¿sería un fracaso? Parece que sí.

Entonces, ¿de quién será la culpa? Si eso llega a pasar, lo será de quien la ha planificado, pues claramente habría planteado una estrategia y plan de acción no concordante con el objetivo de gestión que se quería conseguir.

El ‘síndrome Tamara’ se instala en los museos

Martes, diciembre 10th, 2013

Por diferentes razones que luego intentaré explicar, dos museos catalanes están inmersos en un cambio de nombre: el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Disseny Hub Barcelona.

Vale la pena puntualizar aquí y ahora (pido disculpas por decir tamaña perogrullada), que el nombre es una variable fundamental en términos de branding o creación de marca.

El nombre es, junto a otros identificadores que conforman la identidad verbal y visual de un museo, el elemento que lo identifica y singulariza. No hay dos museos que tengan el mismo nombre, como no hay dos que compartan la misma marca visual.

Digo todo esto para recordar que un proceso de cambio de nombre es algo muy serio.

En el caso de Museu Nacional d’Art de Catalunya se están haciendo cosas muy extrañas (bodas aparte). Poco después que su actual director tomara las riendas del museo, ya manifestó públicamente su intención de eliminar el acrónimo (“No se puede ir por el mundo llamándose MNAC” declaraba a los medios en agosto de 2012) y la necesidad de asociar al museo con la marca Barcelona (eliminando de paso su referencia a Cataluña, que ya se comprendía en el término «Nacional»). Si en lo primero estoy totalmente de acuerdo, en lo segundo en absoluto (especialmente ahora, que se va descubriendo qué es realmente la marca Barcelona).

La respuesta en contra fue tan contundente (se declararon contrarios desde el teniente de alcalde de Cultura de Barcelona hasta el consejero de Cultura de la Generalitat), que nada más se supo del tema. Hasta que recientemente se han visto algunos movimientos comunicativos que demuestran que el proceso de asociación con la marca Barcelona se está llevando a cabo. Concretamente en su dimensión virtual.

Si empezamos por mirar su portal web corporativo, su dirección pasará de la «vieja» www.mnac.cat a la «nueva» www.museunacional.cat. El acrónimo ha desaparecido, dejando paso a solo dos de los elementos que lo conformaban: «Museu» y «Nacional». «Arte» y «Cataluña» han pasado a mejor vida.

Primera pregunta: ¿qué pensarán el resto de museos nacionales de la apropiación que se hace del término «nacional»?

En su perfil de Facebook pocos cambios: no se ve rastro alguno del acrónimo, llamándose Museu Nacional d’Art de Catalunya.

En cambio, en su cuenta de Twitter el desbarajuste es supino. ¡Podemos encontrar hasta tres maneras diferentes de llamarse!: «Museu Nacional Bcn» para el nombre que identifica el perfil, «@MuseuNac_Cat» para el nick y «Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC)» para la descripción.

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Segunda pregunta: ¿pero no habíamos quedado que se desterraba el acrónimo?

Ahora lo que parece pender de un hilo es la especialidad del museo, el «Arte», del que no se tienen noticias más que en la descripción.

Que está claro que la aparición del nombre de la Ciudad Condal no es una mera cuestión de geolocalización se puede comprobar con solo consultar la hemeroteca (concretamente leyendo las propias palabras del director) y observar un pequeño, pequeñísimo detalle que demuestra que las cosas no se están haciendo todo lo bien que se deberían teniendo en cuenta que nos estamos jugando el buen nombre de nuestro museo de referencia. Os invito a que miréis esta nueva captura de su cuenta de Twitter y os reto a detectar ese pequeño detalle:

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Efectivamente, poco después de cambiar el nombre de su cuenta se introdujo una coma. Un pequeño signo gráfico mediante el cual se pretendía justificar la aparición de «Bcn» junto a «Museu Nacional».

Por supuesto que el museo puede deshacerse del acrónimo (es más, debería hacerlo), pero hay otras cosas difíciles de eliminar si de lo que realmente estamos hablando es de un museo, de arte y de Cataluña (en un país maduro y sin complejos, la variable nacional sería totalmente prescindible teniendo en cuenta exigencias básicas de nominología como la economía de palabras: lo que puedas decir con una palabra no lo digas con dos).

Y lo que no puede ser de ninguna de las maneras es que el museo tenga más de un nombre circulando por Internet. Si no nos gusta el que tiene, pues se cambia, pero obviamente uno por uno.

Tercera pregunta: ¿se están haciendo probaturas para ver la reacción de la gente o realmente se está jugando con el tema sin saber bien lo que se está haciendo?

El caso del Disseny Hub Barcelona (DHUB) es diferente. Ahora se llamará así al edificio que albergará a finales del año que viene al propio museo, a Foment de les Arts i del Disseny (FAD) y a Barcelona Centre de Disseny (BCD).

Por su parte, el museo pasará a llamarse Museu del Disseny de Barcelona.

Precisamente ahora, cuando parece que finalmente abrirá sus puertas en el edificio del equipo MBM (quintaesencia de otra época: la de antes del trastazo), se decide que el nombre que se le dió en 2009 (cuando nació públicamente el que debería ser futuro centro especializado en diseño) no es válido.

Todo lo que de arriesgado tenía el proyecto y el propio nombre de Disseny Hub Barcelona (para muchos un simple guiño cool), lo tiene de clásico el de Museu del Disseny de Barcelona (no levantará discusiones, pues lo plano nunca lo hace).

Aquí el problema no solo es que en el cambio de denominación se haya perdido o no. Es que también afecta a aspectos que tienen que ver con la cultura de gestión de nuestros museos y patrimonio cultural (y de tantas otras cosas, como la cultura o la educación): los personalismos.

Un museo o proyecto cultural en marcha no debería cambiar en lo esencial cuando hay relevos entre sus gestores políticos o técnicos. Y por aquí es moneda corriente todo lo contrario: si hay cambio de color político en la administración de la que depende o cambia la dirección del propio equipamiento, es posible que se quiera cambiar todo, incluso el nombre.

El trabajo iniciado en 2009 para alcanzar notoriedad y posicionar un nuevo equipamiento relacionado con el diseño, con la puesta en marcha de una sede provisional en el Palacio del Marqués de Llió de la calle Montcada, no ha servido para nada. Cuando a finales del año que viene abra sus puertas en la plaza de las Glorias Catalanas (esperemos), será una cosa muy diferente.

Por último, y no menos importante: los recursos que suponen esos cambios. Dudo que para crear el nuevo nombre de «Museu del Disseny de Barcelona» se haya acudido a una consultora, agencia o estudio especializado en temas de nominología. Pero sí es público que ese cambio va acompañado de dos nuevas marcas visuales: una para el edificio (Disseny Hub Barcelona) y otra para el museo (Museu del Disseny de Barcelona). Ya veremos el resultado, pero el ganador del concurso público lo tiene difícil para superar la marca visual dinámica del Disseny Hub Barcelona que diseñó el estudio laGasulla, merecedora de un Grand Laus de Diseño Gráfico, dos Laus Or y un Laus Plata otorgados por la Associació de Directors d’Art i Dissenyadors Gràfics del FAD (ADG-FAD) en su convocatoria de 2009. Una marca visual que ya se ha dejado de utilizar, sustituyéndose por una provisional (detalle que demuestra lo mal que se están haciendo las cosas).

Y que los vaivenes y las decisiones personales supongan un gasto para las arcas públicas, por poco que sea, es algo lamentable en los tiempos que corren. En este caso, el concurso para la creación de las marcas visuales asciende a 78.150,40 €. Pero habría que sumarle, como poco, el costo de la marca visual anterior. LAMENTABLE.

Para acabar, una curiosidad: resulta paradójico que el Museu del Disseny de Barcelona prescinda del nombre de la ciudad en los descriptores principales de su cuenta de Twitter y, en cambio, el Museu Nacional d’Art de Catalunya se muera por integrarlo. Curiosísimo.

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Dicho lo cual, viva el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museu del Disseny de Barcelona (o como quieran llamarse ahora).

Por cierto, ¿alguien podría decirme cómo se llama ahora la «cantante» del No cambié?