Posts Tagged ‘Consumo imagen artística’

Mirar en el museo del siglo XXI. Las miradas de Eduardo Salles y de Rafael Argullol

Viernes, abril 7th, 2017

Miradas_desde_la_copa

Cinismo ilustrado, Eduardo Salles

“Quien escuche una opinión semejante rápidamente alegará que hemos sustituido la cultura de la palabra por la cultura de la imagen, el argumento favorito cuando se conversa de estas cuestiones. De ser así, habríamos sustituido la centralidad del acto de leer por la del acto de mirar. Surgen, como es lógico, las nuevas tecnologías, extraordinarias productoras de imágenes, e incluso las vastas muchedumbres que el turismo masivo ha dirigido hacia las salas de los museos de todo el mundo. Esto probaría que el hombre actual, reacio al valor de la palabra, confía su conocimiento al poder de la imagen. Esto es indudable, pero, ¿cuál es la calidad de su mirada? ¿Mira auténticamente? A este respecto, puede hacerse un experimento interesante en los museos a los que se accede con móviles y cámaras fotográficas, que son casi todos por la presión del denominado turismo cultural.

Les propongo tres ejemplos de obras maestras sometidas al asedio de dicho turismo: La Gioconda en el Museo del Louvre, El nacimiento de Venus en los Uffizi y La Pietà en la Basílica de San Pedro. No intenten acercarse a las obras con detenimiento porque eso es imposible; apóstense, más bien, a un lado y miren a los que tendrían que mirar. La conclusión es fácil: en su mayoría no miran porque únicamente tienen tiempo de observar, unos segundos, a través de su cámara: de posar para hacerse un selfie. Capturadas las imágenes, los ajetreados cazadores vuelven en tropel a la comitiva que desfila por las galerías. ¿Alguien tiene tiempo de pensar en la ambigua ironía de Leonardo, o en la sensualidad de Botticelli, o en el sereno dramatismo de Miguel Ángel? Es más: ¿alguien piensa que tiene que pensar en tales cosas?

Paradójicamente, nuestra célebre cultura de la imagen alberga una mirada de baja calidad en la que la velocidad del consumo parece proporcionalmente inverso a la captación del sentido. El experimento en los museos, aun con su componente paródico, ilustra bien la orientación presente del acto de mirar: un acto masivo, permanente, que atraviesa fronteras e intimidades, pero, simultáneamente, un acto superficial, amnésico, que apenas proporciona significado al que mira, si este niega las propiedades que exigiría una mirada profunda y que, de alguna manera, se identifican con los que requiere el acto de leer: complejidad, memoria, lentitud, libre elección desde la libertad. Frente a estas propiedades la mirada idolátrica es un vertiginoso consumo de imágenes que se devoran entre sí. Al adicto a esta mirada, al ciego mirón, le ocurre lo que al pseudolector: tampoco está en condiciones de confrontarse con las imágenes creadas a lo largo de milenios, desde una pintura renacentista a una secuencia de Orson Welles: las mira pero no las ve.

De ser cierto esto, la cultura de la imagen no ha sustituido a la cultura de la palabra sino que ambas culturas han quedado aparentemente invalidadas, a los ojos y oídos de muchos, al mismo tiempo. El pseudolector, que ha aceptado que a su alrededor se desvanezcan las palabras, marcha al unísono con el pseudoespectador, que naufraga, satisfecho, en el océano de las imágenes. La casi desaparición del acto de leer y, pese a la abundante materia prima visual, el empobrecimiento del acto de mirar llevan consigo una creciente dificultad para la interrogación. En nuestro escenario actual el espectáculo tiene una apariencia impactante pero las voces que escuchamos son escasamente interrogativas. Y con bastante justificación puede identificarse el oscurecimiento actual de la cultura humanista e ilustrada con nuestra triple incapacidad para leer, mirar e interrogar. (…)”

Rafael Argullol, “Vida sin cultura”, El País

El cómic entra en el museo de arte. Por favor, que no lo haga como el cartel

Domingo, abril 2nd, 2017

Mono

[Foto: Miradas desde la copa]

Nunca he entendido que los museos de arte que exhiben o hacen exposiciones temporales sobre el cartel, expongan estas muestras publicitarias solamente desde el punto de vista estético, castrando voluntariamente su verdadera función, sin la cual jamás se habrían diseñado: la promocional.

No tendríamos la trinidad de carteles de Ramon Casas para el Anís del Mono, si la empresa de Badalona no hubiese convocado un concurso en 1898 para conseguir un cartel que publicitase su evolucionado producto anisado.

En los museos de arte, la función publicitaria primigenia del cartel casi siempre queda diluida y supeditada a la aproximación meramente esteticista.

Hay pocos artefactos más extraños que un cartel enmarcado, protegido por un vidrio y acompañado por una minúscula cartela informativa.

Photo Pedro Ruiz en Le Devoir

[Foto: Pedro Ruiz, Le Devoir]

Siempre que veo un cartel encapsulado de esa manera, me vienen a la cabeza los museos de ciencias naturales y sus colecciones de coleópteros clavados con paciencia de acupuntor chino en tapetes de terciopelo granate.

No me gustaría que ahora que finalmente algunos museos de arte españoles han puesto el foco en el cómic (el Museo Thyssen-Bornemisza ha sido el pionero, seguido por ahora por el Museo Nacional del Prado y parece ser que pronto también por el Museu Nacional d’Art de Catalunya), pase algo parecido.

No me gustaría que el cómic fuese exhibido como si se tratase de una pieza de Velázquez. No me gustaría ver expuesto un cómic como si fuera un escarabajo rinoceronte.  

Por otra parte, de la emergencia del cómic se genera una curiosidad: hemos tenido que esperar al siglo XXI para que el cómic franquee las puertas del museo de arte español. Pero al hacerlo, llega tarde a la fiesta: como me comentó irónicamente Carles Sora, deberían estar hablando e incorporando ya el cómic interactivo (algo que sí ha hecho un museo de sitio: Un videojuego narrativo para que los jóvenes se enganchen al museo). Pero como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Aunque la dicha no sea interactiva.

Este post viene al hilo del interesante artículo del periodista cultural Xavi Serra sobre el auge del cómic en algunos museos de arte españoles, El còmic travessa les portes dels museus

El Museo del Prado, el poblado galo que se resiste a la fotografía

Sábado, marzo 18th, 2017

Buen momento, ahora que hay cambio en la dirección del buque insignia de la museística española, para plantear un tema que viene sobrevolando el museo desde hace años: el mantenimiento de la prohibición a los visitantes de tomar fotos en las salas del museo.

El Museo Nacional del Prado es de los últimos grandes museos internacionales que todavía no permite a sus visitantes fotografiar en las salas.

Tal y como ha evolucionado la fotografía en los últimos años, son pocos los museos que se resisten a la entrada triunfal en sus salas de las cámaras de los visitantes.

Mona Lisa Piqué

Para pulsar el estado de opinión sobre el tema, plantee una encuesta desde mi perfil en una red social (vaya mi agradecimiento público a las 177 personas que han participado). Aunque no hay ninguna pretensión científica (¡no puede haberla!), los resultados sí son interesantes: mayoritariamente se opina que se tendría que permitir la fotografía en el Museo Nacional del Prado (un 68% de los encuestados), aunque un 32% piensa todo lo contrario.

Encuesta

Un debate que hace años se vive y su libra en otros países. Francia es uno de ellos: aunque el Ministère de la Culture et de la Communication había publicado Tous photographes !, una carta de buenas prácticas fotográficas y fílmicas en equipamientos patrimoniales, el Musée d’Orsay mantenía la prohibición.


Tous photographes! Charte de l’usage de la… por culture-gouv

Una potente plataforma ciudadana, OrsayCommons, y la oportuna actuación de la ministra de cultura en aquellos momentos, Fleur Pellerin, lograron finalmente algo que parecía imposible: que se permitiese la fotografía en el museo parisino. Aquí información sobre el caso: Museos y Relaciones Públicas: el poder de los nuevos prescriptores y El fracaso de los nuevos prescriptores. El museo, las fotos y la ministra.

¿Qué argumentos utiliza el Museo Nacional del Prado para mantener la prohibición? 

Cuando algún visitante molesto por la prohibición o personas interesadas en temas museológicos les han preguntado por ello en alguna red social, el argumentario es el que se puede ver en este intercambio de tuits:

Argumentario Museo Nacional del Prado

Es decir, se le prohíbe al visitante para preservar la calidad de la visita y la integridad física de las obras de arte, expuestas a los flashes accidentales.

Argumentario en contra de la prohibición

A la primera de las cuestiones, es evidente que ante piezas icónicas como Las meninas o El jardín de las delicias, en las que se producen aglomeraciones, la presencia de las cámaras las aumentaría significativamente, mermando seguramente la calidad de la visita. Algo que no pasa en el resto de las salas y ante el resto de obras digamos mortales.

Si se quieren evitar las escenas que se viven en el Musée du Louvre ante la Monna Lisa, ya existe la experiencia de otros museos para que eso no ocurra: la prohibición de fotografiar ante esas obras en concreto. Los responsables del Prado no tienen que viajar muy lejos para conocer esas experiencias, ya que bajando por el Paseo del Prado y entrando en el Reina Sofía ya se encuentran con un buen ejemplo: allí, se permite la foto menos en la sala en la que se expone el Guernika.

La segunda ya se ha demostrado que no es científicamente cierta. Cuando los flashes de las cámaras emitían la fuente de luz por ignición, la prohibición tenía todo el sentido, pero hoy día ya no es así con los flashes electrónicos: la incidencia es mínima, tanto como para no poder apelar a la conservación preventiva para prohibirlo. Ante aquellas obras maestras que todos los visitantes quieren fotografiar o fotografiarse, y por tanto, muy expuestas si se permitiese el uso de flash, tendría sentido la prohibición del uso del flash.

No obstante, hay un argumento definitivo para que no se pueda utilizar el flash: es molesto para los propios visitantes. Detalle que justifica que se mantenga la prohibición (siempre que se informe mediante una píldora de difusión preventiva, claro está) por pura cortesía con el resto de visitantes.

Mi propia experiencia como visitante

Como autor del post, me permito la licencia de explicar mi propia experiencia sobre el tema como usuario habitual de museos y equipamientos patrimoniales.

Durante mi visita al Neues Museum de Berlín, afloró una sensación que no había experimentado antes. Iba contento haciendo fotos hasta que llegué a la sala en la que se expone el busto de Nerfertiti: allí está prohibido hacerlas.

Nefertiti

[Foto: Staatliche Museen zu Berlin / Achim Kleuker]

Al principio me molestó que no me permitiesen hacerle alguna foto a la escultura, pero cuando estaba frente a frente de ella me di cuenta que la estaba saboreando plenamente, sin preocuparme de la cámara y de tomar la mejor fotografía de la historia.

En ese momento, fui consciente de un sentimiento muy personal: cuando no puedo hacer fotos tengo la sensación de saborear más lo que estoy viendo. Pero repito y reitero: es una sensación personal. Y como tal hay que entenderla.

El argumento definitivo

Aunque como he dicho, yo mismo disfruto más cuando no estoy pendiente de la cámara, lo que no es admisible en un equipamiento de titularidad pública es que imponga un determinado criterio, que además rema a contracorriente de la realidad. Un principio que incluso no obliga a entrar en temas jurídicos (ver el documento de Pierre Noual en el apartado de Bonus track).

Un buen gestor debe aceptar el mundo en el que vive. Y en el nuestro, los smartphones, la foto y los selfies son el pan nuestro de cada día.

Si preocupa que los visitantes abusen de los selfies, lo que el museo debería hacer es convencerles de que no lo hagan: que sean muy selectivos con las autofotos, que las compartan por las redes sociales (con los beneficios comunicativos que eso conlleva para el propio museo) y que disfruten plenamente de la experiencia de encontrarse frente a obras únicas. Y eso pasa por comunicárselo de forma activa y evidente.

Espero y deseo que Miguel Falomir sea un excelente director; para ello tendrá que ser un gestor del siglo XXI. El Museo Nacional del Prado lo merece.

Si has llegado hasta aquí (toda una proeza en el mundo gaseoso de Internet), ¿qué opinas tú: fotos sí o fotos no?

La respuesta oficial del Museo Nacional del Prado

Aunque el museo ha sido nombrado y apelado sobre el tema en multitud de mensajes publicados en diferentes redes sociales, su decisión estratégica ha sido la de mantenerse al margen (un caso más para analizar la estrategia comunicativa en redes sociales de nuestros museos).

Finalmente, me puse en contacto con su Área de Comunicación, y esta es la repuesta oficial del museo:

Se apuesta por una visita de calidad, evitando en la medida de lo posible distorsiones y molestias que vayan en detrimento de la experiencia directa de la obra de arte por parte del espectador y aglomeraciones que puedan poner en riesgo las obras. Hay que tener en cuenta que el Prado recibe una media de casi 3 millones de visitantes anuales.

Bonus track

David Sanders (1995), “Photographic Flash: Threat or Nuisance?”, National Gallery Technical Bulletin, Volumen 16, pp. 66-72.

Martin H. Evans (2013), “Amateur Photographers in Art Galleries: Assessing the harm done by flash photography”.

Pierre Noual (2017), “Photographier au musée. Guide de sensibilisation juridique à l’usage du visiteur-photographe”.

Lo que el branding no puede maquillar: Apple y su sospechosa sensibilidad por el patrimonio español

Lunes, septiembre 3rd, 2012

Quien pasase en julio por la esquina barcelonesa de Paseo de Gracia y Plaza Cataluña, pudo ver una valla protectora que anunciaba la inauguración en el edificio de una nueva tienda de Apple en la Ciudad Condal.

Y podrá ver como la empresa, en una magistral jugada para ganarse a la opinión pública barcelonesa, se sirve del imaginario modernista de la ciudad, utilizando el famoso trencadís inventado por el genial Antoni Gaudí para customizar su logotipo y la propia valla.

Comunicacion_del_patrimonio

Comunicacion_del_patrimonio

[Fotos: Lady Madonna, vía flickr]

Estaría bien, muy bien, si en paralelo mostrase interés por conservar el mítico anuncio de neón de Tío Pepe (¿Simple publicidad o algo más? Tío Pepe contra el (i)Mundo) que coronaba el edificio de la Plaza del Sol madrileña, que también se convertirá en su tienda insignia en la capital.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Hay cosas que ni los mejores especialistas en branding son capaces de maquillar: la incoherencia. El guiño en Barcelona es un brindis al sol teniendo en cuenta lo que está pasando en Madrid (que ya ha trascendido a los medios de comunicación internacionales, como demuestra el artículo Madrid’s neon knight upstaged by new Apple store publicado en The Guardian).

Apple demuestra que las marcas comerciales carecen de la supuesta “alma” que les otorgan los gurús del márketing. Si la tuviera, no dejaría descabezado el que será su edificio emblema madrileño.

Reflexiones sobre el caso de la copia de Monna Lisa del Prado

Miércoles, febrero 22nd, 2012

Después de unos intensos días, desde que el pasado 1 de febrero Martin Bailey hiciese publica la noticia de la “aparición” de una magnífica copia de la Monna Lisa en la colección del Museo Nacional del Prado, llega el momento de juntar algunas consideraciones sobre el caso de la nueva estrella del Museo Nacional del Prado.

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[Foto: Gorka Lejarcegi]

En este post hablaré de cuestiones técnicas, artísticas y prácticas.

Consideraciones técnicas:

Primera: en contra de lo opinan muchos seguidores del perfil de Facebook del Museo Nacional del Prado, debemos estar eternamente agradecidos a los responsables del Museo del Louvre. Finalmente es gracias a ellos, que en 2010 la pidieron en préstamo para la exposición L’ultime chef-d’oeuvre de Léonard de Vinci, la Sainte Anne, que nuestro museo procedió al estudio y restauración de la obra. Sin ese interés francés no existiría la mediática Monna Lisa del Prado, así de sencillo.

Segunda: aunque es cierto que estaba expuesta (algo en lo que han sido muy sensibles desde el Prado, que han criticado duramente que se hablase de que estaba en sus almacenes), no había merecido gran interés (por estudiarla). Me disgustaría que se malinterpretase o sobreinterpretase este comentario. Sé perfectamente como funcionan los museos (hay multitud de cosas por descubrir de las piezas que forman parte de sus colecciones y un equipo humano limitado), pero la realidad en este caso es la que es.

Consideraciones artísticas:

Primera: no debería usarse lo de Gioconda del Prado. Monna Lisa solo hay una, la pintó Leonardo y está en el Louvre. Que se haga desde los medios de comunicación para dar brillo a la noticia entra dentro de la normalidad, pero quien nunca debería hacer algo así es el propio museo. Y el Prado está “jugando” con el tema. Aunque son escrupulosos en hablar de copia en la información facilitada en el Estudio técnico y restauración de La Gioconda, Taller de Leonardo, en la Galería online donde está la ficha de la obra o en los vídeos subidos a YouTube (Obras de la Colección: La Gioconda (copia), Taller de Leonardo da Vinci y La copia de la Mona Lisa del Museo del Prado. Estudio técnico y restauración) también es verdad que en la página de bienvenida de su portal web corporativo sí se habla únicamente de La Gioconda del Prado (a continuación una captura que lo demuestra).     

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El Prado, como institución cultural de referencia a nivel internacional, debería dar muestras de seriedad en este aspecto, alejándose de la frivolidad en la que parece caer en algunos momentos. Me pregunto, ¿sería aceptable que The National Trust jugase al equívoco con la copia de Las meninas que se conserva en la Banks Collection de Kingston Lacy (Dorset, Inglaterra)?

Segunda: aunque a la obra del Prado no se le debería llamar así, popularmente se le llamará. Incluso ya hay quien dice que la original de Leonardo es la del Prado (está claro que no se han molestado en compararlas). No debería decirse pero, como ya pasa con el apelativo popular, también se dirá.  

Tercera: espero y deseo que las verdaderas estrellas del Prado (Las meninas, El jardín de las Delicias, El caballero de la mano en el pecho, Los fusilamientos del 3 de mayo & Cia.) no dejen de serlo. Pasado el revuelo inicial, la noticia novedosa, la copia de la Monna Lisa será como las estrellas que surgen de los reality show de la televisión: fugaces. Será lo que Belén Esteban es a Telecinco. Las verdaderas estrellas siempre estarán en su sitio. Y esas estrellas nacieron de los pinceles de genios tan poco (re)conocidos como Velázquez, El Bosco, El Greco, Goya…

Consideración práctica:

Para los que nos extasiamos delante de Las meninas o El jardín de las Delicias, la “aparición” de la nueva estrella es una excelente noticia. Mediante el simple mecanismo de causa-efecto, los muchos visitantes que se aglomerarán delante de ella dejarán expedito el espacio delante de mis obras favoritas. Ya no tendré que utilizar la técnica de un jugador de rugby para hacerme un sitio a codazos y empujones cuando quiera mirar (que no solo ver)  la obra maestra de Velázquez o de El Bosco.  

Dicho lo cual, solo queda felicitarse por poder disfrutar en nuestro museo de referencia de una pieza singular.

Monna Lisa suma y sigue, ahora en el Prado

Miércoles, febrero 8th, 2012

Recomendación de lectura de este post: activar el vídeo del gran Nat King Cole y escuchar de fondo su balada.

Para un giocondólogo declarado como yo (basta mirar en la categoría de Consumo imagen artística la colección de posts que le dediqué hace tiempo), cada nueva noticia sobre Lisa es una alegría.

La última: el Museo Nacional del Prado tenía en una de sus salas una copia de la obra. Hasta aquí ninguna novedad.  

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Pero sorpresa, como publica Martin Bailey en The Art Newspaper, al proceder a su restauración y retirar el negro uniforme que servía de fondo, se ha descubierto el magnífico paisaje, lo que sitúa la copia del Prado en una nueva dimensión: es una magnífica copia que seguramente hizo algún discípulo de Leonardo da Vinci. Es decir, mientras el maestro pintaba y repintaba, miraba y remiraba su estelar retrato, uno de los suyos iba haciendo su copia.

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Si la cosa es así, el valor de la copia es de aupa, ya que se conserva significativamente mejor que el original de Leonardo (entre otras cosas, la copia del Prado no la tuvo nadie debajo de su colchón por espacio de casi dos años). Si Vincenzo Peruggia levantase la cabeza…

El cómic: un buen medio divulgativo para los museos

Viernes, mayo 6th, 2011

Objetivo: divulgar el patrimonio artístico, llegando a determinados públicos mediante soportes de mediación no usuales.

Para ello, cualquier medio es bueno. Si un Big Van (un muñeco tipo Action Man de Vincent van Gogh) es perfecto para comenzar a introducir a los niños en el mundo del arte, el cómic es un medio más al alcance. Perfecto, pues además es arte.

Recién salido de máquinas tenemos un ejemplo interesante: la novela gráfica Vincent van Gogh: la lucha de un artista (“Vincent van Gogh: An Artist’s Struggle”), escrita por Marc Verhaegen y Jan Kragt e ilustrada por el primero de ellos. Un encargo del Van Gogh Museum de Amsterdam.


 
Hacer una novela gráfica como ésta puede parecer fácil, pero si se quiere hacer bien (ya que hablamos de divulgación del patrimonio, recordar que está es la base irrenunciable), el trabajo previo de documentación comporta horas y horas de dedicación.

Como explica y demuestra en su blog uno de los autores, Marc Verhaegen, hay un trabajo de documentación serio e inteligente. Algo que se puede ver claramente en la viñeta que narra la llegada de Van Gogh a París el 27 de febrero de 1886.

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[Foto: Marc Verhaegen]

Para dibujarla, se han utilizado diferentes recursos visuales, tanto para construir el escenario como para retratar a los personajes que acompañan al pintor holandés en la escena. Desde la reproducción exacta de un ferrocarril de época, hasta retratos del chansonnier Aristide Bruant (inmortalizado en una serie de magistrales carteles por Henri de Toulouse-Lautrec) y de la bailarina la Goulue (la Reina de Montmartre, también inmortalizada por el quebradizo genio de Albi).

Comunicacion_del_patrimonio

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[Fotos: Marc Verhaegen]

Que se utilicen referentes visuales procedentes de los pinceles de Toulouse-Lautrec es especialmente acertado, ya que se sabe que el genio del cartel moderno conoció el mundo del Ukiyo-e (la estampa japonesa) percisamente gracias a Van Gogh. Japonismo que luego plasmaría magistralmente en sus pinturas y carteles.  

En definitiva, cuando está bien documentado, el cómic es una oportunidad más para divulgar el patrimonio de forma atractiva, llegando a unos públicos que difícilmente se interesarían por un catálogo, un documental u otros medios más tradicionales.

Como no podía ser de otra manera, el Van Gogh Museum ha dado todo su apoyo al álbum, asesorando a los autores. El propio Verhaegen comenta como le hicieron modificar alguna viñeta en la que salía una obra de Van Gogh en un momento en el que todavía no la había pintado.

Pero no sólo eso. El museo ha ditado un teaching package totalmente gratuito y accesible en la web de EurEducation Foundation, por medio del cual se le puede sacar todo su jugo a la novela gráfica.

Difusión cultural en estado puro.

Márqueting de calle: curiosidades

Miércoles, octubre 20th, 2010

Al robo del Casas del MNAC (bueno, la reproducción que se había colocado en la fachada principal de Santa María del Mar, en el marco del proyecto El MNAC pren el carrer), se han ido generando otras curiosidades que vale la pena comentar. 

Estamos de acuerdo que se trata de reproducciones. Bueno, pues entonces ¿qué sentido tiene que algún responsable del Ayuntamiento de Barcelona haya decidido blindar la Virgen de los “Consellers, colocando una barrera de vallas que ya las quisieran los jugadores del Real Madrid cuando vienen a jugar al campo del Barça?

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¡Se aceptan opciones!

Si con las famosas catenarias de los museos no era suficiente (cordones de terciopelo que tan magistralmente caricaturizaba Andreu Buenafuente), ahora nos ponen barreras hasta en las reproducciones. ¿Qué será lo próximo, exigirnos que nos pongamos guantes para tocar las postales que nos venden?  

Por suerte, se ha corrido la voz y la gente empieza a tocar (por favor, con cariño) las reproducciones.

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Obras del MNAC toman la calle

Jueves, octubre 7th, 2010

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¡Arte en las calles de Barcelona!

Artefagia: un caso extremo de consumo del arte

Jueves, febrero 4th, 2010

Me imagino que ya tenéis noticias de mis safaris a la caza de objetos que utilizan la imagen de obras de arte reconocidas. Como también sabéis que una de mis preferidas es la Monna Lisa. Ya hablé en un conjunto de posts de la utilización intensiva de esta obra maestra por parte de la cultura de masas, pero recientemente he conocido un nuevo producto que supone un caso (quién sabe si extremo) de lo que llamo artefagia: el consumo de la imagen artística en forma de comestible.

La prestigiosa tienda parisina de productos de gourmet Fauchon lanzó el pasado año un pastelito de crema de almendra y glaseado de chocolate (sus famosos éclairs) que se sirve de la escrutadora mirada de la Monna Lisa imprimiéndola en una fina lámina de chocolate. ¡Un dulce homenaje a la obra de Leonardo!

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Un producto de alta pastelería, el éclair Madame Joconde, que ha sido recompensado con el premio al mejor pastel del 2009 en los Wallpaper Design Awards.

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Ya no sólo se utiliza la imagen artística para estampar objetos de lo más variopinto. Ahora podemos comernos literalmente la obra de arte. Bueno, su imagen.

¡Bon appétit!