Cortometraje publicitario de la campaña de promoción de la exposición temporal Tim Burton, l’exposition de La Cinémathèque Française de París.
Uno de los carteles (más aquí):
Anunciante: Cinémathèque Française
Cortometraje publicitario de la campaña de promoción de la exposición temporal Tim Burton, l’exposition de La Cinémathèque Française de París.
Uno de los carteles (más aquí):
Anunciante: Cinémathèque Française
Aunque nuestros museos y bienes culturales no utilicen mucho la radio como medio publicitario, de tanto en tanto aparecen por las ondas algunas perlas que son un auténtico regalo auditivo (auténtico “gustito pa mis orejas”, que diría Raimundo Amador).
Curiosamente, las dos perlas que presento en este post tienen que ver con el fotoperiodista Robert Capa.
La primera la diseñó la agencia Bassat Ogilvy Comunicación para promocionar las exposiciones temporales ¡Esto es la guerra! Robert Capa en acción y Gerda Taro que organizó el MNAC en 2009.
Aquí se puede escuchar la Cuña publicitaria del MNAC.
Como se puede oir, la cuña opta por el inteligente y sugerente juego de la sustitución (si durante la Guerra Civil se hubiesen disparado más cámaras y menos máuser otro gallo nos habría cantado).
La segunda, recién salida del horno, la ha moldeado la agencia Herederos de Rowan (un clásico de Miradas por su buen hacer) para la exposición La maleta mexicana. El redescubrimiento de los negativos de la Guerra Civil española de Capa, Chim y Taro (Museo de Bellas Artes de Bilbao).
Aquí se puede escuchar la Cuña publicitaria del Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Ahora lo que resalta es una redacción publicitaria emotiva en el fragmento “1937: Robert Capa, Chim y Gerda Taro luchan en cada una de ellas por ponerle rostro a la barbarie”. No se puede decir tanto (¡y tan bien!) con tan pocos recursos. Y además ¡cómo se dice!: la voz es todo un acierto, penetrante, profunda…
Estas dos cuñas de radio demuestran, como poco, dos cosas:
“Antes de ampliarse el Macba debe dar pleno uso al espacio que tiene y resolver su relación con el público”
“¡No es posible que el MNAC y las iglesias de Boí no tengan relación!”
Ferran Mascarell
Consejero de Cultura de la Generalitat de Catalunya
Después de unos intensos días, desde que el pasado 1 de febrero Martin Bailey hiciese publica la noticia de la “aparición” de una magnífica copia de la Monna Lisa en la colección del Museo Nacional del Prado, llega el momento de juntar algunas consideraciones sobre el caso de la nueva estrella del Museo Nacional del Prado.
[Foto: Gorka Lejarcegi]
En este post hablaré de cuestiones técnicas, artísticas y prácticas.
Consideraciones técnicas:
Primera: en contra de lo opinan muchos seguidores del perfil de Facebook del Museo Nacional del Prado, debemos estar eternamente agradecidos a los responsables del Museo del Louvre. Finalmente es gracias a ellos, que en 2010 la pidieron en préstamo para la exposición L’ultime chef-d’oeuvre de Léonard de Vinci, la Sainte Anne, que nuestro museo procedió al estudio y restauración de la obra. Sin ese interés francés no existiría la mediática Monna Lisa del Prado, así de sencillo.
Segunda: aunque es cierto que estaba expuesta (algo en lo que han sido muy sensibles desde el Prado, que han criticado duramente que se hablase de que estaba en sus almacenes), no había merecido gran interés (por estudiarla). Me disgustaría que se malinterpretase o sobreinterpretase este comentario. Sé perfectamente como funcionan los museos (hay multitud de cosas por descubrir de las piezas que forman parte de sus colecciones y un equipo humano limitado), pero la realidad en este caso es la que es.
Consideraciones artísticas:
Primera: no debería usarse lo de Gioconda del Prado. Monna Lisa solo hay una, la pintó Leonardo y está en el Louvre. Que se haga desde los medios de comunicación para dar brillo a la noticia entra dentro de la normalidad, pero quien nunca debería hacer algo así es el propio museo. Y el Prado está ”jugando” con el tema. Aunque son escrupulosos en hablar de copia en la información facilitada en el Estudio técnico y restauración de La Gioconda, Taller de Leonardo, en la Galería online donde está la ficha de la obra o en los vídeos subidos a YouTube (Obras de la Colección: La Gioconda (copia), Taller de Leonardo da Vinci y La copia de la Mona Lisa del Museo del Prado. Estudio técnico y restauración) también es verdad que en la página de bienvenida de su portal web corporativo sí se habla únicamente de La Gioconda del Prado (a continuación una captura que lo demuestra).
El Prado, como institución cultural de referencia a nivel internacional, debería dar muestras de seriedad en este aspecto, alejándose de la frivolidad en la que parece caer en algunos momentos. Me pregunto, ¿sería aceptable que The National Trust jugase al equívoco con la copia de Las meninas que se conserva en la Banks Collection de Kingston Lacy (Dorset, Inglaterra)?
Segunda: aunque a la obra del Prado no se le debería llamar así, popularmente se le llamará. Incluso ya hay quien dice que la original de Leonardo es la del Prado (está claro que no se han molestado en compararlas). No debería decirse pero, como ya pasa con el apelativo popular, también se dirá.
Tercera: espero y deseo que las verdaderas estrellas del Prado (Las meninas, El jardín de las Delicias, El caballero de la mano en el pecho, Los fusilamientos del 3 de mayo & Cia.) no dejen de serlo. Pasado el revuelo inicial, la noticia novedosa, la copia de la Monna Lisa será como las estrellas que surgen de los reality show de la televisión: fugaces. Será lo que Belén Esteban es a Telecinco. Las verdaderas estrellas siempre estarán en su sitio. Y esas estrellas nacieron de los pinceles de genios tan poco (re)conocidos como Velázquez, El Bosco, El Greco, Goya…
Consideración práctica:
Para los que nos extasiamos delante de Las meninas o El jardín de las Delicias, la “aparición” de la nueva estrella es una excelente noticia. Mediante el simple mecanismo de causa-efecto, los muchos visitantes que se aglomerarán delante de ella dejarán expedito el espacio delante de mis obras favoritas. Ya no tendré que utilizar la técnica de un jugador de rugby para hacerme un sitio a codazos y empujones cuando quiera mirar (que no solo ver) la obra maestra de Velázquez o de El Bosco.
Dicho lo cual, solo queda felicitarse por poder disfrutar en nuestro museo de referencia de una pieza singular.
Curiosamente, el mismo periódico que se mostraba tan irónico con el tema de la copia de la Monna Lisa del Prado, no solo hace bien lo que le corresponde (informar) sino que además toma incluso la delantera al propio museo. Me explico.
En el artículo de Borja Hermoso, “La Gioconda renace en el Prado”, publicado el 1 de febrero en la edición digital de El País, además de explicar lo relacionado con el magnífico descubrimiento aportan una imagen comparativa entre el original del Louvre y la copia del Prado.
[Foto: El País]
Pero lo más interesante es un recurso digital sencillo pero muy efectivo para comparar ambas piezas: con tan solo pasar el cursor por encima puedes ir viendo las diferencias entre ambas (muchas, por cierto).
[Foto: El País]
[Foto: El País]
El medio de comunicación es capaz de trabajar con la rapidez que demanda la cultura digital y la sociedad de la información y el conocimiento del siglo XXI. En cambio, quien debería generar los contenidos, el Museo Nacional del Prado, únicamente pone a disposición de los internautas la información escueta de su sala de prensa (Avance sobre las conclusiones del estudio de la copia de la Gioconda conservada en el Prado) y una escuálida ficha en su Galería online (poco más que la foto antes de la restauración y la ficha técnica). Ni tan siquiera hay un destacado con la noticia (sin duda importantísima) en la página de bienvenida de su portal web corporativo. En cambio, sí se ha hecho un seguimiento del tema en su perfil de Facebook. Lo que está muy bien, pero no contrarresta el silencio de la web.
Se puede alegar que quieren hacer las cosas bien, tomándose su tiempo antes de publicar nada al respecto, pero choca comprobar que la prensa ha publicado antes que el propio museo una imagen integral de la copia tras retirar el repinte negro del fondo (todo se ha de decir, la restauración todavía está en curso).
En este caso, el Prado se muestra lento, muy lento para el nuevo ecosistema comunicativo en el que vivimos desde hace años. Seguro que ya se está preparando una presentación del tema, se trabajará en materiales para divulgarla y un largo etcétera, pero a día de hoy (10 de febrero de 2012) lo que hay es lo comentado: casi nada.
Bravo al periodista y a El País por su magnífico y enriquecedor artículo. Desgraciadamente no puedo decir lo mismo a los gestores del Prado.
El mundo al revés: los periodistas se quejan que los museos generan magníficas noticias, comiéndoles el terreno. Ahora el museo se podrá quejar que los periodistas se avanzan y hacen su trabajo: divulgar el conocimiento de las obras que conservan.
Ps. Bien, parece que el Prado va moviéndose lentamente: poco después de publicar este post creaban un destacado con la noticia en su página de bienvenida. Ahora bien, ¿qué pasa con la ficha de la Galería online? A día de hoy (13 de febrero) no solo continúa allí la imagen de la copia con el molesto fondo negro, sino que además en la entrada que especifica la materia con la que está hecho el soporte de la obra se sigue diciendo que es de madera de chopo. Y eso cuando ahora se sabe que la madera es realmente de nogal, “pequeño” detalle que ha permitido desentrañar el entuerto sobre su procedencia.
Recomendación de lectura de este post: activar el vídeo del gran Jerry Lee Lewis y escuchar de fondo su rock and roll.
Que los museos y otras instituciones culturales se quejen de la poca cobertura que le dedican a “sus” noticias los medios de comunicación es más viejo que la rueda de molino.
Pero que quien se queje sobre lo puñeteramente bien que lo hace un museo para generar publicity (ya sabéis, eco mediático a coste 0) sea un periodista y un periódico, ya es para que se te salgan los ojos de órbita cuando lo lees.
Pues eso es precisamente lo que ha pasado con la (ya) famosa copia de la Monna Lisa del Museo Nacional del Prado. En el artículo El Prado en primer plano (sección Opinión) de El País del domingo 5 de febrero, el periodista ironizaba sobre la capacidad del museo para generar “noticias de amplio calado coronadas por sonoros titulares”.
Aunque no se deja de elogiar la capacidad “de ciertas instituciones culturales de alto copete” de generar buenas noticias que los medios de comunicación se ven obligados a publicar, se percibe entre líneas una cierta amargura. ¿Quizás porque la iniciativa de esas buenas historias no surge del propio periódico y de sus periodistas?
Los periodistas se quejan, con mucha razón, que los museos piensan que todo lo que hacen es merecedor de un artículo o un reportaje. Lo que no es de recibo es que se quejen cuando las cosas se hacen bien, rematadamente bien como el Prado.
Y hasta donde yo sé, el Prado no se ha dejado robar su copia de la Monna Lisa (como sí hizo el Louvre con la original) para ser noticia. Si Vincenzo Peruggia levantase la cabeza…
Recomendación de lectura de este post: activar el vídeo del gran Nat King Cole y escuchar de fondo su balada.
Para un giocondólogo declarado como yo (basta mirar en la categoría de Consumo imagen artística la colección de posts que le dediqué hace tiempo), cada nueva noticia sobre Lisa es una alegría.
La última: el Museo Nacional del Prado tenía en una de sus salas una copia de la obra. Hasta aquí ninguna novedad.
[Foto: Museo Nacional del Prado]
Pero sorpresa, como publica Martin Bailey en The Art Newspaper, al proceder a su restauración y retirar el negro uniforme que servía de fondo, se ha descubierto el magnífico paisaje, lo que sitúa la copia del Prado en una nueva dimensión: es una magnífica copia que seguramente hizo algún discípulo de Leonardo da Vinci. Es decir, mientras el maestro pintaba y repintaba, miraba y remiraba su estelar retrato, uno de los suyos iba haciendo su copia.
[Foto: Museo Nacional del Prado]
Si la cosa es así, el valor de la copia es de aupa, ya que se conserva significativamente mejor que el original de Leonardo (entre otras cosas, la copia del Prado no la tuvo nadie debajo de su colchón por espacio de casi dos años). Si Vincenzo Peruggia levantase la cabeza…
Herederos de Rowan se preguntaban en el número 2 de la e-revista Miradas desde la copa:
¿Por qué un mundo en el que lo que prima son las sensaciones, los impactos, las atmósferas, se vuelve tan denotativo en el último paso, en el momento de contarle a la gente lo que van a ver, vivir o disfrutar?
Gracias a Buzzeum y su post APOCALYPSE IS COMING dans la bande-annonce d’expo he conocido dos espots publicitarios, uno inglés y otro canadiense (de la Tate Britain de Londres y del Musée des Beaux-Arts de Montréal), que demuestran que se pueden traspasar a un cortometraje publicitario las emociones que se experimentan cuando te enfrentas a una obra del pintor romántico John Martin o del prerrafaelita John William Waterhouse.
Aquí va el anuncio del Museo de Bellas Artes de Montreal para publicitar la muestra John William Waterhouse. Le jardin des sortilèges:
Este es el espot utilizado por la Tate Britain para promocionar la exposición temporal John Martin: Apocalypse:
Viendo anuncios de este tipo, la respuesta a los amigos de Herederos es sencilla: no hay interés por hacerlo de una forma que, como los dos casos comentados, permita a alguien que está en casa, cómodamente sentado delante de su televisor, llegar a imaginar un poco de lo mucho que podrá disfrutar si se levanta, apaga la caja tonta y va al museo para sentirlo en vivo y en directo.
Un anuncio emocional es capaz de movilizar sin dejar por ello de informar. Uno únicamente informativo sólo informa. Yo me quedo con el primero: 2 x 1.
Para acabar el post, un regalito: aunque no se trata de una pieza publicitaria de un museo u otro tipo de atractivo patrimonial, la acción creada para promocionar la película Contagion (sobre el contagio de un virus mortal por todo el mundo) es inmejorable para explicar como dar un giro de tuerca a la publicidad convencional, creando algo realmente impactante. Entre tanta publicidad basura, cosas así son las que me permiten seguir creyendo en la publicidad y en los creativos publicitarios.
“Yo creo que hay que hacer un homenaje a los visitantes. Siguen siendo una élite. Aquí y en todo el mundo [...] No importa si vienen de Alcorcón o de Tokio. Lo importante es conocerles uno a uno y saber cómo ha sido su experiencia frente a la obra. Tenemos que pensar en cada uno de ellos porque para ellos es el trabajo que hacemos”
Miguel Zugaza
Director del Museo Nacional del Prado
Los que vivan en (o cerca de) Barcelona o viajen a nuestra ciudad antes del 19 de febrero, todavía están a tiempo de disfrutar con la exposición temporal Picasso 1936. Huellas de una exposición. Una meta-exposición (trata de la muestra de Picasso que se celebró el nefasto 1936) que condensa alguna de las características del artista: riesgo, creatividad, ruptura con lo establecido e innovación.
Se trata de una exposición documental (atención, como avisa la comisaria, Sílvia Domènech, de documentos no con documentos) que se hubiese podido plantear museográficamente de muchas maneras. Las convencionales: vitrinas con los documentos acompañados de anoréxicas cartelas identificativas, una recreación escenográfica que reprodujese fielmente las salas de exposición de la Sala Esteva donde tuvo lugar la muestra original, etc. Por suerte el museo se lo planteó como un reto museográfico: como dice la comisaria, encontrar la solución para pasar de un plano horizontal a uno vertical, de lo estático a lo dinámico.
Y la respuesta al reto ha sido la de servirse de manera pertinente y atractiva de las TIC. Los organizadores hablan de una apuesta por presentar de forma sencilla, comprensible y atractiva las relaciones entre los documentos. Del dicho al hecho: lo consiguen sobradamente.
Entrar en las salas 3 y 4 es una auténtica gozada.
En la sala 3 se visualizan y relacionan todos los documentos relacionados con la génesis de la exposición, mediante una mesa en la que se introducen hasta diez tarjetas con diferentes contenidos que generan proyecciones en la pared del mapping.
[Fons documental del Museu Picasso, Barcelona. Foto Juan Avila]
La 4, que presenta una ontología picassiana, sintetiza y plasma visualmente la relación de Picasso con Barcelona y España. Para ello se ha planteado un sistema táctil que se presenta como una red de conexión de todos esos nodos que gravitan alrededor del genio de Málaga. Para que os hagáis una idea aproximada (y muy limitada) de lo que os encontraréis si la visitáis (como así espero), solo tenéis que mirar la interfaz interactiva que presenta la exposición en el portal corporativo del museo (aquí). Los módulos interactivos de esta sala son visualmente espectaculares: puro arte digital al servicio de la divulgación histórica.
[Fons documental del Museu Picasso, Barcelona. Foto Juan Avila]
Está claro que se trata de una exposición dirigida a un público minoritario (o muy interesado en el universo Picasso o en nuevas formas de presentación museográfica). Pues bienvenida sea.
Ofrecer este tipo de exposiciones junto a otras más mediáticas es seguramente la fórmula que facilita a los museos el equilibrio entre calidad y cantidad, cifras y letras, cultura y espectáculo. Es posible que el futuro inmediato de los museos se sustente en este ejercicio de funambulismo.
Con el trabajo del museo y exposiciones como Picasso 1936 se consigue que la apocalíptica premonición que tuvo hace años Jean Clair no se cumpla: cuando a los jóvenes se les hable de Picasso lo asociarán a lo que es, un artista (aunque Citroën se empeñe en que se trata de un modelo de automóvil).
Bonus track: Mariona Tió, Making of “Picasso, 1936. Huellas de una exposición”, El Blog del Museo Picasso de Barcelona, 24 de enero de 2012.
Ps. I: la correspondencia que se intercambiaron las personas implicadas en la organización de la muestra de 1936 (Luis Fernández, los propietarios de la Sala Esteva, los miembros de ADLAN, etc.) demuestra que por desgracia en muchos aspectos todavía no hemos avanzado mucho: falta de previsión, descoordinación, retrasos, etc.
Ps. II: mi más sentido pésame al equipo del Museu Picasso de Barcelona. La marcha de su director es una buena noticia para el MNAC (donde ya ha tomado las riendas del trasatlántico de la museística catalana), pero pésima para ellos. Ahora estoy seguro que al MNAC no le pasará como al Costa Concordia (por suerte, su último Schettino -ha tenido varios- se cayó oportunamente por la cubierta), y sólo espero que con el nuevo capitán (por tierras catalanas nos gustan últimamente mucho las metáforas marineras) alcance la excelencia que ha conseguido el Picasso en los últimos años. Como también deseo que el nuevo almirante de la nave picassiana sea capaz de, como poco, mantener el rumbo.