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La llegada de las marcas vivas: el Disseny Hub Barcelona

Martes, 9 de Marzo de 2010

Como era previsible, la nueva tendencia de diseño de marcas visuales vivas ha acabado por aterrizar en nuestro país. Y lo ha hecho desarrollando la identidad visual del futuro museo del diseño de Barcelona: el Disseny Hub Barcelona. Vaya, una entrada triunfal.

El equipamiento se plantea como un espacio abierto, capaz de relacionarse con el exterior de diferentes maneras. De hecho su función es la de recoger, procesar y redistribuir la información, actividades y acciones sobre diseño. Pretende conseguirlo gracias a un ADN formado por cuatro ramificaciones: el Museo, el Escenario, la Investigación y la Acción.

Para responder a esa personalidad múltiple, el estudio laGasulla (Anna Gasulla y Klas Ernflo) creó un sistema gráfico capaz de adoptar formas diferentes. Se parte de una retícula que genera unas piezas en perspectiva isométrica, sobre las que se adapta la tipografía. Estas piezas se combinan entre sí, dando lugar a composiciones formales diferentes pero siempre acordes al sistema gráfico del que parten.

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Una identidad visual que mereció el Grand Laus de Diseño Gráfico, dos Laus Or y un Laus Plata otorgados por la Associació de Directors d’Art i Dissenyadors Gràfics del FAD (ADG-FAD) en su convocatoria de 2009.

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Como en el ejemplo de la identidad visual del Natural History Museum de Londres, lo mejor es ver el vídeo:

Museos y marcas vivas: la expansión

Jueves, 4 de Marzo de 2010

La tendencia iniciada por la Tate, que rompía muchas de las reglas sacrosantas del diseño de marcas visuales, se expandirá rápidamente por el mundo de los museos.  Aquí van algunos buenos ejemplos:

El New Museum de Nueva York (programa realizado, como el de la Tate, por Wolff Olins). El logotipo se adapta a las necesidades informativas del museo, con un desarrollo anatómico curioso: una parte fija (el nombre del museo) que se abre dejando un espacio para la parte dinámica.

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El Brooklyn Museum de la misma ciudad (del estudio 2×4). Aquí el dinamismo se ciñe al isotipo: es la mancha de color que envuelve la “B” la que cambia, creando un sistema de variables morfológicas que se aplica en los diferentes soportes.

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El Natural History Museum de Londres (de Hat-trick Design). Aquí también es la imagen de fondo del isotipo (diseñado, como el anterior, a partir de la inicial del museo) la que se adapta a los contenidos especialidad de la casa: las Ciencias Naturales.

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La mejor forma de captar el dinamismo de esta marca visual es viendo este vídeo: 

Marcas vivas ¡Viva la marca!

Viernes, 19 de Febrero de 2010

Hace tiempo se viene hablando en el ámbito de la comunicación gráfica de las marcas visuales vivas o dinámicas que, lejos de la rigidez de sus predecesoras, se adaptan a las necesidades comunicativas de las empresas, instituciones u organismos que presentan y representan visualmente. Una revolución que no tardó en llegar al mundo de los museos, con ejemplos pioneros y paradigmáticos como el de la Tate.

El proceso comenzó en la década de los 90, cuando la Tate Gallery de Millbank abre dos nuevas sedes (Liverpool y St. Ives) y se plantea inaugurar una nueva galería de arte contemporáneo en la central eléctrica de Bankside: la futura Tate Modern. Un auténtico replanteamiento y el nacimiento de una nueva institución que debía tener una propuesta de identidad visual a la altura, como ha demostrado el paso de los años.

Realizada entre 1998 y 2000 por Wolff Olins siguiendo la idea “Look again, think again”, se jugó con los conceptos de unicidad y pluralidad para crear una marca visual declinable que fuese capaz de adaptarse a su realidad: cuatro museos (Liverpool, St. Ives, Tate Britain y Tate Modern) y una sola colección.

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Elementos identificadores (logotipos, colores y tipografía corporativa) que se rigen por un conjunto de normas muy detallado, atentas a cualquier tipo de aplicación de la identidad visual, ya sean las grandes señales identificativas en el exterior de los edificios o las servilletas y vasos que se utilizan en sus cafeterías. Algo que refuerza continuamente y de forma poderosa su identidad.

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Si una institución cultural es (o debería ser) dinámica, es el museo: siempre ofreciendo nuevas lecturas de sus colecciones, nuevas actividades, nuevas ideas. Por tanto, lo que por ahora es una tendencia en la concepción y diseño de marcas visuales, posiblemente mañana sea un proceso generalizado.

Nada mejor que una marca viva para sintetizar gráficamente algo que debería caracterizar a un buen museo: el dinamismo. ¿Será la falta de este rasgo lo que explica que la mayoría continúen utilizando marcas cerradas, monolíticas?

Dedico este post a Juan José Solís. Un abrazo desde aquí.

Merchandising y museos: una taxonomía II

Martes, 29 de Septiembre de 2009

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Siguiendo con la categorización del merchandising de museos, voy con el merchandising de luxe. Productos relacionados directamente con las colecciones del museo, muy exclusivos y con precio de venta al público bastante elevado. 

 

Para conocer mejor este nuevo ejemplar de la fauna del merchandising, nada mejor que pasear la vista por el escaparate de la tienda virtual del Vitra Design Museum (Weil am Rheim, Alemania). En concreto sus maquetas en miniatura de sillas míticas de la historia del mueble que forman parte de una de las colecciones de mobiliario más importantes a nivel internacional: como la Rood blauwe stoel de Gerrit Rietveld (1918), la B3 Wassily de Marcel Breuer (1925) o el taburete Mezzadro de los hermanos Castiglioni (1957).

 

Su fiabilidad no sólo convierte a estas réplicas en una buena oportunidad para aquellos que no pueden permitirse una de esas sillas a escala normal, sino que pueden utilizarse perfectamente en el ámbito de la docencia. Amén de ser una magnífica acción para reforzar la identidad de un museo corporativo como es el VDM alemán.

 

En la casa virtual del museo queda claro su objetivo:

 

“The original intention of the Museum to give visitors access to design not only by means of publications, but also in the form of three-dimensional objects, resulted in the creation of a unique museum product: models of the most important pieces of furniture in design history on a reduced scale. The Miniatures of the Vitra Design Museum are exemplary teaching objects with regard to quality and craftsmanship, and also iconic manifestations of the Museum Collection. They not only fulfil the financial purpose of contributing to the Museum’s budget, but also serve as ideal demonstration pieces within the context of academic studies or skilled trades. Among design connoisseurs, the Miniatures of the Vitra Design Museum have become coveted collector’s items. At present, the Miniatures Collection encompasses almost 100 different models, which are sold in exclusive design shops all over the world.”

 

¡Lástima que con el precio de una de las miniaturas puedas amueblarte medio salón! Pero es que estamos hablando de merchandising de luxe  

Museos: experiencias inolvidables

Jueves, 13 de Agosto de 2009

 

Hace unos pocos días he vivido una de esas experiencias difíciles de olvidar. Casi sin quererlo, di en Milán con el Studio Museo Achille Castiglione, el estudio de Achille Castiglione (1918-2002), el diseñador italiano cuya obra conocí y me cautivó hace unos pocos años preparando una asignatura de Historia del Diseño. Me cautivó por su inteligencia y clarividencia creativa, aplicando y jugando con la idea del ready made de Marcel Duchamp, pero en este caso dando otro uso funcional a objetos ya existentes, esos objetos anónimos sin diseñador que utilizamos diariamente.   

 

 

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Visito muchos museos a lo largo del año y siempre me han gustado los pequeños, los de escala humana. Los grandes me apabullan, me sobrepasan, por lo que con el tiempo he aprendido a ser muy selectivo cuando visito uno de ellos, aunque eso signifique prescindir por el camino de muchas cosas. En cambio, los museos pequeños te permiten atender a los pequeños detalles, maravillándote con lo aparentemente insignificante.

 

Y el museo milanés que comento supura humanidad por los cuatro costados. Ya de por sí es impactante y sugestivo poder visitar el espacio donde creó y trabajó uno de los grandes del diseño internacional, abierto como museo desde enero del 2006 gracias al empeño de la familia y la Fondazione Triennale di Milano. Si además tienes la suerte que en la visita te haga de cicerone su mujer Irma, un encanto de persona que en un poco más de una hora me explicó anécdotas y curiosidades de su marido y alguna de sus obras, se cierra el círculo de la perfección. Oírla, por ejemplo, explicar a qué necesidad concreta respondía el taburete Sella (1957), de dónde surgió la idea para crearlo y por qué la barra de aluminio tubular siempre tiene que ser de color rosa, es una de esas experiencias memorables que ya se ha gravado a fuego en mi memoria personal.

 

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Además me llevé dos regalos: un caramelo y un “folleto” muy especial. Por lo visto, siempre que Achille viajaba a la vecina Turín volvía cargado de los históricos caramelos de Baratti & Milano, golosinas que todavía llenan la mesita auxiliar Comodo. Y el “folleto”, una verdadera joya que responde perfectamente al genio creativo del diseñador: una pieza de papel con sus diseños enrollada dentro del cartón sobrante de un rollo de papel higiénico. ¡Una pieza que ocupa ya un puesto de honor en mi colección de folletos especiales!   

 

Si el objetivo para abrir al público su estudio profesional era mantener vivo el espíritu del diseñador y difundir su obra, lo han conseguido sobradamente. Sin duda el Studio Museo Achille Castiglione ya forma parte de mi selecto grupo de museos inolvidables, junto a la Maison-Musée de Gustave Moureau de París. ¡Gracias Irma, Giovanna, Antonella, Dianella!  

 

Si pasas por Milán y te interesa el diseño, te recomiendo vivamente que lo visites. Si tienes la suerte que yo tuve, te puedes sentir un ser privilegiado.

Merchandising y museos: una taxonomía I

Viernes, 31 de Julio de 2009

 

Si el márqueting o la publicidad están todavía bajo sospecha en el mundo cultural, todo lo relacionado con la producción y comercialización de productos de consumo relacionados con la imagen de los recursos patrimoniales nos lleva directamente a las puertas del Infierno.

 

Para los apocalípticos, el merchandising es la quinta esencia de la entrada de los comerciantes al templo, siendo las tiendas de museos o atractivos patrimoniales el ariete de la comercialización de la cultura. Y como buenos apocalípticos, son incapaces de ver los aspectos positivos que tiene.  

Más allá de los temas directamente económicos, ese tipo de productos ayudan en la creación de esa arquitectura que singulariza la identidad de marca, el branding, hoy por hoy una variable incuestionable para una gestión exitosa.

 

 

¡Por supuesto si son productos de calidad! Tema espinoso éste de la calidad. Básicamente por personal y relativamente subjetivo. Intentaré crear una taxonomía (en este y otros posts) que analice las diferentes posibilidades en el reino del merchandising de equipamientos y atractivos patrimoniales.

 

Y comienzo por la categoría de merchandising tronado, capaz de crear artefactos donde tiene el mando el sentido del humor, la ironía, el guiño generacional, el pastiche… El otro día me topé en la tienda de un centro cultural con una versión moderna y cool de mis añorados Geyperman y BigJim: ¡El gran Vincent Van Gogh transformado en un muñeco articulado! Muy puesto él, con su pincel, su paleta y alguna de sus obras a seleccionar por el consumidor. ¡Pero lo mejor es que tiene cara A y B: con oreja y sin oreja!

 

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Sin duda una buena manera para que jóvenes y no tan jóvenes creen historias relacionadas con el arte ¿Quién sabe qué hubiese sido de mi infancia si en vez de recrear escenas donde mi objetivo principal era matar con mi Dr. Acero al Gerónimo de mi hermano Jesús y al Big Jack de mi hermano Luis, mis padres me hubiesen regalado un ejemplar de este Big Van? Quizá no hubiese cambiado en esencia: en lugar de preocuparme por encastar mi puño de acero en la cara tostada de Gerónimo, le hubiese cortado la oreja al Big Van de mi hermano con la espada de mi Big Gauguin.

 

Por supuesto mi preferido hubiese sido el pack premium del Big Toulouselautrec, acompañado de varios bastones a lo Gala, una botellita de absenta y varias damas de compañía bailando el can-can…

Monna (€) Lisa: la imagen en venta

Miércoles, 17 de Junio de 2009

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Popularización, masificación y, para cerrar el círculo virtuoso: comercialización. Formar parte del star-system tiene estas cosas: cuando algo es conocido vende, se llame Paquirrín o Monna Lisa.

 

Como en todo lo demás, el caso de Lisa es extremo. Existe desde hace ya bastantes años una auténtica giocondomanía, con sus adictos/adeptos (entre los que me cuento) y sus gurús, como Jean Margat, propietario de la mayor colección del mundo en gadgets producidos con la imagen leonardesca.

 

Y ser la imagen más globalizada y mediática del mundo tiene sus pros y sus contras. Si, por regla general, el propietario de la pieza en cuestión produce un merchandising donde la inteligencia, la clase y el respeto por la obra de arte suele ser la tónica general (ver aquí lo que hace el Louvre); también lo es que está expuesta a quincalleros, capaces de comercializar artefactos de lo más curioso o, en el peor de las casos, de lo más lamentable.

 

 

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Acompañado este post puedes ver dos de mis últimas capturas (en la cacería me ayudó una buena amiga): una Monna Lisa con ojos de mosca y un escaparate de una óptica madrileña (¿será por aquello de su penetrante mirada que te persigue allá donde vayas?).

Comunicando el museo (y tres). Como crear una marca gráfica sin prostituir la cultura

Jueves, 4 de Junio de 2009

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No hay dos sin tres. Y vaya tercer tema a tratar: la creación de marcas gráficas en el mundo de la cultura. Y quien mejor para hablar y hacerte reflexionar que Norberto Chaves, un referente del diseño gráfico a lado y lado del charco. 

 

Su charla empezó con una batería de preguntas, unos certeros disparos que me activaron rápidamente la(s) neurona(s) semi-aletargada(s) -¡deberían prohibir conferencias a la hora de la siesta!-:

 

“¿Cómo vender la cultura y acumular prestigio, cuando los códigos de venta son incapaces de prestigiar?”

“¿Cómo encontrar un vínculo armonioso entre la retórica de la cultura y la retórica comercial?”

 

En definitiva, como ser suficientemente hábiles para crear esa condensación gráfica que representa en cuerpo y alma una institución cultural como el museo, sin caer en la banalización, en la pasteurización de la cultura.

 

Para Chaves, la clave de lo que se debería tener en cuenta cuando se crea ex novo o se rediseña una marca gráfica se podría sintetizar en tres adjetivos: sobrio, pulcro y fino. En fin, todo aquello que se condensa en el bello mantra funcionalista acuñado por Mies van der Rohe “Menos es más”.  

 

Y obviamente pulsó las teclas de lo que no se debería hacer cuando se diseña una marca visual: seguir la pulsión a la coloquialización, la compulsión a la originalidad, a la singularidad; evitando la introducción en los logotipos de museos de guiños, de abalorios innecesarios. Obsesión que en muchos casos supone el nacimiento de lo que mi amigo (desaparecido y siempre recordado) Gabriel Díaz Meyer llamaba “monstruos gráficos” o “logopedos”. 

 

Y para demostrarlo puso el ejemplo de los buques insignia de la museística internacional. Cuanto más poderoso y potente es el museo, más sencillo es su logotipo. Sólo hace falta dar un vistacillo al logotipo del Museo del Prado, del Louvre, del MoMA

 

Pero como decía al principio, me hizo pensar… Es cierto que estos museos tienen una cara gráfica sencilla, básicamente porque ya están posicionados en la mente de los consumidores. Pero, ¿y los que acaban de nacer y tienen que abrirse paso? ¿Serviría también para ellos el mantra funcionalista o sería mejor el postmodernista de Robert Venturi: “Menos es aburrido”?

 

Sigo pensando, se aceptan comodines de la llamada…