Londres, 8 de agosto de 2010. Entro en el V&A a través del acceso directo desde el túnel del metro de la estación de South Kensington. Antes de entrar, y a modo de cartel señalizador, un artefacto suspendido en el techo juega con las iniciales del museo (V&A) cual móvil calderiano.
Después de oír durante tanto tiempo, en múltiples conferencias y jornadas, cuáles son las actividades de la institución y maravillarme con sus planteamientos, hoy por fin los conoceré de primera mano. Llevo tiempo sabiendo que, por ejemplo, el V&A es un museo puntero en la reflexión teórica y posterior puesta en práctica de la llamada web 2.0: no utilizan la redes sociales porque toca, sino porque forman parte de su estrategia de comunicación. En unas fantásticas jornadas organizadas por el Ministerio de Cultura, conocíamos el V&A Online, liderado por Gail Durbin y con un equipo de 9 personas (datos de mayo de 2009), y esa era la filosofía del proyecto.
Damien Whitmore, director de programas del V&A, siempre nos canta las excelencias de su gestión y nos recuerda la importancia de la marca. Recientemente, en Viena, volvíamos a oír sus famosas “muletillas”: “The content is the brand” (“El contenido es la marca”); “V&A global brand: web, TV, magazine, temporary exhibitions…” (“V&A como marca global: portal web, televisión, revista, exposiciones temporales…”), y “The Big Idea” (“La gran idea”, un poco a lo McGuffin hitchcockniano, sólo que la Big Idea de Whitmore sí que tiene relevancia en la trama).
Damien Whitmore lo tiene claro y así lo aplican en el V&A. ¿Seguro? Vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador (o mejor, ya que estamos en Londres: Jack The Ripper).
El V&A tiene unas inmensas colecciones de arte de todo tipo. Mejor dicho, objetos. No es una pinacoteca, es un museo de artefactos. Es un museo dedicado al diseño de todas las épocas y de todas las partes del mundo. Así se definen en su web:
“V&A South Kensington is the world’s greatest museum of art and design, with collections unrivalled in their scope and diversity. Discover 3000 years’ worth of amazing artefacts from many of the world’s richest cultures including ceramics, furniture, fashion, glass, jewellery, metalwork, photographs, sculpture, textiles and paintings”.
(“V&A South Kensington es el mayor museo de arte y diseño, con colecciones inigualables en su alcance y diversidad. Descubra el valor de 3000 años de sorprendentes artefactos de muchas de las culturas más ricas del mundo incluyendo cerámica, muebles, moda, vidrio, joyas, metalurgia, fotografías, esculturas, textiles y pinturas”).
Así, tenemos arte oriental, arte occidental, reproducciones de las más conocidas obras arquitectónicas y escultóricas (hay una reproducción a escala del pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela), vestuario, mobiliario, etc. Un museo digamos que “histórico”. Y todo esto, conservado en un edificio mastodóntico del siglo XIX.
A lo largo de las salas encontramos puntos de consulta (Hands-on exhibits), donde podemos ampliar información. Una ampliación real y justificada pues, por ejemplo, permiten tocar bloques de diferentes materiales para así conocer las diferencias entre el alabastro inglés y el mármol de Carrara, con el que está hecha la pieza original que se puede contemplar a su lado. Cositas (o como diría alguien: píldoras) que son relativamente fáciles de hacer (¿por qué algunos museos se resisten tanto a este tipo de complementos?) y que aportan mucho: una visita muy amena y notablemente enriquecedora. Hasta aquí, impresionante. Realmente lo que Whitmore nos cuenta siempre es cierto.
Pero a medida que avanzo el recorrido, me asalta la duda objeto de este post: ¿quizás lo que vemos a través de su web no se corresponde al tipo de museo que en realidad es? Me paro delante de un crucifijo colgado del techo, situado en una recreación de un interior de una iglesia renacentista, y me pregunto ¿te esperabas encontrar todo esto en este museo? Respuesta: no. Para nada. La información que me viene de su web, lo que respira ésta, y lo que me cuentan los responsables del museo es ciertamente muy diferente al tipo de museo que es el V&A. No critico con esto la institución, pues estamos delante de un museo ejemplar (dejemos de lado el hecho que muchos de los vídeos u otros recursos informativos no funcionaran). Tampoco escribo estas líneas desde la envidia o rencor hacia estos museos que hacen bien las cosas, con máxima preocupación por las demandas de su público y que tienen como principal objetivo y compromiso acercar el arte a las personas, como institución pública que son. Simplemente, fue un shock. Cuando ves lo que hacen en el V&A (lo que hacen a nivel comunicación, claro está: anuncios, web, etc.), te imaginas un museo tipo Tate.
Incluso, y como bien dijo mi acompañante en tan sorprendente aventura: “estamos en el Victoria and Albert Museum, y no en el V&A, que es lo que nos venden”. Curioso el cambio de denominación.
De todas formas, no se puede negar que el V&A (o Victoria and Albert Museum, como se quiera, con el permiso de Mr. Whitmore) es un gran museo, del que todos tenemos que aprender muchas cosas. Entrar en él y encontrarte todos estos recursos comentados, visitar su web y alucinar con las actividades infinitas que proponen para todo tipo de públicos, ver lo bien que tienen aprendida la lección con los recursos 2.0, etc., hace que se te salten las lágrimas.
Mirada invitada: Yrene Bueno López















