#Pradear, una norma del siglo XIX para museos del XXI

¿Qué idea subyace realmente tras la prohibición de tomar fotografías en museos como el Museo Nacional del Prado o centros expositivos como la Fundación Juan March?

Para responder a la pregunta basta con leer la opinión al respecto del director del Prado, Miguel Falomir, o visitar la sala de exposiciones temporales de la Fundación Juan March en Madrid.

En una entrevista concedida a la periodista Inés Martín Rodrigo de ABC, Falomir explicaba las medidas para evitar la masificación. Una de ellas es precisamente la prohibición a las fotos en salas.

Miguel Falomir es consciente que es una medida controvertida, pero la mantendrá. El argumento, que es lo que nos interesa, queda meridianamente claro:

Vamos a mantenerlo y, aunque las críticas se mantienen, la gente que lo agradece se ha disparado exponencialmente. (…) es una invitación a mirar los cuadros con los ojos y no a través de una lente.

En otra entrevista concedida a Javier Ors de La Razón, profundiza un poco más:

Creo que generan bastantes problemas para contemplar las obras. Es una pena que la gente solo vea las obras a través de una lente. El simple hecho de tomar una foto, un «selfie», genera una impresión que es distinta a observar la obra. No hay mucha gente que nos critique por prohibir que se hagan fotos en nuestras galerías. De hecho, muchos agradecen esa norma. Colegas de otras pinacotecas están a favor de la medida. Hay que conseguir que la contemplación no se vea afectada por las fotos. Pero es cierto que existen personas que les gusta, por notoriedad o por otro motivo, hacerse fotos de con quién ha estado. Y estar junto a obras icónicas es un plus.

Para el director del buque insignia de la museística española, la fotografía es una distracción para disfrutar plenamente en un museo.

Algo en lo que está de acuerdo Manuel Fontán del Junco, director de exposiciones de la Fundación Juan March.

Este es el mensaje que se encuentran los visitantes cuando visitan su sede madrileña:

[Foto: Miradas desde la copa]

La fotografía es considerada una distracción, una interrupción que impide al visitante contemplar las obras de arte.

En definitiva, no se trata de mejorar la experiencia de visita o de una medida de seguridad para las piezas expuestas, se trata simplemente de imponer una determinada forma de disfrutar del arte. Y en esa «forma correcta» se excluyen las prácticas fotográficas, que son menospreciadas y proscritas de ambos espacios culturales.

En el caso del Prado (me preocupa más al ser un museo público), si existe el miedo (razonable aunque infundado si se gestiona) que determinadas salas sufriesen el colapso al permitirse las fotos, basta que bajen por el Paseo del Prado y entren al Mncars: podrán hacer todas las fotos que gusten hasta llegar a la sala 206 del Guernica y los años treinta: allí no está permitido. Una medida de gestión bien sencilla que evita esa temible foto de la Salle des États del Museo del Louvre.

[Foto: Miradas desde la copa]

Ya que mi principal petición tiene visos de no ser posible a corto/medio plazo, lo menos que podría hacer el Prado es informar de forma clara al visitante: basta pasearse por las salas del museo para toparse con multitud de casos de visitantes que son apercibidos por las vigilantes de sala y que simplemente desconocían la medida. A ser posible aplicando una estrategia de Difusión preventiva, que les explique con sinceridad los motivos que justifican que, a diferencia de los grandes museos internacionales, el Prado prohíba tomar fotografías en sus salas.

Bonus track

Santos M. Mateos (2017), «El Museo del Prado, el poblado galo que se resiste a la fotografía», Miradas desde la copa, 18 de marzo.

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