Cuando el museo se convierte en sala de fiestas

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 Los museos también se dedican a la restauración

Jordi Padró

Hace ya más de cinco años, al hilo de la (tristemente) famosa boda en el MNAC, escribía el post La desaparición de la líneas rojas en la gestión de los museos, y me hacía una serie de preguntas, entre la que estaba la que sigue:

Si una empresa, institución o particular con posibilidades (económicas) se enamora de la sala del Ábside de Sant Climent de Taüll ¿el museo la cerrará por unos días para que se celebre un acto privado?

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Ahora, ya tengo un magnífico (pero lamentable) ejemplo para ilustrarlo: la otra noche, el Rijskmuseum de Ámsterdam alquilaba sus salas para que Vogue celebrase una fiesta privada. Las salas en las que se exponen obras maestras de Vermeer, Rembrandt, Hals y Cia., ocupadas por mesas, sillas y la alegría de la vida de una fiesta de este estilo.

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[Fotos: Reiner RVDA]

Las imágenes hablan por sí solitas. El vídeo, que he conocido gracias a Rosario Fontova, lo redondea.

Sólo faltaba la clásica bola discotequera colocada encima de la Ronda de noche

Museo Diocesano Barbastro-Monzón
[Foto: Museo Diocesano Barbastro-Monzón]

Gracias a este caso, dos colegas (Damià Amorós y Alberto Velasco) me ponen sobre la pista de otro ejemplo: la noche del 23 de mayo de 2014, se celebraba una cena en las salas del Museo Diocesano Barbastro-Monzón.

Una vez más, la imagen «habla». Invitados y sillas peligrosamente cercanas a las obras expuestas…

 ¿Dónde queda la conservación preventiva de las obras expuestas?

¿Dónde queda la verdadera misión de los museos?

Cuando el dinero o la política entran por la puerta del museo, su misión, decoro y profesionalidad saltan por la ventana.

¿Qué puede pasar?

Gracias al «soplo» de Celia Guilarte, puedo ilustrar una de las consecuencias directas de este tipo de eventos: que alguna pieza se dañe. Es lo que pasó el 10 de diciembre de 2015 en el British Museum. Un camarero rompió un dedo de la Venus de Townley.

Los titulares, demoledores:

 «How the Townley Venus’s thumb was knocked off at the British Museum», The Art Newspaper, 26/10/2016

«Hapless caterer knocks thumb off Roman statue in British Museum accident», The Telegraph, 26/10/2016.

«Venus Loses Thumb in Encounter With Caterer (but She Has It Back)», The New York Times, 27/10/2016.

«Una Venus del British Museum, dañada por un camarero», ABC, 27/10/2016.

Un pequeño detalle: la noticia no trascendió a los medios de comunicación hasta casi un año después. ¿Cómo es posible? Fácil: el museo lo intentó ocultar.

Algo insólito, pues cualquier responsable de comunicación mínimamente profesional sabe que este tipo de cosas es mejor no ocultarlas, ya que es más que probable que, tarde o temprano, se acaben filtrando a la prensa o en alguna red social.

Al hilo de este último comentario: ¿algún museo que se quiera confesar?

Ampliación. Más casos

Gracias a Jordi Padró, me llegaba la noticia que el 31 de marzo de 2017, la Societat Catalana de Pneumologia celebraba su cena de gala de la XXXV Diada Pneumològica en las salas del Museu de Badalona.

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[Foto: BCIN]

La imagen, una vez más, lo dice todo.

Me sorprende y mucho que el propio museo no tenga empacho en publicarla en su propio perfil en Twitter. Hacerlo implica muchas cosas. Muchas.

Museu Badalona

He de reconocerlo, nunca imaginé que llegaría a ver algo así. Demian Ramos me informaba de la fiesta de Louis Vuitton en el Musée du Louvre. La cena se celebró en la Salle des Etats. De fondo, la Monna Lisa.

Sala de los Estados
[Foto: Wallpaper, vía Instagram]

Es una imagen demoledora: el museo francés por excelencia, su sala más emblemática, convertida en un restaurante.

Carlo Mazzoni, via Instagram
[Foto: Carlo Mazzoni, vía Instagram]

Una cena presidida por el presidente-director del museo, Jean-Luc Martínez (Wallpaper). Y por Mme Gherardini, bien sûr.

Un caso que fusiona lo que pasó en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museu de Badalona es el del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

El viernes 13 de septiembre de 2019, el museo cerró sus puertas seis horas antes de lo previsto para preparar un evento privado: la entrega de unos premios de la revista del corazón Escaparate.

El núcleo del evento se celebró en las salas, ocupadas por una bien nutrida platea de sillas y un escenario con piano.

[Foto: Joaquín Pareja Obregón, vía Instagram]

Del artículo publicado por ABC se deduce que la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía cedió gratuitamente el museo para que se celebrase el evento privado. A cambio, se considera «que la cobertura de este evento puede dar al museo sevillano una gran promoción». Sin palabras. 

¿Una realidad aceptada?

No le debería haber hecho caso: Boro me envió una secuencia de fotos de eventos realizados en salas de museos de todo el mundo, indicándome que con solo hacer una búsqueda en San Google, tendría multitud de ejemplos.

Así es. Entre esa ingente cantidad de casos, hay uno que me gustaría comentar: el British Museum. No sólo se han hecho y se hacen este tipo de eventos (con las consecuencias arriba explicadas), sino que se comercializan sin ningún reparo. Por ejemplo, la Sala 17 del museo, que conserva el Monumento de las Nereidas, se puede alquilar para celebrar una fiesta.

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[Fotos: British Museum]

No hay problema en hacerlo, ya que se publicita en el apartado Event spaces del portal web corporativo del museo.

Luego este tipo de cosas se aceptan. ¿Es así?

The Metbnb. Una broma con fundamento

El 1 de abril de 2017, Hyperallergic publicaba el artículo In Effort to Cover Deficit, Metropolitan Museum Partners with Airbnb to Rent Period Rooms, en el que anunciaba la colaboración de el Metropolitan Museum con Airbnb: el museo, necesitado de ingresos, alquilaría sus habitaciones históricas.

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[Imagen: Hyperallergic]

Aunque se trataba de una broma del «April Fools’ Day», la verdad es que planteaba una interesante reflexión: si se siguen recortando o directamente eliminando las asignaciones públicas a los museos, estos se verán obligados a aceptar cosas simplemente inimaginables como la de la broma. Como decía el replicante de Blade Runner, veremos cosas que no creeríamos: ¿un paseo por Central Park en un carro etrusco del siglo VI aC? (joint venture del Met con Uber).

Bonus track

Maria Palau (2017), «Ni de conya al museus», El Punt Avui, 25 de marzo.

Addenda

Artículo publicado originariamente el 11 de marzo de 2017. Actualizado el 12 de abril de 2017 y el 15 de septiembre de 2019.

Este artículo no sería posible sin la colaboración de una serie de personas. Yrene Bueno me informó del caso del Rijksmuseum, que sirvió de detonante para redactarlo. Alberto Velasco, Damià Amorós, Jordi Padró, Celia Guilarte, Karmele Barandiaran, Demian Ramos y Boro me han informado de la mayoría de casos que me permiten ilustrarlo. A todos ellos, gracias.

6 comentarios

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Los museos son caros de mantener y la gran mayoría son deficitarios. El Museo Vostell en Extremadura no tiene dinero para instalar aparatos de control térmico y la conservación de las obras está en peligro. Como la gente quiere entrar en un museo y pagar 3€, una de las soluciones es alquilar el espacio a los ricos.

Davis, si lees el post La desaparición de las líneas rojas en la gestión de los museos comprobarás que no estoy en contra que los museos alquilen espacios para la celebración de actos privados. Al contrario, me parece una buena opción para generar recursos.
Ahora bien, lo que no es admisible es que eso afecte al normal funcionamiento del museo en cuestión (el caso de la boda Mittal en el MNAC) o se desarrolle en lugares donde no debe hacerse (caso del Rijksmuseum).
Saludos.

Los museos se dedican a la restauración. Si no, observad las caras de Jennifer Aniston y Cate Blanchett. Tiene más expresión nuestra querida Monna…

No hay constancia que Lisa pasase por el taller de chapa y pintura. Bueno, un poco sí: el sfumato de Leonardo es la Corporación Dermoestética del siglo XVI.

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