Personas activas en redes sociales & Museos. Pistas, prevenciones y anecdotario. Volumen II

Tres años atrás, escribí un primer artículo sobre el papel de nuevos prescriptores culturales nacidos al calor de Internet y las redes sociales en la comunicación de museos y equipamientos culturales (Bloggers & Museos. Pistas, prevenciones y anecdotario). Tiempo más que suficiente para actualizarlo.

Kuczynski

[Ilustración: Pawel Kuczynski]

De bloggers a personas activas en redes sociales

Para ajustarme a la realidad, lo primero que he tenido que hacer es actualizar el propio título del post: ante la implantación y el empuje de algunas redes sociales de microblogging, cada vez hay menos bloggers o los que había son menos activos. Entendiendo blogger, claro está, como el editor de un blog que escribe regularmente (entendiéndose la regularidad de la forma más generosa posible) y no alguien que lo tiene pero no escribe.

Hoy día se debería hablar de personas activas en redes sociales, ya que la mayoría de asistentes a las convocatorias no editan un blog pero hacen un trabajo intenso a la hora de difundir microcontenidos (básicamente textuales y visuales) en redes sociales como Twitter, Facebook o Instragram.

La mayoría de museos y equipamientos culturales ya buscan a este tipo de perfil cuando hacen una de estas convocatorias. En ellas, los bloggers son residuales.

Por poner ejemplos (muy personales, obviamente), los equipamientos de Barcelona que convoquen a Nacho Granero (@SocialCultura) tienen una retransmisión de calidad y en directo vía Twitter. Como lo tienen en Madrid, si hacen lo propio con Marta Pérez (@mperezib), o Sevilla con Sergio Harillo (@culturasevilla). 

Mis favoritos últimamente son la pareja formada por Xavi Docampo y Marta Mas, muy centrados en la publicación de imágenes simpáticas de las exposiciones a las que acuden, básicamente en Instagram.

La responsabilidad de los influencers 2.0

Atención: en este aspecto me limito a aquellos influencers 2.0 que tienen una vinculación directa con la gestión de museos y equipamientos culturales.

Como prescriptores culturales, las personas convocadas por museos deberían ser sumamente responsables de lo que hacen, intentando que sus recomendaciones sean críticas y sinceras.

Un influencer 2.0 no debería olvidar nunca que la opinión publicada puede influenciar en la conducta de sus seguidores.

Explico un ejemplo para ilustrarlo:

El pasado 14 de marzo, CaixaForum Barcelona organizó una convocatoria para este tipo de público a su exposición temporal Los pilares de Europa. La Edad Media en el British Museum.

Mi timeline en Twitter se llenó rápidamente de una buena colección de tuits. Leyéndolos, tuve claro que debía visitarla sí o sí, cosa que hice el pasado martes 21 de marzo.

Mi decepción fue mayúscula. Donde alguno de esos influencers 2.0 veía una gran exposición con grandes piezas y un gran montaje, yo vi una exposición mediocre, con piezas secundarias (la gran mayoría) procedentes del British Museum (muchísimos sellos y azulejos, ¡en eso sí es una buena exposición!) y un montaje expositivo del escenógrafo Ignasi Cristià, cuyo objetivo fundamental es dar empaque a un discurso expositivo pobre de solemnidad (el mismo objetivo que parecen cumplir las obras cedidas por museos como el Museu Marès de Barcelona y el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, de lo mejor de la exposición). Ver una parte de la sala, inmensa, dedicada a un audiovisual es algo que no había visto nunca en ese centro expositivo.

Es decir, cuando se publican cosas que pueden influir a terceras personas, se debería ser plenamente consciente de lo que se hace. En mi caso (muy personal, efectivamente), algunas de las personas que “me convencieron” que tenía que visitar la exposición han perdido la credibilidad como prescriptores culturales.

La responsabilidad de los museos convocantes

Si el responsable de comunicación de un museo o equipamiento cultural sabe que cuando convoca a los periodistas, debe convocar a todos, sin distinciones entre celebrativos, palmeros y críticos, en la convocatoria a personas activas en redes sociales debería pasar exactamente lo mismo.

Si se opta sólo por la instrumentalización de los influencers 2.0 (servirse de ellos como simples autopistas comunicativas que permiten llegar a una gran audiencia), si se opta sólo por convocar a aquellos que únicamente difunden el mensaje oficial, el poder de prescripción de este tipo de convocatorias irá perdiendo progresivamente su poder de influencia.

Si este tipo de convocatorias van por esos derroteros, poco a poco irán perdiendo credibilidad. Y la credibilidad es algo difícil de conseguir, pero muy fácil de perder.

Glosario

Sobre los especímenes que se cobijan bajo el paraguas de influencer 2.0

Siguiendo el cuento El traje nuevo del emperador de Hans Christian Andersen, los hay de tres tipos (una vez más, me limito a los influencers 2.0 que tienen una vinculación directa con la gestión de museos y equipamientos culturales):

Influencer celebrativo: personas que optan por contar sólo las cosas positivas, sin entrar nunca en valoraciones negativas. Aunque se hayan percatado que el rey va desnudo, prefieren mirar hacia otro lado. En privado normalmente son críticos, pocas veces lo son en público.

Influencer palmero: personas cuyo único objetivo es alabar sin mesura, consiguiendo así la aprobación del rey. Son los defensores a ultranza del traje. Arribistas, trepas, pelotas, etc., etc.

Influencer crítico: personas que optan por contar la verdad, sea positiva o negativa. Son el niño que descubre el engaño. Y a diferencia del cuento, reciben palos por doquier de los palmeros y el silencio cómplice de los celebrativos.

Como en otras especies, puede haber cruces entre los celebrativos y los críticos, e incluso se puede circular entre uno y otro sin problemas. En cambio, los palmeros nacen así y el resto les tiene tomada la matrícula: son unos apestados sociales para todo el mundo… menos para el rey de turno.

Sobre los especímenes de museos y equipamientos culturales convocantes

En este caso, hay de dos tipos:

Convocante al por mayor: saben que las redes sociales y los influencers 2.0 son autopistas comunicaticas sin peaje. Su objetivo es, única y exclusivamente, conseguir ruido mediático.

Convocante profesional: saben que hay que tratar a los influencers 2.0 como a los periodistas. Es decir, con respeto y sinceridad. Su objetivo también es, obviamente, que su actividad se sume a la conversación social, pero para conseguirlo saben que hay que trabajar de forma profesional.

Tanto si estás en un margen como en el otro de la autopista, ¿qué haces? y ¿qué eres?

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2 Responses to “Personas activas en redes sociales & Museos. Pistas, prevenciones y anecdotario. Volumen II”

  1. Nenagamba dice:

    Lamento comentar esto sin ser influencer de ningún tipo porque tan sólo he asistido a 1 convocatoria y era por ir con alguien qué si había sido invitado. La sensación de disponer de Información por muchas vías (guía, obras, textos de sala, etc) sin tiempo material para filtrarlas como a mi me gustaría me forzó a repetir, en 2 de mis 3 tuits, aquello que me interesó, como si de un lorito se tratara. Luego te vas a casa con un obsequio por el “esfuerzo”y la duda existencial de si por ello tienes o no que dar algo a cambio.

    Tan sólo es la experiencia personal de 1 vez, pero suficiente para salir de allí con un mal sabor de boca por no haber podido dar mi mejor opinión.
    En aquella ocasión, si el convocante quería hacer algo al por mayor, en una exposición que ya de por si iba a preveer un gran público, no estaba usando la herramienta del influencer como algo superficial y cool? De ser así, el elemento postureo me cansa mucho, y si en algún otro momento tuviera que ser considerada influencer (cosa que no soy) creo que preferiría continuar por libre.

  2. Muchas gracias por la mención, la verdad es que no me la esperaba. El tema de las convocatorias, los influencers y demás es algo sobre lo que podríamos hablar largo y tendido. Personalmente no me considero un influencer en absoluto aunque sí comparto muchas de tus opiniones y creo que podría etiquetarme fácilmente en uno de los tres tipos que has establecido. Yo intento ser siempre sincero cuando hablo de una exposición o un equipamiento, si bien es verdad que la mayoría de las veces voy por voluntad propia, no porque me hayan invitado (de hecho, aquí en Sevilla las invitaciones brillan por su ausencia, sigue primando el “periodista cultural” a la hora de convocar). Cuando veo algo que no me gusta, simplemente opto por no hablar de ello, creo que mis seguidores después de tantos años saben leer entre líneas si algo me ha gustado o no. Por otro lado, cuando te invitan a algo sí que es verdad que te sientes algo presionado a dulcificar tu opinión por educación pero de ahí a decir que algo te ha parecido maravilloso simplemente para que te inviten otra vez… no sé.

    ¡Un saludo!

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