El Museo del Prado, el poblado galo que se resiste a la fotografía

Artículo actualizado el 11/05/2018

Buen momento, ahora que hay cambio en la dirección del buque insignia de la museística española, para plantear un tema que viene sobrevolando el museo desde hace años: el mantenimiento de la prohibición a los visitantes de tomar fotos en las salas del museo.

El Museo Nacional del Prado es de los últimos grandes museos internacionales que todavía no permite a sus visitantes fotografiar en las salas.

Tal y como ha evolucionado la fotografía en los últimos años, son pocos los museos que se resisten a la entrada triunfal en sus salas de las cámaras de los visitantes.

Mona Lisa Piqué

Para pulsar el estado de opinión sobre el tema, plantee una encuesta desde mi perfil en una red social (vaya mi agradecimiento público a las 177 personas que han participado). Aunque no hay ninguna pretensión científica (¡no puede haberla!), los resultados sí son interesantes: mayoritariamente se opina que se tendría que permitir la fotografía en el Museo Nacional del Prado (un 68% de los encuestados), aunque un 32% piensa todo lo contrario.

Encuesta

Un debate que hace años se vive y su libra en otros países. Francia es uno de ellos: aunque el Ministère de la Culture et de la Communication había publicado Tous photographes !, una carta de buenas prácticas fotográficas y fílmicas en equipamientos patrimoniales, el Musée d’Orsay mantenía la prohibición.


Tous photographes! Charte de l’usage de la… por culture-gouv

Una potente plataforma ciudadana, OrsayCommons, y la oportuna actuación de la ministra de cultura en aquellos momentos, Fleur Pellerin, lograron finalmente algo que parecía imposible: que se permitiese la fotografía en el museo parisino. Aquí información sobre el caso: Museos y Relaciones Públicas: el poder de los nuevos prescriptores y El fracaso de los nuevos prescriptores. El museo, las fotos y la ministra.

¿Qué argumentos utiliza el Museo Nacional del Prado para mantener la prohibición? 

Cuando algún visitante molesto por la prohibición o personas interesadas en temas museológicos les han preguntado por ello en alguna red social, el argumentario es el que se puede ver en este intercambio de tuits:

Argumentario Museo Nacional del Prado

Es decir, se le prohíbe al visitante para preservar la calidad de la visita y la integridad física de las obras de arte, expuestas a los flashes accidentales.

Argumentario en contra de la prohibición

A la primera de las cuestiones, es evidente que ante piezas icónicas como Las meninas o El jardín de las delicias, en las que se producen aglomeraciones, la presencia de las cámaras las aumentaría significativamente, mermando seguramente la calidad de la visita. Algo que no pasa en el resto de las salas y ante el resto de obras digamos mortales.

Si se quieren evitar las escenas que se viven en el Musée du Louvre ante la Monna Lisa, ya existe la experiencia de otros museos para que eso no ocurra: la prohibición de fotografiar ante esas obras en concreto. Los responsables del Prado no tienen que viajar muy lejos para conocer esas experiencias, ya que bajando por el Paseo del Prado y entrando en el Reina Sofía ya se encuentran con un buen ejemplo: allí, se permite la foto menos en la sala en la que se expone el Guernika.

La segunda ya se ha demostrado que no es científicamente cierta. Cuando los flashes de las cámaras emitían la fuente de luz por ignición, la prohibición tenía todo el sentido, pero hoy día ya no es así con los flashes electrónicos: la incidencia es mínima, tanto como para no poder apelar a la conservación preventiva para prohibirlo. Ante aquellas obras maestras que todos los visitantes quieren fotografiar o fotografiarse, y por tanto, muy expuestas si se permitiese el uso de flash, tendría sentido la prohibición del uso del flash.

No obstante, hay un argumento definitivo para que no se pueda utilizar el flash: es molesto para los propios visitantes. Detalle que justifica que se mantenga la prohibición (siempre que se informe mediante una píldora de difusión preventiva, claro está) por pura cortesía con el resto de visitantes.

Mi propia experiencia como visitante

Como autor del post, me permito la licencia de explicar mi propia experiencia sobre el tema como usuario habitual de museos y equipamientos patrimoniales.

Durante mi visita al Neues Museum de Berlín, afloró una sensación que no había experimentado antes. Iba contento haciendo fotos hasta que llegué a la sala en la que se expone el busto de Nerfertiti: allí está prohibido hacerlas.

Nefertiti

[Foto: Staatliche Museen zu Berlin / Achim Kleuker]

Al principio me molestó que no me permitiesen hacerle alguna foto a la escultura, pero cuando estaba frente a frente de ella me di cuenta que la estaba saboreando plenamente, sin preocuparme de la cámara y de tomar la mejor fotografía de la historia.

En ese momento, fui consciente de un sentimiento muy personal: cuando no puedo hacer fotos tengo la sensación de saborear más lo que estoy viendo. Pero repito y reitero: es una sensación personal. Y como tal hay que entenderla.

El argumento definitivo

Aunque como he dicho, yo mismo disfruto más cuando no estoy pendiente de la cámara, lo que no es admisible en un equipamiento de titularidad pública es que imponga un determinado criterio, que además rema a contracorriente de la realidad. Un principio que incluso no obliga a entrar en temas jurídicos (ver el documento de Pierre Noual en el apartado de Bonus track).

Un buen gestor debe aceptar el mundo en el que vive. Y en el nuestro, los smartphones, la foto y los selfies son el pan nuestro de cada día.

Si preocupa que los visitantes abusen de los selfies, lo que el museo debería hacer es convencerles de que no lo hagan: que sean muy selectivos con las autofotos, que las compartan por las redes sociales (con los beneficios comunicativos que eso conlleva para el propio museo) y que disfruten plenamente de la experiencia de encontrarse frente a obras únicas. Y eso pasa por comunicárselo de forma activa y evidente.

Espero y deseo que Miguel Falomir sea un excelente director; para ello tendrá que ser un gestor del siglo XXI. El Museo Nacional del Prado lo merece.

Si has llegado hasta aquí (toda una proeza en el mundo gaseoso de Internet), ¿qué opinas tú: fotos sí o fotos no?

La respuesta oficial del Museo Nacional del Prado

Aunque el museo ha sido nombrado y apelado sobre el tema en multitud de mensajes publicados en diferentes redes sociales, su decisión estratégica ha sido la de mantenerse al margen (un caso más para analizar la estrategia comunicativa en redes sociales de nuestros museos).

Finalmente, me puse en contacto con su Área de Comunicación, y esta es la repuesta oficial del museo:

Se apuesta por una visita de calidad, evitando en la medida de lo posible distorsiones y molestias que vayan en detrimento de la experiencia directa de la obra de arte por parte del espectador y aglomeraciones que puedan poner en riesgo las obras. Hay que tener en cuenta que el Prado recibe una media de casi 3 millones de visitantes anuales.

Bonus track

David Sanders (1995), “Photographic Flash: Threat or Nuisance?”, National Gallery Technical Bulletin, Volumen 16, pp. 66-72.

Martin H. Evans (2013), “Amateur Photographers in Art Galleries: Assessing the harm done by flash photography”.

Pierre Noual (2017), “Photographier au musée. Guide de sensibilisation juridique à l’usage du visiteur-photographe”.

Santos M. Mateos (2017), “Normas del siglo XX”, ABC, 03 de octubre.

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19 Responses to “El Museo del Prado, el poblado galo que se resiste a la fotografía”

  1. Boro dice:

    En este tema me temo que remo a contracorriente yo también. me gusta la fotografía, me gusta hacerla, pero en un museo como el Prado en que todas las obras expuestas están colgadas en red en alta resolución (aunque debería pedirse una mayor resolución aun), la reclamación de la fotografía pierde sentido. Entiendo que en los lugares como Patrimonio Nacional con total ausencia de BBDD on line se puedan hacer fotos, tb. porque los valores de los edificios van más allá de una pintura en una pared. Si el Prado tb. pero el tema de las prohibiciones parciales es complicado.

    Hoy en día la mayor parte de los visitantes de un museo no son gente que tenga una especial interés por el arte y en este caso El Prado es la visita obligatoria que se hace cuando se viene a Madrid y el selfie es el stick en la lista de sitios donde he estado. Según me han dicho (o hace unos años era así) en el museo arqueológico de Atenas no se prohibía fotografiar las obras, pero sí posar con ellas, y por lo visto era una continúo juego del gato y el ratón entre los vigilantes y los visitantes para evitarlo. Las prohibiciones parciales son mucho más complicadas que las totales, porque la gente las entiende peor.

    Cuantas veces ha pasado que tienes esperar un rato a que alguien acabe de sacar una foto para poder ver algo, aunque no haya aglomeración delante. Esto me ha pasado en varios museos nunca en el Prado.

    Se que el Prado acabará aceptando levantar la prohibición por presión social (y no me escandalizaré ni me opondré ferozmente), pero no acabaré de entender la ecuación museo público más pago de entrada es igual a derecho irrenunciable a tomar una fotografía.

    • Boro, aprovecho para agradecerte la participación en la encuesta y ahora por redactar este comentario. ¡Gracias!

      Como más o menos reconocía en el post, yo disfrutó más cuando no puedo hacer fotos. Cierto. Como también no tengo empacho en reconocer públicamente que me molesta sobremanera la gente que para hacer una foto o hacerse una autofoto pretende que el mundo se pare a su alrededor. Pero por encima de mi percepción personal, está el derecho de los visitantes que sí quieren hacer fotos y hacerse autofotos ante sus espacios u obras favoritas.

      Por mucho que hoy en día se disponga de obras en alta resolución, lo que la gente quiere cuando hace una foto de su obra favorita o se hace un ‘selfie’ delante de ella (normalmente con una mierdecilla de cámara o con su smartphone) es apropiarse de ella: es su foto. Todos lo hacemos cuando viajamos: es un acto de autoafirmación. Por mucho que el Prado ofrezca una aplicación móvil (Photo Prado: https://www.museodelprado.es/apps/photo-prado), lo que el visitante quiere es hacer sus fotos de las obras originales, no de sucedáneos. ¿Has visto la zurraspla de foto de Piqué & Shakira? Sí, es una mierda de foto (disculpa), pero es SU foto delante de la Monna Lisa.

      En cuanto a la ecuación que comentas, para mí hay una que es sagrada en un museo de titularidad pública (también en privados): ofrecer al visitante la mejor experiencia posible. Y esa experiencia pasa hoy día por la posibilidad de llevarse una colección de fotos del museo como si fuesen sus particulares trofeos.

      Si queremos que la convivencia entre museos, obras y visitantes-fotógrafos sea buena, hay que explicarles a estos últimos algunas cuestiones de conservación preventiva y algunas normas de pura urbanidad. Con un buen trabajo de difusión preventiva, seguro que se consigue reducir al mínimo la figura del visitante-fotógrafo maleducado.

      Saludos.

      • Boro dice:

        Precisamente no estoy de acuerdo con una afirmación que haces y es la existencia del derecho del visitante a hacer una foto, sobre todo frente al derecho del visitante a realizar una visita sin molestias, y me temo que hace falta mucha pedagogía que dar a los visitantes pero normalmente el museo no alcanza a ese público.
        De todos modos como decía, se que es imparable, sobre todo porque una parte de la población no entiende el hacer una visita sin tomar una foto para señalar el “yo estuve allí” por narcisismo o por ser para una parte muy joven de los visitantes algo que siempre ha estado ahí, no han conocido otra cosa.
        De todos modos, me reitero, no creo que deba ser un derecho, es un privilegio.

        • En un debate así, no me atrevo a valorar las motivaciones por las cuales la gente se hace ‘selfies’. Que yo no los haga no quiere decir que los demás no puedan hacerlo. Para mí, prima ese derecho fundamental.

          Que a aquellos que visitamos museos de forma enfermiza nos pueda resultar molesto. Pues sí. Como también que algunos museos están llenos hasta la bandera o tener que hacer largas colas para entrar o minutos de espera para ver decentemente alguna pieza. Pero no por ello negaré la entrada a nadie, ni me consideraré una raza superior de visitante.

          Como bien dices, las fotos y las autofotos son una realidad que la gente joven tiene absolutamente arraigada. Por lo tanto, si se quiere (yo absolutamente SÍ) que la gente joven visite los museos, no es una opción muy acertada prohibirles algo que les apasiona.

          Ni el director del Prado es nadie para valorarlo. Si quiere un museo del siglo XXI, la fotografía está presente y ha venido para quedarse. Un buen director (del siglo XXI) lo que tiene que hacer es trabajar para que el ecosistema museístico sea agradable para todos y que la convivencia entre ‘visitantes que no hacen fotos’ y ‘visitantes que hacen fotos’ sea posible.

  2. Álvaro dice:

    Yo soy bibliotecario documentalista. Parte de mi carrera es la museología. Además soy aficionado a la fotografía, un arte y al mismo tiempo una forma de documentar la realidad. También soy un ferviente defensor de la fotografía en museos, tanto como ciudadano aficionado a museos y fotografías, como desde un punto de vista profesional y con una opinión respaldada por mi formación académica.

    A mi me gusta hacer fotos en todas partes y no es una cuestión de narcisismo. En primer lugar es una afición reconocida mundialmente como una forma más de arte.
    En segundo lugar, me permite seguir formándome, documentando los espacios expositivos, tipos de cartelas y señalética, además me prooorciona un stock de imágenes de obras en dominio público cuyos derechos de autor son míos. Si yo quiero usar una imagen que yo haya tomado de Las Meninas para ilustrar un artículo sobre la corte de los Austrias, no debo pedir permiso a nadie porque la obra original pasó al dominio público hace siglos y de la obra derivada, la fotografía, yo soy el autor, no así con las imágenes que cuelgan los museos en línea, que en ocasiones incluso llevan marca de agua. Eso me supone un problema menos, aunque en general, cuando hago fotografía en museos, suelo hacer más tomas del museo que de la colección.
    A todos nos molestan otros visitantes. Da igual que hagan fotos o no, pero para disfrutar un museo, tienes que pararte a ver y asimilar la obra. Si pasas de una obra a la otra sin detenerte sólo para decir que has visto el museo, a mi eso no parece sacarle partido y si te detienes, ¿qué diferencia supone que lo hagas con una cámara en la mano? A mi, como visitante me molestan los niños chillones y llorones, los adultos ruidosos, los que se dedican a dar explicaciones a su pareja/amigos en un tono un poco más alto de lo necesario para que todo el mundo sepa lo mucho que han estudiado la guía antes de hacer esa visita y, por supuesto, las visitas guiadas, que sí que pasan un buen rato ante cada una de las principales obras (como debe ser) formando una barrera humana. También me molestan los que van de un lado a otro sin detenerse, obviamente para decir que han visitado tal museo y luego quejarse de los que se paraban en las obras en lugar de pasarlas rapidamente como ellos. Y los grupos escolares ya, ni los menciono.
    Pero todos esos visitantes están en su derecho de disfrutar el museo y no se me pasaría por la cabeza tratar de restringir ese derecho ni un ápice. De hecho, las molestas excursiones escolares son esenciales a la hora de crear futuros aficionados al arte (o a la ciencia o a lo que haya expuesto) y a los museos, y es importante, dentro de unos límites, que los chavales se sientan a gusto, y no vean la visita como una imposición de la escuela sino como una actividad de ocio (que además les enriquece culturalmente).
    La única situación que debe limitarse es cuando la fotografía es la excusa para un mal uso del patrimonio, por ejemplo esos que suben a sus hijos al Gato de Botero de la Rambla del Raval para hacerles la foto o cualquier otra manipulación indebida del patrimonio. Pero eso es uan cuestión de educación, no de fotografía, y los maleducados van a serlo con o sin cámara. Incluso en el caso de las denostadas autofotos, me parece más positivo mostrar un recuerdo tomado en un museo que en una discoteca, por el fomento que supone del ocio cultural.
    Sr.Boro, su comentario me ha parecido prepotente y poco meditado por las cuestiones que expongo más arriba, y despectivo hacia un enorme colectivo, el de los aficionados a la fotografía, a los que trata como si no supieran ni comportarse en un museo ni disfrutar del mismo sólo porque lo disfrutan de una forma diferente a como lo disfruta usted. No es usted mejor que otras personas porque no haga fotos, ni peor, sólo diferente. Y en el momento en que se detenga a contemplar una pieza expuesta, que es de lo que trata la visita a un museo, usted también estorbará a otro visitante que vaya detrás y debe esperar a que usted termine para “ver algo”. Pero es lo que tiene el patrimonio, que es de TODOS y todos tenemos derecho a disfrutarlo, y cada uno lo hace a su manera, y si el precio por contemplar una pieza única en el mundo es esperar a que otro termine de verla, por mi genial. Lo que no está bien es que algunas instituciones PÚBLICAS, que custodian colecciones que son de todos, no permitan que los ciudadanos saquemos todo el partido posible a nuestra visita prohibiendo algo que ni afecta a las colecciones, ni estorba más que una persona contemplando con atención y el tiempo debido una obra en cuestión.
    Mis disculpas por la extensión.

    • Boro dice:

      Le disculpo la extensión, por supuesto, no que me insulte. Soy aficionado a la fotografía y tomo fotos si puedo y auténticamente maniático respecto a si molesto a otra persona en un museo o en cualquier parte y siempre que yo puedo me aparto para dejar ver bien a otra persona. No creo que la mayor parte de la gente que saca fotos sea aficionada a la fotografía, como no creo que muchos de los que van al museo tengan el más mínimo interés en lo que guarda (en esto parecemos estar de acuerdo). Yo no impido hacer nada a nadie, apoyo una postura que es poco popular y por lo cual recibo un ataque por su parte.

      No opino que tomar una fotografía sea narcisista, si lo es en parte hacerse un selfie y colgarlo en una RRSS, no creo que vaya a descubrir nada por decir esto. A mi tb. me fastidia no poder tomar fotografías en el museo se lo aseguro y no tengo problemas en que la gente tome esas fotografías generales a las que usted se refiere.

      • Álvaro dice:

        Yo en ningún momento le he insultado. He puesto, y sostengo, que sus comentarios me parece prepotente por la forma despectiva en que mete en el mismo saco a todo el mundo con una cámara, que si por permitirse la fotografía ya va toda la gente a tocar piezas, que los de las fotografías le hacen esperar e incluso habla del derecho a la fotografía frente al derecho a no ser molestado, como si una cosa implicara o tuviera algo que ver con la otra y ya el hecho de hablar de la fotografía como si simplemente fuera un acto de narcisismo o de juventud… Sus dos comentarios están llenos de trato despectivo hacia las personas que hacen fotos. Ahora si es tan amable dígame dónde le he insultado o atacado a usted.

        • Señores, por favor, haya paz en el debate. Tienen puntos de vista divergentes y eso es algo que lo enriquece. Y que eso pase es bueno, muy bueno. Les pido, por favor, que se centren en sus argumentos y dejen las trifulcas que puede generar un debate tan intenso como éste. ¡Gracias!

        • Boro dice:

          “Prepotente y poco meditado” (o sea necio) . Narcisismo me refiero a los selfies (no todos es cierto) y le repito que soy aficionado a las fotos aunque usted me excluya.

      • Interesantes comentarios, gracias por el debate planteado.

        En mi caso necesito las fotografias tomadas por mí mismaen museos para trabajar como historiadora.

        Es un grave problema para mi,por muchas causas imposibles de resumir ahora, el hecho de no poder tomar fotografías en cualquier lugar -incluido cualquier museo – del mundo, en parte porque fotografío la procedencia y la fuente (sin tener que acudir a Internet,proceso que en muchos casos es una lacra para mí ).

        Hay recuerdos y principalmente reflexiones que inevitablemente vinculo al lugar (museo en el caso de nuestra conversación ) donde he tomado una fotografía , lo que es indispensable para poder buscarla en el ordenador, consultarla de nuevo, y así que afloren las meditaciones vinculadas al testimonio en cuestión, la obra artística custodiada en un museo,en nuestra conversación .

        Para mí es un problema que no me permitan fotografiar en el Prado,por muchos motivos,al margen de que vaya a la familia Peláez -o no- a sacarse una foto. En efecto, comenta alguien los guías turísticos en muchos casos no son menos molestos (y entiendo que estén ahí porque es su trabajo, por supuesto,y realizan una actividad cultural importante ).

        Quitando barreras a la cultura (cultura entendida en sus múltiples formas que por supuesto integran la pictórica ) se hará un poquito más culta a esta sociedad, que por desgracia es predominantemente ignorante.

        Sinceramente, prefiero una “selfie” de unos famosos en un Museo antes que en una cancha de ftbol. Es un patrocinio indirecto a la cultura, y acaso casualmente alguien (alguun fan) conozca así un museo , lugar del que acaso nadie le haya hablado en su vida antes…

        • Leonor, explicas muy bien la importancia que le damos a nuestras fotografías. Nuestra fotografía, por muy mala que sea frente a la copia digital de la obra o el espacio que nos ofrezca el museo, es la que nosotros hicimos, con todo lo que eso implica.

          Sobre el papel del museo en la educación y la posibilidad de “enganchar” a alguien que vea una foto de alguna ‘celebritie’, totalmente de acuerdo. Solo añadiría un matiz a lo que comentas: no diría que la sociedad es predominantemente ignorante, diría que predominantemente ignora a los museos.

          Muchas gracias por tu comentario.

  3. Luis dice:

    No sé mucho sobre las estrategias que globalmente se están siguiendo, pero sí puedo aportar aquí mis propias experiencias como vigilante de sala y como usuario de museos, por si son útiles.

    Creo, en pocas palabras, que la batalla contra las fotos es una batalla perdida: los móviles con cámara están aquí, y salvo cataclismo no van a desaparecer de un día para otro, así que intentar perseguir a los visitantes para que no hagan fotos es una batalla que se libra en el plano de lo filosófico y está perdida de antemano. Ahora bien, en el caso de la sala en que trabajo, el permitir hacer fotos ha incorporado un problema, que es el riesgo para las obras. Mucha gente está a punto de meterse en las obras al echarse hacia atrás para hacer fotos, o las toca para posar con ellas, o directamente las fotografía con flash (el de verdad, no el led de los móviles). Estoy con Santos, los visitantes quiere llevarse “SU” foto, de ahí este asunto del posado.

    Entonces, ¿Qué hacer? pues creo que el conflicto está en otro sitio y, como también dice Santos, se trata de la experiencia del visitante y la preservación de la obra expuesta, y ahí entramos en otro terreno. Muchos de nuestros visitantes, cuando se les advierte de que no toquen la obra, directamente no entienden el porqué. No de un modo agresivo, sino sincero: no comprenden qué hay de malo en tocar una escultura o pasar el dedo por la superficie de un cuadro para comprobar el relieve de la pintura. No lo comprenden porque quizá hacemos algo más museológicamente, porque la educación escolar no ayuda, porque no hay un ambiente de respeto… por la razón que sea. Tampoco comprenden que su experiencia individual esté supeditada a la experiencia colectiva… “Al final de esta exposición habrán pasado por aquí 60000 personas, ¿imagina lo que le pasaría a este cuadro si todas hacen lo que usted?”… esta es frase literal que suelo utilizar, pero igual que a mucha gente le sirve como alerta, a muchos otros visitantes les resbala (al menos en el instante): no comprenden que hagan nada malo con tocar, y no hay maldad en ello. Pero la cosa aún empieza más atrás.

    En nuestra sala hay muchas monografías de artistas cuyo nombre es el título de la exposición. En rótulos de vinilo de 2 metros de ancho, en el muro de delante de la puerta de entrada. Mucha gente, (verdaderamente mucha) al salir nos pregunta “¿tienen los nombres de todos los artistas de la exposición?” ó “¿Todo esto lo ha hecho la misma persona?”… para muchos visitantes, no necesariamente analfabetos ni nada parecido, la propia idea “exposición temporal monográfica” es un arcano, y eso es algo que empieza fuera de la sala, pero se desarrolla dentro y afecta a su experiencia.

    La narrativa del arte y los museos quizá necesita tocar tierra de modo más honesto y sin complejos. Que se prohiba hacer fotos en el Museo del Prado posiblemente es liberador para mucha gente, pero este es sólo un museo y en España hay cientos que se enfrentan a este problema con menos medios humanos, teóricos y económicos. Se pueden permitir las fotos, pero mucha gente querrá interactuar con las obras y su interés de llevarse “su” foto estará por delante de la conservación de la misma, porque no entenderán que hay algo malo en poner la mano sobre ese retrato de terracota tan bonito mientras les hacen la foto… es un asunto complejo que tiene muchas derivadas y sobre el que actuar “a la corta” es sencillo pero poco eficaz. Prohibiremos, si, pero es una carrera perdida a largo plazo, porque la foto y el selfie forman hoy parte de nuestra cultura global. Los museos impulsan la interacción con sus redes sociales, para que pongamos nuestro hashtag y demos visibilidad a sus obras… ¿cual es el mensaje que se manda?

    En fin, es un tema complejo que yo creo que empieza antes incluso de sacar el móvil del bolsillo. Creo que necesitamos revisar nuestra narrativa del museo y ayudar a mucha gente a “usar” el museo, que no es sólo algo reservado a los iniciados (por suerte)

    Saludos

    Luis

    • Álvaro dice:

      Yo pienso que las interacciones con las obras y el mal uso del museo en general, es un problema de educación de cada persona y desde luego, está claro que hay que dar con la manera de que esas personas aprendan a comportarse en un museo (y en bibliotecas, monumentos, etc.), y no sólo respecto a buenas prácticas con la fotografía, sino en todos los aspectos. Y eso me parece algo bastante difícil. Hay un serio problema de educación y valores en la sociedad actual y los museos son sólo una víctima más de las actitudes de ciertas personas. Pero eso, en mi opinión es un problema a parte de la fotografía aunque ésta esté implicada en algún incidente. Pero una persona respetuosa lo es con cámara en la mano o sin ella.

      • Totalmente de acuerdo, Álvaro. En general, la mayoría de visitantes son gente civilizada, siendo una mínima porción los que catalogo como visitantes vándalos. Como he defendido más de una vez, los museos deben dejar de lamentarse y pasar a la acción: si sus visitantes tienen comportamientos no adecuados, deben hacer esfuerzos comunicativos para explicarles y convencerles sobre las consecuencias de sus acciones. Sólo así se pueden canviar las cosas.

    • Hay que hacer ya ese manual de uso del museo para los visitantes del siglo XXI.

      Luis, gracias por compartir tu punto de vista como vigilante de sala y usuario de museos.

  4. Miranda dice:

    Hola ! Disculpe por mi castellano que no es perfecto, si comprendo este idioma tengo mas dificultatdes hablar/escribirle.

    Me encanto visitar museos, me encanto el arte en general. Vivo en Paris et tengo la costumbre de pasar tiempo en los museos como el Louvre, Orsay, o museos mas pequeños y menos conocidos… Me gusta viajar y visitar museos interesantes y importantes de varias ciudades.

    Estaba en Madrid al fin de enero y por supuesto he visitado el museo del Prado, que es el museo mas grande y mas famoso de España. Me gustó ese museo y las obras magnificas que se encuentran en sus paredes, pero no era posible coger recuerdos fotograficos de ellas…
    Era un poco cansada despues dias de visita de su capital y para decir la verdad, dos meces despues, mis recuerdos ya son un poco confusados…

    Me lamento sobre eso y sobre la interdiccion de tomar fotos de mis obras preferidas. Tomo fotos en en Louvre, en Orsay, Beaubourg, tome fotos en la Reina Sofia y el museo Thyssen, ni pienso que he molestado a ningun para eso… Eso es solamento un pretexto ! Era mas molestada para los grupos que permanecian frente al Jardin de las delicias !
    En la sala de artes decorativas no habia ninguno, esta sola y no podia hacer fotos !

    Todo esto es muy ridiculo, el Prado es el unico museo mayor que mantiene este interdiccion, debe cambiar !

    Gracias

    • Miranda, muchas gracias por el esfuerzo de escribir un comentario y además hacerlo en español. Muchas gracias.

      Como habrás podido comprobar, yo también deseo que se levante la prohibición. Y que cuando eso pase, se haga una campaña comunicativa (divulgativa) en el propio museo que explique a los visitantes las normas de uso del museo: una especie de manual de uso. Así nadie se sentirá perjudicado por la medida.

      ¡Saludos!

  5. Hector dice:

    Gracias por el post. Riguroso y precisas aportaciones

  6. José dice:

    Ante el “motivo” (mera excusa) de evitar aglomeraciones, la única solución es vender menos entradas, pero sin embargo todos los años sacan pecho con el aumento de visitantes al museo. Es una excusa, el motivo real, lo desconozco.

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