Buenas y malas praxis en periodismo cultural. Dos ejemplos para situar el debate

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[Ilustración: Pawel Kuczynski]

Ante una polémica generada en Twitter, y ante la tendencia a poner en el mismo saco a todo el colectivo de periodistas culturales, vale la pena hablar del tema de forma clara.

Que los medios de comunicación y los periodistas culturales se informan cada vez más por medio de las redes sociales, es algo bien sabido desde hace años. En ellas, los periodistas encuentran noticias de actualidad o pueden pulsar la opinión sobre temas candentes o estados de ánimo sobre determinados temas. Y todo ello puede llegar a transformarse en pieza periodística.

Que un periodista cultural se entere de alguna novedad gracias a esa escucha activa, no implica necesariamente que en el caso de hablar de ella tenga que citar la fuente.

Me explico: que alguien difunda en un tuit que se ha inaugurado tal museo o tal exposición no es una noticia muy novedosa; esa persona seguramente se habrá hecho eco de la noticia publicada por el museo en cuestión o por otra persona (en algunos casos de otra nacionalidad, lo que viene a ser lo mismo).

Cosa bien distinta es que al periodista cultural se le encienda la bombilla de la inspiración (disculpad por la lamentable metáfora) sobre un determinado tema leyendo el mensaje de un “levanta liebres”.

Me explico: que sea evidente y manifiesto que el punto de partida de su pieza periodística es el tema tratado por otra persona en un tuit, una imagen o un artículo en un blog. Ahí sí, el periodista cultural debería citar la fuente. Y eso sin necesidad tan siquiera de apelar a cuestiones de ética periodística. Simple y llanamente se trata de una cuestión de educación.

Dos ejemplos para ilustrarlo y que cada uno saque sus conclusiones

Ejemplo a: 

El pasado 8 de marzo, se publicó este tuit en el perfil en Twitter de @museoes:

Museoses

Días después, el 11 de marzo, el periodista cultural Peio Hernández Riaño publicaba en El Español su artículo Degas ha desaparecido de la sala “H”: así desahucia Carmen Cervera el Thyssen, con permiso del Ministerio.

Quien siga a este periodista, sabrá sobradamente de su “cariño incondicional” por el Museo Thyssen-Bornemisza y por todos los profesionales que en él trabajan. Un “cariño incondicional” que le permite escudriñar de forma implacable todos los movimientos del museo. No dudo de la originalidad e interés del artículo, sí de la falta de tacto al no citar el punto de partida: una fotografía demoledora, junto a un breve texto igual o más demoledor. También sabrá, que es una persona implacable con otros medios y compañeros de su profesión cuando entiende que le han copiado la noticia, persiguiéndolos de forma activa.

Ejemplo b:

El pasado 11 de marzo, yo mismo publicaba en este blog el artículo Cuando el museo se convierte en sala de fiestas. Días más tarde, el 25 de marzo, la periodista cultural Maria Palau publicaba en El Punt Avui su artículo Ni de conya als museus.

Conclusión: 

Si enlazáis y leéis, podréis comprobar que el punto de partida de los artículos de ambos periodistas es meridianamente claro.

Lo que nos lleva directamente a la conclusión: hay periodistas que se comportan de manera educada y otros que no lo hacen. Leed, leed, y veréis quien lo es y quien no.

Yo lo tengo claro, como también tengo claro que la gran mayoría de periodistas culturales son auténticos profesionales.

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5 Responses to “Buenas y malas praxis en periodismo cultural. Dos ejemplos para situar el debate”

  1. Boro dice:

    Hace un tiempo salió una noticia en el Diario de León sobre la subasta de un posible cuadro de procedencia leonesa. En la noticia hice varios comentarios sobre otra posibles ventas de obras procedentes de León (obras de Ncolás Francés) y al día siguiente publicaron una pieza con la información que había dado. Lo llamativo no es ese uso, si no que tras pasar la moderación no publicaron mis comentarios pero no tuvieron problema en usarlos al día siguiente para continuar con el tema.

    No me ofendí especialmente porque no me considero creador de contenidos pero si que me pareció llamativo.

    • Bueno, Boro, cuando lo comentas es que realmente sí te ocasionó un cierto resquemor, algo totalmente lógico teniendo en cuenta la trastada del medio.

      Es mi particular punto de vista (como por otra parte lo es todo lo que escribo en este portal y en TW), pero pienso que este tipo de malas artes se deberían denunciar públicamente. Es la única manera que todos sean conscientes de los límites.

      Otra cosa muy distinta es creer que por difundir una noticia que ya circula por las redes, el periodista tenga que citar la fuente. Eso es una locura que demuestra la cara más negativa de las redes sociales: el adanismo y la egolatría.

      • Boro dice:

        Como decía, más que nada asombro porque no publicaran el comentario y no me escribieran al correo para comentar, vamos a publicar esto y si publicamos el comentario va a quedar “raro”. No exigiría nunca que me citaran por un comentario donde daba un dato, ni si quiera un comentario personal propiamente.

  2. El Sereno de Madrid (@Unsereno) dice:

    Quisiera aportar mi opinión acerca de este asunto. Veo con demasiada frecuencia que temas que algunas personas que sigo en redes sociales hablan, tratan en sus blogs o simplemente comentan en sus perfiles, acaban en diarios de un modo u otro. Quizás lo interesante sería que los diarios contratasen a esas personas para generar contenido ya que son los que a fin de cuentas tienen la idea. Abro esta línea de debate porque me parece interesante.

    Por otro lado, no hay que generalizar, naturalemente hay periodistas que son capaces de generar su contenido, pero como ya te digo, en cultura (que es lo que yo leo/sigo y consumo) veo con demasiada frecuencia estas “malas prácticas”

    Saludos

    • Hombre, veo que has dejado caer tu chuzo por aquí. ¡Bienvenido!

      Tu planteamiento debería responderlo algún periodista cultural. A ver si alguno llega hasta aquí, lo lee y se anima a responderte.

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