‘Mapping’ Taüll 1123, el nuevo efecto Guggenheim

Miradas_desde_la_copa

Es algo muy humano que un proyecto con éxito se tienda a replicar con la ilusión de reproducirlo.

El aterrizaje del Museo Guggenheim reinventó Bilbao desde que se posó como un ovni marciano en la orilla de la ría del Nervión.

En el imaginario colectivo fue un cambio positivo, por lo que otras ciudades del mundo, de Valencia a Abu Dhabi, han tomado buena nota. La fórmula es sencilla: se encarga un edificio singular a un arquitecto mediático con la excusa de inaugurar un nuevo equipamiento cultural. Tanto da que sea una sucursal del Louvre en un emirato árabe que una ciudad de la cultura en lo alto de un monte cercano a Santiago de Compostela. El Jean Nouvel o Peter Eisenman de turno tiene buenos recursos para conseguir el tan ansiado efecto Guggenheim.

Aunque tocar la tecla de la suerte es altamente improbable ni sentando al piano al mismísimo Sam de Casablanca, desde entonces gobernantes de países, regiones o ciudades han repetido una y otra vez aquello de Tócala otra vez, Sam. Todos quieren tener su Guggenheim. Bueno, realmente lo que quieren es el efecto transformador que tuvo el museo en la ciudad vasca.

Algo parecido está pasando con el ‘mapping’ Taüll 1123, del que ya se ha hablado en El video mapping de Sant Climent de Taüll. De la copia aumentada al patrimonio audiovisual o en ¿El Pantocrátor de Taüll quiere volver a casa? (Manel Miró en su blog Raining Stones).

Ha sido tal el éxito de la copia tecnológica para substituir las pinturas murales conservadas en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, que ante cualquier reclamación para que una obra de arte vuelva al lugar para el que fue creada, la fórmula parece ser la de utilizar la abracadabrante palabra de ‘mapping’.

El efecto ‘mapping’ Taüll 1123 está en marcha. A continuación, dos muestras.

En un momento determinado del conflicto por los bienes del monasterio de Sigena entre los gobiernos de Catalunya y Aragón, la prensa se ha hecho eco de la noticia que se barajó la idea de hacer un ‘mapping’ para responder a la restitución de las pinturas murales de la sala capitular (Un pacto catalano aragonés para el arte, José Ángel Montañés, El País).

Más reciente en el tiempo, también ha salido de paseo la palabra mágica para reconstruir los sepulcros de los condes de Urgell en el monasterio de Santa Maria de Bellpuig de les Avellanes, hoy expuestos en The Met Cloisters del Metropolitan Museum de Nueva York (Sepulcres virtuals, Maria Palau, El Punt Avui).

Estas son la declaraciones del director del monasterio, Robert Porta:

El director del monestir va plantejar la idea de fer una reproducció dels sepulcres. Sense descartar del tot la còpia física, es va donar prioritat a una rèplica virtual amb tecnologia d’última generació, per l’estil de l’aplaudit mapping tridimensional de les pintures murals romàniques de Sant Climent de Taüll.

La segunda noticia es la más sorprendente: se habla de una proyección audiovisual para reconstruir piezas tridimensionales. Parece que ejemplos como el del Museu Episcopal de Vic, que lleva años trabajando en réplicas como la del Retablo de la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Cristo de Bernat Saulet, Nuestra Señora de Boixadors o Nuestra Señora de las Nieves no es suficiente.

Para la aproximación surfista entre patrimonio y tecnología (ver Mapa de actitudes ante la relación Patrimonio & TIC), hacer copias con tecnología punta no es lo suficientemente atractivo si no se puede utilizar algún término de moda. En este caso el de ‘mapping’.

A este paso, si no se entiende que lo realizado en Taüll fue algo especial pensado para un problema singular, se caerá en algo que ya alertaba la gran Rocío Jurado: se nos murió el ‘mapping’ de tanto usarlo.

Ampliación del post gracias al papanatismo tecnológico (21/02) 

Hace escasos días, los medios de comunicación se hacían eco de otra iniciativa patrimonial que anunciaba la aplicación de un nuevo ‘mapping’: La tecnologia del mapping reproduirà l’esplendor de la porta dels Apòstols de la Seu Vella de Lleida.

Como ya pasaba con el caso de los sepulcros, aquí también se percibe ese papanatismo tecnológico del que tanto hablo últimamente: se pone como ejemplo de éxito Taüll 1123, cuando hace muchos años, bastantes ya, se ha hecho algo parecido en la catedral francesa de Amiens (Amiens, la cathédrale en couleurs, Skertzò, 1999).

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[Fotos: Athem & Skertzò]

Es igual, el ‘mapping’ de Taüll está de moda…

Bonus track

Iñaqui Esteban: El efecto Guggenheim: del espacio basura al ornamento, Anagrama, Barcelona, 2007.

Santos M. Mateos: “Imprimir y proyectar. Tecnología digital y reproducción de obras de arte”, en Opción, Año 31, núm. especial 6, 2015, p. 461-476.

7 comentarios

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Mapping is the new comic sans. Maquillaje. Cuando la tecnología es un fin en si mismo y no una herramienta, caduca antes aún si cabe.

Ya veremos como envejece el maping de Taull. Donde ayer tenían 4K, si hoy no se tiene 8K, lo vemos como si fueran 64 bits.

Somos muy poco tolerantes con la obsolescencia tecnológica. Y si es un fin y no una herramienta, criticamos el todo.

Wait and see.

Precisamente por todo lo que comentas pienso que hay que preservar la originalidad de Taüll 1123: una copia que cumple con su función (substituir al original conservado en el museo), que al ser una copia aumentada la supera (recreando el proceso de elaboración de las pinturas murales y reconstruyendo como sería la decoración pictórica del ábside en el siglo XII) y que además es una pieza audiovisual con su propio valor artístico.

Los ejemplos de buenas prácticas como es el caso del mapping «Taüll 1123» es normal que susciten iniciativas que las tomen como referencia. El problema para mí radica en que muchas veces lo que se toma como referencia no es la finalidad patrimonial principal del ejemplo (en el caso de Taüll recuperar mediante proyección el efecto estético de los frescos románicos originales) sino el efecto mediático del ejemplo.

Coincido totalmente con Santos. En Taüll la respuesta era un mapping, pero era la respuesta a una situación muy concreta. Aplicarlo indiscriminadamente… será un error.

Carlo Scarpa hizo una intervención maravillosa en el Castellvecchio de Verona y luego hemos sufrido décadas de intervenciones que copian la superficie, no el concepto.

Para Sigena… se me ocurren cosas pero tal como está el nivel de acuerdo entre las partes casi mejor me callo.

Y lo de los sepulcros… es lo que tiene hablar de oidas. Hace dos años hubieran dicho que lo mejor eran los codigos QR y el año que viene que si realidad virtual.

Como siempre, la tecnologia es una herramienta para explicar cosas, no un fin en si mismo. Y a veces la mejor respuesta es una hoja DIN A4 bien impresa, no una app.

PD: «mapping is the new comic sans» jeje. Alex ets un crack.

Bueno, bueno, bueno, después de la perla de Àlex, ahora nos regalas otra, Albert: «Como siempre, la tecnología es una herramienta para explicar cosas, no un fin en si mismo. Y a veces la mejor respuesta es una hoja DIN A4 bien impresa, no una app». A la lista de frases célebres.

Con cariño, Albert 😉
Haciendo diagonal: Curioso el concepto de original y copia. El original de Taüll está en Barcelona. Pero el sistema de copia actual es tan bueno que se considera «el maping original» por ser el primero que se hace en tales dimensiones y en todo un símbolo. Y por eso se ha convertido en el símbolo que es.

Dicho esto, creo que los proyectos digitales tienen una vida más corta. Yo vi Taull 1123 con el lujo de Cristina Castellà como guia y la sala para nosotros solos, pero creo que de aquí 5 o 6 años hará falta una actualización del vídelo. Lo digital, en el fondo, también necesita de mantenimiento.

Comen a parte los mapping de fiestas mayores. Aquí sigo con mi postura de new comic sans o el efecto Prezi. O como diría Homer Simpson cuando quiere ser cineasta, «nunca está de más otra cortinita de estrellas» https://www.youtube.com/watch?v=EuqyN5zndzM

Jajaja, te ha traicionado el subconsciente cuando dices que disfrutaste de la sala solo para ti. No te olvides que es una iglesia, no una sala de cine.
Más allá del fetichismo del original, yo no me canso de recomendar que se visite Taüll para disfrutar del ‘mapping’ (acompañado, si puede ser, por Cristina) y, en cambio, desde que existe no recomiendo que se visite el MNAC. Creo que con este detalle lo digo todo.
Y sobre los ‘mappings’ como espectáculo de luz y sonido, pues efectivamente hay de todo: auténticas joyas que son en si mismas una obra de arte y verdaderas castañas que merecerían un apagón de la ciudad que las promueve.

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