Se alquilan obras maestras. Se pide máxima discreción. Razón: Musée d’Orsay

Musée d’Orsay. Agosto de 2016. Faltan obras, muchas obras. Pero si no lo sabes, no se nota. El museo (entendido como una organización con vida) está, se siente, pero esconde el tema.

Bal du moulin de la Galette [El baile del molino de la Galette] de Auguste Renoir y Olympia de Edouard Manet. Dos pelotazos de la pintura moderna. Dos de esas obras por las que merece la pena ir de romería allí donde estén. La Virgen del Rocío para los devotos del arte moderno. Dos obras maestras que parece han huido del calor sofocante del agosto parisino. En el museo sólo quedan las postales. Y como nos recordaba el crítico Robert Hughes, una postal es al original lo que el teléfono erótico al sexo. El «efecto Cola-Cao» del arte, puro sucedáneo.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Tampoco están La balançoire [El columpio] de Renoir, Le balcon [El balcón] de Manet o L’Absinthe [La Absenta] de Edgar Degas, entre otras muchas.

Reconstruyendo las excursiones de las dos primeras, se puede ver que en los dos últimos años los jóvenes retratados por Renoir se han movido más que cuando acudían al baile. El baile de Renoir ha estado de baile fuera del museo en tres ocasiones, tomando vodka en Moscú, sake en Tokyo y una sangría en Barcelona (sí, efectivamente, la sangría es la bebida oficial para los millones de turistas que nos visitan). En Moscú se expuso en The State Hermitage Museum (del 18 de marzo al 15 de julio de 2015). En Tokyo formó parte de la exposición Renoir : chefs-d’oeuvre des musées d’Orsay et de l’Orangerie, en The National Art Center (del 27 de abril al 22 de agosto de 2016). Y ahora en Barcelona, como pieza estrella de la exposición Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico. Colecciones de los museos d´Orsay y de l´Orangerie (del pasado 17 de septiembre al 8 de enero de 2017).

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La segunda, la Olympia de Manet, estaba en The State Hermitage Museum para la exposición Edouard Manet. ‘Olympia’. Theme and Variations (del 30 de julio al 30 de octubre de 2016).

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En resumen, dos obras maestras ausentes durante bastantes meses, que no conocerán los miles de visitantes que tendrá el museo durante su ausencia. Perdón, sí las podrán conocer si telefonean a una línea erótica. Perdón otra vez, si se compran alguna de las múltiples postales que se venden en sus tiendas.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Cómo ya preguntaba en el post La desaparación de las líneas rojas en la gestión de los museos, ante el caso de la cesión temporal del Museo Nacional del Prado de La maja vestida al Museo Nacional de Arte Occidental de Tokio y a la Obra Social «la Caixa»:

¿Debe un museo alquilar temporalmente una de sus obras maestras?

La cesión de obras entre museos ha sido una práctica normalizada desde hace bastantes décadas. Una práctica que ha cambiado en los últimos años con la irrupción de fundaciones de bancos y empresas: ahora también entran en ese juego los centros expositivos de esas fundaciones.

Y esos centros expositivos han entrado ofreciendo algo que los museos necesitan urgentemente: dinero. Los museos ceden sus obras a esas fundaciones a cambio de una compensación económica, y no por el tradicional intercambio de cromos (léase el intercambio de obras entre museos).

Cuando la situación respondía y responde a esa normalidad comentada, el museo que cede la obra coloca un aviso en el espacio que ocupa la obra viajera, informando al visitante de la razón que justifica la ausencia. Por ejemplo, el Museo Lázaro Galdiano informaba que su obra Meditaciones de San Juan Bautista del Bosco estaba cedida en préstamo al Museo Nacional del Prado durante la celebración de la exposición El Bosco. La exposición del V centenario.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Que, cuando una de esas obras maestras sale del museo, se redistribuyan las piezas de la sala en la que se expone y, por supuesto no exista ningún tipo de información, ¿no es un indicador que demuestra la mala conciencia del museo que prefiere no informar al visitante?

Eso es precisamente lo que está pasando en el Musée d’Orsay, un museo en alquiler que cede sus obras maestras y, al no informar a sus visitantes, comete algo muy grave en una institución cultural: miente.

Ahora, para acabar, formularé la pregunta de otra manera:

¿Cómo visitante del Museo Nacional del Prado, entenderías no encontrarte Las Meninas de Velázquez?

¿Cómo visitante de los Uffizzi, entenderías no encontrarte El Nacimiento de Venus de Botticelli?

¿Cómo visitante del Louvre, entenderías no encontrarte La Gioconda de da Vinci?

Bonus Track

Jesús Rodríguez y Carlos Spottorno: El negocio de los grandes museos, El País Semanal, 02 de octubre de 2016.

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