El arte urbano como síntoma de nuestra salud artística

Plaça de Sant Agustí Vell de Barcelona. Fuente de la Marieta de l’Ull Viu. Maravillado por una muestra de arte; de arte en la calle.

Miradas_desde_la_copa[Foto: Miradas desde la copa]

A primera vista, es evidente que hay varias manos. Aunque cada vez me interesa más lo que pasa en la calle (inversamente proporcional a mi creciente desinterés por lo que pasa en el museo de arte contemporáneo), no conozco demasiado la obra de los artistas que trabajan por Barcelona, por lo que toca informarse para entender cómo se ha ido materializando la obra de la fuente.

Y buscando información puedo reconstruirla para darme cuenta de la realidad de éste tipo de arte y, por extensión, de nuestra salud cultural.

Un arte dinámico y efímero.

El primer artista que puso sus pinceles sobre la fuente fue el lituano Ernest Zacharevic. Y lo hizo en 2014 pintando tres palomas: dos vivitas y aleteando, sobre un par de surtidores y otra, muerta, bajo el tercero.

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[Foto: Ernest Zacharevic]

Un arte censurado.

Alguien de la brigada municipal debió considerar curiosas las dos palomas vivas e indecorosa la muerta. El resultado: se mantuvieron las primeras y se borró la última. Curioso, ciertamente curioso que ante algo que las ordenanzas municipales consideran como ilegal pueda estar sujeto al criterio estético del que lo persigue. Un criterio estético en el que seguramente encaja el estilo realista de las palomas de Zacharevic.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Una censura que afila el ingenio de los artistas.

A partir de la primera desaparición, se sucedieron sobre el surtidor vacante todo tipo de animales realizados por el extremeño Francisco de Pájaro. Y como ya había pasado con la paloma desaparecida, fueron desapareciendo uno a uno bajo la pintura gris de la brigada municipal.

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[Foto: Mia Font, 4Colors]

Finalmente aparece en escena el tercer artista, Stöke, cuyo gato acechando a las palomas (realizado con la técnica del stencil), pareció gustar al juez municipal.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Esa aceptación desencadenó la última acción, seguramente la más interesante: Francisco de Pájaro enmarcó a las dos palomas y les puso vigilancia policial. Ironía.

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[Foto: Miradas desde la copa]

En el otro extremo, pintaba a un grupo de animales descacharrados que, manifestándose, reclamaban su derecho a existir aun siendo feos. Más ironía.

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[Foto: Miradas desde la copa]

La censura y la decisión arbitraria del responsable municipal aguzaba al ingenio del artista extremeño, permitiendo un conjunto artístico realmente llamativo.

Conjunto que finalmente ha desaparecido.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Como algún colega me ha recordado, el arte urbano es efímero y no es bueno patrimonializarlo. Al hilo, resulta paradójico que mientras se borran obras como la comentada, se reconstruyen otras como el mural contra el SIDA de Keith Haring. Como ya comenté en el post Escaparatismo. La política patrimonial y museística de Barcelona, el Ayuntamiento actuó en ese caso como el Dr. Frankenstein, creando un verdadero monstruo.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Aunque es cierto lo que me comentan, muy cierto, también lo es que Barcelona es hoy un poco más fea, un poco menos interesante, un poco menos Barcelona.

¿El arte urbano tiene que ser sólo arte en la calle?

Para responderla no hay que acudir a la amplia literatura sobre el tema. Basta con conocer las inquietudes de dos de los artistas que han participado en la obra comentada (Ernest Zacharevic y Francisco de Pájaro) o de Miss Van.

Es más que probable que Zachas no hubiese pisado Barcelona (y por extensión no hubiese hecho las tres palomas) de no haber sido invitado por la galería Montana Gallery Barcelona en 2014 (que acogió su exposición ‘Piedra, Papel, Tijera!’). En un vídeo promocional de la muestra, deja claro que se siente cómodo trabajando en la calle y fuera de ella. De hecho, una de las piezas de la exposición era una versión indoor de las tres palomas de la fuente.  

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[Foto: Montana Gallery Barcelona]

En cambio, Francisco de Pájaro, en una entrevista en Lemon y Coco, deja muy claro que su hábitat natural es la calle y que no es un artista, es un obrero que renuncia a exponer en galerías.

La tercera artista, la francesa Vanessa Alice Bensimon (conocida como Miss Van), está exponiendo ahora mismo su obra en un museo, El viento en mi pelo en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga.

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[Foto: Miss Van]

En unas declaraciones recogidas en Málaga Hoy, decía:

No me considero una artista urbana, sino alguien que pinta tanto en el estudio como en la calle. Cuando empecé a trabajar en las paredes al aire libre yo iba con mis pinceles. Muchos me criticaban, me decían que aquello no era lo adecuado para el arte urbano, pero es que para mí no había distinciones entre irme a un muro o quedarme en mi estudio”.

La clave para entender el conflicto entre outdoor & indoor nos la ofrece el comisario de la muestra, Fernando Francés, cuando comenta en un artículo de El Mundo:

No hay que pensar en ella como una artista de calle, sino como una artista que a veces pinta en la calle y la mayoría de las veces en su estudio, pero el discurso que utiliza en el estudio no es diferente al de la calle.

Tres artistas para dos maneras de entender el arte urbano. Ambas totalmente válidas desde el respeto a la libertad individual.

En el terreno de lo personal, me interesa más éste tipo de arte en la calle que entre las cuatro paredes de una galería o un museo. Pero parafraseando el lema de la Secession, a cada tiempo su arte, y a cada artista urbano su libertad.

Bonus Track

Ernest Zacharevic

Francisco de Pájaro

Miss Van

Mia Font: El tercer grifo, 4Colors, 12 de junio de 2015-13 de julio de 2016.

Jordi Barceloneta: BCNeta censura sin criterio, Barcelona Street Art, 09 de enero de 2016.

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