La exposición del Bosco, un tríptico de la museología actual

Magna, irrepetible, cita excepcional [la exposición]

Fascinante, onírico, desbordante [el artista]

Fijadas algunas hipérboles sobre la muestra y los clásicos adjetivos que se le regalan a El Bosco, que nadie espere aquí una crítica artística. Me interesa para ilustrar determinados síntomas museológicos que tienen que ver con la gestión y la museografía, y por los intereses de éste blog, con la comunicación global (la mediación cultural y la comunicación). Un magnífico hilo que me permite hilvanar diversos temas que me (pre)ocupan últimamente.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Tabla central. Sobre gestión o mucho más que una exposición temporal

Sin duda es uno de los puntos fuertes del proyecto conmemorativo: la exposición no deja de ser una pieza más de un gran puzle.

Además de un nutrido número de actividades (conferencias, música, cine, etc.), hay tres piezas más que componen el puzle: el cómic El tríptico de los encantados (una pantomima bosquiana) de Max, el documental El Bosco, el jardín de los sueños de José Luis López-Linares y la videoinstalación Jardín Infinito del artista Álvaro Perdices y el cineasta Andrés Sanz (a partir del 4 de julio).

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Sigue en ello la estela de museos como el Louvre, que hace tiempo apostó por este tipo de medios. Y lo hace por la puerta grande, dejando esos proyectos en manos de reputados profesionales como Max o José Luis López-Linares.

En éste aspecto, mi más sincera y efusiva felicitación al Museo Nacional del Prado. Como buque insignia de la museística española, abre ruta para que el resto de la flota se inspire. ¡Enhorabuena!

Tabla izquierda. Sobre museografía o casi todo sigue igual

Aunque Miguel Falomir, Director Adjunto de Conservación e Investigación del Museo Nacional del Prado, se esfuerce en explicar el montaje (en éste vídeo), es un planteamiento clásico. Con un poco de gracia en la arquitectura efímera, pero clásico al fin y al cabo. Ahora bien, si se compara con lo que vienen haciendo, sin ir más lejos en el montaje de la muestra George de La Tour (1593-1652), se percibe un pequeño avance. Muy pequeño, la verdad, aunque el museo lo catalogue de sorprendente y excepcional en la nota de prensa.

El museo ha superado con nota el reto de exponer los diferentes trípticos (aunque por el camino se hayan olvidado de alguno, como el Tríptico de Job procedente del Groeningemuseum de Brujas), isolados de tal modo que se pueden ver las puertas (algo que normalmente se nos escamotea).

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Más allá de éste detalle, la exposición es museográficamente clásica. Incluso en algunos aspectos, como la vitrina en la que se muestran el Retrato de Engelbrecht II, conde de Nassau, el Libro de horas de Engelbrecht II de Nassau y el manuscrito Les visions du chevalier Tondal, son directamente indignos de una exposición como ésta.

En el terreno de las expectativas personales, y viendo como se había resuelto el tema de los trípticos, esperaba encontrar alguna fórmula museográfica interesante en la Mesa de los Pecados Capitales. Pero siguiendo el tono general, la fórmula es clásica.

Sería aconsejable que alguna de las respuestas museográficas puestas en marcha temporalmente, como la colocación isolada de los trípticos, se aplicasen cuando obras como El Jardín de las Delicias vuelva a su lugar de exposición permanente. Una obra así no puede volver a aquel garito como si nada hubiese pasado, privando al visitante del exterior de las puertas.

En este aspecto, sería interesante que el museo comprobase seriamente algo que percibí durante mi visita: la mayoría de visitantes que se agolpaban para mirarlos, prácticamente ni se paraba para ver la decoración exterior de las puertas.

Tabla derecha. Sobre comunicación global

Sobre mediación cultural o el gap entre lo offline y lo online

No puedo empezar éste apartado sin una felicitación. La edición de un pequeño libreto con los textos explicativos de cada obra, que normalmente se colocan en las cartelas, es ser consciente del tipo de muestra que se tiene ‘entre las salas’ y tomar medidas para avanzarse a un problema de circulación y aglomeración.

Por lo demás, sirva como ejemplo la radiografía y reflectografía infrarroja del tríptico de El Jardín de las Delicias: pudiendo ser un plus de lo más interesante, se queda corto en su intento por aportar contenidos de valor para muchos visitantes, pues ni la colocación de los textos ni su desarrollo lo consiguen.

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Otro dispositivo de mediación puesto a disposición del visitante (previo pago de 3,50 €) es una audioguía. Más allá del valor de las audioguías (que no discuto), sorprende que un museo cómo el Prado, últimamente muy receptivo a la experimentación con nuevas tecnologías, siga anclado en el siglo XX.

No acabo de entender que online ofrezca cosas tan y tan interesantes como El Bosco. Una historia en imágenes, recurso interactivo con imágenes y textos (scrollytelling* se le llama a la criatura) y offline sean tan rematadamente clásicos.

El catálogo es un buen ejemplo para explicar y entender esa falta de innovación en “viejos” medios de mediación cultural. Con su diseño del siglo XX, está claro que no pasará a la historia de un “viejo” medio como el libro. Si la conmemoración del V centenario de la muerte del Bosco es para el Prado un gran proyecto, de esos que se recordarán, no puedo entender que el mimo que se ha dedicado a otras cosas no lo merezca también el catálogo, una de las pocas cosas tangibles que quedará para el futuro.

El gap entre los “viejos” y los “nuevos” especímenes de mediación cultural empieza a ser un verdadero problema para los museos. Aunque no hay mal que por bien no venga: cómo problema, es un reto más para sus gestores.  

Sobre comunicación o matando moscas a cañonazos

El despliegue publicitario de la muestra es apabullante. Sólo en las estaciones de Atocha (Madrid) y Sants Estació (Barcelona) es realmente abrumador.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Tengo serias dudas que el tipo de publicidad informativa que caracteriza al Prado tenga eficacia; ahora bien, no tengo ninguna en otro aspecto fundamental: la eficiencia brilla por su ausencia. Hoy en día, en términos comunicativos (y también publicitarios) se puede conseguir mucho con poco.

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[Foto: Miradas desde la copa]

De hecho, creo que tamaño despliegue es incluso ofensivo. Especialmente cuando sabes que sólo por la compra de espacios en medios de comunicación social para 2016 se paga a una agencia de medios más de doscientos mil euros.

La publicidad del Prado es como el músculo de un culturista, pensada para impresionar.

Cierre del tríptico

Para concluir, y siguiendo para ello el clásico titular de prensa, no dudo que la exposición El Bosco. La exposición del V centenario del Museo Nacional del Prado será la muestra del año. Aunque sólo sea por ser la más completa entre las realizadas hasta hoy, al contar con más de un 75 % de la producción conservada del hombre-árbol de ‘s-Hertogenbosch.

* Mousewheel + Stories = Scrollytelling

Exterior de las puertas o Bonus track

El PaísEspecial interactivo.

Fernando Marías: El Bosco, artista de invenciones, El Cultural, 20/05/2016.

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