Mapa de actitudes ante la relación Patrimonio & TIC

Hace unas semanas, la directiva de la Asociación para la Interpretación del Patrimonio me invitó a participar como ponente en sus XV Jornadas, organizadas del 10 al 13 de marzo en el Museu d’Història de Catalunya (Barcelona). El tema de las jornadas era la Interpretación del patrimonio en la era digital y el encargo que me hicieron era claro: plantear críticamente la relación entre patrimonio (cultural y natural) y tecnología.

De entre todo lo comentado, creo que merece la pena compartir el mapa que dibujé para explicar las actitudes ante la tecnología de los profesionales de la gestión patrimonial.

Miradas_desde_la_copa

Los submarinistas: son los que profundizan críticamente en la incidencia que tiene la tecnología en el ámbito del patrimonio, entendiendo crítica como el análisis pormenorizado del tema para valorarlo según criterios propios de la materia de que se trata.

Los nadadores: sufren de papanatismo, ya que admiran la tecnología de manera excesiva, simple o poco crítica. Como me comentó Marcelo Martín, en esta categoría puede plantearse una subcategoría: la del nadador que hace snorkel de tanto en tanto.

Los surfistas: son superficiales, frívolos, sin fundamento. Hablan del tema por puro esnobismo: ya sabemos que hoy en día todo lo que tenga que ver con tecnología «vende». Utilizan de forma insistente palabras abracadabrantes como storytelling, engagement, y otros anglicismos.

Aviso para navegantes: los últimos no tienen cura. Y tú, ¿qué eres?

Mapa de actitudes ante la relación Patrimonio & TIC. Versión ampliada y mejorada

Gracias a la tecnología, mi aproximación se está mejorando día a día gracias a la colaboración de otros colegas que han querido compartir públicamente sus ideas. Un buen ejemplo del diálogo y la cocreación que permiten plataformas digitales como el blog.

Al planteamiento inicial se unen tres categorías más, creadas por Juan Carlos Utiel (Uti) y José Luis Hoyas.

Los hidrofóbicos: podrían ser los que ante cualquier atisbo de “nueva” (para ellos) tecnología, salen corriendo tierra adentro y no llegan ni siquiera a plantearse su utilización, o lo que es lo mismo: no se mojan. Siempre estarán al borde de ser una especie en peligro de extinción, ya que las tecnologías avanzarán mucho más rápido que ellos en su puesta al día (por narices) con ella (”¿para qué quiero Internet?”, “el móvil sólo lo uso para llamar”… etc.).

Los ahogados: podrían estar dentro de las tres clases de actitudes, como factor de riesgo, cuando se desequilibre excesivamente la relación Patrimonio/Tecnología. Esto podría suceder al aumentar el denominador por excesiva profundización y mala descompresión o por nadar demasiado lejos de la orilla, también por apnea excesiva (snorkel), o por romperse la tabla, directamente.

Los chiringuiteros: están en el chiringuito, porque no son muy de playa; además para llegar al agua hay que cruzar la arena. Querrían ser submarinistas (que es lo que más mola y lo que les pide el cuerpo), pero la pereza, el miedo escénico o la comodidad les lleva como mucho a nadar un ratito o a subirse a la colchoneta hinchable. Algunos de ellos nadan mal, les da miedo el agua o se ven mayores para surfear. Como se fijan mucho controlan toda la playa, saben quién va y quién viene y dónde se hace el mejor espeto.

Lo dicho en los comentarios, el crecimiento del post inicial hace que plantearse éstas y otras ideas merezca la pena.

Por regalarme unas perlas: gracias Uti; gracias José Luis.

Por comentar el post: gracias Marcelo, Marta, Manel, Carlos y Vàngelis.

26 comentarios

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Pues, sinceramente, debo ser un binomio entre submarinista y nadador con snorquel, así que tiendo más a la apnea xD

Como soy tan pesado me es más fácil hacer de submarino aunque por el mismo motivo me cuesta salir a la superficie y tiendo en exceso al recogimiento. Envidio de los surfistas lo bien que quedan en los vídeos y lo útil que es éso en la vida.

Hay que reconocer que ser surfista tiene mucho valor, hay olas que pueden acabar con tu vida, y siempre hay una rubia que te espera en la playa mientras suena una canción de beach boys.

Manel, piensa que a los surfistas, como a los camarones, se les lleva la corriente.

Lo bueno de ser pesado es que uno se sedimenta en el fondo y queda ahí, siempre disponible.

Me siento a mirar de la playa, tomar sol, mirar las aves y ver que carajo hacen los que tiran basura en la playa…cuando no estoy cansado la levanto de la playa. Creo que todavía por estos lares la tecnología esta en alta mar, solamente los que tienen bote muy preparado pueden llegar…pero son pocos. Los que hay por aquí son demasiado sufistas. Santos se le admira por aquí…

Carlos, grata sorpresa encontrarte, aunque sea bits mediante.

Necesaria reflexión la tuya, sí señor. Es cierto, y yo lo reconozco públicamente, que nuestra mirada es miope, muy centrada en el viejo continente. La mía se enriquece cuando cruzo el charco y veo otra realidad. He de decirte que en mi último viaje por tu continente (a Colombia) viví una de las mejores experiencias museísticas de mi vida gracias al Museo del Oro de Bogotá.

Saludos desde el otro extremo del Atlántico.

¿No faltarían los «ahogados» y los que «ni se meten al agua» o «hidrofóbicos»? Excelente planteamiento, una pena no habernos visto y comentado este aspecto. Pero por lo menos te vi por el periscope.

Jajaja, por supuesto, es un mapa incompleto que ya desde el primer momento recibió la aguda aportación de Marcelo y ahora la tuya, Uti. Una muestra más de lo magníficas que son la tecnología y las redes sociales.

Un par de preguntas: ¿los «hidrofóbicos» serían los tecnófobos? Y, ¿como definirías a los «ahogados»?

Exacto, los hidrofóbicos (o como bien dices, tecnófobos) podrían ser los que ante cualquier atisbo de «nueva» (para ellos) tecnología, salen corriendo tierra adentro y no llegan ni siquiera a plantearse su utilización, o lo que es lo mismo: no se mojan. Siempre estarán al borde de ser una especie en peligro de extinción, ya que las tecnologías avanzarán mucho más rápido que ellos en su puesta al día (por narices) con ella («¿para qué quiero Internet?», «el móvil sólo lo uso para llamar»… etc.).

Los ahogados podrían estar dentro de las tres clases de actitudes, como factor de riesgo, cuando se desequilibre excesivamente la relación Patrimonio/Tecnología. Esto podría suceder al aumentar el denominador por excesiva profundización y mala descompresión o por nadar demasiado lejos de la orilla, también por apnea excesiva (snorkel), o por romperse la tabla, directamente.

Seguiremos pensando en ello, que no es fácil explicarlo con palabras…

Magnífico, Uti, muchísimas gracias por tu aportación.

Redactaré una segunda parte del artículo con tu aportación y otras de otros colegas que están de camino.

Aquí va un abrazo hacia Lerma.

Me gustaría ser submarinista pero estoy en la orilla viendo como nada y surfea la gente. De hecho me da respeto el mar, aunque mientras haya Beach Boys y birras…

«Chiringuiteros»

Están el chiringuito, porque no son muy de playa; además para llegar al agua hay que cruzar la arena. Querrían ser submarinistas (que es lo que más mola y lo que les pide el cuerpo), pero la pereza, el miedo escénico o la comodidad les lleva como mucho a nadar un ratito o a subirse a la colchoneta hinchable. Algunos de ellos nadan mal, les da miedo el agua o se ven mayores para surfear. Como se fijan mucho controlan toda la playa, saben quién va y quién viene y dónde se hace el mejor espeto.

Excelente planteamiento José Luis. A este paso llegaremos a otras subespecies presentes cerca de la arena. El primero que me viene es el «Macarra de playa», que intentando lucirse, sólo consigue hacer el ridículo.

Pues venga, Vàngelis y José Luis, nombre y breve definición de esa nueva categoría. Haré una segunda parte con todas vuestras aportaciones.

Esto es lo magnífico de este medio: permite el diálogo y eso que los surfistas nombran mucho pero solo practican de forma (asquerosamente) interesada: la ‘cocreation’.

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