El sueño de exposiciones temporales abiertas 365 días al año es una realidad

Desde 1990 me persigue un fantasma: la exposición temporal de Velázquez que le dedicó el Museo Nacional del Prado. La Venus del espejo, La vieja friendo huevos o El aguador de Sevilla juntos en un mismo espacio. Por desgracia para mí, no fui uno de los más de 600.000 visitantes que pudieron disfrutarla.

Desde entonces me persigue el fantasma del hic et nunc del que habla Walter Benjamin en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, el aquí y ahora de este tipo de actividad museística. Como su nombre indica, las exposiciones temporales han sido tradicionalmente actividades de vocación efímera: tienen fecha concreta y planificada de nacimiento y defunción.

Bueno, debería decir que me perseguía. Unos años después de aquella experiencia traumática con Velázquez, ya en 2009, cuando todo parecía indicar que me volvería a pasar lo mismo con la exposición de Francis Bacon, navegando por el pegamento digital de internet me topé con una maravilla: la versión online que había diseñado la Tate Britain, un regalo para los que no habíamos podido visitar la muestra en ninguna de sus tres sedes (el Met y Nueva York, la Tate Britain y Londres y el Museo Nacional del Prado y Madrid).

Miradas_desde_la_copa

Y es que con la irrupción de internet las cosas has cambiado: gracias al diseño y puesta a disposición de los internautas de las versiones virtuales en línea de esas exposiciones temporales, el adjetivo “temporal” ha pasado a ser una realidad relativa. Paradójicamente, estas exposiciones temporales virtuales subvierten el propio adjetivo que caracteriza esta actividad cultural, pues al estar siempre disponibles en la www eliminan definitivamente su carácter efímero: si la exposición física tiene un inicio y un final concretos, la exposición online está abierta las 24 horas del día de los 365 días del año.

En el artículo Museums and online exhibitions: a model for analysing and charting existing types, que he publicado con mi colega Arnau Gifreu en la revista Museum Management and Curatorship, proponemos un modelo de análisis y analizamos sus principales características, cartografiando las tipologías de exposiciones online existentes en los museos de arte.

En la actual fase de desarrollo del museo virtual, y como cabía esperar, la actividad estrella de este tipo de equipamientos culturales, la exposición temporal, también tendrá su reflejo virtual. Aunque lamentablemente todavía de forma un tanto tímida, alguno de los museos de arte de referencia internacional ya tienen un programa de exposiciones temporales virtuales disponible en su portal web institucional (el Museo Thyssen-Bornemisza), aunque la mayoría por ahora sólo plantean la versión virtual de alguna de ellas (como el MoMA, el Musée du Louvre o la Tate). Bien es cierto que son una selecta minoría, pues otros museos, como el Metropolitan Museum of Art, el Centre Pompidou, el British Museum o el Museo Nacional del Prado, ni tan siquiera disponen de alguna exposición online.

Después del análisis efectuado y los resultados obtenidos, presentamos como principal conclusión una propuesta de tres posibles modelos de exposiciones online que los museos pueden ofrecer al internauta:

Modelo espejo: ofrece un tipo de navegación automática, que guía al usuario en el modo de visita virtual. Lineal en esencia, restrictivo en relación a la navegación e interacción con las obras. Ejemplo: “Impresionismo Americano” del Museo Thyssen-Bornemisza.

Modelo hipermedia: ofrece un tipo de navegación con estilo mosaico y exploración libre. No lineal en esencia y ramificado. Ejemplo: “Van Gogh and the Colors of the Night” del MoMA.

Modelo narrativo: ofrece un tipo de navegación a medio camino entre la libertad y la restricción. Se acompaña en la navegación, se sugieren caminos pero existe cierta libertad para modificar comportamientos. Ejemplo: “Monet 2010” de la Réunion des musées nationaux – Grand Palais.

Parafraseando a Werner Schweibenz, “The online exhibition is no competitor or danger for the “brick and mortar” exhibition”. Al contrario.

Las exposiciones online son potentes amplificadores al servicio del poder divulgador del museo; que además tienen como valioso algo que comentaba en una entrevista Glenn D. Lowry, director del MoMA: se pueden hacer cosas que en el entorno real no son posibles.

Para conseguir que las exposiciones online sean esos potentes amplificadores de los museos, se deberían explorar y explotar las singularidades y posibilidades del medio digital, algo que la literatura científica viene reclamando desde hace casi dos décadas. Basta leer algunas citas de autores como Marc Tinkler & Michael Freedman: “All successful online exhibitions exploit the qualities of the digital medium, and use them as opportunities to explore areas that would otherwise be impossible in a physical museum environment”; Jonathan Bowen: “Do not try to re-create the ‘traditional’ museum experience. The Web is a different medium with its own strengths and weaknesses, which should be exploited to enhance the virtual visitor experience”; y Álvarez, Portús & Vives: “Debemos poder visitar exposiciones virtuales que no sean mera reproducción de su homóloga física. Internet es un nuevo medio de expresión que necesita nuevas formas de comunicación. ‘El medio es el mensaje’.”.

Por todo ello, creemos que la tipología de exposición online que más se adapta al usuario del siglo XXI es aquella que sabe combinar un recorrido más tradicional (por la sala recreada o con otra metáfora gráfica) con una propuesta más acompañada-narrativa donde se guíe de una forma más lineal al usuario, proponiendo retos, juegos y, en definitiva, convirtiéndola en algo más que en una simple réplica más o menos exacta de la exposición física.

Ahora solo falta que los gestores de los museos crean de forma sincera en la potencialidad del medio digital. ¿Quién sabe si algún día los museos solo diseñarán exposiciones para el medio digital? Mientras tanto, el fantasma del hic et nunc seguirá asolando a los amantes de los museos.

10 comentarios

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Muy buenas reflexiones, Santos. Como siempre, un post tipo #algúhohaviadedir. Y la verdad es que hasta la fecha, muchos de los museos que se han lanzado al mundo expositivo online lo han hecho siguiendo el modelo «espejo» o, en el caso de los más aventureros, «hipermedia».

Eso sí, a una gran mayoría nos gusta que añadan los ingredientes que citas: retos, juegos e incentivos. Todo bien agitado y servido con una buena experiencia de usuario, un buen diseño y rigor documental.

Precisamente estos días ha salido un post sobre galerías virtuales de arte, que le dan un toque 3D a estas exposiciones online: http://www.razgo.net/blog/galerias-virtuales-arte-online/

Un saludo!

Dani.

Es un tema que me interesa especialmente desde que me topé con el caso que comento de la exposición de Francis Bacon: el Museo del Prado y el Met no hicieron nada, pero la Tate Britain planteó una versión online que a mí personalmente me gusta. Sin duda el ejemplo más potente es Monet 2010: una verdadera locura. Desde entonces la cosa ha avanzado poco, muy poco.

Por cierto, como ya comenté en el post Exposiciones virtuales: la muerte de la temporalidad, el Museu Episcopal de Vic es el único museo catalán de arte que dispone de un proyecto de este tipo.

Gracias por el enlace. Lo miraré con cariño. ¡Saludos!

Buena reflexión Santos.

Me gustaría ir un poco más allá y debatir no ya sobre las bondades de la exposición virtual sino sobre la necesidad de la exposición física cuando esta pueda ser mostrada de una mejor manera en formato digital. Temas a tener en cuenta:

-Exposiciones sin originales: Cada vez es más frecuente visitar exposiciones donde hay mucha impresión en gran formato, historias a explicar pero poco material original. Poca «obra». Si no hay obra original, ¿qué me motiva a desplazarme? Hay muchos formatos para explicar historias. El «hic et nunc» que mencionas, con reimpresiones desaparece.

– Recorrido: Una expo física te obliga a hacer un recorrido (más o menos rápido, eso ya depende de uno mismo) y una expo digital se puede cerrar a un clic. La tentación de abandono puede ser mayor y a lo mejor todavía no estamos habituados, es cierto. Pero una expo física la visito una o dos veces y una virtual la puedo ir consumiendo a pedacitos a lo largo de diversos días. Ahora un podcast mientras cocino, luego veo unas imágenes en la tableta, en el tren leo un texto sobre la expo. No se trata tanto de la mera web sino de la disponibilidad del relato, que ya no necesita el espacio físico para ser transmitido.

– Experiencia: Los defensores del espacio físico relatan la experiencia vital de visitar expo. Yo digo: la experiencia para mí es ponerme delante del original. Para todo lo demás: Internet, que a mí me cuesta leer textos en pared, y que para ver facsímiles mal imprimidos prefiero ver versiones digitales desde casa en pijama tranquilamente. Y no importa si vivo en Barcelona o en un pueblo a 350 km.

-Vínculo con la organización: Se dice que una expo física incluye todos los lazos con la institución que la acoje, la «marca» implícita, mientras que la versión web no transmite esta información. Yo no lo tengo tan claro. ¿Existe el concepto de web temporal viajera? Por ejemplo: La expo «making Africa del CCCB» viene de otro museo donde hicieron una muy buena web temporal. Veremos qué pasa, como se adapta, aprovecha el contenido digital.

– Fondo de catálogo: Cuando una expo digital es muy «profunda» en número de objetos, hay gente que tiene la sensación de sufrir el «efecto Netflix» -> estar más rato mirando menús de películas que eligiendo una. Pero yo digo que eso ya nos pasaba en los videoclubs físicos, en las bibliotecas y en las librerías. Nos encanta «remenear» en el fondo de catálogo y escoger sólo al final. Una buena expo digital permite esta experiencia mucho mejor que una expo física.

Conclusión:
Una expo presencial tiene que tener un reclamo «hic et nunc», explicarlo mediante un buen relato que me incite a desplazarme físicamente. Para todo lo demás, Internet.

Bueno Kip, abro fuego limitándome a la primera de tus ideas, a la espera que más colegas se animen y participen.

Sobre exposiones sin originales: yo diría que depende del planteamiento de la exposición (su diseño museográfico).

Si es solo «museografía de la vitrina, el clavo y la peana», está claro que los originales son obligatorios: no me imagino una exposición como «Incólume. Bodegones del Siglo de Oro» del MNAC sin ellos.

Ahora bien, si se ha hecho un trabajo de diseño expositivo, no siempre lo son: pienso ahora en la exposición «Miserachs Barcelona» del MACBA. No los hay (más allá de algún ejemplar del libro al final del recorrido), pero visitarla físicamente es lo que permite disfrutarla 100 %.

Aquí coincido con Santos y es que «Miserachs Barcelona» me pareció muy interesante por esta mezcla de reproducción, interpretación de una obra publicada y experiencia (de hecho, creo que junta dos de los puntos de Kippelboy: «sin originales» y «experiencia»). El efecto museográfico que trabajaron para que el visitante se viera immerso en el libro de Miserachs era, para mi, el reclamo.

Pero bien, como trabajos creativos que son, u ofrecen ese elemento que nos lleve a arrastrarnos hasta el museo, o mejor internet.

Oye Vang, ¿»aquí coincido con Santos» quiere decir que en lo demás no?

Bueno, por lo que leo, finalmente visitaste la exposición de «Miserachs Barcelona» y aquí también me das la razón sobre lo que te comenté sobre ella. ¿O no?

Perdón, he pulsado alguna combinación de teclas fatídica y el comentario se ha enviado antes que lo hubiera terminado. Decía que coincido más contigo que con Kippel, al menos en este debate. Por lo demás, ya lo sabes, nos une una larga carrera que va de los límites del Hospi a un instituto en los límites de Barcelona.

Pero a lo que iba: un día me preguntaste si creía que «Miserachs Barcelona» se podía entender como una experiencia interpretativa en sí. Creo que es una experiencia que va a buscar que cada uno viva un libro de una manera muy experiencial. Tengo una duda, es si realmente es una exposición que tenga un contenido. No me lances un zapato todavía, me explico: creo que la exposición es una excelente revisión de un libro, puedes ver el trabajo que hizo Miserachs y demás, pero realmente tengo dudas de si pretende ir más allá, canviar actitudes, generar reflexiones, conectar un conocimiento existente en la cabeza del visitante con alguno que ofrezca, etcétera.
Ei, y por otro lado insisto en que era una exposición brutal!

Jajaja, tranquilo que ya tengo varios zapatos apalabrados para otros y otras.

Interesante comentario sobre «Miserachs Barcelona». Tanto que te tendré que regalar algo: ¿un par de zapatos?

Pienso tranquilamente en él (en tu comentario, no en los zapatos).

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