Patrimonio en alquiler

Hojeando el periódico, me topo con este anuncio por palabras:

Se alquila patrimonio.
Ideal empresas.
Razón: Barcelona.

En ese momento justo, me despierto de un respingo. Era una pesadilla de esas que te hacen sudar hasta por el rabillo del ojo.

Recuperado del susto, consulto mi cuenta de Twitter y me encuentro con esto:

La realidad supera a la ficción. La ciudad de Barcelona ha emprendido una peligrosa deriva en los últimos años, poniendo el patrimonio cultural de la ciudad a disposición del mejor postor.

Cuando hace algo más de un año hablaba de la desaparición de determinadas líneas rojas en la gestión de los museos (aquí), a raíz del cierre del Museu Nacional d’Art de Catalunya para celebrar el enlace matrimonial de la sobrina del magnate del acero Lakshmi Mittal, algunos me tildaron de alarmista. Algo que también pasó cuando durante todo el pasado 2014 denuncié públicamente la transformación de la Pedrera en una simple valla publicitaria gracias a la complicidad del propietario del edificio, la Fundació Catalunya-La Pedrera y el gobierno municipal (aquí, aquí y aquí).

El paso del tiempo pone a cada cual en su sitio. Aquello que pasó (el alquiler a un particular de un equipamiento público, cerrándolo todo un día, y la transformación de un monumento en soporte publicitario), ha vuelto a ocurrir. Cuando se abre la veda es solo cuestión de tiempo que vayan cayendo mansamente otras piezas.

Ahora volvemos a «disfrutar» de una lona publicitaria sobre otro edificio monumental, la Pia Almoina (Bien Cultural de Interés Nacional, como la Pedrera), y durante seis días permanecía cerrado el Pabellón Mies van der Rohe por la celebración en su interior de un evento empresarial privado.

#BarceLONA, capital mundial de las lonas invasivas

Venecia, Roma, Milán, París y Barcelona. Con la nueva lona publicitaria que tapa el andamio de la Pia Almoina, está claro que Barcelona tiene ya el curioso privilegio de formar parte de las ciudades europeas que no tienen empacho en convertir sus monumentos en restauración en grandes vallas publicitarias.

Miradas_desde_la_copa

Miradas_desde_la_copa

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[Fotos: Miradas desde la copa]

El nuevo caso de Poster Domination no sólo tiene un impacto visual negativo en un entorno patrimonial como el de Pla de la Seu, sino que además transgrede la Ordenanza Municipal de los Usos del Paisaje Urbano de la Ciudad de Barcelona, en concreto el artículo 19 sobre prohibiciones genéricas:

e) No se admite la publicidad sobre los templos, los cementerios, las estatuas, los monumentos, las fuentes, los equipamientos, los servicios públicos, las zonas naturales y los espacios verdes.

Basta mirar el detalle del plano de zonificación en el que se marcan las diferentes intensidades de uso del paisaje establecidas por la ordenanza, para comprobar que todo el entorno de la catedral es una de esas zonas en las que prohíbe expresamente la publicidad, y el edificio en cuestión uno sobre el que no se puede colocar publicidad.

Miradas_desde_la_copa

En este caso, como ya pasó con el de la Pedrera, el permiso concedido al propietario (el Arzobispado de Barcelona) por el Ayuntamiento es claramente irregular. Pero como lamentablemente pasa en buena parte de este tipo de normativas, siempre existe una parte del articulado que permite contrarrestar a otro. En este caso recurriendo, como ya hiciera el mismo gobierno municipal en el caso de la estatua de Colón, al capítulo II de la Ordenanza que permite el uso excepcional del paisaje urbano mediante publicidad en supuestos de interés público como la rehabilitación de un elemento patrimonial concreto.

Primero se prohíbe, para después abrir la puerta de par en par mediante un truco de trilero denominado «uso excepcional».

No obstante, la colocación de este tipo de publicidad en bienes culturales catalogados como BCIN (recuerdo, el caso de la Pedrera y de la Pia Almoina) está expresamente prohibida por la Llei 9/1993, de 30 de setembre, del patrimoni cultural català, que en su artículo 35 sobre criterios de intervención dice: «És prohibit de col·locar-hi anuncis i rètols publicitaris». Es fácil deducir de ello que la colocación de lonas publicitarias en monumentos catalogados con la máxima figura de protección cuenta con la aprobación del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya.

Por cierto, me pregunto en qué consistirá la restauración de un edificio que se rehabilitó y restauró de forma integral a principios de los años 90 para convertirlo en sede del Museu Diocesà de Barcelona.

Cuando el patrocinio deja de ser simétrico

Un equipamiento patrimonial gestionado por una fundación pública (la Fundació Mies van der Rohe) que cerró entre el 13 y 18 de abril para celebrar un evento empresarial privado.

Miradas_desde_la_copa

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[Fotos: Jaguar Barcelona]

Convirtiendo el Pabellón Mies van der Rohe en un concesionario de coches de la empresa Jaguar por espacio de seis días.

No estoy en contra del patrocinio privado de equipamientos o actividades públicas. No, siempre que se mantenga una relación simétrica entre patrocinador y patrocinado. Y eso pasa, entre otras cosas, por respetar una línea roja: no comprometer la misión del equipamiento público.

Cerrar un equipamiento patrimonial durante seis días, imposibilitando su visita, es sobrepasar ampliamente esa línea roja.

El patrimonio se rinde a las exigencias del mercado

El arquitecto Josep Maria Montaner (MNAC, después de la boda de lujo) hacía las preguntas clave del polarizado debate ideológico sobre la privatización de lo público:

¿Es lícito sacrificar una parte de los principios de una institución pública para sacar un beneficio extra, que supuestamente vuelve a lo público?

¿Se ha de mantener desde las instituciones públicas una posición ética a rajatabla o es tolerable ceder a la presión de las grandes empresas, que son las que tienen capital y hoy nos dictan nuestras agendas?

¿Dónde acaba el control social y público y empiezan los abusos de poder?

Preguntas para un necesario debate, en el que valdría la pena no olvidar la siguiente variable: las empresas patrocinadoras siempre quieren ir un poco más allá de lo que dicta el sentido común. Si para cumplir sus objetivos comerciales tienen que comprometer al equipamiento público patrocinado, en general no tienen ningún dilema ético en hacerlo.

Decía la politóloga Judit Carrera (Malestar en la cultura) que el flirteo de las administraciones públicas con el mundo empresarial parecía síntoma de una política [cultural] que, ante las dificultades económicas, se rinde a las exigencias del mercado. Lo vivido en los últimos años viene a demostrar que la enfermedad ha aflorado en toda su crudeza, rompiendo cualquier barrera ética y expandiéndose como una pandemia: el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto el patrimonio cultural de la ciudad a disposición de las empresas. Así de sencillo. Y de tremendo.

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