El Park Güell en la época de la regulación de acceso. Foto fija

Si hay un reto en la gestión del patrimonio cultural de nuestro país, se trata sin duda del Park Güell de Barcelona.

¿Cómo gestionar de forma sostenible y creativa un conjunto monumental altamente visitado? Se dispone de un conjunto de indudable valor patrimonial y un problema a solucionar, un verdadero reto que podía haberse convertido (todavía puede hacerse) en un campo de experimentación en el que poner en juego lo ya aplicado en otros bienes patrimoniales que han vivido situaciones parecidas (el más evidente es Stonehenge) e imaginar y testar otras nuevas medidas. Algo que hubiese permitido ir más allá de la simple solución local al problema concreto, proyectando el caso a nivel internacional.

El pasado sábado visité el Park Güell, la primera vez desde que se regulase el acceso a una porción en octubre de 2013, con la intención de comprobar in situ y en primera persona la incidencia de esa medida en la gestión del bien patrimonial, comparándola con la situación anterior (que ya relaté en un post de 2012: Güellcome to Barcelona, tourists) y sin tener en cuenta lo que pueda pasar en el futuro (como por ejemplo, la anunciada puesta en marcha de un centro de interpretación en la Casa Jaqués).

El objetivo fundamental de la visita de campo era dar respuesta a un par de preguntas:

¿Ha mejorado la calidad de la experiencia de quienes ahora lo visitan?

¿Ha fomentado una relación sostenible entre los visitantes y el conjunto monumental?

Y la respuesta a ambas preguntas es, en síntesis, negativa. Y quiero puntualizar en este punto que buscaba que la respuesta fuese todo lo contrario, pero la realidad es tozuda.

¿Ha mejorado la calidad de la experiencia de quienes lo visitan ahora?

En cuanto a la mejora o no de la experiencia de los visitantes, hay dos variables que la facilitan: la confortabilidad durante la visita y los dispositivos de mediación que permiten extraer el máximo jugo divulgativo al recurso patrimonial.

La regulación, que permite el acceso a la zona más popular del conjunto a no más de 400 personas cada media hora, es cierto que ha descongestionado un poco los puntos calientes, como la Escalinata de la Salamandra, la Sala Hipóstila o la Plaza de la Naturaleza con el banco ondulado. En este aspecto, siendo un espacio relativamente reducido, es difícil evitar que se produzcan aglomeraciones en esos lugares concretos.

Por el contrario, ha supuesto la congestión del espacio museográfico de la Casa del Guarda, en el que ahora se generan largas colas para acceder.

Miradas_desde_la_copa

Y también un aumento evidente de la presión de visitantes en las zonas del parque de libre acceso (recuérdese, más del 90 % de la superficie total del conjunto monumental catalogado por la UNESCO en 1984).

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Hablando de los dispositivos de mediación que se ofrecen al visitante, siendo exigente y realista, tampoco son capaces de ofrecer una experiencia memorable o UNIQUE (Uncommon, Novelty, Informative, Quality, Understanding & Emotions) como reclamaba hace años el especialista holandés Frans Schouten. Algo que sin duda merece un conjunto monumental como el Park Güell.

Claro está que antes de la regulación no existían ni folleto con ruta autoguiada, ni señalética divulgativa, ni aplicación móvil. Pero es que la situación anterior a 2013 era vergonzante, impropia de un país desarrollado.

Que perviva el viejo sistema señalético con uno nuevo, y la deficiente calidad de este último (tanto en lo que se refiere a materiales, como a diseño y contenidos), ya habla por sí solo de lo poco que se ha invertido en algo tan fundamental para conseguir una mediación cultural de máxima cobertura y, por tanto, eficacia divulgativa.

Miradas_desde_la_copa

La aplicación móvil, más allá de su calidad, no asegura ese alcance a todos los visitantes como sí lo hace un bien diseñado sistema señalético, por más que el papanatismo tecnológico que nos asola continúe difundiendo la idea que cualquier acción de mediación cultural tiene que pasar inexorablemente por lo tecnológico.

¿Ha fomentado una relación sostenible entre los visitantes y el conjunto monumental?

Aunque existe un servicio de vigilancia, distribuido estratégicamente por las zonas conflictivas, es más que evidente que la relación tampoco ha mejorado. Es tal la presión en la zona de la salamandra o del Pórtico de la Lavandera, que los vigilantes son incapaces de contener los comportamientos inapropiados de algunos visitantes, que para tomarse la correspondiente fotografía continúan subiéndose a la salamandra o escalando por el muro de contención.

Miradas_desde_la_copa

Miradas_desde_la_copa

[Fotos: Miradas desde la copa]

Está claro que informar en los accesos con un pictograma (Respeten el patrimonio) y colocar vigilantes no es suficiente para eliminar comportamientos como los que se pueden ver en las dos fotografías y que se repiten de forma constante.

Conclusión de la foto fija

Ya comenté cual era mi posición en el post Desajustes en la Gestión del Patrimonio cultural en Barcelona. El caso del Park Güell: sí a la regulación. Obviamente si con esta medida se aseguraba de forma clara y evidente una mejora en la calidad de la visita y en la conservación del conjunto monumental, lo que pasaba por poner en marcha una gestión profesional y creativa y por invertir en el propio parque (tanto en la zona regulada como en la no regulada) el 100 % de los beneficios conseguidos con la venta de entradas.

Solo se puede defender una regulación de acceso como la puesta en marcha por el Ayuntamiento de Barcelona si la situación hubiese mejorado de forma ostensible. Y por ahora, eso no pasa.

Bonus track

Schouten, Frans. «Improving Visitor Care in Heritage Attractions». Tourism Management, vol. 16, núm. 4, 1995, pp. 259-261.

8 comentarios

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Preocupat sempre pel Park Güell i la seva evolució, celebro enormememnt aquest blog explicatiu, i que l’autor ens segueixi informant, a fi i efecte de traduir-ho en propostes polítiques i ciutadanes adients a l’enorme monument de Gaudí en tots els sentits. Gràcies.

Excelente la descripción de la pésima gestión de un parque que no recibe ni un euro de todo lo que recauda y terminó de alejar a los vecinos de la ciudad para uso y disfrute.

Queda clar, no tot s’acaba en regular l’entrada, cal sumar una autentica estratègia de protecció i gaudir del patrimoni. Per aconseguir-ho cal invertit i sobretot aprendre de les experiències dels altres, que ha funcionat i que no en altres lloc. Gràcies a l’autor per la seva aportació i el seu lúcid anàlisi.

Muy oportuno y necesario este artículo. Como gestora cultural me parece muy bien tu propuesta de buscar nuevas formas de gestión que cuenten con los barceloneses y respeten al usuario. ¿Alguna administración evalúa el servicio? En lo personal puedo decir que mi experiencia como visitante fue negativa. El Parque Güell es un patrimonio que se merece la mejor gestión y los ciudadanos debemos exigirla.

Hola Nereida, tu comentario final me llega al alma: siempre tengo la sensación que en general se ha bajado el listón en todo lo referente a la gestión del patrimonio. Como comentas, debemos ser exigentes. Si no lo somos en un bien de la relevancia del Park Güell es que tenemos un problema muy, pero que muy serio.
Gracias por el comentario.

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