Fraude en los museos. Cuando se engaña al visitante

Fraude: Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.

Engaño: Falta de verdad en lo que se dice, hace, cree, piensa o discurre.

Visitar un museo y no saber previamente que no encontrarás alguna o muchas de sus obras maestras se puede considerar fraude.

Ya expliqué en el post ¿Alguien visita museos de arte para admirar copias? la curiosa situación de visitar las salas del Prunkräume (las salas de gala del palacio de los Habsburgo) de la Albertina de Viena y comprobar que su magnífica colección de obras sobre papel (Durero, Miguel Ángel, Rafael o Schiele) no se expone: ¡lo hacen sus copias!

Si en el caso del museo vienés la ausencia (se intentó) justificar por motivos de conservación preventiva, los dos ejemplos que explicaré ahora se deben a la cesión de obras para la celebración de muestras temporales, dejando por ello un vacío embarazoso en los museos a los que pertenecen.

Pues eso es lo que me ha pasado durante una reciente visita a dos instituciones museísticas con trayectorias vitales antagónicas: un museo que reabre, el Cau Ferrat de Sitges (Barcelona) y otro que desaparecerá, la Fundación Francisco Godia (Barcelona).

Reabrir sin sus obras maestras: el Museu del Cau Ferrat

La primera situación insólita fue en el Cau Ferrat de Sitges. El museo inauguraba el 22 de diciembre de 2014 y lo hacía sin dos de las obras maestras de su colección de pintura, los dos Grecos (Las lágrimas de San Pedro y Magdalena penitente con la cruz), y sin una parte importante de la propia obra del creador del Cau Ferrat, Santiago Rusiñol. Todas esas piezas estaban cedidas a la Fundación Francisco Godia de Barcelona (para la exposición temporal El Greco. La mirada de Rusiñol) y al Museo Carmen Thyssen de Málaga (para la exposición Casas-Rusiñol. Dos visiones modernistas).

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[Imagen: Albert Salamé, El Punt Avui]

La sensación al llegar a la segunda planta y encontrarse con una multitud de cartelas advirtiendo que las obras están en préstamo es difícil de describir.

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[Imágenes: Miradas desde la copa]

¿A qué se puede deber un despropósito como el de abrir puertas después de cuatro años y hacerlo sin todas esas piezas?*

No quiero llegar ni a pensar que se pueda cumplir la noticia publicada por la periodista Maria Palau en el artículo Embruixats per El Greco, según la cual la exposición viajará en itinerancia hasta Zaragoza y Palma de Mallorca…

Ceder una parte de tu colección permanente: la Fundación Francisco Godia

El segundo caso es el de Fundación Francisco Godia de Barcelona. El año pasado cedía casi 50 obras de su colección permanente al Museo de Bellas Artes de Sevilla, que celebraba la exposición temporal Coleccionar arte. Obras de la Fundación Francisco Godia (entre el 23 de octubre de 2014 y el 25 de enero de 2015).

Entre ellas, alguna fundamental en el conjunto de la colección como En el hipódromo de Ramon Casas.

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[Imagen: Fundación Francisco Godia]

Indescriptible la cara que me quedó al ver al inicio del recorrido este cartel que informaba de ello. Obviamente no hace falta ser muy avispado para entender que las obras sustitutas son piezas secundarias de la colección.

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[Imagen: Miradas desde la copa]

No informar al visitante es engañarle

Lo más grave, lo que a mi entender constituye un verdadero fraude, es que en ninguno de los dos casos se informe previamente al visitante sobre un detalle que puede ser decisorio para hacer o no la visita. En ambos casos no existía aviso alguno al visitante antes de que éste entrase al museo (ni un simple aviso escrito o verbal en la recepción) ni tampoco en el portal web de Museus de Sitges y de la Fundación Francisco Godia.

Cuando el visitante ya está dentro es cuando se topa con las cartelas que sustituyen las obras e informan de su localización (Cau Ferrat) o un texto que advierte de la sustitución de casi 50 obras por otras tantas obras de la colección Godia.

Detalles que demuestran que a nuestros museos todavía les queda mucho camino por recorrer en cuanto al trato al visitante. Y cuando éste es una variable esencial en la gestión museística, errores así son un problema realmente grave.

* En un próximo post (Política cultural en materia de patrimonio: cuando la improvisación gana la partida a la planificación) intentaré explicar la que creo es la causa de tamaño sinsentido.

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4 Responses to “Fraude en los museos. Cuando se engaña al visitante”

  1. Me gusta especialmente una de las últimas reflexiones, la que hace incapié en la mejora del trato al visitante. Y es que creo que hay mucho por hacer en un momento en que el punto de mira va pasando gradualmente de la obra al visitante. Es interesante que según qué reflexiones que hasta el momento ni tan siquiera eran importantes, empiecen a plantear cambios en la relación museo-visitante.

    • Lo he dicho más de una vez. Un buen gestor debería ser estrábico: un ojo mirando al bien patrimonial que gestiona y otro al visitante que lo visita.

      El gestor que no lo sea no es un buen profesional de la gestión patrimonial.

      Espero (y creo) que tu generación no tiene dudas sobre este tema.

      ¡Un abrazo Vàngelis!

      • Sí que es cierto que desde las formaciones regladas se insiste mucho en el visitante como verdadero objetivo de la institución pero realmente el punto de enfoque no es tan, no sé cómo decirlo, elemental. Al menos en mi experiencia.

        Algo tan evidente pero que a la vez plantee una verdadera cuestión de si la imagen ofrecida es la correcta, pues lo digo con toda sinceridad, me abre un montón de cuestiones muy interesantes a plantearme.

        De hecho ya te puedo comentar la lucha personal que tiene mi padre que quizá te interese analizar: la poca información gráfica en el acceso a un museo que tiene un visitante en cuanto a los costes de la entrada y qué descuentos se tienen en cuenta. En el fondo es algo que está en la misma linea de lo que planteas en el post.

        • Pues sí Vàngelis, se habla mucho, se teoriza mucho, pero luego pasan cosas como las descritas en el post y lo que comentas de la cruzada de tu padre.

          Para que sigas planteándote cosas: en el equipo de un museo hay profesionales que «cuidan» las piezas (restauradores-conservadores), investigan sus «secretos» (conservadores o curators), permiten que esos secretos lleguen a todo tipo de visitantes (educadores o divulgadores), etc. Pero hay pocos museos que tengan profesionales que se preocupen del visitante de forma exclusiva, con el objetivo que su experiencia sea totalmente provechosa.

          Hoy en día ese profesional es ya imprescindible.

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