Escaparatismo. La política patrimonial y museística de Barcelona

La política patrimonial y museística de Barcelona está produciendo últimamente sonoros titulares. La causa principal tiene relación directa con el rumbo del Consistorio municipal, que aplica una hoja de ruta neoliberal sobre los recursos patrimoniales de la ciudad.

Su política se basa en el escaparatismo. Según la Wikipedia:

El escaparatismo es el arte de presentar de forma adecuada, combinando objetos y materiales, los artículos que tiene a la venta un establecimiento en su escaparate.

Parte el éxito comercial de una tienda depende de que la decoración de su escaparate sea apropiada y atractiva. De hecho, la superficie disponible para escaparate se considera un factor de valoración económica del local comercial.

Se prima una política patrimonial y museística tipo «puesto de fruta de La Boquería»

Miradas_desde_la_copa[Foto: Neus Prats]

Diseñada como un puesto de fruta del otrora popular mercado de La Boquería.

Mima los grandes equipamientos, que se utilizan como escaparate. Olvida que la cultura también se genera desde pequeños equipamientos, dejados a su albur.

Proyecta nuevos museos como el Museu de les Cultures del Món¹ o ‘proyectos’ como la Montaña (antes explanada) de los Museos de Montjuïc. Olvida la precariedad en la que viven los que ya existen, a los que se castiga escondiéndolos en la trastienda.

Se priman acciones y actividades tipo «macedonia de fruta de La Boquería»

Miradas_desde_la_copa[Foto: Neus Prats]

Agradable a la vista, de ingesta rápida y digestión liviana.

La reciente reconstrucción del graffiti «Todos juntos podemos parar el SIDA» de Keith Haring es una excelente muestra de este tipo de acciones. Un tipo de arte de vocación efímera, es devuelto a la vida por su mismo ejecutor.

Miradas_desde_la_copa[Foto: Silvia T. Colmenero]

Los gestores de la cultura oficial reconstruyen en 2014 un graffiti pintado el 27 de febrero de 1989 y destruido por el higienismo urbanístico de 1992.

No solo tiene poco sentido repintar un graffiti, sino que además se hace en otra localización, a conveniencia de lo que se llama «Marca Raval Cultural». El Consistorio, actuando como el Dr. Frankenstein, crea un monstruo para la veneración de los turistas. Lo lamento mucho por algunas personas y colectivos que lo entienden como una forma de recordar a la sociedad la presencia del SIDA, pero que la cosa se reducirá a la obra y no al mensaje es una verdad como un templo.

Las estructuras oficiales del arte son como un circo. Cuando les interesa, cazan al animal salvaje y lo domestican para que baile a su antojo. Con el street art o arte callejero llevan años intentándolo. Si un graffitero local y desconocido es pillado in fraganti, caerá sobre él todo el peso de las ordenanzas municipales. Por el contrario, si se identifica como el misterioso Banksy, le pondrán alfombra roja y le invitarán a pintar una de sus obras sobre la fachada gótica de la Casa Consistorial. Con el tiempo, lo arrancarán y trasladarán a un museo como si se tratase de un fresco del maestro de Taüll.

En el caso de Barcelona, no dejan ni descansar la memoria de un animal de la calle fallecido por aquello que denunciaba en su mural.

Solo interesa el margen de beneficio que pueda generar cada quilo de fruta

Limitando el impacto del patrimonio cultural a lo económico y dejando de lado otros de sus valores de uso, como el social, cultural, educativo, identitario, etc.

No solo eso, sino que además hace mal su trabajo centrado en las cifras, pues esa mirada miope se olvida de lo siguiente:

¿Qué sería de la Barcelona turística sin elementos o conjuntos monumentales como el Park Güell o el Barrio Gótico?

¿Es que el Park Güell o el Barrio Gótico no son parte esencial de los tangibles por los que muchos turistas deciden visitar la ciudad?

Es decir, se olvida que en la variable económica también existe el impacto indirecto. Brutal en el caso del patrimonio de Barcelona. Tanto como para afirmar que sin ellos no sería una ciudad turística.

Cada recurso del patrimonio barcelonés es una gallina de los huevos de oro. Como los buenos avicultores saben, la manera de tratar inteligentemente a una gallina así es construyéndole un buen nidal y mimándola, no haciendo caldo concentrado con ella.

Por desgracia, el Ayuntamiento de Barcelona está aplicando una política patrimonial y museística cortoplacista y pirotécnica. Ejemplos ilustres son el Museu de les Cultures del Món o el proyecto de la Montaña de los Museos de Montjuïc.

Una política que asegura litros de caldo para hoy, pero que nos deja sin gallinas para el mañana.

¹ Sobre el caso concreto del Museu de les Cultures del Món, recomiendo la lectura de los artículos El Museu de les Cultures del Món, una animalada y Sobre els museus etnològics de Llorenç Prats.

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Los próximos 17 y 24 de marzo publicaré los posts Desajustes en la Gestión del Patrimonio cultural en Barcelona. El caso del Born y Desajustes en la Gestión del Patrimonio cultural en Barcelona. El caso del Park Güell, que focalizan alguna de las cuestiones tratadas en este post.

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