Desajustes en la Gestión del Patrimonio cultural en Barcelona. El caso del Born

Este post desarrolla Escaparatismo. La política patrimonial y museística de Barcelona.

La relación entre patrimonio cultural y turismo, anhelada por unos y rechazada por otros, balanceándose entre utilitaristas y paranoicos utilizando palabras de Néstor García Canclini, está viviendo dos casos de manual en Barcelona: el Born Centre Cultural y el Park Güell.

Más allá de la (eterna) discusión sobre la relación, me interesa focalizar el tema en los desajustes que está generando el cambio experimentado durante este año en dos recursos patrimoniales tan emblemáticos (por motivos bien diferentes) de la Ciudad Condal, gestionados ambos por el consistorio municipal. Concretamente en el malestar que están produciendo esas modificaciones entre los vecinos que viven cerca de ellos.

El Park Güell, un parque público, regula el acceso a la zona monumental desde el pasado 25 de octubre de 2013. Le dedicaré un próximo post a este caso.

El Born abrió sus puertas el pasado mes de septiembre de 2013, después de una espera de más de diez años, con el nombre de El Born Centre Cultural.

Cambios y desajustes que tienen una relación directa con el propio rumbo que tomó la ciudad hace unas pocas décadas: su rápida conversión en ciudad turística.

El desajuste en el caso del Born se centra en su entorno.

Miradas_desde_la_copa

Para los visitantes del resto de Barcelona y del resto del mundo es un regalo. No solo por la posibilidad de visitar gratuitamente un conjunto realmente espectacular (edificio y yacimiento arqueológico), sino también por la peatonalización de su entorno. Esa transformación de la vía pública, que ha facilitado el nacimiento de un espacio mucho más amigable para los paseantes e infinitamente mejor para el propio equipamiento patrimonial, es precisamente uno de los puntos de fricción con los residentes de la zona.

Miradas_desde_la_copa

Donde la mayoría vemos un espacio ganado para los peatones, ellos han visto eliminadas de un plumazo las plazas de aparcamiento disponibles.

Otro de los miedos de los residentes es la más que segura privatización de buena parte de esa nueva zona peatonal.

Aunque la recientemente aprobada Ordenanza de terrazas (que entró en vigor el pasado 1 de enero) cataloga este espacio como de ordenación singular, se puede imaginar fácilmente que, por efecto directo de la presión de la industria turística y del turismo, comenzarán a florecer bares y restaurantes que poco a poco irán copando el espacio con sus terrazas. Lo que ahora es un entorno virgen en este sentido, es más que seguro que en poco tiempo estará infectado de mesas y sillas, estufas y parasoles. Tiempo al tiempo…

Miradas_desde_la_copa

[Fotos: Miradas desde la copa]

En el caso del Born, aunque todavía no ha pasado, es fácil aventurar que el entorno (vía pública peatonalizada) sufrirá una progresiva privatización.

¿Quién gana? Parece que, por KO técnico, ganará el combate una manera de entender la gestión del patrimonio para la que no existen líneas rojas si hay un beneficio económico. El Born se utilizará como decorado teatral de una vía pública tomada por terrazas en las que los turistas podrán degustar una paella regada con sangría (como bien sabéis, algo muy típico de la gastronomía barcelonesa).

¿Y a nosotros qué nos queda? Como decía la periodista e historiadora Anatxu Zabalbeascoa en «La calle en venta»: ¿qué nos queda a nosotros si ni siquiera podremos irnos a la p… calle?

4 comentarios

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Me parece un poco precipitado denunciar un desajuste que, al parecer, aún no se ha producido. Entiendo muy bien los temores de los vecinos que viven alrededor del BornCC. Años ha conocí una frutera que había nacido y vivido de pequeña en el barrio entorno a Santa Maria del Mar y que ahora no reconocía como propios el ambiente y las calles de sus orígenes. Es más, renegaba de ellos. El auge del turismo y la gentrificación han cambiado por completo la realidad tradicional del Born y de toda Ciutat Vella. Entiendo pues, los temores de los vecinos de este equipamiento a que los estragos turísticos del Born (que los hay y habría que combatirlos) lleguen hasta sus manzanas.

Dicho esto, creo que nos estamos precipitando en las denuncias y las quejas. Creo que vecinos y profesionales nos centramos quizá demasiado en los peligros del futuro y hemos olvidado demasiado rápidamente las mejoras que ha traído el centro cultural con respeto a la situación anterior. Si las manzanas entre la calle Comerç i el Passeig Picasso no han sucumbido todavía a la locura turística del Born no ha sido por falta de interés de los especuladores de siempre. Ha sido porque las dudas sobre el futuro uso del Mercat del Born y el largo proceso de restauración y recuperacion del conjunto habían submergido esta zona en un mar de dudas, incertidumbres y obras que ahuyentaban a los potenciales inversores.

Por motivos de trabajo frecuenté bastante esta zona cuando sus calles estaban valladas y no me parecía un barrio especialmente agradable para vivir o pasear: baldosas levantadas, polvo, materiales de construcción y hasta ratas rodeaban totalmente el edificio solitario del antiguo mercado. Entonces por estas calles no había vida: ni negocios, ni transeúntes, ni luz, ni nada. La gente aparcaba donde aún se podía y se marchaban. De verdad es preferible ese desierto a la situación actual, incluso con la amenaza de la turistización? De verdad son preferibles esas calles polvorientas a las actuales peatonalizadas? Desde cuando la presencia de calles peatonales, que ahuyentan a los coches y hacen agradable el paseo, es algo indeseable o potencialmente «peligroso»?

El futuro no está escrito. La realidad actual del entorno del BornCC es, desde mi punto de vista, mil veces mejor que hace 5, 10 o 15 años. Está bien que los vecinos presenten batalla y adviertan que no se dejaran quitar el barrio como ha pasado en buena parte del Born. Pero ponerse tremendistas y dar por hecha la turistización salvaje del entorno del mercado es adoptar, en el fondo, una actitud derrotista. Los vecinos tienen poder para cambiar o influir en la situación, especialmente ahora que todos tenemos la mirada focalizada en el nuevo centro. Que ni ellos ni los profesionales no se rindan antes de presentar batalla. Y no olvidemos que el turismo, en si, no es malo. Como con todo, solo es malo el turismo sin control, en exceso y con excesos.

Martí, con los múltiples precedentes de la deriva de muchos espacios emblemáticos de la Barcelona, es fácil ser arriesgado como para aventurar lo que puede sudecer en un entorno privilegiado como el del antiguo mercado del Born, una auténtica perita en dulce.

El tiempo lo dirá. Y mira bien lo que te diré ahora: ojalá yo sea el equivocado.

Asumo con placer el papel de Pantoja de los museos y del patrimonio cultural. El tremedismo folclórico quizá sea la última esperanza para que algunos despierten de su actual hibernación. Hay demasiados osos que necesitan una buena sacudida para que entiendan que más que vivir del patrimonio y los museos, hay que vivir para el patrimonio y los museos.

Lo que no acepto es el papel de derrotista: si lo fuera no me jugaría la cara en cada post y en cada tuit. Tampoco considero que los vecinos lo sean: ahí está su denuncia pública y visible.

De hecho, lo que más se necesita son voces críticas que denuncien las malas praxis y abusos con nuestro patrimonio cultural.

La diferencia entre uso y abuso es de solo dos letras. Pero mientras la primera nos situa en el mundo civilizado, la segunda nos manda al inframundo.

Acepto y defiendo la relación entre patrimonio y turismo (escrito está en múltiples sitios), pero siempre que sea provechosa para ambas esferas. Cuando una de ellas comente abusos sobre la otra, soy implacable. Y el turismo está abusando de Barcelona.

Como siempre encantado y feliz de intercambiar impresiones contigo.

Santos M. Mateos
Pantoja de los museos y del patrimonio cultural

Para una antigua publicitaria cuya primera agencia estaba en la Sala Metronom, Fusina- y que ahora no sé que es pero creo que no es nada porque siempre que paso esta cerrado- el barrio es entrañable.Pero no se si era yo que era joven o si le faltaba un meneo. En fin, que ver que tal evoluciona.Por cierto, del Born CC solo he catado el bar de noche y ya me parecio mágico. En breve, lo cato todo.

Jajaja. Más allá de cuestiones puntuales, el edificio + el yacimiento son realmente espectaculares. Tienes toda la razón, Bet. Cuando lo cates más allá del restaurante, seguro que estaremos de acuerdo.

Y el entorno también. De hecho es un entorno que magnifica y dignifica la pieza arquitectónica.

El problema, como perita en dulce en un barrio que es un pastel, es el camino que tomará ese entorno.

Por cierto, la Sala Metrònom desapareció (tristemente). ¿Qué ocupará en un futuro ese magnífico edificio de la calle Fusina? ¿Una nueva galería de arte/diseño o un Bershka? Se aceptan apuestas.

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