Museos y Redes Sociales. El imperio de la comunicación teletubbie

En los últimos años se ha hablado mucho (quizá demasiado) de la importancia e impacto de las Redes Sociales en los museos y otros equipamientos patrimoniales. Libros, artículos, estudios, post, jornadas, conferencias y un sinfín de materiales y actividades sobre este tema.

Llegados a este punto, y ciñéndolo a nuestro territorio, debo decir que en esencia buena parte de lo que se explica sobre las Redes Sociales y sus bondades para los museos queda en poco más que en pura faramalla. Me explico.

Toda la teoría y las experiencias de buenas praxis que conocemos (especialmente del mundo anglosajón, Francia, Holanda y algún otro país más) no se aplican aquí (salvo honrosas excepciones).

No me gustaría chafarle la guitarra a nadie, pero nuestros museos continúan aplicando una estrategia comunicativa tradicional, 1.0: unidireccional, de uno a muchos.Ya avisaba de ello Maxwell L. Anderson (director del Indianapolis Museum of Art) en 2010 y poco ha cambiado el panorama desde entonces.

Por tanto, los museos continúan haciendo una gestión de la comunicación externa a la que no le importa lo más mínimo lo que dicen esos muchos, solo lo que ellos dicen. Un monólogo, en el que además la mayoría de esfuerzos se limitan a informar, ni tan siquiera a divulgar (esencia de los museos).

Es normal, hacer un tipo de comunicación bidireccional implica un cambio profundo de mentalidad: hablar y dejar hablar. Dialogar, vaya. Cuando a duras penas se han entendido las bases de una buena comunicación, es difícil que este nuevo paradigma se aplique y exprima realmente. Y es que las redes sociales son a la comunicación lo que el microondas a la gastronomía*. Si no se sabe cocinar, es normal que el microondas no sea de gran ayuda.

En ese nuevo paradigma de gestión comunicativa, que tiene insignes y reputados evangelistas en nuestro país, dialogar quiere decir escuchar, aceptar y debatir las opiniones divergentes. Esa es la esencia y el reto al abrir un canal de comunicación tan potente como las Redes Sociales.

Muchos museos seguramente no han calibrado todo aquello que realmente supone abrir un perfil en una u otra red social, simplemente porque no lo han pensado estratégicamente. En este punto, recomiendo la lectura del post de Clara Merín “Museos que ‘tuitean’…¿museos digitales?”.

¿Cuál es nuestra realidad?

Nuestros museos utilizan las Redes Sociales como un megáfono.

Hablan, no paran de hablar, pero cuando reciben una crítica se para el mundo. Se congela tanto, que normalmente optan por hacer oídos sordos a todo lo que sean mensajes críticos o incómodos (esperando que los muros y timelines avancen, escondiéndolos entre el maremágnum de entradas y tuits), no teniendo ni la deferencia/educación de contestarlos. Lo que demuestra que no se acepta el debate público. Hay algunas veces, paradójico, que se intenta derivar el debate a las cuatro paredes de un despacho, lo que demuestra que no se ha entendido nada de lo que supone el ecosistema digital. Si alguien decide exponer públicamente su divergencia (y exponerse públicamente), lo sensato es pensar que el terreno de juego en el que espera una respuesta siempre será el digital y público.

Solo utilizan las Redes Sociales como un teléfono cuando el mensaje es laudatorio. Entonces sí, los museos se preocupan y ocupan para difundirlo a los cuatro bits.

En un país al que le cuesta horrores digerir la crítica (hablo de la constructiva y fundamentada, no de la destructiva y demagógica) y tiene el gatillo fácil para premiar a aquellos que le dicen al emperador lo bien que le queda su traje nuevo, las Redes Sociales son una oportunidad perdida (otra más) para hacer de nuestros museos verdaderas palancas capaces de generar cambios culturales y sociales.

Un ejemplo que ilustra esa realidad

Al hilo de uno de mis últimos “caballos de batalla”, la utilización publicitaria de la lona que tapa La Pedrera durante su restauración (La Pedrera, Patrimonio Mundial transformado en valla publicitaria), la organización que la gestiona, la Fundació Catalunya La Pedrera y la empresa que actualmente aplica allí el poster domination, Nissan, me han (nos han) regalado el ejemplo, al optar por la peor de las opciones comunicativas: el silencio.

Es el caso paradigmático de la utilización teletubbie que comento: se dedican a emitir los mensajes que les interesan (utilizando sus perfiles en Twitter y en Facebook como meros tablones de información) y a retuitear únicamente los mensajes laudatorios.

Con ese silencio, intentan obviar un tema tan sensible para su reputación e imagen, aplicando la estrategia de la avestruz. Manera de afrontar los problemas comunicativos especialmente desaconsejable en nuestro mundo hiperconectado y viral.

Desconozco quién toma las decisiones y quién les asesora, pero les recomendaría encarecidamente que leyesen un poco sobre cómo gestionar una crisis comunicativa y también sobre la verdadera filosofía del mundo 2.0.

¿Qué futuro nos espera?

Sin duda mejor que el presente.

Nuestros museos y equipamientos patrimoniales utilizarán las Redes Sociales como un teléfono en función de manos libres.

Los museos y equipamientos patrimoniales entenderán finalmente el reto al que se enfrentan: comunicar de forma horizontal.

Y cuando lo entiendan, la red y las redes sociales serán el instrumento más potente y poderoso para materializarla.

Y cuando lo consigan, los museos y equipamientos patrimoniales podrán recuperar el terreno perdido.

* Tomo prestado este genial aforismo de Diseño social EN+. Aforismo que parafraseaba este de Milton Glaser: “Los ordenadores son al diseño lo que el microondas a la cocina”.

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7 Responses to “Museos y Redes Sociales. El imperio de la comunicación teletubbie”

  1. Creo que es cierto que los museos van con retraso en lo que respecta al buen uso de las redes sociales, que efectivamente no sirven de nada cuando se utilizan solo para emitir. Particularmente otro problema que veo es que las redes sociales tienen como usuarios un público eminentemente joven pero los museos las utilizan para dirigirse a todos los,públicos, y cuando se analizan las características de los seguidores, estos son mayoritariamente adultos, lo cual quiere decir que algo no está funcionando. En cambio, si que hay que felicitar a los museos por que estén incorporando estas herramientas, que no manejan como nativos digitales, y que estén creando unas bases para que el retraso no sea todavía mayor. Creo que todos los profesionales (o becarios) a cargo de las redes sociales ya son conscientes de todas las cosas que se,están haciendo mal y para eso están jornadas como las del Museo de Escultura sirven para hacer una puesta en común de lo que si y lo que no hay que hacer (al menos eso confío).

  2. Clara Merín dice:

    Hola Santos, gracias por la mención y estoy muy de acuerdo con tu post y con la constatación de que a los museos e instituciones culturales les queda aun mucho trecho hasta que comprendan y asimilen que las redes sociales requieren de una comunicación mucho más horizontal. Tan sencillo y complejo al mismo tiempo. Saludos!.

    • La mención (tu post) se lo merece sobradamente, al plantear cosas fundamentales sobre la presencia de los museos en les Redes Sociales y no tener miedo a decirlo públicamente.
      ¡Saludos y mucha suerte en tu aventura empresarial (genial y muy oportuno el nombre de Ende)!

  3. […] En los últimos años se ha hablado mucho (quizá demasiado) de la importancia e impacto de las Redes Sociales en los museos y otros equipamientos patrimoniales. Libros, artículos, estudios, post, jornadas, conferencias y un sinfín de materiales y actividades sobre este tema.  […]

  4. […] anunciaba el fin de la prohibición. Haciendo un alarde, eso sí, de lo que llamé en su momento comunicación teletubbie. A l’approche de la #MuseumWeek, les @MuseeOrsay & @MuseeOrangerie rétablissent […]

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