La desaparición de las líneas rojas en la gestión de los museos

Parece que determinadas cosas están cambiando en la gestión de los museos públicos. Parece que las reglas que se respetaban hasta ahora han pasado a mejor vida.

Y, por desgracia, todo tienen que ver con el maldito parné.

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[Foto: Albert García]

Antes de la debacle económica que estamos sufriendo, las fuentes de financiación de los museos públicos se nutrían casi en exclusiva de las arcas de las administraciones públicas. La participación de la iniciativa privada era poco menos que testimonial.

De un tiempo a esta parte, la captación de recursos privados mediante fundraising, mecenazgo o patrocinio, el alquiler de espacios, de piezas o colecciones, etc., es cada vez más importante para cuadrar los presupuestos anuales de nuestros museos públicos, diezmados año tras año por la reducción progresiva de las asignaciones públicas.

Singularizaré el post en dos de los buques insignia de la museística catalana y española: el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museo Nacional del Prado. Al poseer la máxima representatividad entre las instituciones museísticas de Catalunya y España, son un faro que guía al resto. Por tanto, cualquier cosa que decidan o hagan tiene una repercusión más allá de sus propias paredes.

El primero, hace años que alquila la Sala Oval y otros espacios del Palau Nacional de Montjuïc para la celebración de actos de empresa, institucionales o particulares.

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[Foto: Sergi Briet/Museu Nacional d’Art de Catalunya]

Empresas como Mercedes-Benz, Damm o L’Oréal han realizado eventos en alguno de esos espacios. Aquí se puede ver el dossier que promociona el alquiler de espacios.

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[Foto: Sergi Briet/Museu Nacional d’Art de Catalunya]

Eventos privados que suponen una excelente fuente de ingresos directos para el museo y no tienen ningún impacto (ni directo ni indirecto) en las salas de exposición permanentes y temporales.

Por la vía del patrocinio de la Fundación Mapfre, pudo sufragar la remodelación de las instalaciones y del discurso museográfico de la Colección de Arte Románico. Durante los meses que estuvo cerrada esa parte de la exposición permanente, el museo cedió una parte importante de piezas al patrocinador, que celebró la muestra temporal “El esplendor Románico. Obras maestras del Museu Nacional d’Art de Catalunya” en su sede madrileña (entre febrero y mayo de 2011).

Gracias a una campaña de micromecenazgo o crowdfunding, pudo conseguir los 45.000 € para comprar La Plegaria de Marià Fortuny, artista fundamental en la historia del arte catalán y, por tanto, para el discurso museológico del museo.

Ninguna objeción a este tipo de acciones que permiten la generación de recursos económicos.

El problema surge cuando se traspasan determinadas líneas rojas. Cuando, en palabras de la politóloga Judit Carrera, “la búsqueda de financiación privada no es un complemento sino una respuesta desesperada a la falta de recursos públicos” (“Malestar en la cultura”).

¿Dónde están esas líneas rojas en la gestión museística pública? Hasta hace poco estas eran dos de las más importantes:

No cerrar un museo para la celebración de un acto privado.

No alquilar obras maestras de la colección permanente.

Tanto una como otra han pasado a mejor vida.

El Museu Nacional d’Art de Catalunya traspasó la primera al permitir que una fiesta privada cerrase un equipamiento cultural público todo un día. Aunque se ha pretendido pasar de puntillas sobre el tema (los medios de comunicación han ayudado lo suyo), incluso algunos miembros de su Patronato, como Josep Maria Montaner (vocal desde 2004), se han manifestado públicamente en contra de la decisión (“MNAC, después de la boda de lujo”), denunciando además que la decisión fue tomada por la dirección del museo y no por su Patronato, en principio su máximo órgano de gobierno.

El Museo Nacional del Prado traspasó la segunda al ceder temporalmente La maja vestida de Goya a una organización privada, la Obra Social “la Caixa”, que la convirtió en la pieza estrella de la exposición temporal “Goya. Luces y sombras”, celebrada en CaixaForum Barcelona (entre marzo y junio de 2012). Segunda escala de la obra, que meses antes ya había viajado a Tokio para la muestra “Goya: Luces y sombras. Obras maestras del Museo del Prado” (permaneciando en el Museo Nacional de Arte Occidental entre octubre de 2011 y enero de 2012).

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Pongo este ejemplo (en el magnífico artículo “Más de un millón por las joyas del Prado” de Peio H. Riaño pueden verse otros más recientes), ya que tuve el placer de ver la obra en Barcelona y la desgracia de no verla junto a su par, La maja desnuda, en su ubicación natural: la sala 36 del Prado. Y no solo no la vi, sino que para más inri ni tan siquiera se había colocado el clásico cartel informando de su ausencia. Simplemente no estaba*.

La cesión de obras de arte entre museos no es ninguna novedad: desde hace décadas los museos han venido intercambiado obras para la organización de exposiciones temporales. Lo que sí constituye una novedad es la entrada de la lógica de mercado en ese tipo de cesiones: ahora se alquilan directamente a cambio de una cantidad de dinero (aunque por el camino se apele a supuestos ejercicios de diplomacia cultural para justificar la salida de determinadas obras).

¿Debe un museo cerrar sus instalaciones para celebrar un evento privado?

¿Debe un museo alquilar temporalmente una de sus obras maestras?

Los ejemplos que he utilizado para ilustrar la desaparición de las líneas rojas pueden tener dos lecturas:

a) Son una excepción que no romperá la regla.

b) Son un precedente de lo que pasará a partir de ahora.

Si una empresa, institución o particular con posibilidades (económicas) se enamora de la sala del Ábside de Sant Climent de Taüll ¿el museo la cerrará por unos días para que se celebre un acto privado?

Si una empresa, institución o particular con posibilidades (económicas) se enamora de Las Meninas ¿el museo la alquilará por unos días para que se exponga en la otra punta del mundo?

Cuando se hace pop, abriéndose la caja de Pandora, ¿hay o no hay stop?

La boda en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y la cesión de una obra maestra del Museo Nacional del Prado son el síntoma de una enfermedad: la mercantilización de los museos públicos.

Para algunos, entre los que me cuento, hay algunas líneas rojas que no deberían traspasarse si se quiere mantener la integridad e independencia de los equipamientos y bienes públicos.

Si finalmente impera la “cultura de cupcake” (genial Estrella de Diego en “Cultura de cupcake”), yo me permito el atrevimiento y el lujo de atrincherarme junto a Juan José Millás (“Un ataque político a las formas de vida”): la cultura y los museos son una forma de vida, no simples bienes consumibles.

* No hay demostración gráfica de mi visita, ya que el museo mantiene la trasnochada prohibición de poder tomar fotografías en su interior.

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10 Responses to “La desaparición de las líneas rojas en la gestión de los museos”

  1. Pedro dice:

    Olvidas otra línea roja, hasta ahora no traspasada: La venta del patrimonio custodiado. Pasito a pasito vamos quemando etapas. ¿Cual será la siguiente? Ya veo los titulares: “Un pequeño sacrificio para salvar el conjunto”.

    Un dato que pongo sobre la mesa de debate ¿alguien ha olvidado que la Troika invitó/obligó a Grecia a vender alguna de sus (6000) bellas islas? ¿Acaso no formaban parte de su patrimonio nacional?

    • Pues sí Pedro, es algo que puede pasar fácilmente por aquí.
      Solo basta con mirar a nuestros vecinos portugueses y la polémica que tienen allí por las 85 obras de Miró que el ejecutivo pretende vender al mejor postor.
      Y si pasa en Portugal…

  2. Yrene dice:

    Y además la cosa adquiere más notoriedad cuando hoy hemos sabido que la Generalitat ha adquirido el archivo de la editora Esther Tusquets para evitar que salga de Cataluña.

    • Pedro, como archivero y amante del patrimonio documental ¿alguna opinión al respecto?

      • Pedro dice:

        Con Portugal cada día compartimos más cosas… Además, desde ayer, sólo ellos y nosotros podemos denominar a la sangría por su nombre!

        Respecto a la adquisición del archivo de Esther Tusquets me parece una gran noticia y más teniendo en cuenta que el pasado 2010 el Ministerio de Cultura compró el archivo de la agente literaria Carme Balcells por tres millores de euros.

        No obstante, no acabo de comprender que su destino final sea la Biblioteca de Catalunya y no el Arxiu Nacional de Catalunya.

  3. […] de un año hablaba de la desaparición de determinadas líneas rojas en la gestión de los museos (aquí), a raíz del cierre del Museo Nacional d’Art de Catalunya para celebrar el enlace […]

  4. […] ya preguntaba en el post La desaparación de las líneas rojas en la gestión de los museos, ante el caso de la cesión temporal del Museo Nacional del Prado de La maja vestida al Museo […]

  5. […] ya más de tres años, al hilo de la (tristemente) famosa boda en el MNAC, escribía el post La desaparición de la líneas rojas en la gestión de los museos, me hacía una serie de preguntas, entre la que estaba la que […]

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