El ‘síndrome Tamara’ se instala en los museos

Por diferentes razones que luego intentaré explicar, dos museos catalanes están inmersos en un cambio de nombre: el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Disseny Hub Barcelona.

Vale la pena puntualizar aquí y ahora (pido disculpas por decir tamaña perogrullada), que el nombre es una variable fundamental en términos de branding o creación de marca.

El nombre es, junto a otros identificadores que conforman la identidad verbal y visual de un museo, el elemento que lo identifica y singulariza. No hay dos museos que tengan el mismo nombre, como no hay dos que compartan la misma marca visual.

Digo todo esto para recordar que un proceso de cambio de nombre es algo muy serio.

En el caso de Museu Nacional d’Art de Catalunya se están haciendo cosas muy extrañas (bodas aparte). Poco después que su actual director tomara las riendas del museo, ya manifestó públicamente su intención de eliminar el acrónimo («No se puede ir por el mundo llamándose MNAC» declaraba a los medios en agosto de 2012) y la necesidad de asociar al museo con la marca Barcelona (eliminando de paso su referencia a Cataluña, que ya se comprendía en el término «Nacional»). Si en lo primero estoy totalmente de acuerdo, en lo segundo en absoluto (especialmente ahora, que se va descubriendo qué es realmente la marca Barcelona).

La respuesta en contra fue tan contundente (se declararon contrarios desde el teniente de alcalde de Cultura de Barcelona hasta el consejero de Cultura de la Generalitat), que nada más se supo del tema. Hasta que recientemente se han visto algunos movimientos comunicativos que demuestran que el proceso de asociación con la marca Barcelona se está llevando a cabo. Concretamente en su dimensión virtual.

Si empezamos por mirar su portal web corporativo, su dirección pasará de la «vieja» www.mnac.cat a la «nueva» www.museunacional.cat. El acrónimo ha desaparecido, dejando paso a solo dos de los elementos que lo conformaban: «Museu» y «Nacional». «Arte» y «Cataluña» han pasado a mejor vida.

Primera pregunta: ¿qué pensarán el resto de museos nacionales de la apropiación que se hace del término «nacional»?

En su perfil de Facebook pocos cambios: no se ve rastro alguno del acrónimo, llamándose Museu Nacional d’Art de Catalunya.

En cambio, en su cuenta de Twitter el desbarajuste es supino. ¡Podemos encontrar hasta tres maneras diferentes de llamarse!: «Museu Nacional Bcn» para el nombre que identifica el perfil, «@MuseuNac_Cat» para el nick y «Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC)» para la descripción.

Miradas_desde_la_copa

Miradas_desde_la_copa

Segunda pregunta: ¿pero no habíamos quedado que se desterraba el acrónimo?

Ahora lo que parece pender de un hilo es la especialidad del museo, el «Arte», del que no se tienen noticias más que en la descripción.

Que está claro que la aparición del nombre de la Ciudad Condal no es una mera cuestión de geolocalización se puede comprobar con solo consultar la hemeroteca (concretamente leyendo las propias palabras del director) y observar un pequeño, pequeñísimo detalle que demuestra que las cosas no se están haciendo todo lo bien que se deberían teniendo en cuenta que nos estamos jugando el buen nombre de nuestro museo de referencia. Os invito a que miréis esta nueva captura de su cuenta de Twitter y os reto a detectar ese pequeño detalle:

Miradas_desde_la_copa

Efectivamente, poco después de cambiar el nombre de su cuenta se introdujo una coma. Un pequeño signo gráfico mediante el cual se pretendía justificar la aparición de «Bcn» junto a «Museu Nacional».

Por supuesto que el museo puede deshacerse del acrónimo (es más, debería hacerlo), pero hay otras cosas difíciles de eliminar si de lo que realmente estamos hablando es de un museo, de arte y de Cataluña (en un país maduro y sin complejos, la variable nacional sería totalmente prescindible teniendo en cuenta exigencias básicas de nominología como la economía de palabras: lo que puedas decir con una palabra no lo digas con dos).

Y lo que no puede ser de ninguna de las maneras es que el museo tenga más de un nombre circulando por Internet. Si no nos gusta el que tiene, pues se cambia, pero obviamente uno por uno.

Tercera pregunta: ¿se están haciendo probaturas para ver la reacción de la gente o realmente se está jugando con el tema sin saber bien lo que se está haciendo?

El caso del Disseny Hub Barcelona (DHUB) es diferente. Ahora se llamará así al edificio que albergará a finales del año que viene al propio museo, a Foment de les Arts i del Disseny (FAD) y a Barcelona Centre de Disseny (BCD).

Por su parte, el museo pasará a llamarse Museu del Disseny de Barcelona.

Precisamente ahora, cuando parece que finalmente abrirá sus puertas en el edificio del equipo MBM (quintaesencia de otra época: la de antes del trastazo), se decide que el nombre que se le dió en 2009 (cuando nació públicamente el que debería ser futuro centro especializado en diseño) no es válido.

Todo lo que de arriesgado tenía el proyecto y el propio nombre de Disseny Hub Barcelona (para muchos un simple guiño cool), lo tiene de clásico el de Museu del Disseny de Barcelona (no levantará discusiones, pues lo plano nunca lo hace).

Aquí el problema no solo es que en el cambio de denominación se haya perdido o no. Es que también afecta a aspectos que tienen que ver con la cultura de gestión de nuestros museos y patrimonio cultural (y de tantas otras cosas, como la cultura o la educación): los personalismos.

Un museo o proyecto cultural en marcha no debería cambiar en lo esencial cuando hay relevos entre sus gestores políticos o técnicos. Y por aquí es moneda corriente todo lo contrario: si hay cambio de color político en la administración de la que depende o cambia la dirección del propio equipamiento, es posible que se quiera cambiar todo, incluso el nombre.

El trabajo iniciado en 2009 para alcanzar notoriedad y posicionar un nuevo equipamiento relacionado con el diseño, con la puesta en marcha de una sede provisional en el Palacio del Marqués de Llió de la calle Montcada, no ha servido para nada. Cuando a finales del año que viene abra sus puertas en la plaza de las Glorias Catalanas (esperemos), será una cosa muy diferente.

Por último, y no menos importante: los recursos que suponen esos cambios. Dudo que para crear el nuevo nombre de «Museu del Disseny de Barcelona» se haya acudido a una consultora, agencia o estudio especializado en temas de nominología. Pero sí es público que ese cambio va acompañado de dos nuevas marcas visuales: una para el edificio (Disseny Hub Barcelona) y otra para el museo (Museu del Disseny de Barcelona). Ya veremos el resultado, pero el ganador del concurso público lo tiene difícil para superar la marca visual dinámica del Disseny Hub Barcelona que diseñó el estudio laGasulla, merecedora de un Grand Laus de Diseño Gráfico, dos Laus Or y un Laus Plata otorgados por la Associació de Directors d’Art i Dissenyadors Gràfics del FAD (ADG-FAD) en su convocatoria de 2009. Una marca visual que ya se ha dejado de utilizar, sustituyéndose por una provisional (detalle que demuestra lo mal que se están haciendo las cosas).

Y que los vaivenes y las decisiones personales supongan un gasto para las arcas públicas, por poco que sea, es algo lamentable en los tiempos que corren. En este caso, el concurso para la creación de las marcas visuales asciende a 78.150,40 €. Pero habría que sumarle, como poco, el costo de la marca visual anterior. LAMENTABLE.

Para acabar, una curiosidad: resulta paradójico que el Museu del Disseny de Barcelona prescinda del nombre de la ciudad en los descriptores principales de su cuenta de Twitter y, en cambio, el Museu Nacional d’Art de Catalunya se muera por integrarlo. Curiosísimo.

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Dicho lo cual, viva el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museu del Disseny de Barcelona (o como quieran llamarse ahora).

Por cierto, ¿alguien podría decirme cómo se llama ahora la «cantante» del No cambié?

15 comentarios

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Gran texto, una vez más. En mi opinión, el cambio de nombre puede ser una cosa discutible pero una decisión de dirección. Lo que me parece más grave aún és que todo este proceso se ha llevado a cabo en ambos museos sin comunicarlo. Recordáis la campaña: Kalia és ahora Vanish? o Mister proper fresco y limpio, ahora se llama Don limpio? Verdad que sí? Pues en los museos parece que se hayan olvidado de hacer una campaña similar. Peor aún, parece que haya miedo en comunicar, no vaya a ser que se levante otra polémica. Los cambios importantes pueden ser aceptados si se entienden, y para entenderlos necesitamos que nos los expliquen. Si no se explican las cosas se generan malentendidos.

Y como dice el autor… Viva el MNAC/MuseuNAC_CAT + extra de BCN, y viva el Museu del Disseny. He tenido la gran suerte de colaborar con ambos.

Àlex, en primer lugar, agradecerte el piropo.
En segundo lugar, agradecerte la valentía. Expresarse públicamente es un acto de valentía por estos lares, donde la crítica no se acepta de buen grado.
Tu comentario es muy muy interesante, ya que incide directamente en uno de los principales problemas de la comunicación de nuestros museos: continúa siendo fundamentalmente unidireccional y reactiva. De uno a muchos y a la defensiva. Se van descubriendo temas sin que el museo se manifieste o cuando lo hace, ya es demasiado tarde. Sobre todo teniendo en cuenta los tiempos del mundo virtual, donde poco después que se conoce algo ya se está viralizando y circulando a la velocidad de la luz.
Y el Museu Nacional d’Art de Catalunya está actuando últimamente de forma reactiva. El silencio que han mantenido y mantienen en las redes sociales sobre el cierre del pasado 7 de diciembre lo demuestra. Algo realmente paradójico cuando se presentan en sus instalaciones estudios sobre el impacto de las redes sociales en los museos y entre sus filas tienen la suerte de contar con verdaderas referencias en gestión museística y comunicación 2.0.
Lo del cambio de logotipo demuestra muchas cosas. Para quien no lo sepa (me imagino que bastantes) el Museu Nacional d’Art de Catalunya tiene un nuevo logotipo. ¿Quién lo sabe? Pocos (un wikipedista que quiere mantener al día la entrada correspondiente y pocos más). Y si hay alguien que pregunta (por cierto, gracias mil por levantar la liebre), la respuesta es que no es verdaderamente un nuevo logotipo. ¡Por favor!
Para acabar, aunque no me gustan las comparaciones, solo basta mirar (aquí: https://www.rijksmuseum.nl/en/press/press-releases/new-logo-for-the-rijksmuseum) el espectáculo que hicieron en el Rijksmuseum para presentar su nueva marca visual. Una fiesta. Eso es entender la comunicación museística de forma activa.
Lo otro, lo de siempre: el museo en lo alto de su torre de marfil hablándonos con un megáfono solo cuando a él le interesa. ¿Y sabes qué? Yo ya estoy cansado que me digan, que me vendan que puedo utilizar una teléfono público para hablarle y cuando lo hago comunique o me den con él en la cabeza.

Sense ànim d’engrandir debat –no entraré, per tant, en algunes inexactituds sobre les declaracions al principi del post- sí que, com a responsable de la comunicació al museu, voldria fer unes puntualitzacions:

1. El nom del museu era, és i seguirà sent Museu Nacional d’Art de Catalunya, tal com ve fixat per Llei, tal com va confirmar en repetides declaracions el director del museu i tal i com es reafirma a l’Estratègia 2013-2017 del museu.

2. El que es posava en qüestió, i va ser també explicat pel director, era la idoneïtat de MNAC com a marca atès el nivell de desconeixement en molt àmbits, no només internacional sinó també local.

3. És per aquest motiu que s’ha decidit usar el nom sencer i en espais més reduïts o, per alternar dins un mateix text, s’utilitza la fórmula més curta Museu Nacional i al web museunacional.cat (nou web en preparació).
Cert, a la forma curta no surt Art (tampoc sortia abans), però si s’hagués decidit Museu Nacional d’Art quantes veus no s’haurien alçat per l’ “eliminació” de Catalunya? (per cert, totalment d’acord amb el que dieu sobre la redundància Nacional-Catalunya).

4. A Twitter és veritat que hi ha hagut un cert ball de noms. Sent coherents amb la no utilització de MNAC com a marca, @MNAC_museu s’havia de substituir. El nom que consideràvem idoni, per raons de consistència amb web, era @MuseuNacionalCat però Twitter no admet tants caràcters al nick i, per tant, calia abreujar, missió gens fàcil. @MuseuNacional ja existeix i pertany a un museu de Brasil. @MuseuNac_Cat va ser l’opció escollida. De nou, no surt Art, però tampoc hi sortia abans, i no hi ha prou espai.

5. A la bio a Twitter surt el nom sencer, s’explica quin fons tenim i sí que hi mantenim entre parèntesi (MNAC), sobretot per dues raons, la primera per facilitar SEO i que si els usuaris busquen MNAC a internet seguim apareixent als resultats de la cerca i després perquè no deixa de ser l’acrònim que seguirà vàlid, entre d’altres ocasions, pel núm. d’inventari de les obres. És com a marca que no funciona prou bé.

6. Finalment, respecte l’aparició de Barcelona al descriptor a twitter, constatar, en primer lloc, que ja apareixia des que es va obrir el compte al 2010, molt abans de la nova direcció. Segon, és on es troba ubicat el museu i, sí, és geolocalització. Molts museus nacionals al món s’identifiquen per la ciutat on es troben, no pel país (p ex. National Gallery de Londres, National Gallery de Washington, Galeria Nacional de Praga-Národní Galerie v Praze, etc)

7. i perquè no hem canviat de nom ni traiem una marca nova, senzillament deixem d’usar MNAC, és pel que s’ha fet una simple evolució tipogràfica del logo existent. Per això ara el cub negre i lletres en negatiu del museu segueix sent el mateix que era, amb la variant fonamental que ara el nom del museu sencer es llegeix amb claredat fins i tot quan el tamany del logo és petit.

Qualsevol transició d’ús de marca comporta que, durant un temps, convisquin les dues fórmules, i més en l’entorn econòmic actual, de manera que no llançarem materials produïts i a mesura que s’hagi de reimprimir o reeditar anirem implantant l’actualització del logo .

Tots els professionals de l’equip intern més els externs estem treballant per aconseguir que el museu sigui més conegut aquí i arreu, atraigui més visitants i assoleixi la missió d’apropar l’art (català i altre) al màxim nombre possible de públic, presencial o virtual.

Us agraïm l’interès,

Conxa Rodà
Cap d’Estratègia i Comunicació del Museu Nacional d’Art de Catalunya
@innova2

Gracias por responder, Conxa.

Como el ánimo es debatir estos temas de forma pública, comentaré dos cuestiones de todo tu argumentario (aunque me gustaría conocer de qué se trata cuando hablas de inexactitudes al principio del post).

En el sexto punto, hablas de otros ejemplos de museos nacionales que también comparten con vosotros la inclusión de ese detalle de geolocalización. Lamento contradecirte, pero en ninguno de los tres casos se refleja el nombre de las ciudades en las que se localizan como si lo hacéis vosotros. En ninguno de los tres.
No lo entiendo y no me gusta. Es como si el Museo Nacional del Prado incluyese en sus identificadores principales Madrid. Tiene sentido en la descripción del perfil, pero no en su nombre.

Atendiendo a las declaraciones y a la realidad, me continúa pareciendo claro el interés por asociar el Museu Nacional d’Art de Catalunya a la llamada marca Barcelona. Lo que obvia que se trata del museo de arte de Catalunya.

Un movimiento que ha percibido de la misma forma mucha gente. Alguna incluso os lo hizo saber en Twitter en el momento que informasteis del cambio. Algo que os debería preocupar desde diferentes puntos de vista (también desde el comunicativo en términos de reputación e imagen). Vincular la marca a Barcelona sin duda os acercará al visitante barcelonés y extranjero, pero os alejará aún más del público de Girona, Lleida y Tarragona. Lo que supone olvidarse de una parte esencial de vuestra misión.

Lo que me permitirás que no acepte de ninguna manera es que hables de la nueva marca visual como de un simple ejercicio de rediseño. Lo es, como también que se trata al fin y al cabo de un nuevo logotipo. Y lamento volverlo a repetir (ya lo hice en un tuit), pero el Museo ha tenido en su etapa más reciente (los últimos nueve años) cinco logotipos diferentes ¡Cinco en nueve años! Algo que, como comprenderás, no se puede justificar de ninguna de las maneras desde el punto de vista del branding (y del sentido común). Y que la marca visual diseñada por Enric Satué que os identificaba en 2004 haya sido la primera de cinco claro que no es responsabilidad vuestra. Como también lo es que vosotros (la nueva dirección) habéis contribuido, con esta nueva marca, a alimentar tamaño despropósito.

No quiero acabar sin volverte a agradecer la deferencia que has tenido al responder al post, dando la oportunidad a los lectores de Miradas de conocer la opinión del museo. Sinceramente es lo sano y enriquecedor si queremos mejorar (o intentarlo) aquello que nos interesa y nos apasiona: los museos y su gestión.

Saludos.

Simplement un breu apunt:

el fet d’utilitzar la marca Barcelona la considero bastant clara, i em recorda enormement al cas «Barcelona World» a Tarragona. En el cas tarragoní, ha molestat -i molt- a les poblacions de tota la província, i més amb l’animadversió que ja existeix des de Tàrraco vers al món pixapí/camacu.

Amb tot, resulta fonamental el fet que el museu s’ha nodrit de les col·leccions provinents de les quatre províncies catalanes i que, a més, sembla que està intentant desplegar i consolidar una Xarxa de Museus d’Art arreu del territori. La utilització de la marca Barcelona, per tant, trenca en part amb l’origen mateix del museu i amb alguna de les polítiques de descentralització que s’estan endegant.

Gràcies per l’intens debat! I sobretot, entenc -i entenem- totes aquestes crítiques com a constructives, per l’estima que tenim pel patrimoni i pels museus catalans. També entenc -i entenem- que en tota institució hi han molts factors que convergeixen a l’hora de prendre decisions.

Salutacions,

Daniel.

Daniel, gràcies per oferir la teva ‘mirada’ tarragonina i refermar la imatge que aquests moviments centralistes poden arribar a tenir en la resta del territori català.

I absolutament d’acord amb la intenció del post i del debat: una crítica constructiva i fonamentada que intenta fer veure a la direcció del Museu Nacional d’Art de Catalunya que determinades coses no s’estan fent prou bé.

Com diu Kippelboy, la nostra estima vers el museu no és qüestionable: en el meu cas només cal fer una cerca al blog per comprovar que ens aquests més de quatre anys de vida he parlat molt d’ells, a vegades per manifestar la meva dissensió i en d’altres per parlar de forma elogiosa. Així és com entenc la crítica museològica/patrimonial. Dedicar-se només a escriure sobre casos de bones pràctiques i no fer-ho d’allò que considero negativament seria amagar el cap sota l’ala. I Miradas va néixer amb la voluntat d’enriquir el debat professional per fer dels nostres museus i del nostre patrimoni un referent a nivell internacional. Si l’emperador va despullat, des de Miradas em vaig marcar l’obligació de dir-li.

Salutacions des de L’Hospitalet de Llobregat, una ciutat que sap molt bé allò que significa viure a l’ombra de la gran urbs.

Muy de acuerdo con SantosMMateos. Primero, muchas gracias por responder de forma abierta al post. Un paso más hacia la transparencia. En un país normal (ése que muchos piden) estos temas se tienen que debatir en abierto.

Un museo abierto lo es también a las críticas y a las dudas. Partiendo de la base que tanto el escritor del post como yo somos declarados amantes del Museu Nacional d’Art de Catalunya. És precisamente por eso que nos gusta que nos expliquen todo lo que pasa.

Y cuando los «heavy users» de un museo generan un debate sobre què significa el movimiento X o Z, el museo lo tiene que tener muy en cuenta. Un «heavy user» actua como altavoz y a la vez como termómetro. El museo tiene que usarlos para saber donde hay fiebre. Qué no se entiende bien. Donde hay camino para mejorar.

Si personas que estan siguiendo cada paso del museo tienen dudas sobre el nombre, la marca, el logo… et al, es posible que gente menos relacionada con el museo tengan una confusión aún mayor.

Lo mejor de todo, como dice Pepe Serra, es que está todo por hacer. Os animamos a seguir mejorando y a comunicar más horizontalmente el museo. Sin miedo. Una marca no es nada. Un logotipo tampoco. Ikea podría ser el nombre de una heladería. La marca se viste con los actos y los mensajes que lanza el propietario. Y si los mensajes no se corresponden con los actos…se genera ruido en la comunicación.

Mucha suerte y un abrazo.

Kippelboy, contribuciones como las tuyas reafirman que el interés en los blogs muchas veces está en los comentarios y no en los propios posts.

Poco puedo añadir. Solo decirte que la frase «Una marca no es nada. Un logotipo tampoco. Ikea podría ser el nombre de una heladería. La marca se viste con los actos y los mensajes que lanza el propietario. Y si los mensajes no se corresponden con los actos…se genera ruido en la comunicación» será La frase del mes de enero 2014.

Saludos.

Des del Departament de Comunicació del Museu del Disseny de Barcelona ens agradaria fer algunes puntualitzacions:

– El Museu del Disseny té previst obrir les portes al públic a finals de l’any vinent i durant el 2014 es durà  a terme una campanya de comunicació en la qual es presentarà la nova identitat corporativa i el programa d’activitats.

– Al mes de juliol d’enguany, vam canviar el nostre nom a les xarxes socials i vam realitzar una campanya informativa entre els nostres usuaris i a nivell online per tal de comunicar aquest canvi.

– Respecte al fet que no surti la paraula «Barcelona» al nostre nom a Twitter, es deu a un motiu d’espai: Twitter no permet introduir tants caràcters. A l’espai destinat a l’explicació, sí que apareix detallat que som el Museu del Disseny de Barcelona.

Esperem que estigueu atents a totes les propostes que us presentarem a partir de l’any vinent.

Gracias por vuestro comentario, aunque es una auténtica lástima que con él no hayáis aclarado las dudas en torno a vuestro cambio de nombre y todo lo que ello implica.

Como bien decís, habéis informado puntualmente del cambio de nombre y habéis convocado un concurso público para las nuevas marcas visuales. Ese no es el problema, evidentemente.

El problema que se plantea en el post tiene que ver con el cambio del proyecto inicial nacido públicamente en 2009 y todo lo negativo que esa decisión comporta desde mi punto de vista.

En cuanto a vuestro nombre en Twitter y la no inclusión de «Barcelona», no era una crítica hacia vosotros, sino un comentario dirigido al Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Por aquí se espera con impaciencia la inauguración del museo. Sin duda, una ciudad como Barcelona no puede estar más tiempo sin un museo del diseño.

Saludos.

Jo també estic esperant que obri el Museu del Disseny. Promet molt i he de dir que sí que es va fer una campanya de canvi de nom de DHUB a museu del disseny. Tot i això, és cert que caldrà fer un esforç extra per aconseguir canviar el nom de DHUB a Museu del Disseny dins de l’imaginari col·lectiu. I explicar que continent i contingut no són el mateix és difícil d’explicar.

Per acabar, comentar que m’agrada molt el vídeo que hi ha a la home del web on la directora explica clarament el nou projecte. Molta sort!

Creo que SantosMMateos ha dado en clavo con un análisis directo y sin concesiones de cómo se lleva a cabo la custodia de la imagen de marca en instituciones. Si en muy pocos años se ha cambiado de imagen, rediseñado logotipos o, simplemente, agrandando o reduciendo el naming de la institución, esto puede ser motivo de un análisis que va más allá de lo meramente comunicacional. Hay que estudiar en qué periodos se han realizado estos cambios y establecer una correlación con los tempus «políticos» del país: elecciones, cambios de gobierno, entrada de nuevos alcaldes o nuevos directivos o presidentes de la institución.

Por la experiencia adquirida en el mundo del diseño de imagen corporativa, es muy habitual que las instituciones varíen su imagen (sin objetivo alguno). Si bien, porque entra un nuevo director o presidente éste suele tener un primer impulso (¿megalómano?) de cambiar la imagen inmediatamente (pensando que así pasará a la posteridad su obra o su intento de cambio, para que no cambie nada. Entonces, se busca a un diseñador con estudio (amigo personal) y zas, ya tenemos imagen nueva (sin atender a criterios racionales). Otro caso (y es muy común en Catalunya y en especial, en el Ayuntamiento de Barcelona) es de la aparición de un nuevo alcalde, el ascenso de un nuevo partido al poder o de un nuevo concejal o conseller de cultura. TODOS aplican el mismo criterio «megalomaníaco»: cambiar la imagen de marca, sin atender a razones del ámbito de la comunicación. Y por agradecimiento, suelen llevarse este menester, las agencias o empresas de comunicación que diseñaron la campaña política que ascendió a ese candidato y alcalde. Recordemos los intentos de cambios de logo del Ayuntamiento, los de entidades afines o subvencionadas y más recientemente, el caso del Circuit de Montmeló, o más añejos como el del Festival de Sitges, etc.
Luego vendrán, tarde o temprano, qué hubo detrás de esos cambios: ¿comisiones del 3-4%?, contrataciones de parientes, pago de favores… etc. Como ha sucedido con el caso Orange Market, o en la época de Felipe González con Julio Feo… el caso TAPSOE (TAPSA), etc. Esto no quiere decir que el MNAC haya actuado con total normalidad (esperamos y creemos que así ha sido), pero un cierto aroma a megalomanía coincide con la incorporación de Miguel Roca al MNAC. No en balde hay una amplia tradición en nuestra portuaria ciudad de cambiar por cambiar y así no se consolida imagen de marca alguna.

Jaume, como comentas acertadamente, está claro que en las instituciones públicas (como los museos comentados) hay mucho camino por recorrer en lo que se refiere a la construcción y custodia de la identidad/imagen de marca.
Y lo digo también en el sentido positivo, pues nuestros museos están dando sus primeros pasos en muchos de los aspectos que tienen que ver con esa «nueva» orientación que se preocupa y ocupa de sus públicos. Por lo que es normal que se cometan errores o imprecisiones.
Si en el caso del Museu del Disseny todo parece encajar con ese criterio «megalomaníaco» que comentas, en el caso del Museu Nacional d’Art de Catalunya creo más bien que es simplemente fruto de decisiones poco reflexivas que no han calibrado del todo bien su impacto global.

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