Dos palomas vuelan de la colección de arte románico del MNAC. Cuando reconocer los errores humaniza al museo

Para los visitantes de los museos, conocer qué se cocina en su trastienda siempre es interesante, atractivo. La exposición temporal El museo explora. Obras de arte a examen del Museu Nacional d’Art de Catalunya, complace ese sano ejercicio de cotilleo al descubrir una porción de la rebotica del museo.

Entre las cosas más interesantes que se pueden ver en ella (y leer: los textos explicativos son generosos), aquella que muestra y demuestra que el museo cuando habla también se equivoca, dejando al descubierto que su supuesta auctoritas es más bien una falsedad. Bien, realmente los que se equivocan son los historiadores del arte que hacen hablar a la institución museística. Por desgracia para la profesión, los historiadores del arte no tenemos la infalibilidad que sí tienen los tuits de Benedicto XVI.

En concreto estoy hablando del espacio que se le dedica en la exposición a las palomas eucarísticas que forman parte de su Colección de Arte Románico: «¿Palomas románicas o modernas?». Gracias a pruebas científicas realizadas con microscopia electrónica se ha podido determinar que únicamente una de las tres es realmente original del siglo XIII. Uno de los productos utilizados en la decoración esmaltada característica de este tipo de objetos producidos en Limoges delata que dos de ellas se realizaron entre los siglos XVIII y XIX. Lo que las convierte de facto en copias o falsificaciones (el matiz depende si en el momento de realizarse se hicieron o no con ánimo fraudulento).

El Museu Nacional d’Art de Catalunya hace aquí un ejercicio de valentía científica. Reconocer públicamente el error en una atribución no es una muestra de debilidad, sino todo lo contrario, de madurez y valentía. Un ejercicio de transparencia que humaniza una institución cultural, el museo, más bien fría y distante para el común de los mortales.

Lo que no acabo de entender es que un avance tan relevante en el conocimiento de unas piezas tan significativas no tenga respuesta en el catálogo online del museo (Las Colecciones Online del MNAC), donde se sigue manteniendo como románica una de las que ahora ya se sabe que no es más que una copia (o falsificación) de los siglos XVIII-XIX.

Miradas_desde_la_copa

Miradas_desde_la_copa

[Imágenes: MNAC]

Detalles como éste demuestran que, en más casos de los deseables, el museo físico y el museo virtual todavía no se entienden como fenómenos complementarios que forman una unidad, dos caras de una misma moneda. No estaría mal que se dejasen de cometer estos desajustes en cosas tan básicas. Sobre todo antes de emprender proyectos digitales de mayor complejidad.

Por cierto, la famosa frase popular «Eres más falso que un duro sevillano» bien podría ser a partir de ahora «Eres más falso que una paloma románica del MNAC».

3 comentarios

Añade el tuyo

Han dejado un palomo cojo… Por cierto el dia que alguien revise la colección Plandiura quizás también hayan más sorpresas.

Pues sí Pedro, si no recuerdo mal la única que es románica no tiene patas (tiene una peana). Una especie de Oscar Pistorius del arte románico.
Estas palomas eucarísticas proceden del legado de Santiago Espona. Y me imagino que entre la colección Plandiura también podría haber sorpresas.
¡No quiero ni pensar la de museos que he visitado para acabar gozando de gato por liebre!
Viendo casos como éste, me ronda la idea que mucho del arte medieval que se expone en nuestros museos es más bien de los siglos XVIII-XIX. Y si no son directamente copias o falsificaciones modernas, como poco han sufrido «restauraciones» generosas para devolverles su esplendor. Algunos museos de arte medieval lucen unos frontales sospechosamente relucientes.
En fin, continuaré disfrutando del arte medieval partiendo del principio de presunción de inocencia: mientras no se demuestre lo contrario lo consideraré original.

Deja un comentario