Los monumentos no son el mono de Fernando Alonso

Sutileza es la clave.

Cuando el propietario de un monumento busca patrocinador para acometer su restauración, en su hoja de ruta siempre debería reservar un espacio de privilegio a esa palabra: «sutileza». Y la empresa que decide patrocinarla también la tendría que tener muy presente.

Sutileza para no convertir el monumento en el mono de Fernando Alonso. De hacerlo, todos pierden, todos perdemos.

Mayoritariamente, la gente ve con malos ojos la transformación de los monumentos en un soporte publicitario más (¡publicidad sí, pero no en todos los sitios!), lo que afecta negativamente a la imagen y reputación del gestor del monumento y a la empresa patrocinadora. Y si lo que buscan las empresas al asociarse al mundo cultural es, fundamentalmente, la buena imagen y el aumento de su reputación que le otorga el matrimonio de conveniencia, es una idea desastrosa pensar que un monumento no deja de ser un soporte más. 

Casos de lo que se llama poster domination hay cada vez más, por desgracia. En Francia y en Italia es donde seguramente más polémica ha suscitado este tema, especialmente en París, Venecia y Florencia (para conocer detalles de estos casos, vale la pena leer los artículos Ads of Sighs de Enrico Tantucci y El lujo francés se instala en los museos nacionales de Juan Pedro Quiñonero). Y empresas inteligentes, que habían transformado el Palacio Ducal y el puente de los Suspiros de Venecia o el puente Vecchio de Florencia en meros soportes publicitarios, tuvieron la suficiente cintura como para pedir disculpas y cambiarlos por lonas menos invasivas ante la avalancha de críticas recibidas.

Pues en Barcelona también tenemos nuestro particular monumento-casco de Jorge Lorenzo: se trata de la Casa Terrades (popularmente conocida como Casa de les Punxes), un magnífico edificio modernista de Josep Puig i Cadafalch, uno de los tres mosqueteros del modernismo catalán.

Comunicacion_del_patrimonio

[Foto: Miradas desde la copa]

Los propietarios y la empresa patrocinadora, Calvin Klein, no han tenido empacho en convertir una de las fachadas que se están restaurando en una gran valla publicitaria, sustituyendo el adjetivo «sutil» por «invasivo».

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[Foto: Miradas desde la copa]

Si verdaderamente quieren hacerlo bien (haciendo honor a la leyenda colocada bajo las dos chicas semidesnudas: «Calvin Klein col·labora en el Programa de remodelació de parets mitgeres a la ciutat de Barcelona»), propietario, empresa patrocinadora y organismo municipal competente (el Institut del Paisatge Urbà i la Qualitat de Vida) deberían empezar por discriminar cuando el edificio en restauración, susceptible de tapar con una gran lona, es o no un monumento singular de la ciudad. 

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[Foto: Miradas desde la copa]

Lo denunciaba el periodista Edwin Winkels en el artículo Las «punxes» son ahora pezones (El Periódico) y yo me sumo a su denuncia.

Y vosotros, ¿qué pensáis?

3 comentarios

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Desgraciadamente, la publicidad en fachadas no ha evolucionado en creatividad… un desastre!!!! Por ejemplo, cuando estuve en París, estaban remodelando la fachada de Louis Vuitton, pues en vez de poner un anuncio cutre salchichero, cubrieron todo el edificio como si fuera un bolso gigante de la marca. Sin tipografía ni nada. Se pueden hacer muchas cosas, pero a veces el que pone el dinero es el que manda y prefiere lo convencional. Yo, hubiera integrado el anuncio a la fachada, que los modelos se vean, como si estuvieran trabajando en la restauración (en una fotografía) de esta forma igualmente se vería el edificio, sería original y no sería un impacto negativo para el monumento.

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