Museos y Relaciones Públicas: el poder de los nuevos prescriptores

Más allá de la discusión sobre si los editores de blogs o propietarios de perfiles en redes sociales virtuales son prescriptores culturales, está claro que cada vez son más las personas que los siguen y hacen caso de sus opiniones y consejos. En algunos casos con un poder de difusión y penetración de esas opiniones que supera en mucho a la de los prescriptores culturales hasta ahora al uso, como periodistas culturales o críticos.

Esta realidad, incontestable, aconseja que las instituciones culturales (y entre ellas, como no, los museos) los tengan en cuenta. Y tenerlos presentes significa incluirlos en su estrategia de Relaciones Públicas como un público objetivo más.

Digo todo esto al hilo de algo que me ha impactado sobremanera. Como seguidor de Buzzeum y Louvre pour tous, conocía la “lucha” que el colectivo OrsayCommons está librando en Francia contra el Museo d’Orsay, mejor dicho, contra los actuales gestores del museo. Concretamente por su negativa a dejar tomar fotografías en su interior, algo que se recuerda insistentemente a los visitantes mediante el típico pictograma de prohibición.

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[Foto: Louvre pour tous]  

La guerra ya ha tenido batallas físicas, como las diferentes performances que se han venido realizando, cuyo objetivo es hacer el máximo de fotografías dentro del museo (recordad que está totalmente prohibido) y ponerlas a continuación a disposición de los internautas.

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[Foto: Louvre pour tous]

Pero el campo de batalla donde realmente se está librando es en el medio virtual, utilizándose las redes sociales como estilete contra los gestores del museo. Por ejemplo, en Facebook se ha creado una cuenta expresamente para el tema (con 248 seguidores a día de hoy) y en Flickr alguno de sus miembros tiene diferentes álbumes sólo para denunciar la prohibición.

Más allá de los muchos artículos y comentarios que se han publicado sobre el tema (un resumen completo aquí), el colectivo también está ejecutando acciones más guerrilleras, menos convencionales, en sintonía con la contrapublicidad. Aquí van algunos ejemplos de esa piratería publicitaria (que diría Naomi Klein).

El museo ha puesto en marcha una campaña para promocionar la nueva presentación de la Galería impresionista y otros espacios, que se inaugurará el próximo 20 de octubre (desde el museo hablan incluso del Nouvel Orsay). Bajo el eslogan Un nouveau regard (Una nueva mirada) y Nous avons revu Orsay. Tout est à revoir (Hemos revisado Orsay. Todo está por redescubrir), se presentan fragmentos de varios retratos de su colección, concretamente de sus ojos. Nada del otro mundo publicitariamente hablando. 

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[Fotos: Publicis Consultants]

Lo que sí es realmente interesante es el concurso que la plataforma ha puesto en marcha para manipular las diferentes piezas de la campaña. Una acción más para denunciar la postura intransigente y trasnochada de los responsables del museo parisino. En la primera se puede leer Regardez nos photos. Les vostres valent zéro (Mirad nuestras fotos. Las vuestras no valen nada); en la segunda Visiteur photographe. Le Louvre t’attend (Visitante fotógrafo. El Louvre te espera).

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 [Foto: Julien Dorra en OrsayCommons]

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[Foto: Bernard Hasquenoph en OrsayCommons]

Incluso el logotipo, esa sacrosanta condensación gráfica de la personalidad del museo, también ha sufrido una pequeña intervención quirúrgica (poco para lo que se merece, si se tiene en cuenta que el rediseño del magnífico logotipo de Bruno Monguzzi y Jean Widmer fue de hecho su certificado de defunción).

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[Foto: Louvre por tous]

De acuerdo que se trata de un caso extremo, una verdadera crisis para el museo en cuestión, pero seguir viviendo de espaldas a la cada vez más influyente opinión de esos nuevos prescriptores culturales es vivir en el filo de la navaja.

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11 Responses to “Museos y Relaciones Públicas: el poder de los nuevos prescriptores”

  1. Marta Tonisastre dice:

    Sinceramente, la prohibición de hacer fotografías en los museos ha sido una de las medidas más ridículas. Yo entiendo que no se pueda hacer fotografías con flash, porquè puede estropear los pigmentos de la pintura, pero una fotografía sin flash no hace daño a nadie. Podrían hacer como en el Rijksmuseum en Amsterdam, que permiten hacer fotografías sin flash, sólo que han bajado la luz de forma casi imperceptible pero que en las fotos se ven las obras con poca luminosidad, pero lo suficiente para que se vea la obra. Hacer una guerra en contra de la gente que hace fotos, que son los que realmente aman el arte, pues se quieren llevar un recuerdo; no creo que sea la mejor opción. Además la utilización del típico pictograma, con creatividad nula… Usted comentó en clase que tenemos que hacer comprender al visitante el porqué no se pueden hacer fotos dentro del museo. Está comprobado que cuánto más prohibes, más se rompen las reglas.

    • Santi dice:

      Sobre todo, Marta, cuando se prohiben cosas que hoy día ya no tienen mucho sentido. Y no dejar hacer fotos sin flash dentro de los museos que no tienen su obra bajo derechos de autor es ridículo.

  2. Oscar Bilbao dice:

    Totalmente de acuerdo.

    Sólo veo una razón para prohibir hacer fotos… evitar las hordas de gilipollas, i-phone en mano, haciéndose fotos al estilo “yo y las meninas”.

    • Santi dice:

      Daños colaterales, que diría Georges Bush…
      Tengo una colección de magníficas fotos en el Louvre que demuestran que, en general, todos estamos gilipollas. La mayoría de esforzados visitantes que se plantifican delante de la Monna Lisa la ven en la pantalla de su cámara. Tienen la suerte de mirarla con sus ojitos, pero dedican los pocos segundos que están allí a hacerle fotos. Fetichismo del turista de masas, que piensa: cuando vuelva a casa la única forma que tendré de vacilar a mis familiares y amigos es enseñándoles mis fotos (desastrosas, claro) que demuestran que estuve allí y ellos no.
      A mí, mientras no me toquen las narices directamente (vaya, que por hacerse la foto delante de una obra me hagan apartarme y cosas por el estilo) no me molesta especialmente.

  3. Oscar Bilbao dice:

    No, si mientras sea eso, no vamos mal, de lo suyo gastan. Me refiero al “ahí, ahí, un poco más a la izquierda, que me tapas a la enana””ahora pon cara de gioconda…” como lo de sujetar la torre de Pisa, ya me entiendes.

    • Santi dice:

      A esos hay que llevarlos del cuello a los lavabos del museo y aplicarles ligeras inmersiones en la taza del WC para ver si así reaccionan (o como mínimo se les queda la cara tipo sfumato).
      Por cierto, tengo más fotos de la gente haciendo el ganso en Pisa que de la propia Torre. Ya me empiezo a preocupar de las cosas raras que hago.

  4. Hector dice:

    Amigo Santos:
    Estoy totalmente de acuerdo contigo: los prescriptores “culturales” somos todos en la era digital. Unos con más fuerza y otros con menos, unos más influyentes y otros charlatanes pero somos TODOS. Así que el panorama es variopinto y enriquecedor. La pregunta es ahora: los que han tenido el monopolio y liderazgo de la información ¿por cuánto tiempo mas podrán ostentarlo? O ¿cómo construir una comunicación eficaz ante la vorágine de preceptores? He allí el kit de la cuestión. Saludos.

    • Santi dice:

      Héctor, ¡por primera vez en la historia del blog estás de acuerdo conmigo en algo! ¡Habrá que celebrarlo!
      En cuanto a las preguntas, no creo que las nuevas formas sustituyan a las ya existentes, simplemente se complementarán.
      A lo segundo, los responsables de comunicación de los equipamientos culturales tendrán que activar otras “antenas” más allá de los medios de comunicación convencionales. Ahora se habla de ellos en otros sitios y es otra la gente que lo hace. Para discriminar el grano (los blogglers con opiniones interesantes que pueden influenciar a sus seguidores) de la paja (los charlatanes) es tan fácil como seguir el blog y conocer su histórico.

  5. Yrene dice:

    Luego también pasan cosas divertidas como: un comentario (tirando a queja) en FB y todos a correr (literalmente) con mucho ataque y nerviosismo para dar una respuesta. Jajaja!

    • Santi dice:

      Yrene, es lo que tiene abrir todas las ventanas de nuestra “casa”: se renueva el aire, entra fesquito…pero también se cuelan algunos moscones. Por eso es recomendable abrirlas, pero siempre con gente detrás capacitada para darle al moscón lo que se merece (una respuesta rápida e inteligente).
      Antes se estaba acostumbrado a que se hablara bien de ti o no se hablara, pues los que hablaban mal normalmente no lo hacían en público. Ahora no hay este tipo de prevenciones: se comenta algo en público, ya sea para elevarlo o para destrozarlo.

  6. […] años, en el post Museos y Relaciones Públicas: el poder de los nuevos prescriptores, explicaba la lucha de un grupo de activistas para conseguir la eliminación de la prohibición de […]

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