Museos (re)cortados: oportunidad para repensarse

«No hay mal que por bien no venga».

«Hacer de la necesidad virtud».

Cuando el consejero de Cultura de la Generalitat, Ferran Mascarell (el mismo que decía hace poco aquello de «Un país vale lo que vale su cultura», rutilante Frase del mes de febrero) anuncia un recorte monumental para los grandes equipamientos culturales de Catalunya, hay dos opciones: llorar o moverse. Llorar es sano y muy humano, pero entre lágrima y lágrima no se solucionan los problemas.

recuperacion

[Viñeta: J.R. Mora]

Siendo lamentable el recorte (¡qué nadie me malinterprete y se confunda conmigo!), quizá sea el momento de replantearse muchas cosas.

La primera es sobre la propia genética de los museos. Como decía Keith Christiansen (curator del Met de Nueva York), ¿no será que pretendemos cosas imposibles para ellos?, ¿no será que les exigimos demasiado a los pobres -ahora más que nunca- museos?

Luego, sobre cosas más mundanas (pero no menos importantes, pues seguramente sean parte de la solución):

¿No será el momento de poner tratamiento definitivo a la enfermedad de la exposicionitis, volviendo la mirada a las colecciones permanentes? (cómo ya reclamaba en el post Moviendo la permanente: la vacuna de los museos contra la exposicionitis).

¿No será el momento de olvidarse de los folletos (tradicionales pero inútiles) y los costosos catálogos (magníficos para los especialistas, pero mudos e inalcanzables para el común de los mortales)? ¿No será el momento para implementar definitivamente nuevos formatos de difusión cultural y promoción que los sustituyan?   

¿No será el momento de comenzar a buscar seriamente nuevas fuentes de financiación en el mundo privado? (vale la pena ver los excelentes ejemplos comentados en el post Cultura y economía de guerra: buenas ideas para malos tiempos).   

Sacando de paseo la bola, mucho me temo que al final la única manera de replantearse la dramática situación financiera de nuestros museos públicos pasará por implementar medidas como las comentadas. Ahora es el MOMENTO de repensar nuestros queridos y malheridos museos.

Por cierto, menos mal que el consejero tiene una opinión favorable sobre el papel nuclear de la cultura para nuestro país. No quiero ni pensar que hubiese pasado de ser consejero de cultura un economista o una doctora especializada en dermatología…

2 comentarios

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Santi, cierto todo lo que planteas. El problema está en lo de siempre: los responsables de instituciones culturales son ciegos a la realidad. En época de vacas gordas, ya son ciegos en temas como la difusión, la importancia de llegar a todo el mundo, entender cuál es el compromiso de los museos públicos, etc. Y ahora, lo más grave: están ciegos ante la falta de dinero y los recortes presupuestarios. O sea: malos gestores, pero peores ciudadanos.

Por suerte hay cada vez menos de esos especímenes que comentas, Yrene. Y como cualquier proceso de selección natural, al final acabarán desapareciendo (espero que más pronto que tarde). Por suerte para los equipamientos culturales, para los contribuyentes y para la humanidad.
Alucino cuando alguno de esos personajes se rasga las vestiduras, planteando que en algunas exposiciones no se podrá editar el correspondiente catálogo. Vamos a ser serios: ¿cuántos catálogos se han publicado en los últimos años que no sean de mero trámite? Estoy cansado de ojear catálogos de lujo que no aportan casi nada al mejor conocimiento científico del tema que tratan. Y además, es que ya existen otras formas de difusión de esos contenidos que no son un lujo asiático.

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