La vida cultural de Francia

Mirada invitada: Yrene Bueno López

Departamento de Comunicación del MNAC (Barcelona)

Unos días de marzo de 2010 en París. Todas nuestras energías para visitar los museos más destacados de la capital francesa y no morir en el intento. Exposiciones Turner et ses peintres en el Grand Palais y Lucien Freud. L’Atelier al Centre Pompidou. Por culpa del hambre, avidez, glotonería, ansia y gula del público que visitaba las muestras esos días (creo recordar que era un viernes y un domingo por la tarde), no vimos nada. Imposible acercarse a las obras a menos de cinco metros. Imposible.

Prefiero la pasividad y el poco interés por el arte del público español; museos vacíos, ¡qué descanso! Así puedo visitar las exposiciones a mi ritmo, acercándome a las obras hasta donde me dejen los vigilantes de seguridad y/o el querido cordón de terciopelo (ver la coña sobre la catenaria en el monólogo de Andreu Buenafuente), y no llegar a conocer qué se siente teniendo una muchedumbre delante de mí.

3 comentarios

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Yrene:
No sé si te has contagiado de la ironía del Sr. Mateos, pero ya le gustaría a muchos museos españoles recibir esas marejadas de gente visitando esos obsoletos mausoleos del arte. También es cierto, que como visitante de museos agradeces un lugar tranquilo y sosegado para poder disfrutar del arte. Pero me preocupa que como miembro del MNAC -como firmas- no valores positivamente el «éxito» de asistencia a los museos. El mismo MNAC ha sido ejemplo de ello estos últimos meses, ¿no?
Me quedo con el sabor de la contagiosa ironía del Sr. Mateos o la reiteración la poca fuerza de convocatoria de las instituciones del arte.
Un abrazo

Querido Héctor,
Como bien has dicho, este post es pura ironía (lo que ya no sé si contagiada por el Sr. Mateos o de mi propia cosecha). Claro que envidio el exitazo de los museos franceses, que son los que conozco medianamente bien. Sé que cada vez que visito alguna institución cultural francesa tengo que batallar con el público para poder ver algo. Esto, por una parte, es decepcionante para alguien que quiere ver bien la exposición. Pero por otra, es asombroso. No sé qué tenemos que hacer los que trabajamos en museos para llegar a nuestro público de manera tan exitosa.
Un abrazo!

Yrene, preguntas qué es lo que tenéis que hacer los gestores de museos. Gracias, me lo pones en bandeja de plata: hay una doble responsabilidad, de los propios museos pero también del mismo público.
Los museos deberían comunicar bien, haciendo exposiciones realmente accesibles (en todos los sentidos). En este caso vosotros mismos hicísteis una exposición que en este sentido era bastante modélica: El romànic i la Mediterrània: una potente tesis que la hacía muy atractiva para el público habitual, pero con un planteamiento divulgativo que la hacía interesante y accesible cognitivamente para el público no habitual.
Luego está la responsabilidad del propio público. Y por desgracia, los franceses en eso nos llevan años de ventaja. El consumo cultural es más elevado allí que aquí. Pero lo que en principio es una mala noticia pienso que es todo lo contrario, una verdadera oportunidad: todavía hay mucho por hacer y mucha gente que quiere hacerlo.
Ánimo, en vuestro caso el camino lo tenéis en aquella exposición.
Y Héctor, mi ironía (posiblemente contagiosa) es el arma que utilizo para conseguir que las cosas que se hacen mal se hagan mejor. Por suerte, cada vez hay más ejemplos buenos que malos, por lo que seguramente algún día pueda librarme de esta pesada carga irónica. Te aseguro que ese día seré el hombre más feliz del mundo.
Un abrazo a los dos (irónico para Héctor).

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