Restaurando con sentido del humor

Aunque restaurar un bien cultural (mueble o inmueble) es cosa muy seria, que siempre debería evitarse de no ser la única solución para preservarlo (siempre es mejor conservar preventivamente que restaurar), como todo en la vida se puede afrontar con sentido del humor. Aunque este sentido sea, junto al sentido común, un rara avis en la gestión de nuestro patrimonio cultural (sobre todo en temas de comunicación).

Si ese sentido del humor se aplica para que el público sepa con relativa facilidad que aquello que está disfrutando es fruto de una restauración, miel sobre hojuelas. Como usuario, no hay nada peor que estar viendo algo que crees auténtico y que sepas, a posteriori, que toda aquella belleza tan bien conservada es fruto de una restauración del siglo XIX o del XX.

Un ejemplo de lo que comento es el famoso astronauta de la Catedral Nueva de Salamanca.

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[Foto: Tecnoartes.net]

Cuando se procedió a la restauración de la Puerta de Ramos, los escultores salmantinos Juan Iglesia y Miguel Romero quisieron dejar testimonio de nuestra época. Algo que ya hacían los canteros y escultores medievales.

De hecho, el astronauta se ha convertido desde 1992 en un atractivo turístico más de la ciudad charra, tan buscado como la mismísima rana de la fachada de la Universidad. Un reclamo que, por desgracia, ha sufrido múltiples veces el ataque de borrachos y/o descerebrados: la primera le desfiguró la cara, la última le arrancó un brazo.

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[Foto: TecnoLogic Spain]

Vale la pena oír los sensatos comentarios de los entrevistados en esta noticia televisiva sobre la reciente amputación del Neil Armstrong salmantino:


 

Otro caso se encuentra en el Museu Palau Mercader, un palacio romántico que Cornellà de Llobregat (Barcelona) tiene la suerte de poseer entre su patrimonio cultural. En el momento de emprender su restauración integral a principios de los años 90 del siglo pasado (sí, aunque suene raro los lectores y colaboradores de Miradas desde la copa somos hijos del siglo pasado), los restauradores también quisieron dejar testimonio de nuestra época. Y lo hicieron en el patio interior, decorado con pinturas típicamente modernistas.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Esta vez, colocando unas gafas a una de las muy modernistas jóvenes que decoran los medallones.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Concluyendo: hasta las cosas graves de la vida se pueden plantear con sentido del humor.

3 comentarios

Añade el tuyo

Jajaja, no sé si compartirán mucho tu opinión algunos conservadores. ¡Y ya ni hablemos de los políticos que «gestionan» nuestro patrimonio cultural!
Gracias por tu comentarios, siempre es bueno saber que hay alguien interesado detrás de la pantalla.

[…] La mayoría de la gente puede llegar a ocasionar daños en los recursos patrimoniales más por desconocimiento que por mala fe (siempre hay borregas excepciones a la regla general, sólo falta ver el caso del astronauta de la catedral de Salamanca). […]

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