La voz del conservador o la ventriloquia

Estamos acostumbrados a que las piezas expuestas en nuestros museos y los monumentos musealizados nos hablen directamente. Lo hacen de forma impersonal, presentándonos ideas como si fueran únicas y definitivas.

Los bienes culturales hablan.

Lamentablemente, la mayoría de las veces no se nos ofrece la posibilidad de conocer otras teorías: saber que existen otras posibles interpretaciones sobre la autoría de aquella pieza o sobre cómo era aquel espacio en una determinada época histórica.

Pero, ¿quién habla realmente?

Los conservadores. Profesionales de la gestión que dan su versión, pero de forma anónima, escudándose bajo las siglas del museo o bien cultural. Unas siglas que utilizan como si fuese el muñeco del ventrílocuo. Parece que quien habla es la institución, no sus profesionales. ¿Comodidad?, ¿timidez?, ¿miedo? Me da la sensación que nuestros conservadores se sienten a gusto en su papel de ventrílocuos.

La prueba de una difusión cultural diferente. 

Los responsables de la Torre de Londres demuestran que existe otra forma de plantear el tema.

Recrean algunos ambientes del Palacio Medieval, haciendo una foto fija de como sería en una época determinada. Por ejemplo, aquí se puede ver una recreación de la cama del rey Edward I.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Un montaje museográfico basado en fuentes visuales de la época. Nos lo explica en la web Susan Holmes, assistant curator del conjunto:

Cuando estábamos recreando la cama de Eduardo I, una de la fuentes más útiles que encontramos fue una imagen medieval que muestra ¡la concepción del mago Merlín! El suceso tenía lugar en un lujoso lecho que nos ayudó mucho en nuestros diseños.

Hasta aquí nada nuevo. Lo verdaderamente interesante es el cartel explicativo que se encuentra el visitante al final del recorrido. Mejor dicho, el contenido de ese cartel. Pues no sólo sabemos el nombre del equipo responsable, sino que también se explica y justifica la recreación, reconociendo que no es la única opción y aceptando que a mucha gente no le guste.

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[Foto: Miradas desde la copa]

Con algo tan sencillo, dejan de lado el muñeco para hablar abiertamente. Un ejercicio científicamente sano. Además de valiente.

Yo lo tengo claro: me gustaría saber siempre quien es el ventrílocuo. Para conseguirlo necesitamos conservadores más valientes o bien instituciones más transparentes, ¿no?

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9 Responses to “La voz del conservador o la ventriloquia”

  1. Pere dice:

    No hay duda: transparencia administrativa en todas las administraciones.

    Archivero

  2. Pere dice:

    No hay duda: transparencia administrativa ya!

    Archivero

    • Santi dice:

      Al final una cosa lleva a la otra. Los conservadores deberían exigir cosas como la que comento de Londres. Viendo esas experiencias (muy fáciles de plantear, muy fáciles de hacer, muy baratas) no acabo de entender (vaya, me desespera) la opacidad de nuestros museos. Y no es que me deslumbre por “lo de fuera” (al contrario, soy bastante pragmático como para no plantear cosas que aquí -por cultura, trayectoria- son difíciles de materializar o simplemente no funcionarían), simplemente que hacen cosas que aquí también deberían hacerse. Y la razón es muy básica: se pueden hacer.

  3. mon dice:

    Me parece interesantísimo este concepto de la ventriloquía aplicado al patrimonio. Tal vez se inspire en el maravilloso texto de Haraway que cuenta que para contar la historia no hay originales, todo son copias culturizadas del mundo:

    ‘To tell this story we must disbelieve in both nature and society and resist their associated imperatives to represent, to reflect, to echo, to act as a ventriloquist for “the other.” The main point is there will be no Adam-and no Jane-who gets to name all the beings in the garden. The reason is simple: there is no garden and never has been. No name and no touch is original’. (Donna Haraway)

    O tal vez no.

    • Santi dice:

      No exactamente, Mon. Concretamente se inspira en algo que te oí a ti, aunque tú lo aplicabas a algo más general: la utilización del patrimonio histórico como el muñeco que han utilizado las naciones (con o sin Estado) para legitimar determinados discursos identitarios. ¿Me equivoco?

  4. mon dice:

    Sin duda aciertas otra vez ;).
    Como la bióloga americana se inspiraría, sin duda, en una feria suburbial, quién sabe.

    Así, que el mismo recurso del ventrílocuo nos recuerde el delicioso placer de hacer hablar inanimados resortes, ni que fuera para explicar mejor lo que nos cuesta decir y para lubricarnos el pensar; mientras insistimos en la sórdida vacuidad de la tesis de la propiedad de las ideas.

    Abajo el copyright, arriba la ventriloquía. Muerte al autor, viva el autor.

    • Santi dice:

      Bueno, bueno, Mon. Lo malo de exponerse públicamente es que te pueden hacer una encerrona a micrófono abierto.
      Ya sabes que el planteamiento inicial del blog es dar voz a otras miradas mediante la sección “Miradas invitadas”.
      Vamos a la encerrona: ¿y si redactas un post sobre la utilización del patrimonio histórico como el muñeco que han utilizado las naciones (con o sin Estado) para legitimar determinados discursos identitarios. Ciñiendo más la encerrona: pongamos que, por ejemplo, hablas del caso catalán. ¿Qué me dices? ¿qué nos dices?

  5. mon dice:

    You got it ! 😉

  6. […] por segunda vez acudo a la Tower of London (ya lo hice hace meses en el post La voz del conservador o la ventriloquia): la exposición de su armería, Fit for a King (Digno de un rey, inaugurada en abril de […]

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