¿Exposiciones temporales o Blockbusteritis?

Por esas coincidencias de la vida, un acontecimiento planetario que diría la ministra de Sanidad, conviven en el Museo Nacional del Prado dos exposiciones temporales bien diferentes: RubensPasión por Renoir. La colección del Sterling and Francine Clark Art Institute.

La primera muestra, que reúne 90 obras del pintor barroco aprovechando las obras de acondicionamiento de las salas permanentes que acogen su obra, podríamos decir que se trata de una experimento expositivo. Presentadas de forma sorprendente, como en una especie de instalación o gabinete donde sólo se sigue el criterio cronológico, tiene el objetivo de «despertar la conciencia del visitante sobre la importancia de Rubens en la historia que relata el Museo del Prado y llamar la atención sobre el artista», según palabras del director del museo, Miguel Zugaza.

Aquí va una magnífica descripción del montaje escrita por el periodista Peio H. Riaño en su artículo Rubens en sesión continua:

«El Museo del Prado ha montado una gran película con óleos de hace cuatro siglos. Noventa cuadros, uno detrás de otro, en sesión continua repartidos en dos salas. Noventa fotogramas montados como un gran negativo que corre sobre las paredes de las estancias, formando parte de una película maestra sobre mitología, religión, historia, retratos, paisajes.»

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[Foto: Museo Nacional del Prado]

Como explicó en rueda de prensa Alejandro Vergara, comisario de la muestra y jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte, la secuencia de noventa pinturas «sitúa al espectador andando sobre una cuerda floja, solo ante Rubens. Este especial montaje es un reto para el museo pero queremos que lo sea también para el visitante». Y lo es ya que los cuadros han sido colgados con la intención «de volver a dirigir la mirada, de mirar de forma diferente» la obra del artista de Amberes, planteando una manera «menos cocinada de lo habitual, dando más libertad al visitante, sin dirigirlo».

Un planteamiento novedoso que quiere conseguir un nuevo conocimiento de Rubens, no precisamente estimado por el gran público. Vergara lo tiene más que claro: «Queremos impresionar porque queremos llamar la atención sobre el pintor. Esta es una exposición para sacar pecho».

La segunda muestra, que reúne 31 obras de Renoir, tiene el único valor de presentar por vez primera en España una nutrida representación de su obra. El Prado se limita al papel de anfitrión de una parte de la colección estadounidense. Por lo demás, encaja perfectamente con esa enfermedad que asola los museos de arte internacionales desde hace ya años: la blockbusteritis.  

Si la exposición de Rubens es arriesgada, la de Renoir es la quitaesencia de las exposiciones rompetaquillas: muchos visitantes pero poco interés científico.

Y que es así se puede comprobar fácilmente gracias a otra conjunción astral. Resulta que la misma colección privada, The Sterling and Francine Clark Art Institute (Williamstown, Massachusetts) ha coproducido otra exposición en España, concretamente en el Museu Picasso de Barcelona: Picasso ante Degas. Si en la muestra madrileña de Renoir el objetivo es muy simple, en la muestra barcelonesa es todo lo contrario: se reúne un conjunto de magníficas piezas de Edgar Degas, pero para confrontarlas con la mirada caníbal de Picasso y su obra.

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[Foto: The Sterling and Francine Clark Art Institute]

En tiempos como los que corren, sólo deberían hacerse exposiciones temporales como las de Rubens o Picasso ante Degas, que permiten profundizar en la obra de esos artistas. Cuando los bancos vuelvan a conceder hipotecas subprime y los funcionarios públicos recuperen su poder adquisitivo en un 5%, ya tendremos tiempo de exposiciones como la de Renoir. A no ser que queramos utilizar Renoir de narcótico para olvidar la cruda realidad. 

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