Márqueting de calle: reflexiones

Aprovechando acciones de márqueting de calle como la muy reciente y actual del MNAC (El MNAC pren el carrer), es interesante plantearse el impacto real de este tipo de proyectos no convencionales.

Este tipo de acciones comunicativas, pensadas para impactar brutalmente en nuestras sobresaturadas y cansadas retinas y neurona(s), ¿son realmente efectivas? ¿lo son tanto como merecería el esfuerzo de quien las pone en marcha (en este caso el MNAC y HP)?

Pues bien, para demostrarlo he decidido hacer un pequeño trabajo de campo. Ya aviso de antemano: absolutamente pseudocientífico.

A las 7 de la tarde del pasado 11 de octubre, me puse delante de una de las reproducciones, concretamente el Martirio de san Bartolomé, un ribera colocado en el Paseo de Gracia, 5. Una pieza bastante visible y en una excelente ubicación (que asegura el éxito de público).

comunicacion_del_patrimonio

Allí delante, cerca pero lo suficientemente lejos para no levantar sospechas (sentado cómodamente en un banco, que la ciencia no está reñida con la comodidad), observé la reacción de los 100 primeros transeúntes que pasaron por delante de ella. Aquí van los resultados:

  1. 71 ni la miraron
  2. 10 la miraron sin parar de caminar
  3. 19 pararon para verla con cierta tranquilidad (¡algunos hasta para leer las cartelas!) 

Aunque muy pero que muy parcial, sí permite darse cuenta que el impacto es relativo. Una gran mayoría, que pasaba casi rozándola, no reaccionó como cabría esperar, aunque sólo fuera para mirarla de reojo. 

Pues si la gente, ante obras de arte en la calle (bueno, reproducciones) responde de manera tan tibia, no quiero ni pensar que debe pasar con las muy queridas y utilizadas banderolas y OPIS. Bueno sí, voy a pensar: no sirven para nada.   

Ps.: Lamentablemente, en nuestro país la dotación presupuestaria para investigación no da más que para este tipo de experimentos Quimicefa. Pero tranquilos, que todavía creemos que somos una potencia internacional. 

6 comentarios

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Santi, una buena reflexión que debemos hacer los que nos dedicamos a esto: como a veces se comenta, ¿para qué se hacen determinadas piezas de comunicación como una banderola o un OPI? ¿Porque toca? ¿O porque son realmente efectivas? Pero la verdad, cuesta saber qué impactará a la gente, porque si reproducciones de 3 metros de alto por 3 de ancho no llaman la atención de casi nadie… ¿qué tenemos que hacer? ¿Salir con un magnetófono y gritar a los cuatro vientos como locos desesperados?

Bueno, por algunos comentarios del proyecto en el Libro de visita virtual, es posible que la gente espere neones alrededor de las reproducciones o algo así.
También te digo una cosa: muchas veces tengo la sensación que se dilapidan esfuerzos y recursos para llegar al público objetivo. Si el público es el centro de una diana, es posible que se utilice abusivamente un bazooka en vez de un arco y una fecha. ¿No sé si me explico?
Y otra: viendo lo visto, tenemos que ser conscientes que los museos y el arte interesan a una minoría. La democratización (y blablabla) está muy bien (y yo la defiendo), pero se para más gente a ver los anuncios casposos de las discotecas poligoneras donde se muestran los cuerpos macizos de algún/una stripper que vuestras obras en la calle.

¿Tus padres ya saben para que te pagaron una carrera universitaria? ¿Cómo sabes el sobrenombre de José de Ribera? ¿Mirando los pósters del Bora Bora?

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