La difusión cultural a lo Cirque du Soleil: equilibrios

La frase del mes de enero, un extracto de la columna que Oriol Pi de Cabanyes publicó en el periódico La Vanguardia bajo el título Voluptas culturae, reflexionaba sobre el actual consumo de la cultura. Nunca se ha tenido tanta abundancia y tanta facilidad de acceso a los productos culturales como ahora. Pero parece ser que cada vez se degusta menos. Como decía el articulista: tenemos más pero la consumimos con menos intensidad.

comunicacion_del_patrimonioAcabo de leer un interesante libro de Roberto Igarza, Burbujas de ocio: nuevas formas de consumo cultural (La Crujía, Buenos Aires, 2009) donde precisamente se analizan las nuevas formas y formatos que las jóvenes  generaciones de urbanitas tienen y utilizan para consumir los productos culturales. Una Sociedad del Ocio Intersticial en palabras del autor. Una generación acostumbrada a aprovechar al máximo las micropausas que van encontrando a lo largo y ancho del día, unas burbujas de ocio en las que consumen microcontenidos culturales en tiempo récord gracias a nuevos formatos de distribución tecnológica (los dispositivos móviles).

Está claro cual es el desafío de la difusión cultural aplicada a los bienes artísticos: adaptarse a esas burbujas de ocio generando contenidos culturales donde se exija un consumo intenso. Si hay que adaptarse a esas brevedades (adaptación o muerte), que al menos se generen experiencias voluptuosas. La cuadratura del círculo, vaya. Pero, ¿quién dijo que la difusión cultural fuese algo sencillo? 

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