Efecto souvenir: cuando el mal gusto puede matar

Hace poco visité la magnífica exposición «Efecto souvenir. Fetiches de viaje, más allá de los tópicos» en el Disseny Hub de Barcelona (DHUB) y no dejé de maravillarme de la capacidad humana para crear y comercializar objetos de dudoso gusto aprovechando el tirón de monumentos y obras de arte.

Entre ellos ocupan un lugar de privilegio las miniaturas de monumentos como la Torre Eiffel, la Torre de Pisa y, desde ayer, la del Duomo de Milán, utilizada como arma arrojadiza contra el primer ministro italiano Silvio Berlusconi. 

 

 

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Ya es de mal gusto un artefacto como el de la imagen, pero a partir de ahora también pasa a ser peligroso. Espero que se incluyan entre los objetos prohibidos en los vuelos. ¡Ya me imagino montañas y montañas de miniaturas de la Torre del Oro en el aeropuerto de Sevilla!

 

El comisario de la exposición que comentaba, Óscar Guayabero, debería crear con urgencia un nuevo espacio expositivo analizando la utilización del souvenir como arma de destrucción masiva (seguro que Blackwater estudia incluir las miniaturas en sus operaciones en Irak y Afganistán).

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