Accesibilidad extrema

En las jornadas sobre accesibilidad que comenté en el post precedente, un asistente preguntó a una ponente invidente, Meritxell Aymerich, sobre su reacción cuando se le prohibía en un museo tocar las obras de arte expuestas. Ella comentó que aunque lo entendía, le producía un punto de frustración, pues para su colectivo, visitar museos sin los apoyos necesarios era como para nosotros ver vitrinas vacías o cuadros en blanco.  

  

Posiblemente, y viendo la nueva propuesta puesta en marcha desde el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, ya no tenga sentido esa pregunta, porque todos tendremos el máximo acceso posible a las obras de arte.

 

Un artículo periodístico publicado recientemente, “Struggling Museum Now Allowing Patrons To Touch Paintings”, se hace eco de la preocupación del nuevo director del MET, Thomas P. Campbell: que a pesar de contar con una magnífica colección de arte, permanece indiferente para muchas personas. ¿Cómo cambiar esa realidad? Pues la manera de conseguirlo es (¡conservadores-restauradores, tomad asiento!) probar algo diferente, algo que permita experimentar las obras de arte de forma más cercana y personal: pudiéndolas tocar, sobar. El llamamiento del director es bien claro y sencillo: «Please, bring the whole family and smudge up our paintings as much as you want.» («Por favor, traiga a toda su familia y manche nuestros cuadros tanto como desee.»).

 

Ante una propuesta tan original, la reacción del público era previsible: éxito total. Éxito que ha comportado que la asistencia al museo aumente por diez desde que se implantó la nueva medida.

 

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Sólo hace falta leer los testimonios de alguno de los visitantes que han tenido la suerte de probar personalmente la arriesgada propuesta del MET Museum. Como un joven llamado Phil Brehm, que reconocía a la redacción del periódico no haber pisado un museo desde una excursión obligatoria de la escuela secundaria. Según él «You can’t grasp the brilliance of a great painting just by looking at it. To truly appreciate fine art, you need to be able to run your fingers over its surface and explore its range of textures. Or just rub your face all over it, like I do.» (“No se puede comprender la brillantez de un gran cuadro con sólo mirarlo. Para apreciar verdaderamente la obra de arte, necesitas ser capaz de pasar tus dedos sobre su superficie y explorar su gama de texturas. O frotar la cara por todas partes, como hago yo.”). Para los funcionarios entrevistados, una mancha o una pequeña perforación en las obras es el pequeño peaje a pagar por ese renovado interés por el arte.

 

La popularidad de la propuesta, que únicamente preveía esos privilegios táctiles para la pintura, se ha ampliado a todo tipo de piezas. Ahora ya es posible introducirse en el interior de un sarcófago egipcio para tomarse una foto de recuerdo o hacerse un masaje, o probarse una armadura medieval y participar en un simulacro de batalla.

 

Como acaba reconociendo Campbell, «Sometimes you have to go that extra mile to grab people’s attention.» («A veces tienes que ir así de lejos para captar la atención de la gente.»).

 

Según se comenta, la iniciativa del MET está siendo aplicada también en otros museos y equipamientos culturales estadounidenses. Como el American Museum of Natural History, que por 2 dólares permite subirse a su mítico esqueleto de brontosauro o la Boston Symphony Orchestra, que ha creado un espectáculo donde se invita al espectador a subir al escenario para improvisar canciones o simplemente revolotear por él agitando pañuelos de colores. 

 

En previsión que esa nueva política no sea suficiente a corto plazo, el museo ya se plantea propuestas extremas para el próximo año. Como avanzan desde el MET «Next year we’re going to let people grab any masterpiece they like and just take a shit on it.» («El próximo año vamos a dejar que la gente coja cualquier obra maestra que le guste y se cague en ella.»).

 

P.s.: Se me olvidaba comentar que el artículo se publicó en The Onion, el principal diario satírico de noticias falsas de USA.

7 comentarios

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¡Jajaja! Te has quedado con nosotros 😉 Ya sólo faltaba en la noticia decir que la próxima acción será regalar una caja de rotuladores y plastilina a los visitantes para que «tuneen» las obras de arte a su gusto xD

Pues no sería mala idea para captar a nuevos visitantes, aunque tengan una creatividad extrema y un gusto al límite del buen gusto (¡nadie es perfecto!). Ya me imagino a esos «artistas del diseño» visitando el MNAC y tuneando el Pantocrator de Taüll… unos alerones cromados por aquí, unos altavoces bien potentes por allá.

Yo a mi niño siempre lo monto en el lomo del gato de Botero de la Rambla del Raval, no te parece un buen ejemplo de accesibilidad extrema? Además le tocamos, los bigotes, los ojos, y el resto de protuberancias dignas de mención.

Probre gato de Botero. Seguro que tu niño lo cuida mejor que el Ayuntamiento de Barcelona (¡ya he perdido la cuenta de las diferentes ubicaciones que ha tenido!). Antes de estar en la Rambla del Raval, escondido detrás de las Atarazanas, era pasto de los efectos nocivos del botellón. Por favor, Pedro, acuérdate y no dejes que Leo lo vuelva a tocar, debe tener más virus y bacterias que las urgencias de los hospitales. Mejor que toque el caballo que hay en el Aeropuerto, los de AENA lo tienen bien limpito y reluciente, ya sabes: ¡qué los turistas se lleven una buena impresión cuando aterrizan! (luego que más da que les levanten la cartera, que les vendan gorros mexicanos…).

¡Trágame tierra! Ya es mala suerte, lo peor que te puede pasar en un museo … ¡sobre todo si te hacen pagar lo que has roto!

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