Museos en Twitter: alguna reflexión

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 ¿Procedencia geográfica de la mayoría de museos que copan los primeros puestos de la lista?

De los 100 primeros museos de la lista, un 96% son estadounidenses o británicos. Entre ese centenar refulgen como pepitas de oro un museo australiano (Art Gallery of New South Wales, Sydney), uno alemán (Mercedes-Benz Museum, Stuttgart), uno holandés (Van Gogh Museum, Amsterdam) y otro brasileño (São Paulo Museum of Art), lo que tiene muchísimo mérito.

 

En este sentido ninguna sorpresa: está claro que el mundo museístico anglosajón es la avanzadilla en la aplicación de la Web 2.0.

 

¿Qué lugar ocupan los museos españoles?

El primer museo español, el Museo Nacional del Prado, ocupa el puesto 133 con 1.279 seguidores (importante tener en cuenta que el primero del ranking, el MoMA, contaba en aquel momento con 43.578) adheridos desde el nacimiento de su perfil el pasado 24 de febrero.

 

El segundo museo es el Museo Centro de Arte Reina Sofía,  en el puesto 187 con 929 followers. Nada mal si se tiene en cuenta que es mucho más joven (nació el 22 de junio). Mucho menos tiempo y las cifras ya se acercan a las del Prado.  

 

Como un organismo digital vivo y en plena expansión, es importante ir observando como van evolucionando las cifras. A día de hoy el Prado ya cuenta con 1.433 seguidores y el Reina Sofía supera el millar. 

 

¿Tiene que preocuparnos esta realidad?

Relativamente. Los planteamientos museológicos y la penetración de las redes sociales online en USA y UK nada tienen que ver con nuestra realidad. Está claro que lo óptimo es experimentar y explotar con esos nuevos y eficaces canales de comunicación, pero siempre de forma reflexiva y adaptándolos a nuestra propia idiosincrasia. No todo lo que tiene éxito allí lo tiene que tener necesariamente aquí.  

 

Si esos canales son Facebook o Twitter bienvenidos sean. Pero es algo que no debe obsesionar. Muchos de los que se obsesionan implementan este tipo de redes sociales virtuales porque toca, porque está de moda, sin tener en cuenta que para su caso posiblemente no son eficaces (por el tipo de museo, la  media de edad del visitante tipo…). Y en comunicación debe primar la eficacia, no las obligaciones impuestas por la moda.    

 

Ahora bien, si se trata de empezar a dar juego a los nativos digitales está claro que este tipo de comunicación informal, veloz y ubicua es el futuro. Perdón, el presente.

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