La accesibilidad en los museos

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Ayer asistí a la jornada Art Accessible. Jornada sobre accessibilitat als museus (Arte Accesible. Jornada sobre accesibilidad en los museos)  que se celebró en La Pedrera. Organizada por la Obra Social de Caixa Catalunya y Articket (una única entrada válida para siete museos y centros expositivos barceloneses: CCCB, Museu Picasso, Fundació Joan Miró, MNAC, MACBA, Fundació Antoni Tàpies y La Pedrera de Caixa Catalunya) fue intensa y muy reveladora para acabar de constatar el estado actual de la accesibilidad para personas con algún tipo de desventaja sensorial o cognitiva en los museos y centros de arte que forman parte del grupo.

Y qué mejor manera para darse cuenta del dramático estado de la situación en nuestros museos, que conocer de primera mano (gracias a las conferencias de Francesca Rosenberg -directora de los programas de accesibilidad del Departamento de Educación del MoMA- y Matthieu Decraene -hasta hace poco responsable del programa de accesibilidad del Museo del Louvre-) el intenso trabajo realizado durante los últimos años en el MoMA y en el Museo del Louvre, con programas pioneros capaces de asegurar la accesibilidad integral para todos sus públicos a sus instalaciones y colecciones.

El simple hecho que se le dedique una jornada monográfica al tema, ya es todo un logro que merece una sonora felicitación. Si además se cumple en un tiempo razonable con la declaración de intenciones que leyó el gerente del MACBA, Joan Abellà, se estará en el buen camino. Como dijo un asistente invidente, un camino que tiene que hacerse sí o sí para mejorar la experiencia de una parte importante de nuestros conciudadanos, que ahora están directamente excluidos. 

Pero aún es mucho más gratificante comprobar el interés entre los profesionales de los museos y la cultura, que asistieron en masa al evento desbordando las espectativas de los organizadores más optimistas (más de 300 inscritos y una cincuentena de interesados en lista de espera).

No quiero acabar este post sin hacerme eco de un comentario sorprendente que se repitió entre alguno de los ponentes y el propio público: parece ser que los problemas de legilibidad en muchos textos de sala o cartelas son culpa exclusiva de los diseñadores. Una buena estrategia de los profesionales de los museos, esa de disparar al mensajero sin asumir sus reponsabilidades. Entre estas últimas, se debería incluir  un conocimiento mínimo sobre estos temas, algo que serviría para plantear un buen briefing a partir del cual el diseñador pueda trabajar y poderle exigir así un buen trabajo. Incluso para no contratar a esos malos diseñadores que anteponen la forma a la función, olvidándose que el diseño es la conjunción de ambas.

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