Museos: experiencias para el olvido

 

Si la visita en Milán al Studio Museo Achille Castiglione fue para enmarcar, no me ocurrió lo mismo en la Pinacoteca di Brera. Y ni mucho menos por nada que tenga que ver con su exquisita colección o por la importancia histórica de la institución (¡este año cumple 200 años!).  

 

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Todavía no se es muy consciente que la experiencia de un visitante de museo no sólo tiene que ver con el nivel de las obras expuestas. También depende de otros aspectos que, aunque aparentemente secundarios, pueden ser definitorios en la configuración final de esa experiencia personal. Por ejemplo, las facilidades para llegar cómodamente hasta sus instalaciones, la confortabilidad de las mismas y el trato del personal de acogida.

 

Y precisamente de esta última variable es de la que hablaré. Lo digo siempre que puedo y no me cansaré de repetirlo: la impresión que se lleva el visitante común de un museo  no depende de sus directores o conservadores. Está en manos de los profesionales que gestionan su recepción en la institución: venta de entradas, orientación, guardarropía… Formar correctamente a estos profesionales es una de las mejores inversiones en imagen que se pueden hacer hoy día (trato con el público, comunicación personal, gestión de conflictos…).   

 

Yo tuve la suerte de visitar un magnífico museo (con obras de referencia como Los desposorios de la Virgen de Rafael, el Cristo muerto de Andrea Mantenga o la Pala Montefeltro de Piero della Francesca) con una recepcionista muy poco profesional. Cuando se trata con el público es importante no ser desagradable, prepotente y maleducado. Y la profesional que me acogió en la Pinacoteca di Brera era la quintaesencia de todos esos adjetivos calificativos. Por suerte la calidad de las obras expuestas equilibró el trago amargo que recibí poco después de franquear su puerta de acceso. En resumen, tuve la desgracia de toparme con alguien que simplemente no merece trabajar en un museo como el milanés (¡quizá debería probar rasgando entradas en San Siro u organizando colas en algún McDonald’s!).

4 comentarios

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Como dice el Gran filósofo Kung Fu Panda: Las cosas pasan por una razón. “No hay accidentes”. Por lo que sugiero aprender de esta señorita lo que NO hay que hacer….
Saludos!!

Ufff, Mariana, una institución como la Pinacoteca di Brera no se puede permitir el lujo de tener una persona como ella en recepción. Te puedo asegurar que fue surrealista. Y sólo fue por el carnet que me identifica como profesor universitario. Según la «señorita» debía identificarme como profesor del área de historia del arte, bienes culturales o afines (como así es). Y en España con suerte te identifica como profesor de una universidad (la mayoría de carnets son tarjetas de crédito de la entidad financiera que colabora con la universidad de turno). En fin, la cuestión es que aunque intenté explicarle eso con educación, su única respuesta fue de lo más grosera (de hecho creo que en ningún momento me miró a la cara). Te puedo asegurar que mientras visitaba las primeras salas lo que menos hacía era disfrutar de las obras expuestas (¡sólo tenía en mente la cara de la «señorita» en cuestión!). Cuando acabé de visitar el museo me volví a acercar para darle mi tarjeta personal que me identifica como coordinador de un grupo de investigación sobre comunicación del patrimonio, comentándole que haría un comentario en mi blog sobre la situación que había acabado de vivir y su respuesta fue más grosera todavía (literalmente me la tiró a la cara). Y te puedo asegurar que yo siempre mantuve las formas y la educación, sin alterarme ni perder las formas (¡estaba de vacaciones!). Ella, en cambio, ni siquiera fue capaz de mantener la serenidad, tirando la tarjeta cuando le comentaba mi intención.
De hecho, me pasó lo mismo en el Palazzo Ducale de Mantova, pero allí la profesional de la recepción sí hizo bien su trabajo: me planteó el problema con el carnet, yo le justifiqué que en España no existen ese tipo de identificaciones (que entiendo en Italia deben ser usuales) y se solucionó el tema de la forma más razonable.
En definitiva, un mismo problema resuelto de manera muy diferente por las profesionales que se encontraban en aquellos momentos en la recepción de una institución cultural por donde pasan al día cientos de visitantes.

No es exactamente el mismo caso, pero yo también he tenido una experiencia inolvidable en el Museo del Prado, y con personal también merecedor del premio a la simpatía y el buen hacer 🙂 Os dejo el enlace por si os interesa: http://tinyurl.com/yjmuy9e

Una pregunta, ¿pusiste una queja/sugerencia al museo, comentando lo sucedido? ¿Suelen funcionar estos servicios de atención al usuario en el caso de museos? Porque yo aún estoy esperando respuesta del Prado…

beZoZ!

Zonya, no puse ninguna queja de lo sorprendido que estaba por lo sucedido. Pero tu caso supera en interés a lo que me pasó en Milán. Eso sí es surrealismo en estado puro.
Recomiendo encarecidamente leer el post de Zonya: demuestra que pasa en una institución museística que utiliza las TIC sin creer al 100% en ellas. Cómo es posible poner a disposición de los internautas un archivo audio de una selección de sus obras maestras si luego no se puede utilizar in situ. Es evidente que su intención es que se escuche a distancia, desde casa, algo realmente triste, porque si alguna gracia tiene el podcasting en museos de arte es poder consumir los contenidos delante del original de las obras.
Por cierto, si algún día responden a tu queja me gustaría conocer sus justificaciones.
¡Un saludo!

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