Museos: experiencias inolvidables

 

Hace unos pocos días he vivido una de esas experiencias difíciles de olvidar. Casi sin quererlo, di en Milán con el Studio Museo Achille Castiglione, el estudio de Achille Castiglione (1918-2002), el diseñador italiano cuya obra conocí y me cautivó hace unos pocos años preparando una asignatura de Historia del Diseño. Me cautivó por su inteligencia y clarividencia creativa, aplicando y jugando con la idea del ready made de Marcel Duchamp, pero en este caso dando otro uso funcional a objetos ya existentes, esos objetos anónimos sin diseñador que utilizamos diariamente.   

 

Comunicacion_del_patrimonio

 

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[Fotos: Studio Museo Achille Castiglione] 

 

Visito muchos museos a lo largo del año y siempre me han gustado los pequeños, los de escala humana. Los grandes me apabullan, me sobrepasan, por lo que con el tiempo he aprendido a ser muy selectivo cuando visito uno de ellos, aunque eso signifique prescindir por el camino de muchas cosas. En cambio, los museos pequeños te permiten atender a los pequeños detalles, maravillándote con lo aparentemente insignificante.

 

Y el museo milanés que comento supura humanidad por los cuatro costados. Ya de por sí es impactante y sugestivo poder visitar el espacio donde creó y trabajó uno de los grandes del diseño internacional, abierto como museo desde enero del 2006 gracias al empeño de la familia y la Fondazione Triennale di Milano. Si además tienes la suerte que en la visita te haga de cicerone su mujer Irma, un encanto de persona que en un poco más de una hora me explicó anécdotas y curiosidades de su marido y alguna de sus obras, se cierra el círculo de la perfección. Oírla, por ejemplo, explicar a qué necesidad concreta respondía el taburete Sella (1957), de dónde surgió la idea para crearlo y por qué la barra de aluminio tubular siempre tiene que ser de color rosa, es una de esas experiencias memorables que ya se ha gravado a fuego en mi memoria personal.

 

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Además me llevé dos regalos: un caramelo y un “folleto” muy especial. Por lo visto, siempre que Achille viajaba a la vecina Turín volvía cargado de los históricos caramelos de Baratti & Milano, golosinas que todavía llenan la mesita auxiliar Comodo. Y el “folleto”, una verdadera joya que responde perfectamente al genio creativo del diseñador: una pieza de papel con sus diseños enrollada dentro del cartón sobrante de un rollo de papel higiénico. ¡Una pieza que ocupa ya un puesto de honor en mi colección de folletos especiales!   

 

Si el objetivo para abrir al público su estudio profesional era mantener vivo el espíritu del diseñador y difundir su obra, lo han conseguido sobradamente. Sin duda el Studio Museo Achille Castiglione ya forma parte de mi selecto grupo de museos inolvidables, junto a la Maison-Musée de Gustave Moureau de París. ¡Gracias Irma, Giovanna, Antonella, Dianella!  

 

Si pasas por Milán y te interesa el diseño, te recomiendo vivamente que lo visites. Si tienes la suerte que yo tuve, te puedes sentir un ser privilegiado.

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