Monna Lisa Vs. e-Monna Lisa: en cuerpo y aura

Todo tiene un fin. Y, por fin, con este post doy por concluido este recorrido por el consumo actual del arte y su relación con el mundo digital, que he hecho de la mano de mi queridísima Monna Lisa. 

Y para finalizar, qué mejor que reflexionar sobre la obra de arte “tradicional” o “aurática” en la época de su reproductibilidad digital.

En su momento ya recomendé la navegación por dos proyectos hipermedia, (el del propio Museo del Louvre y el de curiosphere.tv) que permiten un conocimiento exhaustivo de la obra. Pero, a día de hoy, ese conocimiento se limita a su parte física, a su cuerpo. Existe la parte intangible, el alma, el aura que etiquetaba Walter Benjamin, que se substrae a esa reproductibilidad digital.

Por más que las plataformas y dispositivos digitales te permitan conocer al detalle la Monna Lisa, consintiéndote incluso conocer cosas que delante de la obra es imposible ver (¡cómo la parte posterior!), ese parte inmaterial, ese saberse delante de la obra que pintó el gran Leonardo, por la cual suspiraron personajes como Francisco I o Napoleón, es una experiencia única e irrepetible. ¡Pero si incluso, cuando Vincenzo Peruggia la robó en 1911, la gente visitaba masivamente el Louvre para ver el vacío que había dejado!

 

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A día de hoy (el mañana es tan incierto que seguramente esto que diré ahora no tendrá validez) no existe tecnología que permita experimentar las sensaciones que podemos gozar frente a la obra de arte.    

Concluyendo: me imagino que ya sabéis que para enamorarse hay que conseguir cuerpo y alma… Con las TIC nos haremos con su cuerpo, pero si realmente queremos alcanzar su alma, aprehender su aura, toca viajar a la ciudad de las luces.

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