Merchandising y museos: una taxonomía I

Si el márqueting o la publicidad están todavía bajo sospecha en el mundo cultural, todo lo relacionado con la producción y comercialización de productos de consumo relacionados con la imagen de los recursos patrimoniales nos lleva directamente a las puertas del Infierno.

Para los apocalípticos, el merchandising es la quinta esencia de la entrada de los comerciantes al templo, siendo las tiendas de museos o atractivos patrimoniales el ariete de la comercialización de la cultura. Y como buenos apocalípticos, son incapaces de ver los aspectos positivos que tiene. 

Más allá de los temas directamente económicos, ese tipo de productos ayudan en la creación de esa arquitectura que singulariza la identidad de marca, el branding, hoy por hoy una variable incuestionable para una gestión exitosa.

¡Por supuesto si son productos de calidad! Tema espinoso éste de la calidad. Básicamente por personal y relativamente subjetivo. Intentaré crear una taxonomía (en este y otros posts) que analice las diferentes posibilidades en el reino del merchandising de equipamientos y atractivos patrimoniales.

Y comienzo por la categoría de merchandising tronado, capaz de crear artefactos donde el mando lo tiene el sentido del humor, la ironía, el guiño generacional, el pastiche… El otro día me topé en la tienda de un centro cultural con una versión moderna y cool de mis añorados Geyperman y BigJim: ¡El gran Vincent Van Gogh transformado en un muñeco articulado! Muy puesto él, con su pincel, su paleta y alguna de sus obras a seleccionar por el consumidor. ¡Pero lo mejor es que tiene cara A y B: con oreja y sin oreja!

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Sin duda una buena manera para que jóvenes y no tan jóvenes creen historias relacionadas con el arte ¿Quién sabe qué hubiese sido de mi infancia si en vez de recrear escenas donde mi objetivo principal era matar con mi Dr. Acero al Gerónimo de mi hermano Jesús y al Big Jack de mi hermano Luis, mis padres me hubiesen regalado un ejemplar de este Big Van? Quizá no hubiese cambiado en esencia: en lugar de preocuparme por encastar mi puño de acero en la cara tostada de Gerónimo, le hubiese cortado la oreja al Big Van de mi hermano con la espada de mi Big Gauguin.

Por supuesto mi preferido hubiese sido el pack premium del Big Toulouselautrec, acompañado de varios bastones a lo Gala, una botellita de absenta y varias damas de compañía bailando el can-can…

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