Comunicando el museo (y cuatro). El (ma/pa)trimonio con los medios de comunicación

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El patrimonio cultural es polígamo. Y una de sus variadas parejas de baile (¡y no la más fea!) son los medios de comunicación.

Siempre nos quejamos de los pocos recursos económicos de que dispone lo cultural (ya hablaré en algún futuro post sobre esa idea recurrente). Y una de aquellas grandes ideas para bolsillos cortos es el mantenimiento de una estrecha relación “matrimonial” con los medios de comunicación.

Pero como todo casorio, si se quiere bien avenido, ambas partes deben cuidar, mimar a la otra, generando día a día una relación de comprensión mutua, de respeto, de amor (¡siento el tono hippie de “Paz, Amor y los Museos pal salón”!).

Voy a hacer un poco de periodista sensacionalista (por ejemplo la Patiño): “¿y cómo va vuestra relación?”

Responden los MC: “Mal, muy mal. Los museos sólo nos quieren para una juerga de una noche. Un aquí te pillo aquí te mato. Y luego, ¡si te he visto no me acuerdo!”.

Responde el museo: “Pero es que sólo les interesan las cosas malas que hacemos o nos pasan (¡por desgracia son las que venden!), dejando todo lo bueno que tenemos para el telediario de Tinky Winky en TVtubbies”.

Normal que los periodistas contraigan súbitamente el síndrome Kleenex, la reacción del despechado que se sabe (mal) utilizado. Normal que los museos crean que sólo son noticia cuando tienen goteras o algún descerebrado le da un cacharrazo a alguna pieza o se le lleva bajo el brazo.

De todo eso hablaron tres profesionales muy vinculados al periodismo cultural: Ignacio Elguero (Radio Nacional de España), Carlos Gosch (Agencia EFE) y Manuel Román del Barrio (Televisión Española). Los tres coincidieron en cómo debían comportarse los museos con los periodistas y en cómo conseguir la tan ansiada publicity, esa cobertura mediática a coste 0 patatero (que decía aquel que hablaba catalán en la intimidad).

Recomendaron a los museos ser transparentes como una copa de cristal. Si los periodistas no son el enemigo, es mejor no ocultarles información y estar siempre abiertos a sus peticiones (¡siempre que sean honestas y no incluyan un jamón de Guijuelo!). Al fin y al cabo ellos son los que dominan su profesión y saben como construir una buena noticia o un buen reportaje.

Y dieron la clave para alcanzar de la mejor manera posible el cariño de los periodistas: contar buenas historias, capaces de convertirse en noticias atrayentes para la audiencia.

Diría que lo inteligente y sensato sería hacer buen caso de los consejos de los periodistas. Al fin y al cabo ellos tienen la llave.

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